Los Pumas y los Mundiales (capítulo IXX)

Gales era una fiesta a la espera de la cuarta edición del Mundial. Para un pueblo en el cual el rugby es una pasión, el partido inaugural en el imponente Millennium, instalado en pleno centro de Cardiff, era un acontecimiento único. Además, el equipo, dirigido por el neocelandés Graham Henry, venía en alza y había sueños algo desmedidos. Y en esa lógica galesa, el test con Los Pumas debía ser un trámite.
Los argentinos, en tanto, iban todos los días desde el hotel hasta el campo de la Universidad de Llanrumney, lugar fijado para los entrenamientos. A Alex Wyllie se le había sumado Gonzalo Becccar Varela, quien viajó a Gales invitado por una agencia de viajes. Una vez allá, el Oveja, Puma en la década del 70, fue contratado por los dirigentes argentinos para colaborar especialmente con los tres cuartos.
Un nuevo problema fue la lesión de Pedro Sporleder, quien quizá sintió el stress de tanto desgaste previo al viaje a Gales. Su lugar lo ocupó Ignacio Fernández Lobbe, quien pasó a la segunda línea y le dejó su puesto en la tercera a Lucas Ostiglia. Entonces, los 15 para el debut con los galeses fueron estos: Manuel Contepomi; Octavio Bartolucci, Eduardo Simone, Lisandro Arbizu y Diego Albanese; Gonzalo Quesada y Agustín Pichot; Ostiglia, Gonzalo Longo y Santiago Phelan; Fernández Lobbe y Alejandro Allub; Mauricio Reggiardo, Mario Ledesma y Roberto Grau.
En el campamento argentino, después de tantos conflictos, había una idea: disfrutar del partido inaugural, perder por lo menos posible y apuntar sí todos los dardos al test siguiente, contra los samoanos.
Y así fue. La fiesta inaugural resultó extraordinaria. Los jugadores la vivieron como un premio a todo lo que habían vivido. El techo del Millennium se cerró para el desfile de las viejas glorias galesas y el estadio estalló cuando por las pantallas gigantes pasaron el inolvidable try de Gareth Edwards con los Barbarians, a los All Blacks.
En el partido, Los Pumas jugaron a no tener descuidos. Casi no atacaron ante un rival que era mucho menos de lo que se decía. Neil Jenkins acertó un penal que le sirvió para pasar como máximo goleador al australiano Michael Lynagh y ese fue el momento cumbre de un partido chato. Un punto en contra fue la tarjeta amarilla a Grau.
Los Pumas perdieron por 23-18, con seis penales de Quesada. Habían jugado por primera vez en su historia un partido inaugural, a los ojos de todo el mundo. Pero la historia los esperaría más allá.
Sigue el martes 12/6






23º
23º
23º