Hay que dialogar
Es inadmisible que el presidente de la UAR, Alejandro Risler, no haya ido al vestuario a saludar a los jugadores luego del impactante triunfo ante Inglaterra. Es una lástima que la mayoría de Los Pumas hayan optado por marcar este hecho o contestarle a algún francotirador en vez de resaltar lo que hicieron adentro de la cancha.
Hace ya casi dos meses, en el arranque de este blog, habíamos asegurado que el conflicto dirigentes-jugadores estaba lejos de una solución. Bien, parece que todo anda peor. Y duele estar escribiendo de esto en lugar de todo lo que significó el impacto en Twickenham.
Los enviados especiales de los diarios a Europa hoy hacen eje en esta disputa. Clarín le realiza un amplio reportaje a Mario Ledesma, en el cual el hooker critica con dureza a Risler y al ex Puma Andrés Courreges, quien justo el viernes había escrito en el sitio Rugbyfun que esta gira iba a ser un fracaso, entre otras acusaciones sin sentido. La Nación, en tanto, elabora una amplia nota contando todo lo que sucedió después del partido, con el episodio de los jugadores yéndose cuando Risler se aprestaba a dar su discurso.
También es inadmisible que Risler en estos días en Londres no se haya acercado al plantel y sólo estableció comunicación vía José Luis Rolandi, hoy por hoy el único dirigente de la UAR que tiene contacto directo y fluido con los jugadores.
Se especula que podría haber una reunión cara a cara cuando mañana arribe a Roma el secretario de la UAR, Raúl Sanz. Es prioritario que las partes se junte y abran un canal de díalogo porque sin eso es muy complicado seguir adelante.
Es verdad que el rugby argentino no son sólo Los Pumas, pero también es verdad que Los Pumas son los que le dan al rugby argentino el prestiigio internacional y forman la mayor fuente de ingresos económicos por publicidad y televisión. Ambas partes deben entender esta realidad y al menos pactar una tregua en esta guerra que arrancó a comienzos de temporadas y que ha incluído cartas, solicitadas, pases de facturas, silencios cómplices, caza de brujas y zancadillas de las que, lamentablemente, hasta han formado parte algunos periodistas.
Quizá sea tiempo de ir pensando en algunos cambios, por más drásticos que sean. Para tratar con jugadores profesionales se necesitan dirigentes profesionales. El sábado veíamos que además de su head coach, el rugby inglés tiene un director de Elite, que es nada menos que Rob Andrew. ¿Y si acá intentamos aunque sea una persona con ese cargo rentado?
Lo que está claro, más allá de los triunfos, es que así no se puede seguir. O hay aunque sea un principio de acuerdo o alguien deberá dar un paso al costado.






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