Desafío
Esta carta que el Olivos Rugby Club le envió a los miembros de la URBA no sólo viene a ratificar lo sucedido dos semanas atrás en la reunión de presidentes de los clubes de Buenos Aires, sino que es un síntoma claro de que no existe desde este sector consenso para aprobar el Plan de Alto Rendimiento (PladAR) que la UAR lanzó el último 2 de febrero. Más aún: tampoco habría, por lo menos para algunos clubes porteños, un visto bueno al maquillaje -casi un regreso al régimen de viaticados- que se esbozó como segunda alternativa.
Es bueno prestar atención a qué se dice en esa carta que está firmada por el presidente de Olivos, Juan Macchiavello, y que lleva por título El Olivos Rugby Club frente a los desafíos del rugby. El club de Munro afirma que no adhiere al PladAR por razones jurídicas, etíco/deportivas y filosóficas. Utiliza el término “viaticados” -así, entre comillas, sin darles el rótulo de contratados que les otorgó la UAR- para referirse a los jugadores convocados por Santiago Phelan y ubica a la propuesta de la UAR como “aún no consolidada y sujeta a un debate abierto y profundo entre los miembros de todos los clubes y las uniones de todo el país”.
Olivos también señala que sus razones “son de conocimiento de nuestro socio Edgardo García, quien nos honra en su condicion de secretario de la Unión Argentina de Rugby, como así también de otros dirigentes de la URBA que sostienen lo contrario a nuestra posición”. Y recalca, en lo filosófico, adherir “a la idea de mantener el amateurismo”.
Podrá argumentarse -desde aquellos que quieren negar la realidad- que esta es sólo la postura de Olivos. Se sabe bien que no es así: en la reunión de hace dos miércoles en la URBA con el presidente de la UAR, Porfirio Carreras, la posición del club de Munro fue ampliamente aceptada y si no se impuso en ese momento fue porque la reunión era informativa y no resolutiva.
Ahora bien, ¿cómo sigue esto? ¿Continuará la cúpula de la URBA en conjunto con la UAR elaborando un Plan B que quizá tampoco sea aceptado? ¿Bajo qué condiciones se siguen entrenando los jugadores denominados “Seniors”, que con todo su espíritu no aflojan en los entrenamientos a los que se los llama en el Pinazo? ¿Y los del Interior que, por el contrario, ya firmaron los términos originales del PladAR?
Lamentablemente, la dirigencia del rugby parece copiar los malos modelos que ofrece la dirigencia política nacional en este país. Veamos. Ya se dijo en los post Contramarcha y Contramarcha (II), que a esta cúpula de la UAR la eligió la URBA, por lo cual se suponía que un emprendimiento de estas características estaba previsto al momento de renovar las autoridades de la UAR. En tanto, Olivos y CUBA -que tienen una posición idéntica- llevaron a dos hombres suyos a cargos clave: el de Munro, a Edgardo García como secretario; el de Villa de Mayo, a Ricardo García Fernández como vocal y, a la postre, como presidente de la subcomisión de Alto Rendimiento, de donde se elaboraron los lineamientos principales del PladAR. ¿Cómo se entiende que hayan llevado adelante algo que ni siquiera sus propios clubes apoyaban? ¿Nadie se habla?
Más que nunca, el rugby argentino necesita un debate en serio y con la participación de todos, cara a cara -y no a través del voto secreto que impone la URBA-, para saber hacia dónde se quiere ir. Qué se pretende y qué se puede hacer verdaderamente. Qué conviene para adentro y qué para afuera. Si se depende o no de los humores del IRB. Si se quiere o no a Los Pumas en el Tres Naciones. Si en cambio hay que seguir buscando un lugar en Europa o intensificar los intercambios con Sudáfrica. Si se quiere el dinero que viene del exterior o si seguimos como hasta ahora. Y si se aceptan los millones de libras esterlinas, si se adquiera independencia o se cumple con los que se dicta desde Dublin. Confrontar, debatir ideas y aceptar que cualquier decisión que se tome nunca dejará a todos contentos. Pero así es imposible -y ya dañino- fijar un destino.
Un debate nacional, como lo propone Olivos, más allá de si se pueda estar o no de acuerdo con su postura. Sin hipocresia, sin doble discurso. Porque, además, no son pocos los temas que aquejan al rugby argentino.
Y, de paso, consultar al jugador, si es que sigue siendo el más importante. Porque, además, hay otra sensación evidente: los jugadores -los que actúan en Europa y los de acá- están a kilómetros de los dirigentes, sin que esto signifique un juicio de valor.
Aquel título de Contramarcha que tanto enojó y tantas sospechas le deparó al presidente de la URBA, al final se quedó corto.






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