Twickenham (2006/2017)
Mañana el seleccionado vuelve a Twickenham. La única victoria argentina en la catedral fue el once de noviembre de 2006 (se repite la fecha) y en aquel entonces Los Pumas también llegaron en un momento caliente. Aquella vez fue por un conflicto del plantel con la dirigencia, hoy es por la sucesión de derrotas que tienen en la cuerda floja al entrenador. Como siempre, las cosas se definirán en el verde césped.
En la noche rosarina del once de noviembre de 2006 Raúl Sanz se paró en el salón de Plaza Jewell y, fiel a su estilo expansivo, levantó la voz sorprendiendo a los muchos que disfrutaban del tercer tiempo del partido que Argentina A, formado por jugadores de los clubes locales, le acababa de ganar a New Zealand Heartland XV. “Éste es el verdadero rugby argentino. Éste es el rugby que vale!”, vociferó el Ruso. La sorpresa de los presentes tenía que ver con que unas horas antes en Londres el seleccionado argentino había obtenido una histórica victoria ante el equipo de la rosa. Con sus palabras Sanz, que por esos días era el hombre fuerte de la UAR, ignoraba la magnitud del logro. Claro que era intencionado, porque él sabía algo que la mayoría de los presentes ignoraba. En el atardecer inglés, durante el tercer tiempo del partido de Twickenham los jugadores argentinos le habían hecho un fuerte desplante a Alejandro Risler, presidente de la Unión. Cuando Risler inició su discurso de agradecimiento a la dirigencia inglesa, el plantel puma, siguiendo al capitán, se paró y abandonó el recinto. La relación entre los Pumas y los blazers estaba en llamas y los jugadores, fortalecidos por el triunfo, le tiraban en la cara al presidente la bronca de un año conflictivo. Eran los últimos disparos de 2006, el año en que el rugby argentino vivió en peligro.
Fue el año de la renuncia de los jugadores antes de los partidos contra Gales de la ventana de junio, del apartamiento del Gato Handley, el dirigente mas cercano al plantel, de la operación blazer para desestabilizar a Loffreda con el viaje de Patricio Noriega a Italia en plena ventana de noviembre. Un año de tiroteos que se resolvió, como siempre sucede, en el campo de juego. Los Pumas le ganaron a Gales los dos tests de junio, jugaron un gran partido ante los All Blacks en Vélez y definitivamente quebraron a la dirigencia con el primer, y único hasta hoy, triunfo argentino en la catedral del rugby. Como decía un filósofo de otro deporte, don Ángel Labruna, las cosas se deciden en el verde césped. Cuando terminó el intercambio de fuego, sin vencedores ni vencidos pero con un claro fortalecimiento de la postura del plantel, se empezó a armar la gesta de Los Pumas de bronce. Y claro, en todos y cada uno de los combates, Los Pumas estuvieron comandados por su gran capitán. Una anécdota refleja la influencia que tenía Agustín Pichot en sus tiempos de capitán del seleccionado. En pleno conflicto tras la renuncia de los jugadores en mayo, un dirigente de la UAR, destacadísimo ex jugador de trascendencia internacional, se comunicó con el presidente de la unión galesa para ofrecerle sus excusas porque a raíz del conflicto, probablemente Argentina debería afrontar los partidos de junio sin sus mejores jugadores. “No se preocupen, ya hablé con Agustín y me dijo que van a jugar los mejores contra nosotros” fue la respuesta de Keith Rowlands. El nueve de Los Pumas mientras había roto lanzas con la dirigencia local, tenía diálogo con uno de los dirigentes mas encumbrados del rugby internacional. Y todavía se ponía los cortos y la rompía en cada partido.
Comandados por Pichot, el once de noviembre de 2006 Los Pumas dieron el golpe en la catedral. El capitán volvía después de varios meses sin jugar por lesión y fue Man of the match, demostrando que lo que peleaba en los escritorios lo refrendaba en la cancha. Pero ese día también fue la consolidación de Corcho, la vuelta del Pato Albacete, la reafirmación del enorme Felipe, Juani maravillando a los ingleses con su magia y claro, la inolvidable noche del Ninja Todeschini y su gloriosa corrida hacia el ingoal británico. Todo está en el emotivo video que acompaña estas líneas.
Cuando terminó el partido, Agustín Pichot anticipando el “esto recién empieza” de un año después, juntó a sus compañeros, los ayudó a disfrutar del enorme momento y les dijo que “la historia la escribimos nosotros”. Tenía mucha razón.
Fue un once de noviembre de hace once años. Mañana la fecha se repite y otra vez Los Pumas llegan a Twickenham en un momento difícil. El seleccionado está en llamas. Suman quince derrotas seguidas contra equipos TIER 1. Las circunstancias son otras pero, como decía Labruna, las cosas se dirimen en el verde cesped.
Juani Hernández, el diez de mañana, fue el quince de hace once años. Sabe de qué se trata. Agustín Creevy, jugó en aquél Argentina XV del 2006. Era un pibe y seguramente se sorprendió con el vozarrón y las palabras del Ruso Sanz en el tercer tiempo de Plaza Jewell. Hoy es el capitán. Ojalá sepa llevar a sus hombres a defender con orgullo la historia puma en Twickenham, la catedral del rugby.
Y que, como dice la canción, Los Pumas puedan cantar a pesar de las llamas.
Daniel Dionisi







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