Ganar
Hindú lo hizo otra vez. Venció a Tala por 20-10 y es el nuevo campeón del Nacional de Clubes. Un equipo que va más allá de los nombres y se transformó un adicto al triunfo.
No brilla como en años anteriores. No le sobran fundamentos para pasear a sus rivales, ni tampoco se da el lujo de tener un plantel numeroso como en las últimas temporadas. Pero mientras tenga ese alma de campeón, y esa capacidad para superar obstáculos, va a seguir siendo un club competitivo. No le importó perder nueve partidos en lo que va del año, el número más alto de derrotas en este siglo, ni que su motor y alma como es Lucas Camacho haya salido lesionado a los ocho minutos de juego. Hindú se volvió un adicto a ganar, y tiene una cabeza ganadora que pesó mucho en una final sin muchas luces desde lo rugbístico, pero fuerte desde el deseo y la intensidad. “El sentimiento es más fuerte que el juego” Se oyó decir a Santiago Fernández, quien volvió a jugar hace poco más de un mes tras su paso por Europa, y lo vivió con la misma alegría. En el banco de suplentes se lo vio feliz a su padre, “Tito”, siempre al lado de los hermanos Fernández Miranda y Lucas Ostiglia, todos símbolos y entrenadores que tienen muchísimo que ver para que Hindú se mantenga arriba de todos. “La Pasión es lo que manda y espero que nunca la perdamos” declaró muy emocionado Nico, una frase que habla por si sola. Además de ser buenos estrategas, este cuerpo técnico ofrece ese plus extrarugbístico que hace la diferencia.

Inoxidable Hernán Senillosa, que estuvo en el primer torneo ganado por el club en 1996. Foto: Prensa UAR
Pero antes de tanta euforia y tanto festejo hubo un partido jugado al límite, y con una intensidad bárbara, en una tarde primaveral y un CASI colmado de gente. Con algunos momentos de buen rugby, pero marcado por la agresividad en cada uno de los rucks y los encuentros. Pudo haber cambiado a los nueve minutos por dos cuestiones. Primero, salió lesionado Lucas Camacho, un jugador vital en la estructura de Hindú, ese que le da dinámica al juego y a la vez se transforma en un noveno forwards. Mientras se iba el medioscrum, el árbitro Federico Anselmi pudo haber expulsado a Mariano De la Fuente, tras un cabezazo a Guillermo Albrisi. Pero el pilar, que luego cumplió una gran actuación, vio sólo la tarjeta amarilla. El conjunto de Don Torcuato dominó los primeros 25 minutos, pero no pudo lastimar, hasta que llegó un try con el sello del viejo Hindú. La empezó Cancelliere a la salida de un scrum, y la terminó el mismo con una palomita abajo de la haches. En el medio, el eterno Hernán Senillosa le fabricó un espacio a Bautista Ezcurra, este se la cedió a Severiano Escobio que se la entregó al hombre de Argentina XV, que mostró su olfato habitual. Finalizó el torneo con 15 conquistas, a una de promediar dos por partido. Si bien no termina de encontrar su mejor versión como medioscrum, tiene una mezcla de potencia y habilidad, que combinados con su determinación para ir al frente lo hacen un jugador diferente. Después de ese try apareció el mejor momento de Tala, que con más empuje y corazón que juego, golpeó en la última pelota a través de Juan Cruz Cuyaube.
Tala fue pura entrega, pero tal vez le faltó inteligencia y oficio, algo que le sobró a su rival. Extrañó a Cristian Nacassian, un apertura exquisito, clave desde su lectura de juego como su aporte con el pie. Hoy no le encontró la vuelta al ataque, a pesar de contar con un buen scrum y un line lleno de variantes. Insistió mucho con el juego pegado a las formaciones y con las entradas galopantes de Germán Schulz, pero no pudo en la segunda mitad con la defensa del elefante. Renunciando un poco a sus armas ofensivas, Hindú empezó a construir la victoria en base a tackles contundentes, y jugadores que entienden como se ganan las finales. Un líder como Gonzalo Delguy que fue uno de los mejores de la cancha, como su compañero Lautaro Bavaro, siempre encima de la pelota. Un batallador como Augusto Farone, flojo en las formaciones fijas, pero un guerrero en el juego suelto y en cada ruck, que los juega cada uno como si fuese el último. Una pareja de centros casi impasable, con el siempre cumplidor Severiano Escobio y el inagotable Hernán Senillosa, que cerca de cumplir 40 años sigue divirtiéndose adentro de una cancha, pescando pelotas y participando del juego. Un try sobre el final del ingresado Juan Ignacio Martínez Sosa sentenció el encuentro, para un equipo que no precisó de un gran Joaquín Díaz Bonilla para llevarse la victoria.

Cancelliere, una de las figuras del campeón busca descargar una pelota que baja del cielo. Foto: Prensa UAR
Ocho Nacional de Clubes y nueve campeonatos de la URBA. En sólo 21 años, Hindú creo que una dinastía y marcó una época, que aún sigue vigente. No tiene los nombres rutilantes de otros años, ni un plantel largo para aguantar tantos partidos exigentes de primer nivel. El resto de sus divisiones no pelean los primeros puestos, pero la esencia club es la misma: Hindú se transformó en un adicto a ganar.
Por: Nicolás Casanova







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