Columna
De todo lo que encerró las actuaciones y derrotas ante Inglaterra. De eso escribí hoy en La Nación.
En toda la ingeniería que presupuestó la UAR para la alta competencia de 2013 (Pumas, Pumitas, Pampas, Jaguares, Seven) se ha fallado en el casillero correspondiente a la ventana de junio. La muy floja imagen que brindó el seleccionado nacional en los 2 tests ante Inglaterra puede encuadrarse en varios motivos, como el excelente nivel del rival, pero especialmente en uno que es inadmisible si se pretende estar en la Fórmula 1 del rugby: la preparación.
Como en los viejos tiempos, el plantel Puma se reunió una semana antes del primer test para enfrentar a un rival al que da la sensación que no se lo midió adecuadamente. Ya se sabía desde el año pasado que no iban a estar la mayoría de los titulares, reservados para el Rugby Championship, y que había que formar un mix entre pladares y los que están jugando en Europa. Como sucedió en 2012. Y como pasará también en 2014. Ese fue el acuerdo con los clubes del Norte para poder ingresar a la elite del Sur.
En la lista que dio Santiago Phelan para la ventana de junio no había mucho misterio desde el año pasado. Podían fluctuar 3 o 4 jugadores entre los 28 designados. ¿No se pudo prever en esta primera mitad del año alguna mini-concentración en Europa para al menos coordinar un par de cuestiones básicas del juego? ¿Los pladares citados fueron puestos en órbita para lo que significa el primer mundo rugbístico o siguieron entrenando acá como para el mundo Pampa o Jaguar?
Los riesgos que se corrieron en estos partidos de junio para el emblema Puma son muy grandes. Ante todo, porque el test de pasado mañana ante Georgia pasó a transformarse en más importante de lo que se preveía. Es un encuentro de esos raros, porque si se gana es porque se debía hacerlo ante un seleccionado de segundo orden y porque si se pierde es un golpe durísimo. También porque actuaciones como estas de local desmoralizan al público (fue notorio el poco entusiasmo de la gente tanto en Salta como en Vélez), porque se queman jugadores (física y mentalmente) y porque se rifa crédito en el ámbito internacional y hasta del negocio.
Quizá haya que terminar con tanto misterio en cada resolución o anuncio que se generan alrededor de los Pumas y también con cierto fastidio que se exhibe cada vez que alumbra una crítica. El rugby argentino destina bastante más de la mitad de su generoso presupuesto en la alta competencia internacional.
También debe apuntarse que éste punto muy débil en la ventana de junio (¿se habrá creído que podía darse lo del año pasado? ¿se corregirá para el próximo?) no se corresponde con otros altos en la ingeniería de la alta competencia de la UAR. En ese haber sobresalen los Pumitas, otra vez en la elite M20, disputando el domingo el partido por el quinto puesto del Mundial de Francia. Ellos son el futuro inmediato. Habrá que darles vuelo a más tardar en 2014. Poniéndolos en cancha, no sólo llevándolos de gira.
Hay, además, una meseta resabio del 2007 que se empieza a notar también ahora. Y habrá que ver qué ocurre con los Pumas en el Rugby Championship y en noviembre. Debe mirarse el espejo de lo que pasó ante Inglaterra, aunque no sean los mismos jugadores.






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