Divididos
Dice el acta firmada el 30 de enero del 2008 por todas las Uniones que conforman la Unión Argentina de Rugby (UAR): “a- En la Asamblea del 11 de febrero, acordar la necesidad de reformar el estatuto de la UAR, contemplando entre otros temas, la modificación de, como mínimo, los siguientes puntos: 1. El sistema de asignación de votos atribuido estatutariamente a las uniones afiliadas en las Asambles. 2. El régimen de excepción estatuido en art. 3 del estatuto vigente y, 3. Acotar las facultades del órgano de administración de la UAR, para tercerizar la comercialización de los derechos y bienes de la institución”.
Propusieron los cuatro representantes del Interior en la comisión mixta designada para elaborar el nuevo estatuto: “Tendrán derecho a voz y voto en las Asambleas, únicamente las Uniones afiliadas a razón de la siguiente calificación: a) un voto de carácter institucional, por cada Unión afiliada. b) Un voto por cada un mil (1.000) jugadores o fracción mayor de doscientos (200), por cada jugador mayor de quince (15) años, registrados en el pago de la cuota de sostenimiento , que hubieran pagado el seguro médico, fondo solidario o sistema que lo reemplace. c) Un voto por antiguedad a razón de treinta (30) años que tenga cada Unión afiliada a la Unión Argentina conforme a las pautas que se establecen en el artículo 52”.
Propusieron los dos representantes de Buenos Aires en la misma comisión mixta: “Tendrán derecho a voz y voto en las Asambleas, únicamente las entidades afiliadas a razón de la siguiente calificación: a) Un voto de carácter institucional, por cada Unión afiliada. b) Un voto cada cien jugadores mayores de quince años registrados para el pago de la cuota anual de sostenimiento, prevista en el artículo 8, que hubieran pagado el Fondo Solidario -si existiera- y jugado en torneos oficiales de la temporada inmediatamente anterior al año en que se celebre la Asamblea, o en el año de celebración si fuera determinable. No se computarán las fracciones menores de cien”.
En ese artículo, el 32, el que figura como punto 1 del acta firmada luego de haber consensuado formar una lista única que terminó llevando a la presidencia de la UAR al candidato de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA), Porfirio Carreras, es donde se presentan las mayores diferencias -por ahora insalvables- con vistas a la crucial asamblea extraordinaria que se realizará mañana a partir de las 19, y en la que se someterá a votación el estatuto que regirá en el futuro al rugby argentino.
La postura inflexible de la URBA de resignar en algo el poder que le da tener el 47 por ciento de los votos y el exclusivo derecho a veto, ha provocado un malestar en varias Uniones del Interior que creció progresivamente en los últimos días, tal como viene señalando este blog. Eso abre un clima de incertidumbre sobre la asamblea de mañana, donde la UAR muestra cierta urgencia en aprobar un nuevo estatuto que, por otro lado, contempla aspectos claves del Plan Estratégico que la entidad madre del rugby argentino quiere llevar la semana próxima a una de las dos reuniones anuales -la otra será en noviembre- que tiene el International Rugby Board (IRB) en la ciudad irlandesa de Dublin.
En estos 75 días de cuarto intermedio que vencerán mañana, los seis integrantes de la comisión mixta sí llegaron a acuerdos generales en lo que hace a los aspectos del juego profesional y que son los que podrían llegarle a abrir una puerta a Los Pumas en futuras competencias internacionales. El nuevo estatuto prevé la creación del puesto de un gerente general; la creación de una comisión de rugby profesional; la ampliación de la mesa directiva y la extensión de contratos a todos los representantes de seleccionados nacionales.
Desde la UAR sostienen que si esto no se aprueba, el futuro de Los Pumas en el concierto internacional correrá grandes riesgos. Hoy, una nota del diario La Nación, lleva precisamente un título en esa dirección: “Peligra el futuro de Los Pumas”.
Algunos dirigentes de las Uniones provinciales que más molestas están con este panorama anunciaron que mañana estarán dispuestos a dar batalla en pos de sus reclamos, aunque evalúan como última instancia abortar el nuevo estatuto. Ocurre que no sólo están disgustados con la URBA porque consideran que no cumplió con lo pactado a la hora de ir detrás de una lista única para evitar una elección, sino también con la actual conducción de la UAR, cuyo Consejo aprobó el jueves el Plan Estratégico que, según ellos, aún no fue girado al Interior.
Se supone que antes de las 19 de mañana se abordarán más negociaciones en pos de un acuerdo. Y que las mismas serían encabezadas por el propio Carreras. ¿Qué se baraja por estas horas? Que desde la UAR se proponga, en vistas a las diferencias ya marcadas, aprobar al menos lo que concierne al Plan Estratégico y extirar los plazos para ver si se logra un acercamiento entre las posiciones de Buenos Aires y el Interior. O que el Interior exija, a cambio, tener un mayor nivel de participación y decisión en la futura comisión de rugby profesional.
Lo cierto es que el rugby argentino se encuentra de nuevo en una encrucijada y con síntomas de viejos vicios. Hay, a simple vista, planteos esquizofrénicos. ¿Ejemplos? Hasta no hace mucho -hasta antes del Mundial, para ser más precisos-, para la dirigencia no era algo vital la inserción de Los Pumas en la órbita internacional. Hoy, parece ser lo único importante. Y de no atender al IRB se pasa a querer hacer todo lo que los popes de ese organismo indican.
La asamblea extraordinaria de mañana, sobre la que hubo hasta ahora un insólito silencio desde varios sectores, incluída buena parte del periodismo, evidenciará dónde está parado el rugby argentino puertas adentro. Y dónde puede pararse puertas afuera. La realidad reclama mesura, inteligencia y, sobre todo, equilibrio. Que nadie mire sólo su propio ombligo.






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