Comandantes
El vuelo 1182 de Aerolíneas Argentina que partió el sábado a las 2.30 de Ezeiza con rumbo a Auckland tiene aroma de rugby en cada asiento. Viajan ahí una delegación de chicos del Taraguy de Corrientes, un grupo en el que se mezclan los de Delta con los de San Fernando, bloggeros de periodismo-rugby (Fede, con Daniel, su padre, en una hermosa relación que ya va por su tercer Mundial compartido juntos), periodistas y los comandantes del Bronce del 2007: Agustín Pichot y Marcelo Loffreda.
Como para darle más sabor, la película que se proyecta es la deliciosa Medianoche en París, que, irremediablemente, también trae recuerdos de aquel 2007, sobre todo la del impacto ante Francia.
Ya en tierra neocelandesa, el domingo a las 7.30 de la mañana, hay dispersión. La mayoría va en busca de los motor-home, que serán vitales aquí para la mayoría de los argentinos que emprendan la aventura de seguir a Los Pumas. Son mucho más baratos que un hotel, pueden entrar hasta 6 personas y cuentan con todas las comodidades. Otros se apuran para tomar la primera conexión a Dunedin y otros se quedan en Auckland.
El contacto con la Copa del Mundo es inmediato. Cualquier desprevenido que llegue aquí se entera enseguida que se está por disputar el torneo máximo del rugby. Banderas, carteles de bienvenida y amplias fotografías de los All Blacks promocionando todo tipo de productos: desde calzoncillos hasta líneas aéreas. Los diarios del domingo traen sus suplementos especiales y en la televisión a cada rato hay alguna noticia vinculada con lo que arrancará el 9 de septiembre, precisamente en Auckland, en el Eden Park, cuando los neocelandeses comiencen el sueño de la carrera hacia el título ante Tonga.
Estuve unas 10 horas en Auckland esperando el vuelo a Dunedin, previa escala en Wellington. Mi amigo el gran Frankie Deges, quien trabajará como oficial del IRB, me facilitó su departamento -piso 25, vista de toda la ciudad- para darme una ducha y, luego, recorrer un poco la ciudad. Hay, como en el viaje desde Buenos Aires, olor a Copa del Mundo en cada esquina. Bares, restaurantes, hoteles. Todo tiene el sello de la RWC.
En Queen Street, el local de Adidas y de All About Rugby explota de gente el domingo por la tarde. La camiseta nueva de los All Blacks es la gran atracción. Cuesta 190 dólares neocelandeses. O sea, unos 672 pesos de los nuestros. Hay que pensarlo un par de veces. A 100 metros, sobre la bahía de Auckland, una ovalada gigante reza: “100 % New Zealand”. El lugar será uno de los epicentros de las múltiples fiestas que se celebrarán el viernes en la ciudad.
Para los medios, no existe otra tema que los All Blacks. Aquí son noticia hasta cuando tienen un hijo, como el caso del medio scrum Piri Weepu. Y en todas las lecturas se percibe un temor. Ocurre que las recientes derrotas ante los Springboks y los Wallabies en el Tri Nations abrieron grandes interrogantes. El Herald tituló que los All Blacks perdieron el Plan B. La presión sobre el seleccionado es tremenda. Incluso hablan de una gran martirio si se les vuelve a escapar el título.
Ya sobre la noche de Auckland, es hora de emprender otro vuelo, ahora rumbo a Dunedin, destino final de la primera parte del viaje. Air New Zealand también es All Black. Hasta los vasitos llevan los nombres de los jugadores. Y el video con las normas de seguridad tiene a dos que hacen de comandantes: Riche McCaw y Graham Henry. Ambos con bastante más presión que la que hoy tienen los comandantes del 2007, Pichot y Lofffreda.






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