Tristeza
El mar era lo único que lo podía doblegar a Bernardo Miguens. Duro como una roca, tackleaba hasta los árboles. Todos nos sentíamos Bernie cuando venía una pelota a cargar y saltábamos a agarrarla. Siempre con una sonrisa, aportando, con su vozarrón característico, fue, más que Puma, un hombre de rugby. Fullback emblemático de CUBA, el club de su familia y de sus 13 hijos, y del seleccionado nacional.
Una ola lo tumbó ayer en Pinamar y esta tarde se fue de gira. Un inmenso dolor sacude a CUBA y a todo el ambiente del rugby. En el post anterior hay una frase que lo resume a Bernie: “¿Qué mejor programa tenés un sábado por la mañana que no sea llevar a tus hijos a jugar el rugby”.
Fue 15 de los Pumas en los triunfos ante Australia en 1983 y ante Francia en 1985 y en el empate ante los All Blacks ese mismo año. Esta anécdota contada por Daniel Dionisi en su libro Leyendas del Rugby también lo muestra de cuerpo entero.
Diploma de Puma
El último pasaje a Australia fue para él, y cuando le confirmaron la convocatoria su sorpresa fue mayúscula. Sabía que iba de suplente pero viajar con Los Pumas al país de los Wallabies, compartir un mes con los mejores jugadores del país y ser parte de esa gloriosa elite ni siquiera estaba en sus sueños. Por eso la alegría alborotó una vez más la casa de la familia Miguens. Bernardo, el cuarto hijo varón de Hugo y Matilde, estaba educado en la tradición del rugby y dos de sus hermanos ya conocían la intransferible sensación de ponerse la camiseta nacional. Su casa era ovalada pero la mejor lección lo estaba esperando en ese viaje a tierra australiana.
Bernie viajaba como fullback suplente detrás del talentoso Martín Sansot, dueño indiscutido del puesto. Sus aspiraciones para la gira eran modestas. Le bastaba con jugar un par de partidos provinciales y sumar experiencia compartiendo un mes de entrenamientos en el primer nivel internacional.
Cuando la gira empezó a rodar, muchas veces Miguens se sorprendía al girar la cabeza en el comedor del hotel y cruzar su mirada con la del gran Hugo Porta, y se emocionaba viajando en el micro al lado de Pumas de renombre, como el Tano Loffreda o Rafa Madero. Era
suplente pero disfrutaba intensamente esos días del 83. Sin embargo los acontecimientos se iban a suceder de forma sorpresiva para el joven jugador.
A los quince minutos del segundo partido de la gira, contra Queensland, Sansot recibió un terrible golpe en la cabeza y debió abandonar la cancha en estado de inconsciencia. El grito de Michingo O’Reilly no se hizo esperar: ¡¡Bernie!! ¡¡A la cancha!!
El fullback de CUBA calentó unos segundos, hinchó el pecho, saltó al pasto a escribir su historia y, en la primera acción con la camiseta de Los Pumas, destrozó al centro australiano con un tackle poderoso.
El tercer encuentro de la gira, contra los Brumbies, sirvió para que Miguens tomara confianza mientras se acercaban los tests frente al seleccionado australiano. Paralelamente, la esperada recuperación de Martín Sansot no se producía y todo indicaba que Bernie iba a jugar su primer partido grande en Los Pumas. Él vivía intensamente el momento compartiendo las prácticas con el mismo jugador que admiraba desde muchos años atrás, cuando se escapaba a la cancha donde jugara Pueyrredón para disfrutar de las mágicas jugadas del fullback que había maravillado a los franceses en el 75. Claro, Sansot era su ídolo de toda la vida.
Como tantas veces, la mala suerte ajena había allanado el camino para que un tapado se adueñara del puesto en una gira de Los Pumas.
Dos días antes del primer test el entrenador O’Reilly le confirmó que iba a ser el fullback titular. En esas 48 horas Bernardo Miguens recibió el apoyo de Sansot con algunos gestos y unas pocas palabras. Martín nunca se caracterizó por su locuacidad y Bernie tenía demasiado respeto por su figura como para franquear la barrera de la confianza. Pero el alumno sabía que contaba con el apoyo incondicional del maestro.
Por fin llegó el partido y ese 31 de julio de 1983, en el Ballymore de Brisbane, Bernie Miguens vivió el día más glorioso de su campaña rugbística. Debut en Los Pumas, gran actuación y victoria histórica por 18 a 3 frente al poderoso seleccionado australiano. Cuando terminó el partido los argentinos prolongaron los emocionados festejos en la cancha. La euforia era total y Bernie no escapaba al clima victorioso que vivía el equipo. Ya en el vestuario, el Tano Loffreda y su compadre Madero se estrechaban en un interminable abrazo mientras el capitán Hugo Porta ensayaba un discurso acerca de la importancia del triunfo con palabras que pocos alcanzaban a oír.
Entre el vapor que venía de las duchas y el griterío que no cesaba, Bernie Miguens, sentado en un banco y aún vestido con la ropa del partido, encontró un instante para la reflexión. En ese minuto se acordó de su padre, de su hermano Hugo, y trató de tomar conciencia sobre el enorme momento que estaba viviendo, sobre la magnitud de la hazaña que acababa de conseguir junto a sus 14 compañeros… En eso estaba, sumido en sus pensamientos, cuando percibió un movimiento a sus pies. Agachó la cabeza y no pudo creer lo que veía. En silencio Martín Sansot, su referente, el mejor fullback de la historia de Los Pumas, le estaba sacando las medias y aflojándole las vendas para que se sintiera más cómodo. El mismo que había padecido la frustración de no jugar ese partido lo
atendía y lo halagaba desde la actitud humilde que siempre
tienen los grandes de verdad.
Bastó que cruzaran las miradas para que estuviera todo dicho. Humildad y grandeza. Esa fue la gran lección del maestro Sansot. Y en ese día de invierno del 83, Bernardo Miguens se recibió de Puma. El diploma, una enseñanza para toda la vida, se lo entregó su gran ídolo.
Buen viaje, Bernie. Un abrazo a su mujer, sus hijos, sus hermanos y a todo CUBA. Gran dolor.






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