Regresando
Será el mar, será la playa, será el no hacer nada, será la posibilidad única en el año de abordar libros que esperaron meses en distintos lugares de la casa, será leer a personas que gozo de leer y me inspiran como Gay Talese (terminé El Silencio del Héroe, que un amigo me lo trajo de España), será haber estado en una ciudad que amo (Punta del Este), será haberme desenchufado de lo cotidiano (confieso: por primera vez al menos desde que soy periodista no sólo no compré diarios, sino que ni siquiera los leí), será haber disfrutado con mi hijo y amigos de la vida. Será todo eso que dan las vacaciones, ni más ni menos. O sea, volver con energías nuevas y con ganas de reinventarse otra vez, porque como tantas veces lo he escrito, para mí el periodista necesita eso: reinventarse todo el tiempo y mucho más en esta época, donde disfruta de la posibilidad de armar su propio camino, como lo es, en mi caso, periodismo-rugby.
En este primer post de regreso no voy a escribir de rugby específicamente. Opté primero por abordar la otra parte del título que lleva éste espacio: el periodismo. De reflexionar sobre la idea de intentar transformar a periodismo-rugby es una herramienta con más ofertas periodísticas para quienes lo siguen a diario. No se trata de cambiar el foco ni la visión que yo tengo del periodismo, sino de aprovechar la gran oportunidad de reinventar este mismo blog. Algo les adelanté a comienzos de año, en el post que anunciaba el parate que concluye hoy.
El periodismo está en crisis. No hay que ser un erudito para diagnosticarlo. Especialmente lo que se conoce como el periodismo tradicional y, especialmente, en la Argentina. Los medios y muchos de los periodistas que responden a ellos no son creíbles. Ni el que se llama militante (porque es obsecuente del poder) ni el que se llama independiente (porque es cualquier otra cosa menos independiente). Pero al margen de esa cuestión económica-política, que, por otra parte, siempre existió, existen otras razones de mucho mayor peso, a mi juicio.
Los medios tradicionales en la Argentina, salvo escasas excepciones y en escasas secciones, han dejado de apostar al periodismo. No invierten en él. Los mejores periodistas se van de los diarios. O echados o con retiro voluntario. Las redacciones se reducen cada vez más y, factor esencial, las ventas van en picada, como la publicidad. Dos cuestiones van de la mano: no se ofrece nada nuevo (diarios y TV no hablan de otra cosa que del calor, como si estuviésemos en invierno) y la generación que nació con Internet llegó a la mayoría de edad. No consume papel, como no consume música en el formato de CD o disco (¿conocen a mucha gente que compre aún CD`s o discos) y como tampoco compra libros y hasta empezó a dejar de ir al cine. En los Estados Unidos, Netflix ya supera en cantidad de abonados a HBO. Internet también le va ganando a la TV. Y la va a pasar por arriba. Es inexorable. Les comparto una maravillosa carta del enorme Martin Scorsese (uno de mis directores favoritos; un Uruguay vi El Lobo de Wall Street; no se la pierdan; genial Leonardo DiCaprio). No falta mucho para lo que augura Scorsese. Los cambios son de una velocidad extrema. Facebook va a cumplir el mes que viene apenas 10 años…
Nos guste o no, es lo que pasa y va a pasar. Y un periodista, creo, no puede sentarse a mirar cómo pasa el avión. Porque no puede ser un vago ni un soberbio de creerse (como se creen muchos medios y muchos periodistas) que están por sobre todos nosotros, escribiendo o hablando desde una púlpito de burbuja. Un periodista hoy debe aprender mucho más que escribir una noticia. Tiene que saber de diseño, de programación, de marketing, de fotografía, de cómo manejar las distintas redes sociales, de autogestión, de comunicación. Tiene que prepararse para lo que ya está y para lo que va a predominar. Como dice Scorsese con el cine: el periodismo vive al mismo tiempo una gran crisis y un gran momento.
Creo profundamente (y se los digo todo el tiempo a los alumnos de TEA y Deportea) que hay que ir transitando un camino propio, sin que ello signifique desechar a los medios tradicionales (de hecho, yo escribo para uno de ellos). Ahora bien, ¿se puede? Ahí está el desafío que intentaré llevar adelante en el relanzamiento que planeo para periodismo-rugby. ¿Cómo llevar un periodismo más creíble, más de investigación, de ir a los hechos y no de mirarlos (les dejo esta muy buena entrevista a Tom Wolfe) que vaya de la mano con lo instantáneo que generan las redes sociales, especialmente Twitter? ¿Cómo fusionar el periodismo de siempre con las fabulosas herramientas que ofrece Internet? Y otro interrogante más clave aún: ¿Cómo solventarlo? ¿Cómo hace un periodista para vivir de su propio medio, sin depender de un sueldo de una empresa?
Considero que esa construcción debe tener primero la base de realizar un buen medio y, después, buscar cómo solventarlo, y no al revés. Si uno buscar sólo hacer dinero desde el comienzo, se va a estrellar pronto. Mi apuesta de reconvertir a periodismo-rugby en un lugar donde haya más investigación, más crónica, más entrevistas, más todo lo que ya viene teniendo desde el comienzo, ahora en los formatos propios de texto, video, audio y fotografía, requiere, además de inversión propia, mucho tiempo de trabajo. Necesitaré anunciantes que solventen el proyecto, porque por ahora -no sé más adelante- no quiero cobrar por abonado, como ya lo realizan otros blogs y sitios (y los apoyo, porque es una manera digna de sobrevivir). Para mi es glorioso que todos puedan acceder a éste blog sin otro intermediario que su autor, bajo una absoluta libertad.
Tenía ganas de escribir de esto porque vengo con energía nueva (será el mar, será…), muy distinta a la de un año atrás, cuando quería dejar todo. Veremos qué sale. Sé que cuento con ustedes y eso ya es jugar con handicap. Ahora regresemos a lo nuestro. Regresemos al rugby.






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Todos al Ingoal (24°)
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