Complejo
Esta carta fue enviada al diario La Capital de Mar del Plata, por Diana Calleja de Iriarte. La reproduzco textualmente.
“De mi consideración:
Tengo el agrado de dirigirme a Ud., con el objeto de enviar una de mis acostumbradas cartas como lectora de su periódico, que agradecería pudiera ser publicada, que tiene título, y que , con humor, dice así:
COMPLEJO DE RUGBY
¿Sabía Ud., Sr.Director, que tengo un complejo de rugby? Sí, siempre lo tuve. Bah, a decir verdad, lo tengo hace más de 25 años, o sea, cumple las Bodas de Plata! Todo empezó en el I:P:R. Sporting Club con mi hijo mayor, Esteban; siguió ( y sigue cuando no se lesiona!) con Matías, y luego con el menor, Leandro. Rugbiers ellos y la mayoría de sus amigos desde la infancia hasta hoy.
Pero no es privativo de un solo club mi complejo: lo tengo por todos los clubes marplatenses, por sus jugadores, socios y dirigentes, por la Unión de Rugby, por sus familias y simpatizantes, padres ( siempre firmes en las canchas, con sol o con lluvia “¡hasta que la pelota flote…!”) y madres (también en la cancha, y junto a sus fieles lavarropas tres veces por semana como mínimo sacando barro y pasto por doquier), por los “semilleros” y por los guapos veteranos : todos ellos la gran familia del tercer tiempo donde se olvidan los revanchismos y divisiones y se comparte una hamburguesa o un sándwich de chorizo con amor…
¿Sabía Ud., Sr.Director, que aún sin torneos, concurre más público los sábados a los partidos de rugby que a los de fútbol? ¿Sabía Ud., que al seleccionar sus recursos humanos muchas empresas y
hasta las universidades más relevantes del mundo, tienen en cuenta si el solicitante practicó o practica ese deporte por lo que conlleva su formación de grupo de trabajo en equipo, de solidaridad, de saber caer y levantarse y seguir hasta llegar a la meta sorteando obstáculos, dignamente reglamentados y sancionados sin excepciones?
¿Sabía Ud., que nuestros rugbiers marplatenses estudian y/o trabajan y que la mayoría de las veces se costean desde la ropa hasta los viajes, y entrenan a la intemperie con buen o mal tiempo, de día y de noche, con sol o con lluvia, pero siempre con la fuerza de sus voluntades sin sueldo? ¿Sabía Ud., que aquello de “deporte de elite” no va para nuestros chicos y es cosa del pasado, folklore perimido que nunca existió fuera de la Capital Federal y que prueba de ello son los equipos formados por descendientes de aborígenes en algunas provincias argentinas que nos honran por su humildad y perseverancia?
¿Sabía Ud., que es el deporte menos discriminatorio corporalmente
hablando, ya que altos o bajos, gordos o flacos, con más o menos
habilidades, tienen su lugar y su propio juego en el equipo?
Y por último, ¿sabía Ud., que no puedo ser imparcial juzgando al rugby porque mi padre junto al profesor Vecchio fueron los primeros en fomentarlo entre sus estudiantes secundarios de la querida y gloriosa Escuela de Comercio (de ahí el Comercial Rugby Club)?
Soy subjetivamente subjetiva: creo que el periodismo de la ciudad no le da la importancia que tiene. Y lo digo con un dolor muy profundo y haciendo un mea culpa por no haberlo manifestado antes y favorecer así la indiferencia e ignorancia hacia ese deporte y que pareciera desaparecer sólo cuando- ¡uno en mil!- algún rugbier protagoniza un hecho violento que se hace público inmediatamente.
El último esfuerzo de la primera de Sporting que llegó a las
semifinales del Torneo del Interior, el que más alto llegó en nuestra
joven historia ciudadana, pasó casi inadvertido periodísticamente
hablando. ¡El fútbol arrasa con toda la página deportiva! ¡¡¡Ahí está mi complejo!!! (y eso que los varones de mi familia han jugado, juegan y seguirán jugando fútbol…)
Quizás todos tengamos un atisbo de culpa. Quizás la familia del rugby tendría que ser menos silenciosa y gritar sus logros, enseñar sus buenas costumbres y saberlas transmitir a la comunidad.
¿Sabía Ud., Sr. Director, que le agradezco siempre el leer y mucha
veces el hacer públicos mis esbozos de periodista reprimida?”






17º
Todos al Ingoal (25°)
17º