Lagrimones
Describe la sensible crónica de Mick Cleary publicada en la edición de ayer del diario inglés Telegraph que el lunes por la noche se lloró por la Argentina en el centro de Londres. Agustín Pichot, capitán y símbolo de Los Pumas que consiguieron el memorable tercer puesto en el último Mundial, recibió una particular distinción de los periodistas escritos de rugby del Reino Unido. No es un lugar cualquiera el que ha ocupado el medio scrum. La Rugby Writter’s anual awards sólo realizó nueve excepciones de este tipo desde que creó los premios en 1991. Y en ese espacio estuvieron, por ejemplo, el francés Phillipe Sella, el sudafricano Francois Pienaar y glorias locales como Will Carling, Jason Leonard y Sir Clive Woodward.
Pïchot no estuvo solo en la ceremonia realizada en el Cafe Royal. Lo acompañaron otros Pumas: Marcelo Loffreda (otro periódico del Reino Unido, The Independent, publicó el lunes un largo e interesante perfil/nota sobre él), los hermanos Juan e Ignacio Fernández Lobbe (ambos en el Sale) y Juan Leguizamón (juega en el London Irish). La situación argentina, en el exterior y en lo doméstico, fue el eje de una reunión en la cual el brillante fullback Jason Robinson fue premiado como la Personalidad del Año.
La nota del Telegraph no sólo plaga de elogios a Pichot (lo define como “un apasionado embajador del rugby y de su país”), sino que trata la actualidad del rugby argentino, basándola, fundamentalmente, en la histórica actuación en Francia. El título señala que el rugby argentino necesita más que un merecido abrazo.
Este hito alcanzado por Pichot se agrega a otros recientes. Juan Martín Hernández fue considerado el mejor jugador de Francia del 2007 por el prestigioso semanario Midi Olympique; Felipe Contepomi fue elegido como el mejor rugbier de Irlanda por los periodistas escritos de ese país; Loffreda fue escogido para entrenar al equipo más poderoso del país en el cual se inventó el rugby. Privilegios de muy pocos el del rugby argentino.
¿Y acá? A menos de tres meses del tercer puesto en el Mundial conseguido por Los Pumas, en vez de estar festejando y de cosechar lo conseguido, la dirigencia se encuentra enfrascada en una inútil pelea por el poder. Que el cambio lo lidero yo pero me quedo; que el cambio se hace pero lo manejo yo; dirigentes que usan la palabra celebrar para una patética asamblea en la que supuestamente debía trazarse el futuro del rugby argentino y que concluyó antes de cumplirse la media hora; abogados en el medio; cuestiones leguleyas ajenas al juego; lamentables intercambios de cartas; desconfianzas; postergaciones para febrero; comunicados declarándose vencedores como si esto se tratase de un test-match; si está bien o mal que Hugo Porta reemplace a Carlos Tozzi en el International Rugby Board (IRB) y un sinfín de desencuentros que no sólo cada vez alejan más a Los Pumas de una competencia internacional, sino que ponen en peligro el aprovechamiento de la ebuliición general que ocasionó la labor del equipo nacional en Francia. Como me decía, apesadumbrado, un hombre que lleva más de 60 años en el rugby en una charla íntima: “Lamentablemente, cuando llegamos a dirigentes casi todos nos olvidamos de lo que hicimos como jugadores”.
No es nuevo este escenario. Si uno revisa la historia del rugby argentino se encontrará, paralelamente, con la defensa de los valores, con las hazañas de Los Pumas y con las peleas intestinas de los dirigentes. Ocurre que este momento es otro. Quizá único, aunque muchos no lo quieran ver. ¿Cuándo más nos encontraremos ante una posibilidad tan cercana de conseguir un espacio en el concierto internacional y de, fundamentalmente, ampliar la pirámide en la Argentina? Todo parece indicar que el tren se puede marchar.
Es cierto, como lo refleja la mayor parte de la prensa extranjera, que en el Norte no quieren saber nada con la Argentina; que el Sur se va en amagues y que el IRB hasta ahora sólo aportó palabras porque no le quedaba otra que abordar el tema. Pero si se va en busca de un objetivo unidos, con grandeza, pensando en el juego, y se pierde, bueno, al menos se intentó. Así, como estamos adentro, es difícil que nos tomen en serio.
Lamentablemente, las noticias que emocionan siguen llegando de afuera. La prensa extranjera continúa abordando y encontrando explicaciones al fenómeno del rugby argentino. Aqui, se apuesta al instante. Y si es exitoso, mucho mejor. Los grandes medios nacionales ya casi no tienen espacio para el rugby. Desde acá, intentamos lo contrario. Y, afortunadamente, no estamos solos. De hecho, parte de la información de esta nota la aportaron dos lectores: Toluba y Gustavo Castiglioni.
El título del Telegraph dice que el rugby argentino necesita algo más que un abrazo. Es verdad. Pero antes lo tenemos que abrazar acá. Mimarlo un poco más. Y no golpearlo tanto. No vaya a ser que un día de estos se canse y pase a ser otra cosa.






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