Apuntes
Algunos apuntes derivados de la súper conferencia que realizó el viernes la UAR bajo el título “En la misma dirección, por más y mejor rugby”.
Ricardo Richichi García Fernández, a cargo del Alto Rendimiento en el Consejo presidido por Porfirio Carreras entre 2008-2010, fue al primero que lo escuché decir que la Argentina iba a jugar el Súper Rugby. Fue en un llamado telefónico que le hice allá por comienzos del 2009. Estaba en Londres y casi me mata por lo que le iba a salir el llamado. “¿En serio me decís que se va a jugar el Súper Rugby?”, le pregunté. “Dalo por seguro”, me contestó. Voy a ser sincero: no le creí. Se le recordé a Richichi el viernes. Hombre de CUBA, llegado a la UAR desde el amateurismo, fue el que llevó una buena parte del comienzo del proceso que ahora es una realidad. Vale reconocerlo.
Agustín Pichot nunca renegó de su apego al profesionalismo y al marketing. Se ríe cuando se lo señalan a modo de acusación. Aún era jugador, cuando todo esto empezó, a comienzos de 2008 pero con lo que ya venía de Woking 2007. Fue el primero que al que escuché remarcar enfáticamente que el plan que estaba llevando adelante la UAR iba a proteger esencialmente a los clubes. Un sábado al mediodía, en el CASI, mientras me mostraba a sus hijas que corrían de un lado al otro, me dijo ante mis dudas: “¿Vos creés que yo voy a dejar que terminen con esto?”. Omnipotente como es, otra vez me aseguró, en el medio de los tantos cruces que hemos tenido: “”Creéme que voy a ser el garante de que no se toque a los clubes y que, incluso, se los potencie”. Voy a ser sincero: durante un buen tiempo mantuve mis dudas, aunque siempre creí que había que darle tiempo a todo esto. El periodista debe evitar sentencias rápidas a uno y otro lado. Y hay varios aspectos más del periodismo sin compromisos que gran parte de la UAR y derivados no lo entendieron ni aceptaron, pero eso será tema de otro post.
Hoy, con la primera vuelta del plan cerrada, creo que la Argentina logró un modelo propio que si bien siguió lineamientos del exterior, respetó lo que más preocupaba a todos: jugar en el alto nivel profesional sin tener una competencia profesional doméstica. Si las Uniones del país miran hacia adentro sin deslumbrarse por lo internacional, los clubes, que son la savia del rugby argentino, no sólo quedarán blindados, sino que recibirán beneficios de lo que genere todo lo rentado. Como debe ser la rueda de la distribución: clubes-seleccionados-clubes/desarrollo.
Sólo un tema, que es importante, claro, falta por ver cómo se irá dando en el futuro: ¿Qué pasará con los contratados que en determinado momento del año se quedarán sin competencia? Y aquí una opinión: si el plan contempla separar lo profesional de lo amateur, esos jugadores no deberían jugar en clubes amateurs. Ni en la URBA ni en el resto de las Uniones. Porque como argumeta la dirigencia con los que quedarán afuera de Los Pumas si elijen jugar en Europa, todo no se puede.






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