Oficio
Contaba un simpatizante del SIC antes del partido de esta tarde: “Si ganamos hoy, de la goleada no se acordará nadie”. En algún lugar de cada uno de los que conforman el San Isidro Club (jugadores, entrenadores, dirigentes, ex jugadores) había una sensación de que esta era la gran oportunidad que les regalaba el destino para borrar el 51-7 del 24 de agosto, en Boulogne. Me lo decía ayer mismo el capitán, Cristian Etchart: “Cuando después de ganarle a San Luis, vimos que el CASI había perdido contra Belgrano, y que nos cruzábamos en los playoffs, sentí que eso era lo mejor que nos podía pasar”. Y sí, fue lo mejor para el SIC, nomás. Contra los pronósticos de la lógica de los papeles y contra todo lo que venía pasando en la cancha durante una parte del partido, se llevó el clásico con un agónico 20-19, se metió otra vez en las semifinales del URBA Top 14 y dejó sin nada a su rival y en su propia cancha.
Sin lucir, con una labor excepcional de su tercera línea (especialmente el tucumano Antonio Ahualli de Chazal) y con un drop de Santiago Méndez a 8 minutos del final, el SIC ganó un encuentro en el que hasta ese momento había ido siempre abajo en el marcador. Al CASI se le escapó un partido increíble. Fue muy superior en el primer tiempo, en el que llegó a sacar 13 tantos de diferencia (19-6), gracias a un try de Franco Fasano y 14 tantos de Ignacio Almela (2 drops, 2 penales y una conversión).
El CASI fue amo y señor a través de un scrum que dominó, a un Almela que manejó los hilos y a los backs que rompían la línea de ventaja. Pero en la última pelota, el SIC construyó la primera jugada de varias fases, se acercó al ingoal y lo vulneró con un try del salteño Agustín Vago.
Ese try revivió al SIC, que se dio cuenta que estando a tiro en el marcador podía darlo vuelta. Con los forwards fue para adelante, revirtió la historia en el scrum, se hizo poderoso en el uno a uno y, lentamente, fue acorralando al CASI, que se iba quedando sin nafta. Dos penales de Méndez, a los 13 y 19, abrieron la emoción en la Catedral, con el público de los dos clubes alentando.
Estaba para cualquiera, pero el SIC cometía menos errores. Quebrado en su elaboración del juego, el CASI sólo se defendía, hasta que Méndez se disfrazó de Benjamín Madero y, como tantas veces en la historia del SIC, clavó el drop de la victoria.
No fue un partido de alto vuelo, pero sí de fricción y emoción. Tan parejo que el primer cambio recién se produjo a los 29 minutos del segundo tiempo.
Diez mil personas desbordando las instalaciones (la mayor asistencia de los últimos 3 años en un partido de finales de la URBA), corrección absoluta en el público y los jugadores y sin, afortunadamente, todo lo lamentable que arrojó durante y después el encuentro de ayer.
El SIC, con Federico Serra cumpliendo 34 años y presente en todos los títulos del SIC de 1999 hacia adelante, va por otra corona. El sábado, por una de las semifinales por la Copa DirecTV, enfrentará a Hindú, mientras que el domingo, por la otra llave, lo harán CUBA y Newman. El SIC repitió lo de 2003, cuando perdió ante el CASI los dos duelos de la temporada regular y ganó el más importante, en aquel caso la final. El SIC, el del oficio, el que juega estas instancias con el manual, y juegue quien juegue, aún sin jugadores claves como Madero, Artese y Piccinini, lo hizo de nuevo.






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