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“¿Qué va a pasar con la Argentina? Y…lo va a decidir el mundo. De lo que sí estoy seguro es que en el rugby van a pasar cosas importantes, y dentro de poco, antes del Mundial. Y de lo que pase dependerá si entramos o no a una competencia internacional”. La reflexión es de uno de los más altos dirigentes de la Unión Argentina de Rugby (UAR) en una charla con periodismo-rugby.
La esperanza de Los Pumas de ingresar a un hipotético VII Naciones es, hoy por hoy, sólo eso: una esperanza. Si uno analiza cómo se mueve el negocio del rugby profesional, del cual la Argentina sigue estando demasiado lejos, observará, apenas como ejemplo, que Marcelo Loffreda tuvo que rearmar la lista a último momento para jugar dos amistosos en Inglaterra. Siete jugadores fueron negados por sus clubes. O sea, casi medio equipo.
Por eso la suerte de la Argentina a nivel competencia internacional estará signada, como apuntó ese dirigente, a lo que decidan los que manejan el mundo de la ovalada. Es verdad que el triunfo en Twickenham abrió los ojos de varios, pero tampoco se vislumbró algún gesto, algún guiño, como para creer que el panorama puede cambiar.
También mucho dependerá de lo que ocurra con Los Pumas en el Mundial. Si se vuelven en la primera rueda como en el 2003 -algo que no sería descabelllado teniendo en cuenta en la zona de riesgo en la cual fueron ubicados- es probable que ese camino tan deseado se vuelva todavía más cuesta arriba.
En este blog se ha armado un lindo debate de dónde debería ser local la Argentina en el caso de jugar un hipotético VII Naciones. Lógicamente, el lugar tendría que ser en Europa. Y allí están los amigos españoles juntando firmas, aunque los dirigentes de la UAR hasta ahora han apuntado más para el lado de Suiza o Bélgica.
De todos modos, el rugby argentino se debe todavía un largo debate interno y serio, sin mezquindades, de hacia dónde se quiere ir. Y eso no lo va a decidir el mundo.






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