Juego bonito
La reaparición de Sudáfrica en el rugby internacional luego de casi dos años de inactividad tras la conquista del Mundial de Japón generó un alto impacto no solo por sus triunfos, sino también por la precisión demoledora de su plan de juego. En los partidos ante los British and Irish Lions (incluyendo el que jugó como Sudáfrica A) y Los Pumas, los Springboks demostraron que tienen muy aceitada su táctica, cimentada en el juego con el pie y las formaciones. Con eso le alcanzó para imponerse a sus rivales y colgarse la medalla de “mejor equipo del mundo”, coincidente con su ubicación en el ranking de World Rugby. Sin embargo, ante la indudable eficacia del equipo verde y oro se alzaron algunas voces cuestionando la estética de su juego y tildándolo de aburrido. De esta manera se reavivó una vieja polémica del rugby. Hace unas semanas, en este espacio nos preguntábamos si todavía hay lugar para la magia individual en el rugby, hoy incursionamos en una cuestión que se relaciona con aquella. ¿Qué es lo estético en el rugby? ¿ Es mas divertido ver a unos equipos que a otros? ¿Los Springboks son aburridos? ¿Quiénes son los divertidos entonces? Son preguntas disparadas al aire que, probablemente, no encuentren respuestas en estas líneas pero que, sin duda, estimulan al debate.
“A Michael (por Cheika) no le gusta nada este tipo de juego que hace Sudáfrica”, respondió Mario Ledesma ante la pregunta del panel de ESPN. Es natural que al entrenador australiano, ferviente defensor del estilo que caracteriza a los Wallabies de arriesgar y hacer volar la pelota, al que alguna vez llamó “de espíritu libre”, le desagrade el juego cerrado y quirúrgico de los Springboks. Históricamente, entre los tres grandes del sur, Sudáfrica fue el de juego mas físico (¿feo?) y Australia el de juego mas dinámico y abierto (¿lindo?). En las últimas décadas también se planteó esa dicotomía, pero entre el norte y el sur. Si bien el norte le regaló a la historia un equipazo como el Gales de los años dorados, en el que Gareth Edwards, Barry John, Phil Bennett, JPR Williams y cía hacían maravillas con la pelota, y el histórico Rugby Champagne francés, en general las Naciones de las islas han jugado un rugby cerrado, con mucho apego a esconder la pelota y batallar en la cocina de cada formación fija y cada ruck, el tan mentado Rugby de diez. Esa tendencia al juego mas conservador de los equipos de las Islas se ha explicado de diversas maneras y hasta se ha usado el factor climático como motivo; es difícil hacer volar la pelota en países acostumbrados a jugar con lluvia y campos embarrados. El sur, y sobre todo los dos grandes de Oceanía, se han caracterizado por un juego mas integral, que se profundizó en las últimas décadas. Contraponiendo lo que se ve en las canchas entre el Seis Naciones y el Rugby Championship o las Copas europeas de clubes y el Super Rugby, esa diferencia de estilos es muy marcada en los últimos veinte años.
En principio, hay que decir que los resultados acompañan a los supuestos defensores de la dinámica. Teniendo en cuenta que el rugby australiano se hizo poderoso a mediados de los ochenta, tanto All Blacks como Springboks tienen récords ganadores contra todos los equipos del norte, mientras que Australia supera a todos menos a Inglaterra con quien pierde 26 – 25. En los duelos con los B&I Lions, éstos superan a Australia 17-6 pero pierden con los otros dos: 7-30-4 con Nueva Zelanda y 18-25-6 con Sudáfrica. Es decir que el juego supuestamente mas estético también sería el mas efectivo.
Entendiendo a la estética como la filosofía que estudia las condiciones de lo bello en el arte y la naturaleza, una vieja frase afirma que “Ninguna estética ha logrado definir cuál es el contenido del arte”. Reemplazando “arte” por “rugby” nos preguntamos ¿ donde está la belleza en el rugby? ¿Cuál es el contenido estético de nuestro deporte? Las respuestas mas urgentes seguro que miran a las jugadas individuales o colectivas mas vistosas. Un buen offload o un elegante rever pass son estéticos. Una jugada de equipo limpia y de muchos pases, también. Eso salta a la vista. ¿Pero qué sucede con aquellas acciones que ocupan el espacio mas áspero del juego?. Un tackle, un scrum, un ruck y todo eso que ocurre en la llamada “cocina” del rugby. ¿Hay belleza ahí? Cuando al SIC lo tildan de aburrido, Marcelo Loffreda responde con entusiasmo “no saben qué divertido es ganar un partido con un buen try scrum!”. Muchos jugadores que nunca hicieron una jugada vistosa están en la memoria colectiva del rugby. Se puede debatir si hay belleza en el juego de los trabajadores del rugby que vemos en el video que editamos hace un par de años, pero no se puede ignorar su apasionada contribución al juego. Esa pasión también es un aporte estético.
Otro aspecto que involucra a la estética rugbística tiene que ver con el marketing. Hace algunos años se entendió al rugby como un deporte con partidos muy cortados y se aplicaron modificaciones reglamentarias para hacer mas dinámico al juego y que sea atractivo para el espectáculo marketinero. Ese objetivo se logró pero hoy, en pleno siglo XXI, de la mano del equipo liderado por la dupla Nienaber / Erasmus la dicotomía entre la estética del juego bonito y la eficiencia del juego estructurado recobró su vigencia. También se puede afirmar que el juego colectivo y estructurado de los Springboks suma al espectáculo porque el plan de juego, quirúrgicamente aplicado, abre espacios y habilita jugadas de esas en las que nadie duda de la belleza. El try de Aphelele Fassi en el primer test ante Los Pumas es una buena prueba de eso.
Los argumentos son muchos y, en definitiva, lo que importa es que la llama del juego se mantiene encendida. Algunos encuentran belleza en un cambio de paso, otros en un tackle, algunos se emocionan con un kick certero y otros sacando la pelota de un ruck bien áspero. Juego bonito o juego efectivo, cada jugador y cada espectador sabe qué lo emociona y qué le da placer. Mientras tanto (y mientras el mundo espera su choque con los All Blacks) la máquina sudafricana sigue ganando y festejando sin entrar en estas disquisiciones. Pero, como decimos siempre, el debate queda abierto.
Daniel Dionisi







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