Edimburgo

El sábado 1° de noviembre la partida Puma hacia Europa tuvo un par de diferencias notables con otras anteriores: se venía de una victoria y se iba un plantel conformado por más jugadores que estaban en la Argentina que en Europa. Se trataba de la primera gira con el sello del Plar. Más aún: varios jugadores habían sido Pumitas en los últimos 3 años. Pero también el viaje a Edimburgo, vía Amsterdam (vuelo 702 de KLM), iba a arrojar otro dato en este caso preocupante: las lesiones. Juan Fernández Lobbe volvía a faltar, ahora tras desgarrarse en el Toulon, lo que le abrió la puerta nuevamente a Javier Ortega Desio. Y Benjamín Macome quedó afuera otra vez, reemplazado por un debutante, Facundo Isa. Al llegar a Escocia, otra mala noticia: Matías Alemanno tenía paperas. Convocatoria de urgencia para otro sin tests: Lucas Ponce.
¿Cómo recibió la bella Edimburgo al seleccionado argentino? La respuesta es simple: con lluvia. Y mucho frío, característico del otoño británico. Alojados en el Hotel Appex, sobre la avenida West Port, con vista al Castillo, en las puertas de la Ciudad Vieja, Los Pumas llegaron a la Ciudad de la Literatura con el cartel de favoritos. No sólo porque venían de superar a los Wallabies, sino porque se estimaba que estaban un pequeño escalón de una Escocia en desarrollo y porque las últimas cinco visitas a Murrayfield habían concluído en victoria.
Los jugadores sabían y asumían ese mote de candidatos. No lo ocultaban en ninguna de las charlas con los pocos enviados de los medios. “Es hora de ponerse los pantalones largos”, dijo Hourcade para refrendar esa sensación que dominaba el ambiente Puma. Era todo un desafío a una historia en la cual nunca hubo un buen final cuando el equipo llegó en ganador. Se sabe: Los Pumas siempre fueron temibles cuando están heridos. No al revés. Pero bueno, lo cierto es que el test en Murrayfield era una muy buena prueba para torcer esa leyenda y escribir otra.
El miércoles fue, como siempre, día libre, y el único que no llovió. Es más: hubo sol a pleno.
El entrenamiento del jueves, bajo un frío infernal y aguanieve, no fue lo duro que debe ser el último entrenamiento antes de un test. Allí, Hourcade colocó un debutante en la segunda línea: Juan Cruz Guillemaín. Tampoco arrojó buenas sensaciones el captain’s run en Murrayfield, el viernes, ya de noche a las 5 de la tarde. Con otro dato preocupante: Agustín Creevy no estaba bien físicamente. No había entrenado en la semana y él mismo reconoció ante dos periodistas (Iván Pelisch, de Clarín, y quien escribe) que “ya está; si me rompo todo no importa…”
Claro que el sábado fue lluvioso. Torrencial en los momentos previos al test. Los fanáticos escoceses colmaron buena parte de Murrayfield. El Cardo esperaba con hambre a Los Pumas. Lo anunciaron jugadores y el entrenador Vern Cotter, en su presentación en el Templo de Edimburgo. Iban a ir con todo porque una semana después venían los All Blacks. Se palpaba en el ambiente la asniedad escocesa. Querían sangre los que unos días antes estuvieron a un 5.4% de independizarse del Reino Unido.
Bajo la lluvia, al revés que en Mendoza, el partido no pudo empezar mejor para Los Pumas. A los 2 minutos, Manuel Montero metió un muy buen tackle que dejó la pelota suelta. Hernández, quien cumplía su test número 50, encontró a Ortega Desio por la punta y el paranaense corrió desde mitad de cancha escoltado por el 12. ¡Try! Golazo de Sánchez y 7-0.
Escocia ni se inmutó por el golpe. Lo dicho: tenía hambre. Y se lo fue a comer a Los Pumas. Enseguida, Richie Gray vulneró el ingoal y la conversión de Laidlaw dejó las cosas 7 iguales. Ni un penal de Sánchez (10-7) frenó la locura local. En 4 minutos llegaron dos tries, tras una amarilla a Juan Imhoff por un topetazo a destiempo: el otro Gray, Jonny, y Maitland. Ambos convertidos por Laidlaw, quien más tarde anotó un penal. Paliza. Y con dos lesionados, encima: Báez y, lo que se prevía: Creevy. Debut para Isa.
La defensa argentina fue un colador, se perdió ostensiblemente en el 1 a 1, no funcionó el line, el scrum 50 y 50 y el capitán Laidlaw encontró huecos por todos lados. Desconcentrados y con la guardia baja, Los Pumas recibieron otro try a los 7 del segundo tiempo por intermedio de Hogg (otro gol de Laidlaw).
Faltando 15, Escocia metió todos los cambios y levantó el pié del acelarador. Era goleada: 34-10. Hubo un descuento con un try penal, pero una intercepción a Hernández estiró con try de Seymour el número a 41-17.
El final fue todo de Tomás Cubelli, quien había entrado faltando 23 minutos. Dos tries suyos, de puro guapo, sirvieron, junto a las conversiones de Hernández para dejar todo en un 41-31 que no reflejó lo que pasó en la cancha. Escocia estuvo al menos 20 puntos arriba.
Lo mejor había venido del banco y de los más nuevos. Varios titulares indiscutidos habían estado muy por debajo de su nivel. La ya noche de Murrayfield, lluviosa de nuevo, dejaba fuertes autocríticas. Dijo Marcos Ayerza: “Es un duro balde de agua fría para la realidad de este equipo. No tuvimos actitud ni la locura que hay que tener cuando uno se pone esta camiseta. Lo bueno es que el deporte da revancha y la tenemos el sábado que viene, pero siempre y cuando aprendamos esta lección”.Dijo Hourcade: “Hablamos, hablamos y hablamos en la semana de cómo había que jugar este partido, pero no lo sentimos. Para mí se trató de un tema mental. No asumimos nunca el protagonismo y tuvimos un muy mal partido. Regalamos el primer tiempo, no defendimos bien, nos desprendimos rápido de la pelota. Esto no nos puede pasar más”
Los Pumas, que habían ido a Europa a buscar un histórico 3-0, se marchaban de Edimburgo llenos de interrogantes. Había que empezar de nuevo. A dormir y al otro día, bien temprano, emprender el viaje a Génova. Esperaba Italia.
Notas en La Nación, desde Edimburgo
El test de Murrayfield
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