Columna
Esta es la nota que escribí hoy para La Nación. La transcribo aquí porque no está en la web.
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Las urgencias y las adversidades históricas no les dan tiempo al rugby argentino, en el plano internacional, para detenerse en los balances que suelen hacerse a fines de cada temporada. En horas arranca 2011, el año de una nueva Copa del Mundo, y hacia allí hay que mirar en lo que será el acontecimiento excluyente, con Los Pumas bajo la más que complicada misión de defender el inolvidable tercer puesto de 2007. Un desafío que tendrá su kick-off un día después del test inaugural, el 10 de septiembre, ante Inglaterra, a las 5.30 hora de aquí.
El Mundial, que volverá a Nueva Zelandia, al igual que el primero de 1987, significará para el rugby otra prueba con vistas a reafirmar su crecimiento en el planeta de los deportes desde que el IRB instauró la era abierta en 1995, concluyendo con más de 100 años de amateurismo. Los popes de la ovalada tuvieron la gran idea de instalarlo en los años en los que no se juegan competencias de alto impacto. Más aún: lo pensaron justo en el medio del Mundial de fútbol y de los Juegos Olímpicos. Y si bien no tiene la enorme popularidad de ambos, hoy es el tercer acontecimiento deportivo de selecciones con mayor llegada. Francia 2007 fue un éxito en taquilla, turismo y televisación. Nueva Zelandia 2011 promete al menos equipararlo.
Pero, además, el IRB tiene en mente ampliar el alcance del rugby más allá del aún reducido número de países que lo juegan con cierto nivel internacional. Para eso fue clave haber conseguido un lugar en el firmamento olímpico, con la modalidad de Seven, a partir de Río de Janeiro 2016. Y el Mundial 2019 viajará al dinero de Japón.
En ese recorrido por instalarse en la mayor cantidad de lugares posibles, el rugby modifica continuamente, como ningún otro deporte, sus reglas de juego. De hecho, Nueva Zelandia no tendrá las mismas que se utilizaron en Francia. Se busca, y se logra, un rugby menos estático, más veloz y, sobre todo, más vistoso a los ojos de todos.
En medio de semejantes cambios y avances, Los Pumas tienen una realidad que, si todo marcha bien, variará recién en 2012. O sea, continúan aislados de la competencia que posee el resto de las potencias. Pruebas a la vista: desde el tercer puesto hasta aquí han podido jugar apenas 19 partidos, lo que significa que en todo este tiempo, el equipo sólo pudo juntarse durante 26 semanas. Inglaterra, principal rival del Grupo B, disputó 15 tests este año y 11 en 2009. Y, al igual que Escocia, el otro fuerte adversario en el Mundial, afrontará de aquí al Mundial al menos los 5 encuentros del 6 Naciones, mientras que a los argentinos los espera únicamente un amistoso con Gales, en junio.
No se trata de sembrar excusas para el rendimiento del equipo, que no fue el deseado en estos últimos años. Pero es un dato concreto. Como también que el corazón de la preparación se gestará en la recta final y que Los Pumas siguen siendo temibles cuando llegan heridos, como lo es en esta ocasión. Y con equipo completo, hay esperanza.






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