6N (última)
EL JUEGO IRLANDÉS
“El rugby es un juego irlandés” asegura mi amigo Patrick Fitzgerald, profesor de Social History & Cultural Heritage en el Trinity College de Dublin, mientras tomamos unas Kilkennys en O’Reilly’s.
Mi amigo afirma que cuando William Webb Ellis corrió con la pelota en sus manos en Rugby School, en realidad estaba jugando “caid” (significa escroto de toro), un antiguo juego irlandés en el que se avanzaba de aquella manera. Dice que a los ingleses les gustó y se apropiaron del invento, lo rebautizaron “rugby” y lo difundieron como propio en todo el mundo.
Las fuentes de Patrick son verosímiles. James Ellis, el padre de William, era suboficial de los Third Dragoon Guards cuando su regimiento fue acantonado en Tipperary, en la provincia irlandesa de Munster, para aplacar unas revueltas. En Tipperary el caid era el deporte popular y –según mi amigo– de seguro el pequeño William se encontró un día corriendo por su vida con un escroto de toro inflado en las manos perseguido por una jauría de pequeños irlandeses que se lo disputaban.
James Ellis murió en 1812 en la batalla de Albuera combatiendo al mando del mariscal William Beresford (el mismo que, como general, comandó la primera invasión inglesa a Buenos Aires). La viuda de Ellis regresó a Inglaterra e inscribió a William en Rugby School gracias a la beca de una sociedad filantrópica.
La conclusión de Patrick es que cuando William corrió con la pelota en las manos en el Close de Rugby School, en realidad estaba repitiendo un gesto técnico del caid irlandés aprendido en los prados de Tipperary, esta vez para escapar de una jauría de compañeros ingleses.
O sea que el sábado, en Dublin, Irlanda e Inglaterra van a jugar un deporte irlandés.
El siglo XIX en Irlanda se recuerda por las hambrunas y las revueltas contra el dominio británico. El siglo XX estuvo signado por la violencia, como el Bloody Sunday del 21 de noviembre de 1920 cuando se produjo el ataque del ejército británico a los aficionados al fútbol gaélico reunidos en Croke Park, en respuesta a una serie de atentados del IRA de esa mañana; o el 30 de enero de 1972 en Londonderry, Irlanda del Norte, cuando trece hombres y niños desarmados murieron bajo el fuego del ejército británico durante una manifestación por los derechos civiles de los católicos. Ese nuevo Bloody Sunday conmocionó a Irlanda y estremeció al Reino Unido.
Pese a que durante el siglo XX se sucedieron la Guerra de la Independencia [del Reino Unido], la Guerra Civil y la creación del Estado Libre del Éire en 1937, la selección de rugby de Irlanda incluyó a jugadores de todas las regiones y compitió en todos los campeonatos de las Home y 5 Nations, en una muestra de que el rugby union (conocido como el “foreign game” que jugaban los hijos de las clases acomodadas) funcionaba más allá de los conflictos y enfrentamientos tan graves, aunque, también, los partidos de rugby internacionales posibilitaban un reaseguro de continuidad frente a deportes más populares como el fútbol asociación, o como el fútbol gaélico y el hurling que no disputaban campeonatos internacionales que reforzasen una identidad deportiva nacional.
El torneo de las 5 Naciones de 1972 no consagró un campeón. En los registros se lee Not completed. Aquel campeonato había comenzado el 15 de enero con las victorias de Gales ante Inglaterra y de Escocia ante Francia. El 29 del mismo mes Irlanda debutó con una victoria en Francia. Pero el domingo 30 de enero, tras Londonderry, todo cambió. El torneo fue abandonado cuando Gales y Escocia se negaron a viajar a Dublin por la amenaza del IRA, que ese año mataría a cien soldados británicos, heriría a más de quinientos y llevaría a cabo mil trescientos atentados. Dublin no era inmune a la sangría y las muertes. Las bombas explotaron en noviembre de ese año, diciembre y enero de 1973, causando muerte y destrucción.

30 de enero de 1972. Manifestantes católicos enfrentan a las tropas británicas en Londonderry. El Bloody Sunday conmocionó a Irlanda y estremeció al Reino Unido.
“Los problemas” en Irlanda (The Troubles) no habían cesado, el conflicto político crecía y la violencia no mostraba signos de disminución. Fue contra este telón de fondo de caos, derramamiento de sangre y violencia sectaria que el campeonato de las 5 Naciones de 1973 estaba a punto de comenzar, y le llegó el turno de viajar a Dublin a Inglaterra. La RFU declaró que el partido se iba a jugar, anunció el equipo y les dijo a los jugadores que podían elegir no viajar sin temer perjuicio alguno. Los tres que decidieron quedarse no volvieron a jugar para la Rosa.
El temor aumentaba en el plantel inglés, a tal punto que durante uno de los entrenamientos David Duckham (36 caps con Inglaterra, 3 Tests con los Lions del 71), llamó a Willie John McBride (63 caps con Irlanda,17 Tests con los Lions) y le pidió sin vueltas su opinión. “David, deben venir. No dejen que gane el terrorismo” fue la respuesta de quien sería capitán de los Lions, recordados como The Invincibles, en su gira a Sudáfrica en 1974.
Inglaterra viajó a Dublin el viernes. Al pie del avión el plantel subió a un autobús custodiado sin disimulo por soldados con armamento pesado. En el parabrisas la inscripción England Rugby Team acrecentaba la sensación de viajar en un blanco móvil. Tanto, que Andy Ripley, el octavo inglés, hizo todo el trayecto al Shelbourne Hotel hamacándose en su asiento. “Trato de hacérselo más difícil a los francotiradores” respondió cuando le preguntaron por qué lo hacía.
Vestidos con blazers y corbatas de Inglaterra y cargando sus bolsos rojos con el escudo de la rosa –nadie podía decir que se escondían- los jugadores se enteraron de que Irlanda también estaba alojada en el Shelbourne Hotel, con los mismos temores y la misma ansiedad.
Cuando el sábado 10 de febrero el seleccionado de Inglaterra salió al césped de Lansdowne Road, recibió la ovación más grande que se recuerda. Los 50.000 espectadores, de pie, daban la bienvenida a quince ingleses vestidos de blanco. “Estábamos en la vieja tribuna descubierta donde solíamos cambiarnos”, recuerda Tom Grace, wing derecho del trébol esa tarde, “esperamos, esperamos y esperamos para salir, y la multitud seguía aplaudiendo al equipo inglés. Pasaron más de cinco minutos que parecieron siglos y debimos retrasar nuestro ingreso. Fue algo auténtico e increíble”. Fue un momento de tanta emoción que muchos derramaron lágrimas, en las gradas y en el campo de juego. Pasados los himnos, Irlanda procedió a vapulear a Inglaterra durante 80 minutos para imponerse 18-9. Esa vez el resultado no fue lo importante.
Más tarde, durante el banquete post-partido, John Pullin, el capitán de Inglaterra (42 caps, 7 Tests con los Lions) brindó en agradecimiento y dijo unas palabras que quedaron en la historia: “No seremos muy buenos, pero al menos, vinimos”. “Su ocurrencia hizo que la casa se viniera abajo” comentó años más tarde Willie John McBride. “Pero toda la jornada fue un triunfo inesperado, el resultado totalmente irrelevante una vez que sonó el silbato final. A partir de ese día sabríamos con certeza que el rugby irlandés sobreviviría a The Troubles aunque nos tirasen con todo”, concluyó Willie John. La cofradía del rugby se había impuesto al terror, había ganado el juego.

Terry Moore ataca desde un scrum apoyado por Johnny Moloney (izquierda) y Fergus Slatre (derecha). Irlanda vapuleó a Inglaterra durante los 80 minutos del partido.
Tras la derrota de Irlanda 22-9 vs Gales en el Principality el viernes pasado, el partido que apuntaba a ser el que consagrara al ganador del 6 Naciones 2017 cambió de signo. El sábado en el Aviva Stadium, sin la presencia de Conor Murray y Rob Kearney, lesionados, Irlanda buscará frenar la fiesta del bicampeón y terminar con su invicto de 18 partidos, tal como lo hizo en Soldier Field con los All Blacks en noviembre de 2016. Para el local, la presión interna será inmensa. Tras haberles ganado a los tres grandes del Sur hace solo cuatro meses atrás y ser candidatos a ganar el 6 Naciones, una derrota como locales el mismo fin de semana de St. Patrick’s Day seria terrible. La prensa y los fans se los comerían crudos, pedirían la cabeza de Schmidt y cuestionarían las carreras de algunos jugadores como Rory Best o Jamie Heaslip, que parecen oxidados. Muchos de los verdes se juegan una convocatoria a Los Lions que verían frustrada si vuelven a perder jugando mal…
Inglaterra llega a Dublin subido a su Sweet Chariot reloaded tras haber enviado a los escoceses a casa a que lo piensen de nuevo. Eddie Jones ha instado a su equipo a terminar el trabajo en Irlanda y “alcanzar la grandeza” de ganar dos Grand Slams consecutivos, algo que no ha logrado ningún equipo en la era profesional (y de paso, conservar la Triple Corona), y ha advertido: “Físicamente estaremos mejor que la semana pasada contra Escocia. Hemos pasado ocho semanas para llegar a este partido en nuestro pico físico y lo estaremos.” Para reforzar sus dichos Billy Vunipola sale de entrada con la camiseta Nº 8.
En los pubs de Dublin, Edimburgo y Cardiff, acopian cerveza para celebrar un triunfo irlandés: al fin de cuentas, no hay nada más gratificante que pierda el Auld Enemy de todos los celtas. Y pese a que lo disimulan en sus declaraciones formales a la prensa, en Wellington también desean que gane Irlanda, no sea que la Rosa supere a Nueva Zelanda con 19 invictos, algo impensado para los kiwis a quienes no les gusta quedar atrás ni en el tag rugby…
En el historial, de 131 partidos jugados, Inglaterra ganó 76, Irlanda 47 y empataron 8, aunque los de la Rosa se han impuesto en solo el 25% de sus visitas a Irlanda. El partido 132 en un Lansdowne Road rebautizado, con un campeón ya consagrado, quizá no sea tan apasionante en esta era hiperprofesional, pero las historias de hombres valientes dentro y fuera de la cancha que abonaron la tradición, como los de 1973, seguirán tan vigentes como las conjeturas académicas sobre el país donde se inventó el rugby.
Ricardo Sabanes, con la colaboración de Toluba desde Dublin.
Ranking
Más allá de todo lo que se pondrá en juego en el duelo entre Irlanda e Inglaterra, los otros partidos que protagonizarán Francia-Gales y Escocia-Italia, definirán el ranking para el sorteo del Mundial de Japón, que se realizará en mayo.
Las chances de que Argentina quede entre la 5° y 8° posición, son dos:
- Que Gales supere como visitante a Francia por más de 15 puntos
- Que Italia triunfe en Murrayfield también con mayor diferencia de 15
En caso de que Irlanda caiga como local ante Inglaterra, y Gales salga victorioso en el Stade de France, el conjunto capitaneado por Alun-Wyn Jones le arrebatará al Trébol la posibilidad de ser cabeza de serie en el sorteo.
Por su parte, Italia (15° en el ranking) necesita una remota victoria por más de 15 ante Escocia, y que Georgia no supere a Rumania en el 6 Naciones B, para estar en la grupo de los terceros.
Sábado
9.30 Escocia-Italia
11.45 Francia-Gales
14.00 Irlanda-Inglaterra
Extra
El domingo, a partir de las 10, Rumania y Georgia definirán en Bucarest el 6 Naciones B. El local llega con 15 puntos, mientras que su rival ganó en sus cuatros presentaciones y suma 18 unidades.






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