Se fue el pequeño-gran general
Jacques Fouroux era, sin dudas, “le petit general”.
Como jugador, como entrenador y como conocedor de cada uno de los detalles que transforman al rugby en un deporte demasiado especial.
Su muerte, ocurrida en la noche del sábado en su casa de Auch, cuando apenas tenía 58 años, no sólo enluta al rugby francés, sino que toca bien profundo al mundo de la ovalada de la Argentina.
El ex medio era un gran amigo de los argentinos. Y tanto en su época de jugador como de entrenador aportó opiniones, conocimientos y contactos para que Los Pumas crecieran y tuvieran el lugar que él creía que debían ocupar en el universo del rugby internacional.
Fouroux enfrentó varias veces a los argentinos. Chiquito, pelado, pero inteligente y con fuego en el corazón, fue protagonista, por ejemplo, de aquel emocionante y sangriento 18-18 en la cancha de Ferro, con los seis penales de Hugo Porta y Jean Michelle Aguirre.
Pero en las largas noches de Buenos Aires —una ciudad a la que amaba, al punto que parecía un porteño más entre sus amigos argentinos— extendió su mano y sus conocimientos a personajes como el Veco Carlos Villegas, Michingo Rodolfo O’Reilly, el Ruso Raúl Sanz y Andrés Perica Courreges, entre muchos otros.
Ganó como jugador y entrenador el, en ese entonces, Cinco Naciones, pero su pico máximo fue cuando al frente de la selección francesa accedió a la final de la primera Copa del Mundo, en 1987. Aquella vez, su equipo fue protagonista de uno de los partidos más espectaculares de toda la historia, cuando Les Bleus batieron a la poderosa Australia en las semifinales del mundial, con el recordado try de Serge Blanco sobre la hora.
Compinche de sus jugadores, estudioso del juego, divertido, pícaro en cada comentario y adelantado en mucho de lo que vino después, Fouroux es de esos tipos que el rugby argentino no debe olvidar. Y es bueno recordarlo justo ahora, cuando aquí parece iniciarse una nueva era, abriéndole la escena definitivamente al profesionalismo y en una conducción donde tienen cargos clave dos grandes amigos suyos, como Porta y Sanz.
Esto último, lo de la etapa que se abre por estas tierras, iba a ser el tema de esta columna de hoy, pero “le petit general”, lamentablemente, lo dejó para otra ocasión.

