Aitor
En este largo recorrido por el rugby tuve la dicha de conocer a tipos fenomenales. Uno de ellos fue Aitor Otaño. Siempre de buen humor, sonriente, dispuesto a largas charlas, con una ocurrencia a mano y, claro, con el rugby como tema central. Era su vida, y así lo manifestaba. Además, leyenda como jugador y símbolo, capitán de Los Pumas del 65 y segunda línea con todas las condiciones técnicas.
Aitor se marchó hace tres años, de gira, como se dice en el rugby, pero su recuerdo brota cada vez que se habla de este deporte. Jugó en Pucará, pero vivía en un edificio que era prácticamente la continuación de la sede de Virrey del Pino del Belgrano Athletic. Tanto que en los 70 se puso esa camiseta en una gira por Europa a la que lo invitaron. Tanto que sus dos hijos, Ramiro y Aitorcito, jugaron allí. Al igual que Soledad, aunque ella, con el hockey sobre césped, también incursionó por el club de Burzaco.
La vida de Aitor era un libro abierto, y así lo entendió el periodista Guillermo Alonso, también hombre de Pucará, que lo reflejó en una edición titulada Anecdotaño.
El sábado juegan Belgrano y Pucará en Virrey del Pino 3456. Y estará en juego por primera vez la Copa Aitor Otaño, donada por Nicolás Fernández Miranda, cuyo padre, Juan José, el Negro, otro personaje entrañable, no sólo era compañero de ruta de Aitor, sino que se marchó de este mundo unos meses antes.

Los partidos de Preintermedia e Intermedia otorgarán un punto cada uno, y el de Primera, 3. En caso de empate, la primera edición marchará hacia Burzaco. Pero no quedará todo en el choque en la cancha entre dos clubes tradicionales que saben lo que es ser campeón, sino que habrá un almuerzo multitudinario con todos los que querían al capitán del 65. “Mi capitán”, como dijo una vez Héctor Pochola Silva.
Estará Isabel, su compañera de siempre, la que lo acompañaba a todos lados. Y la Copa la entregará Soledad.
Aitor estará mirando. Como siempre, con una sonrisa.






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