Fair-play
Les reproduzco este texto escrito por Martín Urribarri y que me lo acercaron, por distintas vías, Guillermo Alonso y Ramiro Bibiloni.
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Se jugaba el clásico de los clásicos del rugby marplatense. Sporting y Mar del Plata Club, los clubes más ganadores de estos lares, jugaban en la Villa Marista un partido de “dientes apretados”, como todo clásico y donde poco importaban los antecedentes, netamente favorable a los maristas.
Agustín Garese tomó la pelota desde sus propias 22 y empezó a remontar el terreno de juego. Hace unos diez metros y sale a interceptarlo Juan Abate, junto con su hermano Mariano, el fullback de la vista no se atemoriza y encara.
El menor de los hermanos, Juan, cae al piso con los brazos abiertos, con evidente tip de haber sentido en demasía el choque. Con terreno por recorrer, Garese pateó la pelota afuera (sí, como en el fútbol) para que ingresara el doctor Guillermo Baltar, el médico de Sporting a reanimar a su rival.
El aplauso de la concurrencia fue total y los acérrimos rivales del equipo de Garese uno a uno esperaron al final del partido para ir a estrechar la diestra del jugador.
Pero, no todo termina allí.
Tras un par de minutos de juego detenido y ya con Abate repuesto, se reinició el juego.
El capitán de Sporting, Eduardo Zapiola, todo un caballero, con la complicidad del referee Daniel Ayala “ordenó ” a su hooker Leandro Pizzolo que arrojara la pelota “torcida” para que la recuperara el rival.
Otra vez aplausos, merecidos en la segunda parte de esta historia también.
En tiempos de problemas, agresiones, cánticos fuera de lugar en los partidos definitorios, viene bien una bocanada de aire fresco; esa bocanada que nos indica que estamos vivos y que hay quienes no se olvidan de los valores que han hecho grande a este deporte.






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