Lágrimas de bronce
Los Pumas 7s ganaron el bronce. En un partido que ya está incorporado a la historia del rugby argentino derrotaron a Gran Bretaña y lograron la primera medalla del equipo olímpico argentino en los Juegos de Tokio. Con garra, inspiración y un excelente plan de juego, el seven argentino concretó su sueño olímpico. Argentina 17- Gran Bretaña 12.
Lo lograron, en el segundo juego de lo que podríamos llamar la era moderna del rugby olímpico, Argentina se subió al podio. Y hay que verlos ahí, parados en ese escalón tan deseado doce hombres miran las medallas , las acarician, se amigan con ellas y todavía no llegan a comprender el valor de esos círculos dorados que los encandilan de orgullo deportivo. Mucha historia, mucha leyenda, mucha vida cuelga de los cuellos de los doce rugbiers que hoy metieron a Argentina en el medallero de los Juegos Olímpicos. Ya son parte de esa historia centenaria, ya nadie los quitará de ahí, pero es difícil saber cuando empieza este camino, el de ellos, cuando y donde patearon el kick off de este partido tan difícil y plagado de escollos que hoy terminó de unir al rugby con la historia del deporte argentino. Hay un largo trabajo que hoy se llena de ruido pero que durante mucho tiempo se hizo en silencio y al primero que debe iluminar el haz de luz de la victoria es a la cabeza de este grupo: Santiago Gómez Cora, el campeón de la humildad que un día se quitó el traje de leyenda internacional del Seven y se puso a trabajar en silencio y sin ninguna estridencia pero con un objetivo claro; hacer realidad el sueño olímpico. Cada torneo del circuito se jugó a fondo con la búsqueda y la ilusión del triunfo, cada partido se planificó con profesionalismo desde que en 2013 asumió el cargo, pero el sueño era uno solo. En 2016, en Río, se acercó, vió a fijianos, británicos y sudafricanos subirse al podio y se volvió masticando bronca. Otra vez al esfuerzo del trabajo y la planificación. Volvió al silencio. Y hoy llegó la recompensa; parado a un costado, con los ojos húmedos pero llenos de claridad vio a sus hombres en el podio y vio a la celeste y blanca trepar al cielo junto a las banderas de las dos grandes potencias del seven internacional.
Pero antes de la emoción hubo rugby. La primera función, la de la medianoche argentina, mostró que Los Pumas estaban a la altura, que no solo habían llegado hasta ahí por su garra y coraje. Muy concentrados, abrazados al tackle y aprovechando hasta el mas mínimo resquicio que les abrió su rival, después de casi cuatro minutos de dominio fijiano, los Pumas emparejaron el último tramo del primer tiempo y con mucha paciencia para encontrar los espacios, con un try de Marcos Moneta sobre el final, se fueron al descanso en ventaja contra el mejor seleccionado del mundo. En esa primera mitad el equipo demostraba que podía suplir las importantes ausencias de Gastón Revol y Matías Osadczuk. Sin embargo, apenas arrancó el segundo tiempo Fiji recuperó la ventaja que ya no se pudo descontar. Ahora sí hubo algunas fallas en el tackle y eso contra los mejores del mundo se paga caro. Un penal jugado al line significó una pérdida en una jugada que podría haber puesto a Argentina en ventaja, pero no pudo ser. Meli Derenalagi, Sireli Maqala, Semi Radradra, Jiuta Wainiqolo marcaron para Fiji, mientras que Ignacio Mendy y Marcos Moneta apoyaron para Argentina. Los fijianos mostraron toda la jerarquía que unas horas después les daría el oro, Argentina mostró que podía mantener la ilusión bien despierta. Fiji 26 – Argentina 14.
La segunda función llenó de alegría el amanecer del rugby argentino. Era un partido especial contra el mismo equipo que había dejado sin sueño a Los Pumas en 2016 y no fue fácil porque los británicos pegaron en la primera jugada con el try de Harris e inmediatamente se perdió la posesión por un knock on de Moneta, presionado por la marca británica. Ese momento fue clave porque, lejos de acusar el golpe, Argentina siguió fiel a su plan de juego, mostrando que los hombres de Gómez Cora estaban muy bien de la cabeza. Enseguida llegó el empate con una escapada de Lautaro Bazán Vélez por el ciego y antes del cierre del primer tiempo apareció el tryman del torneo, Marcos Moneta, para poner nuevamente en ventaja a Argentina. El segundo tiempo fue cargado de tensión porque la medalla estaba ahí, al alcance de la mano, pero la merma física era evidente. Gran Bretaña lo empató pero llegó el try de Ignacio Mendy, uno de los mas jóvenes y también uno de los mejores del torneo. Seguramente muchos de los que peinan canas se acordaron de aquella corrida del 87, con el sonido de la multitud atronando Vélez contra Australia, del papá de Ignacio. Hoy fue mas silenciosa pero con la misma carga emotiva y con un país corriendo junto a él hacia el try. Todavía quedaban un par de minutos que se jugaron con mucha concentración, sin cometer errores, con todas las neuronas puestas en la cancha y con esa pesca final de Luciano González que terminó de meter en el podio al rugby argentino. La pesca de Lucio es suma al doble tackle de Rodrigo Isgro contra Sudáfrica, a las corridas del Rayo Moneta, a la palomita de Lautaro Bazán Vélez y a tantas imágenes que entrarán en la iconografía del rugby argentino. Los Pumas le ganaron a Gran Bretaña por 17 a 12, una combinación numérica celeste y blanca, porque es el mismo resultado con que los otros Pumas de Bronce le arruinaron la fiesta a Francia en la inauguración de 2007.
Y de pronto el tan imponente como vacío Stadium de Tokio se llena de de hombres que corren, saltan, se abrazan, que dejan salir la emoción contenida. Por un momento nadie extraña a la multitud que debería acompañar el momento, porque, aunque sea a la distancia, la familia está, los amigos están, los argentinos están y una multitud de deportistas acompañan esa fiesta del rugby argentino. Ahí, en la villa olímpica, los remeros, los basquetbolistas, las chicas del volley, los fervientes boxeadores, alguna gimnasta, todos y todas gritan porque doce deportistas, integrantes del equipo olímpico, ganaron la primera medalla. Los Pumas 7s se abrazan al deporte argentino y la emoción es tan grande como la de Ignacio Mendy, el pibe de Los Tilos, que corre a fundirse en un abrazo eterno con Gastón Revol, el referente que no pudo entrar a la cancha pero que también siente en el alma el sueño concretado y que ahora va a cumplir su promesa de caminar desde Córdoba hasta la virgen de Alta Gracia a llevarle la medalla.
El dolor de Río y todas las frustraciones ya son pasado. Para ellos y para todos los que llenan de abrazos el silencio del estadio es hora del sueño olímpico, de esas apasionadas lágrimas de emoción que también son lágrimas de bronce.
Daniel Dionisi








Pumas (Wallabies)
Pumas (Wallabies)
Pumas (Wallabies)