Según cómo se lo mire
“Son hijos del profesionalismo”, titula hoy La Nación en la tapa de su suplemento deportivo, que incluye un amplio reportaje a Agustín Pichot. En realidad, la frase está relacionada con que el capitán argentino afirma que el nivel actual de Los Pumas se debe a que la enorme mayoría juega en el exterior, o sea en el rugby profesional.
Pero yo diría que todos los jugadores argentinos son, ante todo, hijos del amateurismo, y no pretendo abrir aquí una polémica entre lo amateur y lo profesional. Sólo que se debe comprender en esta disputa en la que tanto cuesta ponerse de acuerdo, que antes de llegar a jugar en Europa, a cualquier chico lo cobijó un club por el solo pago de una cuota, que lo entrenó alguien por el solo hecho de la pasión, y que en ese ámbito pudo formarse como rugbier, pero principalmente como persona.
No hay que alimentar más, desde mi punto de vista, la antinomia amateurismo-profesionalismo. Los Pumas son hoy lo que son primero porque fueron hijos del amateurismo, y porque después, ya de grandes, contrajeron matrimonio con el profesionalismo. Y los dos son absolutamente legítimos. Porque dentro del amateurismo se puede ser profesional y porque dentro del profesionalismo se puede ser amateur. El problema es cuando se termina siendo nada. O cuando se quiere ver sólo una cara de la realidad.






Pumas (Wallabies)
Pumas (Wallabies)
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