Inicios
El fútbol nos tiene a todos (o al menos eso se presiente; no sé si a todos los que visitan éste blog) expectantes de la selección y del partido de mañana, ante Holanda, por las semifinales del Mundial de Brasil. Y ni hablar si se da otro triunfo y el domingo tiene al equipo del genio de Messi y del de las agallas de Mascherano en la final. Nunca viene mal recordar que el fútbol argentino tiene sus raíces en clubes emblemáticos de rugby. De hecho, el primer campeón del fútbol nacional fue Lomas y el primer gol en la historia de la selección lo marcó un jugador de Belgrano Athletic, Carlos Edgar Dickinson. Después, cuando el fútbol se hizo profesional en 1930, la mayoría de esos clubes (Lomas, BAC, Biei, CASI, GEBA, entre otros), dejaron la ovalada y siguieron su curso con la ovalada. Siempre es útil mirar lo que pasó para saber de dónde venimos.
La historia de vínculos entre el fútbol y el rugby es fascinante y tiene miles de episodios. Como este que cuentan los periodistas Oscar Barnade y Waldemar Iglesias en su fabuloso libro Todo Sobre la Selección (editó Club House), que retrata con textos y estadísticas la historia del seleccionado de fútbol. Un librazo que acabo de terminar y que se los recomiendo. De él extracté esta linda miniatura que transcribo textual.
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Arnaldo Watson Hutton era el hijo de Alexander, el padre del fútbol argentino. Pero no sólo se destacaba por posesión de apellido sino también porque era un notable atleta. Jugaba al fútbol mejor que casi todos y además era un valioso rugbier. Llegó un día en el que practicar ambos deportes le resultó un inconveniente. Se había comprometido con sus amigos del rugby a jugar la final para Belgrano contra GEBA. Con anticipación, había avisado a las autoridades de la Asociación que si el partido de la Selección se jugaba el mismo día que la final de rugby iba a tener que renunciar al equipo albiceleste. “Ya empeñé mi palabra”, fue su breve explicación. Arnaldo era considerado un futbolista clave del equipo nacional. Por eso, las autoridades del fútbol intentaron posponer la final de rugby. No hubo caso.
La ausencia en el partido ante Uruguay le costó una suspensión. Entonces, los diarios insistieron en que la medida contra Arnaldo era desmedida. “No es un profesional para sancionarlo de esa manera”. Junto con la sanción contra el jugador, comenzaba a discutirse también la cuestión amateur. Dos meses después de aquel agosto, se levantó la sanción, y Arnaldo siguió jugando a sus dos deportes favoritos. Y también al cricket.






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