Tito
José Javier Tito Fernández es un referente del rugby argentino. Me envió esta carta y decidí publicarla con su consentimiento.
“Cuando debe legislarse para el bien común, deben, a la vez, pagarse costos políticos. La decisión la esgrime el consejo directivo en su conjunto, en este caso la UAR y no quien lleva la idea(estas son las reglas del juego). Determinar quién es dueño del cielo y quién del infierno, no es algo que le corresponda a ningún club , pero… si cree que está en condiciones de hacerlo, sí es dueño de presentarlo y tratarlo en su comisión. De salir aprobado por una votación transparente, entonces toma fuerza en la determinación de todo el club y no de una o dos personas.
El SIC votó y eso demuestra, que todos están de acuerdo con el dictamen dentro del club. Ahora bien, si el SIC o un conjunto de clubes cree que en la toma de decisiones de la UAR se atentó contra el bien común y el espíritu del Rugby (en algún momento deberá explicarlo), de ninguna forma debe sancionar únicamente a sus contrincantes políticos ( Risler/Sanz), sino a todo el consejo directivo de la UAR.
Al finalizar el mandato y en tiempos de asumir el actual consejo, fue aprobada la memoria y balance. Es, a mi entender,en ese momento que debería haberse planteado esta situación.
También es cierto que en alguna reunión de presidentes de los clubes que integran la URBA se esbozó esa idea, la cual fue desestimada por la mayoría de los clubes presentes.
Para terminar, se puede o no estar de acuerdo en como se resuelven los momentos de crisis; el consejo directivo anterior de la UAR entendió que vivía esa situación en ese momento y decidió resolverla de una forma dura y de confrontación con los que a su entender, llevarían a la UAR a un estado del que ya no se podría salir.
Se podrá juzgar si de otra forma se hubiera logrado lo mismo o algo mejor en caso de estar en el lugar de esa dirigencia, sólo que los que tenían que tomar las decisiones estaban cumpliendo con un mandato, que fue también aprobado por Asamblea. Todos, absolutamente todos, los que estuvieron de acuerdo ese día, al igual que aquellos que votaron esa decisión en el consejo de la UAR, y hasta los que colaboramos con el único fin de darle una mano al Rugby para que no fuera despellejado económicamente, deben sentirse sancionados por esta situación que condena, arbitraria y únicamente al Presidente y Secretario del anterior consejo de la UAR.
Sólo hay que pensar quién saca alguna ventaja en este maremoto. El Rugby, seguro que no. Tampoco hay que echarle la culpa al dinero; es tremendo lo que se puede hacer con este, cuando es bien habido y mejor administrado para el bien del Rugby.
Por mi parte, pienso que a los enemigos hay que buscarlos entre los mesiánicos, los ocultistas, los buscavidas y, por supuesto, entre los que no entendieron qué es el Rugby y de qué forma debe protegérselo para que le llegue a nuestros jóvenes tan puro como nos lo entregaron nuestros mayores, tanto sea este profesional o amateur”.






Londres
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