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Todo parece indicar que esta noche no se aprobará el cambio de estatuto propuesto por la actual conducción de la Unión Argentina de Rugby (UAR). En consecuencia, el 2008 comenzará sin los cambios esperados por todos tras la histórica actuación de Los Pumas en el Mundial de Francia. Ocurre que los dirigentes no han sido capaces -una vez más- de buscar consenso y se enfrascaron en una disputa -vieja, ya interminable- en la que abundan intereses personales, acusaciones, intercambio lamentable de cartas y desconfianza por todos lados.
No existe, al menos a estas horas, ni siquiera un viento de aire de cambio. No se han buscado alternativas y el escenario planteado para la asamblea extraordinaria de esta noche en la sede de la calle Rivadavia es de guerra, con abogados incluídos, y no de debate sano y profundo.
La poderosa Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) irá con el apoyo que significa tener el 45 por ciento de los votos a voltear directamente -lo alcanzará sólo con tener de su lado a un par de Uniones del Interior- el proyecto ideado fundamentalmente por el presidente Alejandro Risler y el todoterreno secretario Raúl Sanz. ¿Razones? Cree que ambos quieren perpetuarse en la UAR, aunque la postura nunca quedó muy clara, ni siquiera en la última extensísima carta firmada por el titular de la entidad porteña, el platense Néstor Galán.
Aunque no lo dicen públicamente, no son pocos los clubes de Buenos Aires -los que siempre han influido más en las decisiones del rugby argentino- que directamente no quieren ningún cambio. Entonces, quizá para no presentarse antipáticos ante un reclamo que no admite más dilaciones, apuestan a modificaciones no del todo concretas y a más largo plazo. De todo lo que se dice y se escucha, Buenos Aires parece no moverse de su postura histórica de mirarse sólo su ombligo.
En tanto, Risler y Sanz -no olvidar: puestos allí por la URBA- elaboraron un proyecto que no sólo parece haber sido armado de apuro, sino que incluye varias cláusulas que no eran imperiosas presentar en este momento. Si bien es verdad que el International Rugby Board (IRB) apura con un paso concreto al profesionalismo para incorporar a Los Pumas al primer mundo competitivo, ello no tiene que ver ni con el voto directo de los clubes ni con la creación de un nuevo comité ejecutivo con funciones plenipotenciarias.
En medio de esto, ni uno ni el otro aflojaron. No se acercaron posiciones en todo este tiempo. Se recurrió, como siempre, a las acusaciones y a las desconfianzas. Y todo quedó encerrado en una lisa y llana disputa por el poder. Se repite: lamentablemente, no es una situación nueva en el rugby argentino.
Los Pumas, aclamados por los argentinos y admirados por el mundo, no jugarán en el país seguramente en el 2008 y la posibilidad de acercarse a un torneo anual -anunciado pomposamente hace un par de meses- se aleja cada vez más. Esto, entre tantas otras cosas, es lo que ofrece hoy este escenario planteado por la dirigencia.
Además, hay otros temas preocupantes. Esta conducción se enfrentó abiertamente con SportFive, la empresa con la que se firmó un contrato leonino para que maneje prácticamente los destinos del rugby argentino. El tema está en la Justicia. Ahora se dice que la supuesta futura conducción -encabezada por Porfirio Carreras, de la URBA, claro- estaría dispuesta a reestablecer el vínculo. Un dato y sólo un dato: el San Isidro Club, opositor a la gente que hoy está en la UAR, acaba de cerrar un contrato para la publicidad en su camiseta con la firma Toyota, una de las empresas que está dentro del pool que maneja SportFive.
Si esta lamentable situación que vive el rugby argentino no se transformó en un escándalo mayor fue sólo porque los principales diarios -salvo Olé y una nota en La Nación– no se han ocupado del asunto, seguido sólo a través de los distintos medios que habitan en la web. En sus ediciones de hoy, y sólo a raíz de la apertura de un local de Nike en Punta del Este, Clarín y La Nación abordaron el tema a través de las declaraciones de Agustín Pichot, quien reveló que los jugadores acordaron mantener silencio en este conflicto.
El capitán le dijo a Clarín: “Gracias a Dios estamos alejados del tema dirigencia…Hay una mala dirigencia y no se ven soluciones. Lamentablemente el que lo va a pagar caro es el rugby argentino”. En el reportaje de La Nación concluyó: “Lo que está pasando en el rugby argentino es una verguenza”. Así de triste.






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