Los Pampas, en su segunda intervención en la Vodacom Cup sudafricana, consiguieron el objetivo máximo en lo que hace a los resultados. Hoy, en la noche de Potchefstroom, se alzaron con el título al superar en la final a los Blue Bulls por 14-9. Jugaron 11 partidos y los ganaron todos. Siempre fueron más que sus rivales, aún en este encuentro decisivo, en el que quizá mostraron su versión más floja, porque se complicaron solos y debieron haberse impuesto con más amplitud y no sufriendo hasta la última pelota.

Agustín Gosio, la figura del partido y uno de los más destacados a lo largo de todo el campeonato, apoyó el único try de la final, mientras que Nicolás Sánchez y Santiago González Iglesias aportaron dos penales cada uno. Los argentinos concluyeron con su ingoal invicto y los sudafricanos solo anotaron a través de tres penales.
Los Pampas ingresaron con la premisa de darle al juego una velocidad extrema, buscando todo el ancho de la cancha. Pero la pelota mojada y más rosca de lo aconsejado, derivaron en bajar un cambio, algo que les costó más que en los anteriores partidos. Sin embargo, fueron dominadores claros en los primeros 40 minutos, a los que se fueron al descanso con una ventaja de 8-0, luego del try del Canario Gosio (una gran juhada colectiva, rematada por el hambre de try del hombre de Newman) y un penal del tucumano Sánchez.

El comienzo del segundo tiempo mostró la misma tónica. Incluso, pronto Nico Sánchez aumentó a 11-0 con otro penal. Pero a partir de ahí comenzaron a sucederse muchas imprecisiones, errores, penales (al árbitro estuvo perfecto) y circunstancias inesperadas que les jugaron en contra a los argentinos.
En ese último rubro, hubo dos especiales, ambas en el primer cuarto. Primero, un sudafricano quedó lesionado muy feo (el cuello le bailó al chocar con un compañero tras un tackle), por lo cual se generó una larga interrupción. Casi de inmediato, los Blue Bulls se quedaron sin pilares, por lo cual el scrum, que hasta ahí había sido un arma vital de los Pampas, se empezó a jugar sin disputa.
Todas esas situaciones parecieron desconcentrar a los argentinos, que de ahí en más le entregaron la pelota al rival o a través de errores, penales y protestas. Con poco, los Blue Bulls se agrandaron. Y fueron hacia el ingoal Pampa.
Rete González Iglesias mantuvo la distancia con un penalazo desde mitad de cancha y, luego, con otro más factible, pero a nada del final, los Bulls se pusieron a tiro; a sólo un try de diferencia.
El final, como lo indica la historia de los seleccionados argentinos, fue bajo el signo del sufrimiento. Los Blus Bulls pecaron por ser un equipo jóven y sin el roce aún para este tipo de competencias. Eso fue lo que los salvó a los Pampas, a los que, lógicamente, también les pesó lo que se estaban jugando. La gran mayoría de estos argentinos jugó hoy el partido más importante, seguramente, de sus vidas y muchos, la primera final.
Hasta que en un intento de ataque sudafricano desde su campo, Tomás Cubelli robó la pelota y ésta, con la chicharra que ya había sonado, voló hacia la tribuna.
Hubo lágrimas y gritos de desahogo. Este plantel lleva casi 3 meses lejos de sus casas. Cumplió varios objetivos, y no sólo el de los resultados. Más adelante habrá tiempo para otro tipo de análisis y para otras cuestiones que no pasarán por los jugadores, que acá hicieron lo que tenía que hacer, y con gloria de la que vale. Por eso, ¡Salud Pampas! Bien merecido lo tienen. Han preservado el orgullo del rugby argentino adentro y afuera de la cancha. Festejen todo el tiempo que haga falta.
Fotos: Prensa UAR