El Pardo
Un auténtico maestro del rugby se ha ido de gira. Rodolfo Aracama, el Pardo Aracama, nos dejó esta madrugada a los 76 años. Prócer del CASI, entrenador por naturaleza. De convicciones inquebrantables. De humor profundo e irónico. Cultor de las largas sobremesas en el bar de Cacho, a 200 metros del Atlético. Respetuoso, con códigos. Hombre de bien, de esos que se extrañan.
No debe haber jugador del CASI que no haya entrenado. Pasó por todas las divisiones. En 1967 estuvo al frente de aquella Academia que mandó en la década del 60 y tuvo el ojo -privilegiado como pocos en el rugby- para subir a la Primera nada menos que a Alejandro Chiquito Travaglini. Y, desde la Reserva, bancó los títulos superiores del 74, 75 y 76 con el equipo que dirigía uno de sus gran amigos, Rodolfo Michingo O’Reilly.
Conocía cada rincón del césped -nunca fue amigo de los escritorios- del CASI y promulgó siempre el estilo de juego abierto que identificó históricamente al club que era su segunda casa. También dirigió la Primera en el 87, que terminó cuarta pero que le ganó los tres duelos al SIC, que fue campeón.
Tuvo el honor de ser invitado en múltiples oportunidades por él a su mesa intocable por las noches en lo de Cacho. No podía hacer otra cosa que escucharlo contando anécdotas, fijando a cada palabra su posición irreductible y disfrutando de su humor. Marcos Julianes, a quien lo quería como a un hijo, siempre resalta una de las máximas del Pardo. Cuando se hablaba de dos personas que no entraban en sus códigos, remataba: “Entre fulano y mengano, me quedo con el del medio”.
Siempre tenía lugar en la mesa para los que quería, pero jamás para los que no. No tranzaba con nada el Pardo.
Es una noticia dura la de su partida. Habrá un hueco imposible de llenar en el CASI y en lo de Cacho. Lo entierran hoy a las 15.30 en el Cementerio de San Isidro.
Siempre estará con nosotros.






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