León
Hace unos cuantos años, a finales de los 90, escribí una nota en el diario Clarín, donde trabajaba, en la cual criticaba la presencia de los himnos en las competencias deportivas. Creía que llevaba a confundir a los idiotas, como alguna vez escribió Jorge Valdano a propósito y en la previa de aquel inolvidable partido Argentina-Inglaterra en el Mundial de fútbol de México 86. A fines de ese año, en la fiesta del deporte que Clarín hacía en el Luna Park, ya después de la cena y a la hora del baile, alguien me agarra del brazo y me pide hablar un minuto. Era Carlos Retegui, el Chapa Retegui, a quien yo conocía, claro, porque en ese momento jugaba en la selección de hockey sobre césped, pero con quien nunca había cruzado una palabra. “Te quiero decir una cosa con todo respeto. No coincido lo que escribiste de los himnos. No sabés lo que significa para nosotros, los deportistas, escuchar nuestro himno antes de cada partido. Es la adrenalina extra. Después de escucharlo nos queremos comer a los de enfrente. Nosotros somos el himno”, me dijo, mirándome a los ojos con esa increíble mezcla de desorbitado y sereno que tiene para hablar de lo que le gusta. Mi primer impulso fue defender mi idea, pero a los pocos minutos, con el transcurrir de la charla en medio de la música estruendosa, me di cuenta que el que tenía razón era él y que quizá la idiotez de haberla escrito había sido mía.
Después de aquella charla en uno de los templos del deporte, no sólo cambié mi forma de pensar con respecto a los himnos, sino que, lo más importante, gané una relación con un tipo íntegro, bien del deporte amateur. Retegui me enseñó también que hay que escuchar más a los deportistas a la hora de escribir y que no todo es como uno lo piensa. Y desde ahí, nos reímos de esa anécdota cada vez que nos encontramos o que cruzamos mensajes. En estos Juegos, su respuesta a cada WhatsApp mío luego de cada partido era siempre la misma: “Vamos, vamos, vamos por más, hay que seguir”.
A estas horas, se habrán escrito cientos de líneas sobre él y ya habrá hablado por cuanto medio de TV y radio. No voy a descubrir mucho más. Creo que Retegui es un símbolo de lo que tiene que ser el deporte y hay dos datos enormes que lo grafican: lo ayudó al Vasco Olarticoechea en el análisis de video para los partidos de la selección de fútbol y la llevó a Paula Pareto para que de la arenga a los jugadores de hockey antes de la final olímpica. “Ella, que ya había ganado el oro, nos dijo “gracias por lo que hicieron”, así que imaginate cómo quedamos”, le contó hoy a Gonzalo Bonadeo en una jugosa entrevista por TyC Sports.
Retegui es la pasión personificada y eso bajó a la cancha. Viendo a los Leones en el partido perfecto de la semifinal con Alemania veía a los Pumas en el partido inaugural con Francia en el Mundial del 2007. Las arengas del Chapa tienen mucho de las arengas de Pichot y sus jugadores tirándose al piso eran Albacete tratando de agarrar la pelota con los dientes o Roncero y Ledemas llegando a la última pelota con ganas de comerse a los franceses. Más, claro, la clase para jugar, como ese cuarto gol que fue como aquella corrida de Corleto.
Quizá sea otra imprudencia esta comparación. Seguramente necesite ésta y muchas otras charlas con Retegui, que siempre es igual y esa es su virtud. El Chapa no se dobla y por eso ha encontrado resistencias incluso afuera del hockey y hasta ha quedado en el medio del fuego cruzado político. Le acusaron de ñoqui (armó un entrenamiento el 31 de diciembre último) y de invento por conducir al mismo tiempo los seleccionados de mujeres y hombres. Con las Leonas consiguió la plata en Londres 2012 y ahora, con los Leones, el oro.
Hoy, volvió a hablar del himno. Contó que la noche previa a la final les dijo a los jugadores: “¿Saben que si ganamos el único himno que se pasará será el nuestro y que nuestra bandera estará arriba de todo?”.
Los deportistas argentinos han dado un gran mensaje en estos Juegos Olímpicos. No sólo los consagrados, como Pareto, Lange, los Leones, la Generación Dorada del básquetbol (majestuoso cómo Scola puso en caja con un “no entendieron nada” al diario Olé con una tapa en la que se burlaba de los brasileños) y Del Potro. Dieron una lección de convivencia, de apoyarse unos a otros, de superación y de esa cosa maravillosa de identificación universal que sólo la dan los Juegos. Es una gran noticia que el rugby ahora forme parte de esa cultura y que haga su aporte con esa misma cultura que trae desde la cuna, como la gran mayoría de los deportes.
Chapa Retegui, hombre de San Fernando, hijo de un gran remero y jugador de rugby, siempre fue un león de oro. Ahora tiene la medalla.
JB






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