Corregir, pero sin torcer el rumbo

Australia empezó a vivir este fin de semana en sus principales ciudades rugbísticas la definitiva fiebre del Mundial. Ya están los clasificados para los cuartos de final, y el negocio cerró redondo: avanzaron las tres potencias del Hemisferio Sur y las cinco del Norte. Suena raro, pero Los Pumas terminaron su participación hace ya siete días. Increíble, porque hasta Uruguay llegó hasta la última jornada de la primera rueda, aunque, claro, su rival era Inglaterra. Otro raro destino el de los argentinos: a los dos Mundiales que arribaron con mayores posibilidades, el de 1987 y éste, en ambos llegaron primeros y fueron los primeros en irse.

Quedaron dos consuelos para Los Pumas. El primero, que fueron los que sumaron más puntos de los 12 equipos eliminados. El segundo, que al quedar afuera también los dos grandes del Pacífico Sur, Fiji y Samoa, al menos hay una mínima chance de pelear por ingresar en el futuro a algunas de las competencias internacionales de importancia.

Pero este Mundial que parece ya tan lejano para los argentinos merece aún algunas consideraciones. Se recalcó en numerosas oportunidades que un resultado no puede borrar un ciclo de cuatro años en los que se produjeron numerosos avances. Pero a la hora de la verdad fallaron aspectos que se deben tener en cuenta para el futuro. A Los Pumas les faltó mayor protagonismo en los dos partidos cruciales, con Australia e Irlanda. Se notaron ciertas deficiencias físicas, como si el equipo hubiese explotado antes de la competencia clave (en el Panamericano, por ejemplo, los jugadores parecían aviones). No se pudo solucionar el line, una formación que nunca ofreció garantías en estos últimos años. No quedó claro por qué a un equipo que tenía una base sólida, de repente se lo reservó para sólo dos test, como si estos jugadores no hubiesen estado en condiciones de enfrentar sucesivamente a Rumania y a Irlanda. Y, además, se reiteraron los casos de inconducta. La Argentina tiene el triste récord hasta ahora de ser el conjunto que tiene dos suspendidos, además de una tarjeta amarilla.

Son aspectos para corregir, pero no para torcer el rumbo. Por más que este Mundial que empezó con un sueño haya terminado en una pesadilla.