Lo que vale un Mundial
En Sydney, en el medio de la primera ronda del Mundial de Australia del 2003, mantuve un largo díalogo con el entonces presidente de la Unión Argentina de Rugby (UAR), Miguel Servera, en el cual concluíamos que la suerte deportiva de Los Pumas en los próximos años estaba inevitablemente sujeta a si se clasificaban o no para los cuartos de final. Se sabe qué ocurrió: derrota por apenas un punto contra Irlanda y pronta vuelta a casa.
El pronóstico se cumplió. En estos tres años, no hubo ni una señal desde las potencias del Sur ni de las del Norte para incluir a Los Pumas en alguna competencia anual. Y el International Rugby Board (IRB) volvió a colocar a la selección argentina en un grupo durísimo. Otra vez debut contra el local (en este caso, Francia) y otra vez a definir con Irlanda.
Ahora ya estamos en el año del Mundial y la situación quizá no sea tan parecida a la del 2003. Mucho tiene que ver el impacto en Twickenham. No cualquiera gana allí, más allá del presente del seleccionado inglés. Y para los europeos, sobre todo para los británicos, que manejan el negocio, un triunfo en la Catedral es el pasaporte al Primer Mundo.
No sólo eso. Los Pumas tienen hoy un jugador distinto como Juan Martín Hernández, votado en todas las elecciones como el tercer rugbier del mundo, detrás nada menos que de los neocelandeses Dan Carter y Richie MacCaw. Y se lo considera también el mejor fullback del planeta. Poseen a otro crack como Felipe Contepomi, amado en Irlanda. Son liderados por un Agustín Pichot que es escuchado en todos los ámbitos de poder. Los conduce un entrenador como Marcelo Loffreda, respetado y admirado por sus colegas. Y acompaña una legión que triunfa en varios clubes europeos.
Ese plus con que cuentan hoy Los Pumas les abre las puertas más allá de lo que ocurra en el Mundial que arranca el 7 de septiembre, aunque también es posible que otra eliminación en primera rueda postergue la integración deseada. Pero como atenuante está que hoy por hoy el negocio del rugby necesita un recambio. Ya no alcanza con el Tres Naciones y el Seis Naciones. Ya no es atractivo para los sponsors y para la televisión que siempre jueguen los mismos. Por eso, conocedor de lo que es acumular dinero, el IRB decidió por fin meter la mano en el bolsillo y repartir una porción de las ganancias para el resto de los países.
Claro que nada de esto podrá concretarse si los dirigentes no toman una drástica decisión que incluya prepararse para un mundo profesional. Se necesitará gente rentada, porque el altísimo rendimiento no conjuga con el trabajo ad-honorem. Se dio un buen primer paso con Les Cusworth, pero no alcanza.
El asunto es -siempre insisto: sin perder la esencia- ir acomodándose a una realidad que ya mostraron los jugadores. Y no quedarse sentados a esperar qué pasa en el partido contra Irlanda.






Los Pumas – Wallabies (Ustedes)
Cartelera
Los Pumas (Australia)