Aislados del resto
El rugby históricamente ha decidido no participar de los acontecimientos que reúnen a la enorme mayoría de los deportes. Sólo dos y lejanas intervenciones en los Juegos Olímpicos dan fe de ello. Y, además, hasta no hace mucho ni siquiera formó parte de las organizaciones. Recuerdo, por ejemplo, una tumultuosa asamblea en la UAR donde un presidente justificó la ausencia del rugby en la Confederación Argentina de Deportes con este argumento: “Una manzana limpia no puede estar dentro de un cajón de manzanas podridas”.
La necesidad de no quedar aislado, sobre todo en el negocio, llevó al rugby en los últimos tiempos a acercarse de varias maneras a integrar de algún modo el movimiento olímpico.
Ahora había una posibilidad en los devaluados Juegos Odesur, que se disputarán en la Argentina. Devaluados hasta por la propia Argentina, que ha acumulado inconvenientes en varios deportes en las últimas semanas. El rugby iba a participar en la modalidad de Seven, pero esta chance quedó frustrada al desertar Uruguay. Y como el reglamento especifica que al menos tienen que haber cuatro equipos, con Argentina, Chile y Paraguay no alcanzaba.
Lo más llamativo es que no se intentó ninguna solución. Se quedó afuera y listo. Ni una gestión para revertirlo. Culpa del rugby, que siempre se aisló; culpa de la dirigencia olímpica y nacional que no aportó nada para variar la situación.
En estos días nos escribió un mail Gerardo Casal, padre de Leonardo Atómico Casal, el tryman de Banco Nación, quien integraba la lista del seleccionado argentino. Y nos contó que había un grupo grande de familias que ya había reservado hoteles en Mar del Plata y que había modificado sus actividades para poder alentar a los argentinos. Imaginamos la decepción.
Si el rugby alguna vez pretende en serio convivir con el resto de los deportes, este fracaso de los Odesur no hace más que alejarlo.






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