10-12-13-15
El viento parece empezar en el Caledonian Ground. No hay nada que lo detenga. Son manzanas y manzanas abiertas, sin un edificio cerca, con el mar que bordea la geografía. Los huesos ya más o menos se adaptaron a las 15 horas de diferencia, pero, de pronto, Dunedin obligó también a acomodar el chip del frío. Abundan entre los argentinos los abrigos, las bufandas y los gorros, pese a que algunos habitantes de esta ciudad andan de lo más tranquilos por la calle con pantaloncitos cortos y ojotas. Un señor neocelandés, con la picardía de nuestras tierras, entiende la situación e instala, en la puerta del complejo deportivo, una camioneta que porta una máquina de café, té y chocolate. Los enviados argentinos, unos cuarenta, lo asaltan en busca de algo caliente. Y él asalta con el precio: 5 dólares neocelandeses (unos 20 pesos nuestros) por un vasito. El hombre, igual, logra su cometido. Para completar la escena, varios de aquí nos han dejado aún más helados: “En Invercagill va a ser peor”.
A Invercagill se van Los Pumas el jueves después de almorzar. En micro, en un trayecto de unos 200 kilómetros que demanda, por su trazado montañoso, unas 3 horas. Allá esperan la dura Rumania y el segundo partido por la Copa del Mundo. Clave, porque la derrota ante Inglaterra obliga a ganar todo lo que resta de la primera rueda del Grupo B.
Pero aún es tiempo de Dunedin. En esta mañana helada, donde el sol asomó un poquito para luego esconderse tras la nubes que a la tarde ya taparon las colinas que bordean a esta ciudad, Los Pumas realizaron su penúltimo entrenamiento. El miércoles tendrán día libre y el jueves se despedirán del lugar que los albergó desde su llegada a Nueva Zelandia, allá por el 1º de septiembre.
Antes de empezar la práctica, Santiago Phelan reunió a todo el grupo para anunciar la formación. Dos cambios con respecto a los que entraron ante los ingleses, en la batalla de Dunedin. Ambos, obligados por las lesiones de Felipe Contepomi y por la que significó la baja de Gonzalo Tiesi. Pero si uno analiza los puestos, las variantes son cuatro, todas en los backs. Los que entran son Lucas González Amorosino (otro debut en una Copa del Mundo) y Marcelo Bosch, que jugó un tiempo y medio el sábado. Uno como fullback (15) y el otro como segundo centro (13). Santiago Fernández pasa de 12 a 10 y Martín Rodríguez (que será el pateador) de 15 a 12.
Phelan iba a dar el equipo el jueves, pero se adelantó 48 horas. “Es lo mejor para los jugadores”, me dijo después de confirmar a los XV en conferencia de prensa.
– ¿Cómo jugador te pasaba lo mismo? ¿Lo pensaste más como ex jugador o como entrenador?
– No, a mi me daba lo mismo. Pero ahora que lo decís, tenés razón. Cuando yo jugaba, queríamos saber a los titulares cuanto antes. Te permite ya fijarte de lleno en el partido.
Tati, como el resto, sobre todo los que tienen más batallas sobre sus espaldas, está confiado, pero aún le dura la bronca por el triunfo que se escapó el sábado. “Lo teníamos ahí”, confiesa y se le cambia el rostro. Corcho Fernández Lobbe, que será el capitán, lo certifica cuando grafica: “Ahora tenemos la espalda contra la pared. No queda otra que ganar”.
Corcho es alma en este equipo y, sin dudas, una garantía como capitán en reemplazo de Felipe Contepomi, quien por primera vez una lesión lo deja afuera de un partido en sus cuatro Mundiales. El mellizo, Martín Scelzo y Mario Ledesma son los tres de este plantel que registran esa marca (los anteriores son Agustín Pichot y Pedro Sporleder), pero el Bocha marcará un récord el sábado en presencias, llegando a las 15.
Más del tercera línea criado en Liceo Naval: “Vamos a plantearles una batalla de muchas fases con los forwards, para desgastarlos. Y tendremos que cuidarnos mucho de los penales, porque ellos juegan al line y después te complican con el muy buen maul que tienen”. Es así: Rumania tiene un pack durísimo, con una primera línea que masacra en el scrum.
Esto último permitiría un comentario de porqué Los Pumas no llevan tres primeras líneas al banco. Quizá era lo más aconsejable, pero hay que ver que los tres cuartos son jóvenes y sin tanta experiencia, y que lo que pasó con Inglaterra justifica poner cuatro forwards y tres backs.
Ahí también entra la explicación que dio Phelan sobre la convocatoria de Lucas Borges, quien hoy por la tarde arribó a Dunedin. “Tiene la experiencia importante para poder transmitírsela a los backs, que son jóvenes”. El más chico de todo el plantel, el tucumano Nicolás Sánchez (cumplirá 23 años el 26 de octubre), irá al banco. Al cachorro de Lawn Tennis se le dibuja la ansiedad por entrar.
A Los Pumas se los ve tan bien como antes de jugar contra Inglaterra. Se percibe en cada gesto y en cada palabra. Quizá la bronca por los porotos que se escaparon el sábado signifique un plus positivo de cara al test con Rumania. Queda mucho por recorrer, porque así lo exige un Mundial de rugby, tan largo como el de ningún otro deporte.
Mientras tanto, Los Pumas se van despidiendo de Dunedin. Una ciudad hermosa y con gente muy amable, siempre dispuesta a solucionar cualquier problema. Pero con un clima hostil. Claro, como nos dicen aquí, en Invercagill va a ser peor. Es en el extremo de la Isla Sur. Casi como si fuese en la Antártida. Pero no hay de qué quejarse. Estar en una Copa del Mundo de rugby en un país de rugby como Nueva Zelandia supera cualquier cuerpo congelado.







17º
Todos al Ingoal (25°)
17º