Pumpas (Animación)
Los Pumpas siempre emocionan. Hace un tiempo escribí un texto corto sobre su maravillosa historia, “La alfombra voladora de Joaquín”, y tuve el honor que lo ilustrara el genial Rep. Ahora Rafa Ruiz de Popato Films lo convirtió en una animación.
La alfombra voladora de Joaquín
Joaquín Fernández tiene una alfombra voladora. En una tarde soleada de hace algunos años se subió a la alfombra y despegó del suelo. Desde la pequeña altura que había levantado,
apenas más arriba de su estatura —que no es mucha—, lo miró a su papá Daniel. No le dijo nada. Simplemente lo miró. Y Daniel, que lee como nadie la mirada de Joaquín, entendió
todo. Agarró una pelota y se subió a la alfombra. Entonces los dos, Joaquín y Daniel, con el único y abundante equipaje de una ovalada y un montón de sueños, empezaron a volar.
El vuelo de Joaquín y Daniel llamó la atención de los que miraban desde abajo y la magia que irradiaban invitó a muchos más. Por eso la alfombra voladora empezó a cobijar a
otros soñadores. Ya no eran dos en el vuelo. Cada vez eran más. Entonces, cuando el vuelo ya llevaba varios años besando las estrellas, le pusieron nombre al grupo de soñadores,
un nombre bien musical. “Pumpas”. ¡Qué bien que suena! ¡Pumpas! Dan ganas de repetirlo y cantarlo. Energiza. Dicen que es una mezcla de Pumas y Pampas, pero abarca mucho
más. Pumpas incluye el juego, la diversión, la amistad, la solidaridad, la integración y, lo más importante para los voladores, la identidad. “Soy un Pumpa”, dijeron los soñadores de la
alfombra, con el pecho inflado de orgullo. Y abrazados a esa identidad aparecieron Marito y su zurda mágica; Javi Alí Asad, la saeta que corre y vuela al mismo tiempo; Tincho, el capitán
de la alfombra, y tantos más que le dan vida a este sueño que voló y vuela por todo el país.
La alfombra voladora se llenó de maravillas. En un rincón se lo vio a Kieran Read, el capitán de los All Blacks, emocionado. Jugando y chocando con los Pumpas. Cantando con
ellos. Por ahí también estaban los jugadores de la primera de Hindú abrazados y fundidos con los Pumpas en una ronda divertida y conmovedora, intercambiando anécdotas sobre lo
que había pasado un rato antes en el pasto. Y ni qué decir cuando el mismísimo Agustín Creevy le pegó un pechazo a Joaquín desafiándolo a un partido bien picante con los Jaguares.
La alfombra se llenó de rugby. Se llenó de vida. Como dice Marito, el pateador: “Estamos para entrenarnos y para seguir haciendo amigos. El rugby me ayuda a ser mejor persona”.
O Tincho Perego, el capitán: “Yo tengo que agradecerle a la vida por este deporte tan lindo”.
Los Pumpas son cada vez más y cuantos más se suman, más crece la intensidad de la alegría y el amor que irradian. Ivan Pasini, colaborador del equipo, es otro de los beneficiarios
de ese fulgor tan potente. Porque sabe que el amor que recibe de los Pumpas lo hace mejor profesional, mejor padre, mejor persona.
La alfombra de Joaquín creció, ya tiene el tamaño de una cancha de rugby, se llenó de soñadores y cruzó el océano. Los Pumpas volaron bien alto y se fueron al Mundial. A seguir
esparciendo amor y alegría, ahora por España. Y lo ganaron. Volvieron con la copa.
Cecilia, la mamá de la saeta Javí Ali Asad, vive una emoción cada cinco segundos desde que existen los Pumpas: “Los Pumpas nos están enseñando la simpleza, la franqueza. Nos
extienden la mano… Hay que agarrarla”. Sigamos su consejo, tomémonos de la mano de los Pumpas, subamos a la alfombra de Joaquín (que ahora es de todos), volemos con ellos, compartamos su alegría. Seguramente cuando aterricemos, si es que queremos aterrizar, seremos mejores personas.
Daniel Dionisi







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