Postales de una vida de rugby
No son las fotos mas espectaculares pero tampoco las mas vistas y sirven para recorrer una vida brillante que iluminó al rugby argentino. Fuimos al archivo de Leyendas del Rugby y recorriendo las imágenes fueron apareciendo las anécdotas. Detrás de cada foto se esconde una parte de la vida de Héctor Silva, pero también retratos de sesenta años del rugby argentino, porque la vida de Pochola iluminó los rincones de esa historia como un flash que captura la esencia de cada momento. Ahí está su historia y su leyenda. Son diez postales de una vida de rugby.
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La foto es de 1959, de un partido de inferiores de Los Tilos contra La Plata, es de apenas unos días antes de la mañana de la salida de misa. Al pibe que lleva la pelota ya le dicen Pochola o Pocholín, un apelativo que surgió porque el pibe que lleva la pelota cargó a otro y el padre de ese otro se metió en la cuestión y lo quiso cargar a él llamándolo de esa manera, creyendo que “Pochola” sonaba afeminado. Al principio no le gustó (a Pochola), pero pronto se dio cuenta que lo habían rebautizado para siempre y se amigo con su nuevo apodo. En la foto es un nene, tan nene como en la mañana de la salida de misa. Pochola no iba a misa, iba a la salida, para, en plena efervescencia adolescente, acercarse a las devotas y lindas chicas de La Plata. En eso estaba cuando alguien le vino a decir que fuera a buscar el bolso y corriera al club, que iba a jugar en intermedia. Pochola le hizo caso, se apuró, llegó a tiempo y entró con el equipo de intermedia. Pero cuando terminó el primer tiempo, lo sacaron porque el destino tenía un plan mejor para aquel día. Esa tarde de septiembre de 1959, en la última fecha del torneo de segunda, contra Champagnat, Héctor Pochola Silva debutó en la primera de su club. Todavía faltaban unos días para que cumpliera quince años.
Pochola tiene veinte años y ya está en Sudáfrica, es el de la izquierda. Lo acompañan Arturo Rodríguez Jurado, Manuel Beccar Varela y Nicanor González del Solar. Seguramente la foto está tomada en alguno de esos paseos que les organizaban a los recién bautizados pumas durante sus días libres. Pochola ya aparece seguro, integrado al grupo. Ya es un puma. Pero el viaje para llegar ahí fue difícil y no solo porque el avión que llevó al seleccionado a Sudáfrica haya pasado por veinte escalas antes de llegar a destino. El camino fue complicado porque apenas un año antes de esa foto, Pochola, que todavía no había desarrollado la personalidad desbordante que asomó en Sudáfrica, se asustó y casi deja el seleccionado.
El Perro Corbelle, un referee de la época y el Gordo Santiago, jugador de Hindú, le habían pasado el dato a Ángel Guastella, entrenador del seleccionado. “Tenés que ver al octavo de Los Tilos, tiene 18 años pero ya es un crack”. Guastella viajó a La Plata y no dudó. Pocos días después Pochola ya estaba en Belgrano Athletic, compartiendo su primer entrenamiento con los mejores jugadores argentinos. Lo contó él ” Me llevó Alberto Gómez Cabrera porque era el único que tenía auto y no la pasé bien en ese primer entrenamiento. Yo era un tipo tímido y no me sentí cómodo. Es más, no quería volver, pero Alberto y otros amigos me convencieron y me acompañaron durante tres o cuatro entrenamientos para que no estuviera solo. Hasta que vino el primer partido. Ahí me pusieron y agarré tres o cuatro pelotas y jugué bien y ahí ya agarré un poco mas de confianza. Con el primero que tuve mucha empatía fue con Marcelo Pascual, que sentía exactamente lo mismo que yo.”. Y así fue. El pibe tímido que casi se queda sin el viaje que cambió la historia del rugby argentino, fue el crack que estalló en Sudáfrica. Fue el que una tarde jugó de fullback porque abundaban los lesionados en el plantel y, en lugar de patear al touch, contraatacó en todas las jugadas, fue el que maravilló a los sudafricanos al punto de considerar que tranquilamente podría jugar en los Springboks y fue el que, con solo veinte años, se convirtió en uno de los líderes del plantel. Al regreso de Sudáfrica la vincha de Pochola ya era un símbolo, como la palomita de su gran amigo Marcelo Pascual.
Y ahí va la vincha. 1968, Héctor Silva corre perseguido por un galés. Rebobinamos ocho años años al mismo escenario: Pochola, adolescente tímido pero orgulloso porque juega en la primera de su club, viaja desde La Plata a Palermo con un grupo de amigos a ver al seleccionado que juega contra Francia. Los amigos se concentran en los que llevan la camiseta celeste y blanca pero Pochola se deslumbra con un jugador francés, un crack, Michel Celaya, un foward que a esa altura ya era una leyenda de Le Bleu. Pochola se quiere parecer a Celaya y el francés usa una vincha, algo poco usual en el rugby local. Al anochecer de ese día de 1960, apenas entra a su casa de La Plata, Pochola le habla a su madre: “Vieja, me hacés una vincha?”. Nacía uno de los mantos sagrados del rugby argentino.
El número ocho en la espalda, el Palomo que mira, el tackle a un escocés. Héctor Silva, con 25 años, es el Rey de Jorge Newbery. En 1967 heredó la capitanía de Los Pumas de su adorado Aitor Otaño y en septiembre de 1969, la fecha de esta foto, ya es el número uno del rugby argentino. Por líder y por crack. Todos los pibes que van a ver a Los Pumas quieren una foto con el hombre de la vincha. Entre esos pibes hay uno que una década después será su capitán. “Yo iba a Jorge Newbery con mi Kodak Fiesta a sacarle fotos a Los Pumas y mi ídolo era Pochola” dijo Hugo Porta. Ya la figura de Silva trasciende al rugby. Joven, pintón, deportista, aparece en revistas como Gente y otras que nada tienen que ver con el deporte, pero él se concentra en el juego, en Los Pumas. “Cuando volvimos de Sudáfrica, algunos desconfiaban de que lo que habíamos hecho allá había sido tan bueno. Entonces yo , en los partidos que siguieron durante esos años en Jorge Newbery, sentía que teníamos que demostrar que aquello no era casualidad, que el rugby argentino había cambiado en serio y que podíamos jugar de igual a igual con cualquiera”.
En 1971 Los Pumas vuelven a Sudáfrica y afrontan una gira durísima. Héctor Silva, en el esplendor de su carrera, es el capitán y líder indiscutido del equipo. Y en esa condición debe acompañar al entrenador Ángel Guastella en una de las decisiones mas difíciles que ambos debieron tomar en sus vidas rugbísticas. Se perdió el primer test ante Gazelles y una nueva derrota en el segundo significaría el fracaso de la gira. En la semana previa al partido Guastella y Silva toman una determinación muy dura; el segunda línea José Javier Fernández y el primera línea Hugo Nicola la vienen rompiendo en los partidos provinciales y merecen una oportunidad, es más, son necesarios para ganar el test, tienen que jugar. El problema es que los que deben salir son dos leyendas y además, amigos íntimos de Pochola. El capitán asume el momento y le comunica la decisión a ambos. Aitor Otaño lo toma con calma pero Luis García Yañez, en cambio, no se lo perdonará nunca y a partir de ese día en cada partido de su San Fernando contra Los Tilos juega con una fiereza especial. Por supuesto la amistad entre ambos permanece inquebrantable.
En la foto aparecen los quince titulares que el siete de agosto de 1971 derrotaron a Gazelles por 12 a 0. En el centro, el capitán con la pelota a sus pies. Los dos primeros sentados empezando por la izquierda son Tito Fernández y Hugo Nicola.
La foto es de 1971. Son los años felices de Héctor Silva en Los Pumas. Un agasajo en un lugar indeterminado. El capitán conversa con Hugo Miguens y Luis Gradín. Distendidos, comparten una copa. No saben que se acercan los días mas oscuros en la vida rugbística de Pochola. Los años que pasó alejado de Los Pumas.
La fama y la imagen de deportista intachable de Pochola lo convirtieron en una figura atractiva para el mundo de la publicidad y un día recibió una oferta para participar de un comercial de Balsamo Sloan, una crema ungüento que se usaba en esa época. Pochola decidió aceptar el ofrecimiento y donar el dinero de su cachet para la construcción de la pileta de Los Tilos. Conocedor y cultor del estricto amateurismo que regía al rugby argentino pidió autorización a la Unión Argentina de Rugby y el permiso le fue concedido. Sin embargo, cuando se lanzó la campaña, de la cual participaban otros deportistas como el Pato Pastoriza, a algunos de los blazers de Pacheco de Melo no les cayó nada bien ver al capitán del seleccionado promocionando un producto. “Pochola, tenés que bajarte de eso” le dijeron los mismos que poco tiempo antes lo habían autorizado. Por supuesto que era un pedido de cumplimiento imposible. Los comerciales ya estaban en el aire, las fotos publicadas en las revistas, nada podía hacer Pochola para cumplir con lo que le solicitaban los dirigentes. La consecuencia fue que el mejor jugador argentino del momento y capitán de Los Pumas fue apartado del equipo. Nunca se lo suspendió oficialmente pero se lo dejó de convocar al seleccionado que lo tenía como una marca de identidad. Durante seis años Héctor Silva quedó lejos de la camiseta celeste y blanca. “Sufrí mucho, pero también el hecho de no jugar al rugby me permitió desarrollar mi profesión porque ya me había recibido de veterinario y tenía que salir a trabajar, con lo cual , de alguna manera estoy agradecido de que me haya pasado eso, porque si no me hubiera costado, porque yo tenía una pelota ovalada en el cerebro”. Durante esos seis años se consolidó como veterinario, especializandosé en equinos. Con el tiempo se acercó a la actividad turfística y muchos años después fue Presidente de la Comisión de Carreras del Hipódromo de La Plata.
En la segunda mitad de 1977 estalló el conflicto de los Cimarrones, por el cual varios pumas fueron suspendidos. A fin de ese año, los hombres del 65 (Guastella, Otaño, Gradín, Imhoff, García Yañez) retomaron la conducción de Los Pumas y debieron armar un equipo nuevo que, necesariamente, iba a estar poblado de jugadores jóvenes. Lo primero que hicieron fue designar a Hugo Porta como capitán, lo segundo, llamar a La Plata. Durante los seis años que había pasado alejado de Los Pumas, Pochola había jugado algunos partidos en Los Tilos, pero sin continuidad ni en la competencia ni en los entrenamientos, por eso cuando sus amigos del 65 lo fueron a buscar para el regreso dudó. Le insistieron y asumió el compromiso. Esperaba una gira difícil a las Islas Británicas en octubre así que Silva le pidió ayuda a Jorge Kinstenmacher, legendario preparador físico de Estudiantes y se embarcó en un duro plan de entrenamiento. Corrió cientos de kilómetros durante esos meses, adecuó sus comidas para mejorar el físico, no paró nunca, ni siquiera en los momentos de vida hogareña (su hijo Rafael siempre recuerda que el viejo subía y bajaba escaleras con él sobre sus hombros) y se sumó al plantel. Pochola se convirtió en un referente ineludible para varios pibes que recién arrancaban en el seleccionado y cariñosamente le decían el tío.
Tommy Petersen, Martín Sansot y Sandro Iaccheti comparten un momento de la gira con el tío. La foto es de unos días antes del test del 14 de octubre de 1978, la tarde en que Héctor Silva con 34 años se ajustó la vincha, se puso nuevamente la camiseta amada y salió al pasto de Twickenham a escribir otra página de su historia gloriosa.
La foto también es de la gira de 1978. Una polaroid, parecida a las que sacaba Hugo Porta con su Kodak Fiesta cuando iba a Jorge Newbery a ver a su ídolo. Se conocían desde unos años antes. Mas precisamente desde 1971, cuando Pochola al regresar de la segunda gira a Sudáfrica, en el momento dorado de su campaña, fue a apuntalar a los pibes que jugaban el Sudamericano en Montevideo. “Jugá tranquilo, que en la cancha está papito” le había dicho a Hugo aquella vez. Ahora los roles estaban invertidos, pero no tanto. Porta era el capitán de Los Pumas pero Pochola seguía siendo su gran referente:”Yo fui su capitán y su mensaje de humildad, de hombría de bien mas todo el apoyo que me dio, para mi fue fundamental. Siempre que tuve alguna duda lo consulté y siempre estuvo.”
A partir de esa gira del 78, los dos emblemas del rugby argentino viajaron juntos en el sprint final de Héctor Silva como jugador. En 1979 compartieron la inolvidable gira a Nueva Zelanda. “Nunca me golpearon tanto, me dijo Pochola en el vestuario de Wellington después del segundo test”, contaba Hugo. El físico ya no respondía como antes, pero el Hombre de la Vincha seguía batallando. En ese mismo año 79 juntos le ganaron a Australia y en 1980 compartieron el primer viaje de Sudamérica XV a Sudáfrica, la última gira de Pochola Silva como jugador.
Pope Morel la aguanta, el Topo Rodríguez (número 3) empuja, mas allá Gabriel Travaglini espía la acción, el francés Paparemborde y los otros jugadores de Resto del Mundo quieren llegar a la pelota. Ninguno de ellos intuye lo que ya sabe el Hombre de la Vincha, que se acerca tranquilo a la jugada. Es el nueve de agosto de 1980 y Los Pumas enfrentan a un combinado de figuras extranjeras para recaudar fondos de ayuda a víctimas de una gran inundación que asolaba a la provincia de Buenos Aires. Después de la jugada de la foto todavía hubo tiempo para que Pochola apoye un try, el último, debajo de los palos. Y tras el partido, cuando fueron al viejo vestuario de Ferro, guardó la vincha en el bolso, reunió a sus compañeros y les contó que ya no jugaría mas al rugby. Así, en silencio, con humildad, sin estridencias, como había aprendido de sus maestros y como siempre le enseñó a sus alumnos, Héctor Luis Silva, el capitán del rugby argentino, se retiró de las canchas.
Ya no tenía la ovalada en las manos pero la llama seguía latiendo en su interior. Tras el retiro, Pochola siguió cerca del rugby como entrenador y en 1984 la Unión le confió la conducción del seleccionado. Ese año fue la última gira a Sudáfrica del equipo de la camiseta multicolor, esta vez llamado Hispanoamerica XV y Silva fue el entrenador. En el plantel viajaban dos pibes que recién asomaban al rugby internacional, Fabián Turnes y Diego Cuesta Silva. Los dos todavía recuerdan los gritos cargados de insultos que recibieron del entrenador en los primeros partidos de la gira, pero tampoco olvidan que los confirmó para los tests y, a partir de ese momento, se convirtieron en una de las grandes parejas de centros de la historia de Los Pumas. 1985 fue uno de los grandes años de la historia de Los Pumas con la primera victoria ante Francia y el empate ante los All Blacks y ahí estaba Pochola, dirigiendo al equipo junto a Ángel Guastella. La foto es de 1986, la tarde del primer partido de Los Pumas en Vélez, otro glorioso triunfo ante Francia. Fue la última alegría de Pochola en el seleccionado y la compartió con Hugo Porta. También, las dos grandes leyendas del rugby argentino sufrieron juntos el fracaso del primer Mundial. Y lo sufrieron en serio. Para Pochola fue una dura derrota y nunca le escapó a la palabra “fracaso”. “Dicen los griegos que Cronos es el Dios del tiempo. Nacés y morís. Pero también está Kairos, que es el Dios de los momentos. Yo tuve momentos de éxito porque, a lo mejor Kairos, el Dios griego me tocó y me dijo “vos tenés que estar acá”. Fui con Los Pumas del 65, bueno, estuve ahí. Le ganamos a Francia por primera vez y estuve ahí. Le empatamos a los All BLacks y estuve ahí ¿Porqué me tocó a mi y no le tocó a otro? Pero también sería ingrato cuando fracasé, como fracasé en el Mundial del 87, decir “bueno, fracasé porque no hice tal cosa”. No, hice lo que tuve que hacer y ahí está. Pero si yo recorro mi campaña desde que empecé hasta que terminé, la verdad que me puedo morir mañana que estoy muy contento.”
Después del Mundial siguió entrenando, fue dirigente y siempre estuvo cerca del pasto. En los últimos años lentamente se fue alejando de los puestos de acción para acercarse cada vez mas a los caballos, su otra pasión. Pero claro, como lo muestran estas diez fotos que nos ayudaron a recorrer un camino de tantos años de pasión, el deporte que amó fue su vida y él, Héctor Luis Silva, seguirá siendo el faro que ilumina y guía a Los Pumas y a todo el rugby argentino.
Daniel Dionisi
Las declaraciones de Héctor Silva y Hugo Porta citadas en el artículo corresponden a reportajes realizados en 2015 por el autor, para el programa Leyendas del rugby.
















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