Presentación

Clasificado bajo Sensaciones | el 08-03-2017 |

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Conozco el blog desde su génesis, participando de manera activa en los primeros años y apenas espiando en los últimos. Todavía recuerdo la risotada de Búsico la tarde en que, mientras compartíamos un café, le confesé mi doble identidad “Jorge, en mis ratos libres me hago llamar Carlos Iñiguez”.

Desde siempre admiré la habilidad de JB para darle calidez a un mundo virtual, para lograr que cada participante adquiera una identidad propia mas allá de su nick. Para generar un espacio muy parecido a la barra de un bar, a una sobremesa, a un tercer tiempo.

Y siempre me pareció que el blog tenía, y tiene, un hilo conductor, un punto de encuentro, con Leyendas (para quienes no me conocen les cuento que produzco Leyendas del Rugby desde 1999), sobre todo en el cuidado y la preservación de los valores permanentes del rugby.

Por eso recibí con una mezcla de emoción y satisfacción la convocatoria de Jorge para hacerme cargo, junto a Nico Casanova, de su gran creación. Es un placer compartir el trabajo con un periodista joven y de reconocida capacidad como Nicolás, a quien conozco bien ya que forma parte del equipo de Leyendas desde hace varios años.

Soy consciente de que el blog es de ustedes, lo hacen ustedes. Por eso el objetivo es mantener la calidez de este espacio y darles los elementos para que se sigan sintiendo cómodos en el debate apasionado de los temas del rugby. En un par de semanas sumaremos algún cambio mínimo en la estética y la adaptación multiplataforma del blog, manteniendo por supuesto su estructura, su identidad y fundamentalmente su independencia periodística. También abriremos el archivo de Leyendas para disfrutar juntos algunas perlas de todos los tiempos de nuestro rugby.

Gracias infinitas a la enorme generosidad de Jorge por permitirme asumir el desafío y los convoco a seguir haciendo y disfrutando juntos de este espacio único que el maestro Búsico supo construir.

Daniel Dionisi

 

 

Siempre me pregunté que sería del blog cuando el creador de este hermoso quincho no esté más. El que puso los primeros ladrillos, le dio una forma, y finalizó su obra con un fantástico lugar donde se habla, se opina, se debate y a veces se pelea de nuestro querido rugby.

Desde esta nota de 2006, que precisamente me involucra (¡Cómo pasa el tiempo!), siempre fui habitué en este quincho, aunque con poca participación, y tuve la suerte desde el Mundial 2015 de administrarlo. Un espacio ideal para aprender situaciones nuevas, intercambiar distintas concepciones del rugby, y alargar el bendito 3° tiempo del sábado en el club a toda la semana. Las llaves de este quincho ahora cambian de dueño, pero la esencia y el valor seguirá siendo el mismo. La música de los viernes, el hacer periodismo independiente, los títulos resumidos en una sola palabra, las columnas de Jorge de los jueves en La Nación, el valor que se le otorga a la rica historia del rugby argentino, y los eternos debates de todo lo que sucede alrededor de este deporte nacional e internacionalmente seguirán siendo parte fundamental de Periodismo Rugby.

Los tiempos cambiaron, la tecnología avanza día a día, y no nos queremos quedar en el camino, por eso vamos a decorar el quincho, agrandarlo, sumarle nuevos detalles, pero manteniendo el mismo espíritu para que todos lo sigan sintiendo su club, y a la vez gente nueva pueda instalarse y compartir distintas experiencias.

Rugby Championship, 6 Naciones, Super Rugby, Gira de los British Lions a Nueva Zelanda, ventanas internacionales, Nacional de Clubes, torneos regionales, Campeonato Argentino, competiciones europeas, sevens, actividad de Argentina XV, Mundial Juvenil, la lista de eventos de este año es interminable. Estos los combinaremos con opiniones, análisis, videos, palabras de los principales protagonistas, y también relacionaremos de alguna manera los acontecimientos actuales con hechos históricos, con un enorme material de archivo del programa Leyendas del Rugby de Daniel. Nuestros clubes, el sostén de la pirámide, y los hombres que hicieron grande al rugby argentino tendrán una gran importancia en el próximamente remodelado Periodismo Rugby .

Insistimos, el quincho es de ustedes, son los grandes protagonistas. Sin gente, no sería un quincho sino cuatro paredes si alma sujetando un techo. Con Daniel, y alguno más que incorporemos al equipo, estamos para brindarles comodidad, y que siga siendo el gran espacio del rugby que creo Jorge.

Nicolás Casanova

Irse

Clasificado bajo Sensaciones | el 06-03-2017 |

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Nuestro cerebro es tan asombroso como el número de neuronas que lo abastecen: ¡cien mil millones! Podemos ver y escuchar tantísimas imágenes y frases, pero el cerebro es el que determinará cuál guardará (o no), como si fuese en un álbum de fotos o en una computadora. Los científicos sostienen que esa memoria selectiva tiene que ver con los impulsos de la sorpresa o con algún otro sentimiento que también disparó el cerebro. Algo así me pasó con esta frase: “El gran secreto de la vida es saber cuándo hay que irse”. La debo haber escuchado y leído montones de veces, pero nunca me impactó tanto como cuando la oí hace unos meses en el primer capítulo de la serie Bloodline (Línea de Sangre), una de las joyitas que pululan por Netflix. Todavía me veo en aquel momento del otoño del año pasado: solo, sentado frente a mi flamante y primer Smart TV y disfrutando del pequeño, lindo y cómodo departamento al cual me había mudado recientemente. Mi primera reacción fue preguntarme porqué no me había ido antes del anterior departamento, al que alquilé durante 15 años, los 5 últimos, al menos, de mala gana. Y fue entonces que esa frase y esa pregunta empezaron a levantar dentro mío un remolino de pensamientos y divagues alrededor del irse. La punta del ovillo de este post.

Adhiero a que saber cuándo hay que irse es uno de los secretos de la vida. No sé si el gran secreto, pero está muy cerca de serlo. Porque esa frase conlleva otro secreto: irse cuando hay que irse. Admiro a la gente que lo hace; que se va, y ya. Yo pertenezco a otro club. Tengo materias pendientes con el irse.

Soy de esa gente que le da ganas de irse –en mi cabeza siempre se dibuja un lugar donde no hay nada ni nadie; sólo mar y playa- cuando se me plantea un inconveniente que no tengo voluntad ni ánimo para afrontarlo. Es un irse figurado, como la fuga geográfica, creyendo que el tema se soluciona yéndose a otro lugar. O un irse en otra versión del mismo tono, la del portazo, como si con ese gesto todo concluyera al fin. Un irse que no es irse; inútil.

En esa vía, sufro (si se sufre no sirve, dicen unos amigos) de otra cuestión más arraigada que quizá ya, afortunadamente, no tiene tanto poder como antes: no irme cuando debo de situaciones, personas, lugares y cosas que me generan disgustos y malestares y en las cuales ya no hay nada de nada por hacer y/o por buscar. Varias veces hasta me he quedado regodeando en el dolor. También encontré en esto de irse y quedarse, una versión a la que los franceses llaman L’esprit de l’ escalier. Es esa “brillante” idea que se le ocurre a uno cuando ya se fue; cuando no sirve volver atrás. Es un síndrome que también genera angustia. Los franceses le dicen así porque pasa cuando uno ya bajó la escalera.

Contradicciones propias, a las que todavía les sigo buscando explicaciones -aunque,reitero, en varios aspectos fui aprendiendo y creciendo-, el irse casi nunca fue un inconveniente en mi profesión de periodista. Desde que empecé, a los 19 años, siempre tuve en claro que éste no era un oficio para quedarse a vivir en un lugar. Que el gran secreto, volviendo a Bloodline, era irse cada tanto para afrontar nuevos desafíos y experiencias. Quedarse, por el contrario, significaba burocratizarse, término y actitud que siempre desprecié. Así, fui saltando de una redacción a otra, con un máximo de 3 años en cada una. Vale aclarar que algunos de esos medios cerraron y en otros me despidieron, pero sentía que adentro mío había un despertador que en determinado momento marcaba la hora de irse. Hasta que en noviembre de 1994 aterricé por segunda vez en Clarín (la otra había sido por un año, en 1984) y ese despertador se rompió. Por numerosas razones que tiempo después descubrí, me propuse que de ahí no me iba más. Tenía por delante de mi nariz un muy buen sueldo, cargo alto, beneficios extras, posibilidades de viajar a los lugares que siempre quise y de cubrir los torneos con los que había soñado (pese a que ya había hecho ambas cosas), un plantel de periodistas brillante y un diario que en ese momento era el mejor del país y rondaba el millón de ejemplares vendidos los domingos. Pensé que no había nada mejor en el horizonte y creí que era hora de parar. Y es verdad: no paré, pero de caerme. Y, es justo aclararlo, no precisamente por Clarín.

En el momento de llegar a Clarín ya estaba como director de Deportea, daba clases en TEA y trabajaba en TyC Sports. O sea, tenía ocupados los 7 días de la semana, y en la mayoría de ellos, salía de casa a las 7.30 y volvía a las 2/3 de la mañana. Fumaba sin parar, había abandonado la actividad física por primera vez en mi vida y había retomado con furia algunas tentaciones abandonadas terminada la adolescencia. Con Clarín, ese cóctel explotó. Empezó un proceso de autodestrucción que ni la llegada de mi hijo, en el otoño de 1995, logró detener. No había mortal que aguantase metiéndose tanto de todo.

No voy a abundar mucho más con mi vida, pero lo cierto es que en todo ese tiempo, como adivinarán, me estanqué como periodista, porque, más allá de los viajes, que te nutren, no tenía tiempo para, al fin, cultivarme como persona. Leía poco, casi no frecuentaba el cine ni el teatro, llegaba tarde a todas las reuniones con mis amigos y faltaba, cada vez con mayor frecuencia. No estaba. Una serie de movimientos dentro de la redacción –culpas extrañas y, también, propias- me quitaron mi rol en la sección deportes. De número dos pasé a ser “columnista”. Y, al poco tiempo, me mandaron a la revista Viva, retornándome mi cargo, pero de mentira. Estaba, como se dice en las redacciones, congelado. Fue ahí, en la primavera de 2005, cuando empecé a sentir que tenía que irme. Lo antes posible.

En diciembre de 2005 lo fui a ver al Negro Sánchez, amigo y especie de padre periodístico que estaba a cargo de Viva, para decirle que me quería ir y pedirle si me podía abrir un canal de negociación con la administración. Me contestó, sabio: “Andate de vacaciones, pensalo bien y después vemos”. Me fui todo enero. Volví el 1º de febrero y cuando me senté frente a la computadora, me dije: “Esto no va más”. Pero lo que realmente me terminó de convencer fue cuando unos minutos después me entregaron para corregir una “columna” de Valeria Mazza, no escrita por ella, claro, y plagada de lugares comunes y oraciones horribles. Hice el trabajo, lo fui a ver al Negro y le dije: “Me voy”. Amigo fiel, el Negro empezó el trámite para iniciar mi ida del diario.

El proceso de negociación duró un tiempo que para mí fue eterno, hasta que a mediados de abril llegamos a un acuerdo. En esa época, nadie se iba de Clarín (ahora se van unos 15 periodistas por mes) y eso complicó mi monto a recibir, pero ya no me importaba. Necesitaba irme, aunque no supiese adónde.

En el proceso de despedida de mis compañeras y compañeros de tantos años, muchos queridos y conocidos antes de llegar a Clarín, y muchos compinches de grandes momentos de diversión y de luchas, anduve varios días visitando los distintos lugares del edificio para avisar que me iba. La parada obligada siempre era Deportes, donde estaba la gente más añorada. Como Julito Marini, con quien conducimos esa nave durante casi una década gloriosa. Una tarde, como todas las tardes, me senté a hablar con Ariel Scher, el mejor de todos. “No sé qué voy a hacer. Quiero seguir escribiendo de rugby, pero no sé adónde”, le dije. Y Ariel, que andaba como yo a las patadas con los avances tecnológicos, me contestó: “¿Y si te armás un blog?”. Fue como si me dijese: “¿Y si te vas a la Luna?”. Pero, siendo Ariel, lo escuché: “No entiendo mucho, pero por lo que vi, está bueno, es como un medio propio”. Esas dos últimas palabras me cautivaron. Todo periodista soñaba con un medio propio. Nos enfrentamos a la computadora y me mostró un par de ejemplos. Fue como volver a ver la luz.

Me fui de Clarín el 1° mayo de 2006 y al poco tiempo lo llamé a Lalo Zanoni, periodista egresado de TEA y precursor en todo lo que iba surgiendo, para que me ayudara a armar un blog. Nos reunimos y él fue claro y conciso: “Pensate un título, buscate un webmaster y después hacé lo que vos sabés”. Me conectó con Seba, mi webmaster hasta hoy, y ese fue el embrión de periodismo-rugby.

El jueves 7 de septiembre de 2006, cuando lancé el blog, mi vida seguía siendo un caos. Me había dejado mi novia de ese entonces (ya me habían dejado mi mujer y, luego, otra novia), tenía deudas (la indemnización se evaporó) y cada vez tocaba más fondos de todo tipo. Casi todos los conductos que desembocaban en el bienestar estaban rotos. Tenía de dónde agarrarme, por suerte: mi hijo, mis amigos, mi fe y mi habilitad para reinventarme. El blog fue el otro gran soporte, el que sirvió para mi reconstrucción periodística y el que empujó para lo que pronto sería el comienzo de mi recuperación personal.

El blog, cuyo comienzo quise hacerlo coincidir a falta de un año exacto del partido inaugural del Mundial de Francia que lo iban a jugar los Pumas y los locales, me abrió la cabeza de entrada y, antes de lanzarlo, me hizo recuperar las neuronas y el timing periodístico que había perdido en los años de omnipotencia en Clarín.

Fueron aquellos, los de la primavera de 2006, tiempos de reacomodarse. No sabía qué hacer con mi tiempo libre. De pronto, me encontré con toda la tarde para mí y la gran noticia había sido ver por primera vez desde 1978, un Mundial de fútbol con mis amigos de la vida. Pero la tormenta interna seguía. Me refugié en el blog. Entendí que debía ser algo más de lo que me había planteado al inicio: una continuación de la columna Tercer Tiempo, que escribía los domingos en Clarín. El primer post, al que me negaba a nombrar post, o sea que en ese entonces era un texto y así lo llamaba, fue una presentación del Mundial a un año de su kick-off. Llevaba una foto de Agustín Pichot como capitán de los Pumas. El segundo, a los 4 días, otro con el cumpleaños de Hugo Porta. Cuando vi que llegaban los primeros comentarios, no lo podía creer. Ya me habían advertido un par de conocedores del terreno de los blogs: “Mirá que la gente participa y vas a tener que contestarles”.

Empezó así un mundo nuevo para mí. Decidía lo que iba publicado, no tenía que consultarlo con nadie, sabía que me leían, comentaban lo que hacía, respondía sin nadie en el medio y, maravillosamente, estaba obligado a crear todo el tiempo. Y establecía en aquel comienzo reglas que siguen vigentes hasta hoy: recibir publicidades, pero ninguna de organismos estatales ni de bebidas alcohólicas. Ni tampoco aceptar invitaciones de viajes, excepto con fines solidarios. Tuve que colgar mi traje de soberbia que me impedía disfrutar de todo lo que ofrecía la tecnología especialmente para el periodismo y así, de a poco y a los tumbos, fui andando. Al poco tiempo decidí que los posts iban a llevar una sola palabra de título. Ya los viernes contenían la programación rugbística de TV (poco y nada por esos años) y la música, quizá la frutilla del postre de la nueva aventura que en mi vida significaba periodismo-rugby.

Pronto, como me había dicho Zanoni, el blog se empezó a hacer solo. El foro le dio la dinámica que superaba a lo que yo publicaba. No sólo era un ámbito de discusión, sino que allí se volcaba información y se aprendía algo nuevo todos los días. Sin que me lo propusiese, se transformó en una confraternidad. Y, por si fuese poco, entró publicidad. Me saqué otro traje del prejuicio, y salí a buscar sponsors. El primer año lo cerré con Fargo, Volkswagen, ESPN y Adidas. Todo me parecía un sueño.

Al comienzo del 2007 me propuse viajar al Mundial. Creía que era decisivo para apuntalar al blog. Pero el tema era cómo. Ya no tenía la teta de Clarín, con la que había cubierto Gales 1999 y Australia 2003. Faltaban dos meses y no había posibilidad alguna de ir. Hasta que apareció un pasaje de canje, ESPN gracias a mi amigo Pablo Mamone me costeaba el alojamiento en la primera rueda y con lo que había ahorrado por los avisos, podía sobrevivir 25 días, hasta los cuartos de final. Sobre el final apareció otro soporte: escribir para la web de La Nación, con la que ya venía colaborando. Y así me fui. Llegué a París el 5 de septiembre. ¡Con mi blog! No había ninguno acreditado para esa Copa del Mundo.

Nunca olvidaré aquella noche del viernes 7 de septiembre en el Stade de France de París, en el primer cumpleaños del blog. Mi cerebro la archivó junto a todos los sentimientos que despertaron ese día. La previa –recuerdo haber escrito que los Pumas podían ganarle a Francia-, el viaje al estadio, el encuentro con amigos, el post que escribí un par de horas antes contando cómo estaba el clima, el himno –“Ganamos”, le dije a Mamone tras verles las caras a argentinos y franceses- y el partido, esos 80 minutos que los terminé temblando, sin poder anotar nada en mi libretita. La excitación no me dejaba pensar.

Cuando llegué a la sala de prensa, prendí mi computadora y entré al blog. No lo podía creer. El post previo tenía más de 300 comentarios de todas partes del mundo. La gente explotaba de alegría y encontraba en el blog un lugar para manifestarla. Me quedé inmóvil, llorando de alegría y emoción. Supe esa noche, cuando en el Stade de France sólo quedábamos periodistas, que ese test había sido el punto de inflexión para periodismo-rugby. Y lo fui disfrutando caminando horas por las calles de París –no había subtes ni taxis- hasta llegar a mi hotel a las 4 de la mañana. Feliz.

Aquel viaje, que terminó siendo por 50 días –reventé la tarjeta de crédito, realmente; terminé de pagar todo un año después-, tuvo decenas de mojones inolvidables. La memoria registró para siempre la felicidad de la tarde de domingo en el Parc de Princes con el triunfo ante Irlanda (el abrazo interminable que me di con Boqui, mi amigo de la vida que estaba viviendo en Milán) y la noche de viernes también en ese mismo estadio de París, con el nuevo golpe a Francia, con baile incluido, esta vez por el tercer puesto.

A la vuelta, todos me hablaban de mi blog. Había explotado literalmente. Y ahí entendí que además de periodismo-rugby, el rugby tampoco iba a volver a ser el mismo. Que arrancaba otra era. Nunca imaginé, de todos modos, todo lo que se vino luego.

Con el blog vivimos –porque ya era de todos- los dos Mundiales siguientes al lado de los Pumas. Los cuartos de final en Nueva Zelanda 2011, comunicándonos a la madrugada, y el cuarto puesto en Inglaterra 2015. El primer partido por el Rugby Championship en Ciudad del Cabo, en 2012, y el primero por el Super Rugby, en Bloemfontein, en 2016. Allí estuvimos ya no sólo con textos, sino con fotos y videos propios. La comunidad nunca paró de crecer.

Tengo una valija sin fondo para guardar todos los recuerdos imborrables. Con ustedes compartí lindos y feos momentos. La muerte de mi madre, el crecimiento de mi hijo (no sé si recuerdan cuando armaron un sitio para que de París le traiga la Play 3), mis viajes, mis ideas sobre la vida, mis alegrías, mis fracasos, la pérdida de amigos, los dos stents, las internaciones que casi me dejan fuera del Mundial 2015, los robos (nunca olvidaré a muchos de ustedes ofreciéndome sus computadoras), el proceso de ir acomodándome a los cambios tecnológicos, mis posts sobre las eras prehistóricas del periodismo (¡Je!), las peleas (muchas en este tiempo), el campeonato de CUBA, las buenas y malas de River, la música, los libros, la vida. Hubo varios momentos duros, en los que pensé en irme (volver al comienzo de este post), especialmente cuando entraron los trolls a embarrar la cancha y a tratar de desprestigiar este espacio. Está comprobado que así fue. O como cuando en este mismo lugar, mi lugar, me amenazaron.

Hubo algunas cuestiones en las que no pudimos. La más clara fue la publicidad. Agradezco enormemente a los que han apoyado este emprendimiento de periodismo independiente y, sobre todo, a Gilbert, que, estoico, está solito desde hace 3 años. Es una batalla desigual esa, con la que tuvo que lidiar Javier Pendzik, el fiel y honesto encargado de conseguir avisos. Fue un camino muchas veces desagradable en lo personal. Encontrarte con gente encargada del marketing de empresas que lo único que conocen es ESPN y a los periodistas que trabajan ahí. Que ni siquiera averiguan quién sos cuando te reciben. He pasado momentos feos con eso. El monopolio que desde adentro mismo ha fomentado e impulsado la UAR no permite crecer al resto. Este blog lo ha sufrido como lo sufren casi todos los sitios, pero no fue impedimento para que siga.

En el otoño del año pasado, viendo Bloodline, volví a pensar que el modelo Netflix es el que puede salvar al periodismo verdaderamente independiente, pero sentí que ya no estaba en condiciones de dar esa pelea. Y pensé en irme; que era el momento de irme del blog. La idea ya me venía rondando la cabeza desde que volví del Mundial de Inglaterra. Sentía que no tenía más para dar, que estaba frenando la renovación que necesitaba periodismo-rugby. Que no acompañaba a Nico como debía. Andaba con ese rollo por esos días cuando sucedió la bravuconada del presidente de la UAR y la nefasta carta a La Nación deslizando el pedido de que me echen. Un amigo, que me conoce y que sabe de aquello del comienzo de éste post, me dijo, enojado: “Ni se te ocurra irte ahora”. Y le contesté: “Ni loco me voy ahora”.

Hubo en todo este tiempo peleas a las trompadas con distintos dirigentes de la UAR, con el poder del rugby (¡cómo olvidar aquella primavera de 2012!), pero nunca me había pasado algo tan violento como periodista. Ni cubriendo el fútbol o cualquier otro deporte. Entonces, me replegué un par de meses y volví, y acá estoy hasta hoy.

Pero hoy me voy del blog. Me voy yo, no periodismo-rugby. No sólo creo que no tengo nada más para dar, sino que necesito irme para reinventarme nuevamente en otro lugar que todavía no sé cuál será. Es importante que éste blog siga y con gente que lo pueda hacer mejor que yo, pero para eso es fundamental que ustedes se queden, porque el blog sigue siendo de ustedes. Van a continuarlo Nico (ahí está la línea de sangre) y otro grupo de gente que le van a dar un resurgimiento sin perder la esencia de éste espacio. Ellos ya lo anunciarán en los próximos días. No hay acá ningún acuerdo comercial ni nada por el estilo. Yendo a la realidad, hace rato que escribo poco y quizá mi salida descomprima la irritación que a algunos poquitos les causa mi presencia y que los lleva a querer desprestigiar a periodismo-rugby. Insisto: quédense, apoyen al periodismo independiente en serio.

Desde el jueves 7 de septiembre del 2006 hasta hoy pasaron 3833 días, casi 10 años y medio, 7.092 posts y 242.800 comentarios. Cuando empezó el blog no existía el iPhone, Androide, Spotify, 4G, Instagram; los teléfonos móviles sólo servían para hablar y las fotos se sacaban con cámaras. Cuando empezó el blog ni existía el Plar, el Rugby Championship, los Jaguares, los Pampas, el profesionalismo doméstico; el rugby argentino era 100% amateur y las estrellas de la TV eran los torneos de la URBA y el Argentino. Una locura todo lo que paso en este tiempo.

Si me miro 10 años y medio atrás, yo tampoco me puedo creer. Aquella debacle que relaté al comienzo se detuvo y hoy tengo una calidad de vida maravillosa. El blog fue un puntal en mi crecimiento y bienestar. Me voy mucho mejor que cuando que llegué. Lo agradezco enormemente. Pero ahora es momento de irse. Ya veré en qué cuadrado del tablero caigo, aunque nunca me gustaron los cuadrados ni los tableros.

Me voy feliz. Algo es seguro: no voy a armar otro espacio de rugby. Necesito vaciarme un poco del rugby. Seguiré sólo con mis columnas en La Nación (otro gran espacio que me dieron en estos años y, también, gracias al blog) y quizá con algunos comentarios en Twitter. No mucho más, salvo alguna cobertura u otras notas que me encargue el diario. Quizá invente otro blog para escribir -lo que mejor sé hacer- o me dedique a otros proyectos. TEA y Deportea, por su parte, me requerirá buena parte de mi tiempo en los próximos años.

Ha sido un verano duro. Muertes, despedidas, reacomodamientos, dolores. No quiero meter este texto en ese ámbito. Llevo varios días pensando en cómo me voy a ir; varios días pensando en cómo escribir estas líneas. Todos saben bien de mi admiración absoluta por Peter Gabriel y por el Genesis que él integraba. La semana pasada leí que cumplía 40 años su primer disco solista, en el que está incluida una de las canciones más lindas que he escuchado: Solsbury Hill. Allí, Gabriel escribe sobre su necesidad de soltar su relación con Genesis: “I was Keeling part of the scenery/I walked right out of the machinery” (“Me sentía parte del escenario/Caminé para alejarme de la maquinaria”). Y agrega: “Muy hearth going boom boom boom/”Hey”, he said Grab your things/I’ve come to take you home” (Mi corazón hacía bum, bum, bum/Oye, dijo: Agarra tus cosas/He venido para llevarte a casa”.

Porque nada es casual, el viernes me llegó vía Facebook un video maravilloso de Solsbury Hill que muestra a Gabriel a través del tiempo. Me lo envió Leandro Africano, quien fue alumno mío en TEA. El año pasado, Leandro me contó que un amigo suyo, compañero de camada en Ciudad de Buenos Aires y lector fervoroso del blog, me quería conocer, y a partir de allí me regalaron todos esos amigos una noche inolvidable. El blog también generó eso: encuentros. En Virreyes (almuerzo en donde cada uno se presentó con su nick), en los Mundiales, en los partidos de los Pumas en el exterior. ¡Estoy tan agradecido a los miles que han pasado y siguen haciéndolo por el blog! Tengo tantos para nombrar, que sería injusto hacerlo porque seguro que, de tantos, de alguno me voy a olvidar y eso sería imperdonable. Os quiero, como les he escrito infinidad de veces.

Cuando vi el video de Solsbury Hill con Gabriel a través del tiempo, pensé que ese debía ser el mejor cierre de este post. Al igual que la fabulosa foto que me sacó mi amigo Anibal Greco, reportero gráfico de La Nación, el último día en Inglaterra 2015. Siento más que nunca lo maravilloso que es soltar. Cuánto crece uno cuando lo hace. Irse cuando hay que irse, al final de cuentas. Y mientras escribo estas últimas palabras, siento que el corazón me hace bum, bum, bum.

Jorge Búsico (JB)
Buenos Aires, verano de 2017

Goti (II)

Clasificado bajo Columna en La Nación, Sensaciones | el 20-02-2017 |

6

Se fue de gira el gran Héctor Goti. La despedida que escribí en La Nación.

 

Goti

Clasificado bajo Sensaciones | el 20-02-2017 |

13

Se fue de gira el gran Héctor Goti, wing de los Pumas del 65´ en la histórica gira a Sudáfrica. Hombre de CUBA, que disputó 8 test con la camiseta celeste y blanca, y anotó 12 tries.

Acá les dejamos el emocionante programa de Leyendas del Rugby con la participación de Goti, que se juntará nuevamente con los entrañables maestros Ángel Guastella y Alberto Camardón.

Crédito Foto: Prensa UAR

Joost (RIP)

Clasificado bajo Sensaciones | el 06-02-2017 |

21

Se fue de gira Joost van der Westhuizen. Sufría del ELA. Uno de los mejores 9 de la historia y campeón del mundo en 1995.

Tristeza

Clasificado bajo Sensaciones | el 29-01-2017 |

42

El mar era lo único que lo podía doblegar a Bernardo Miguens. Duro como una roca, tackleaba hasta los árboles. Todos nos sentíamos Bernie cuando venía una pelota a cargar y saltábamos a agarrarla. Siempre con una sonrisa, aportando, con su vozarrón característico, fue, más que Puma, un hombre de rugby. Fullback emblemático de CUBA, el club de su familia y de sus 13 hijos, y del seleccionado nacional.

Una ola lo tumbó ayer en Pinamar y esta tarde se fue de gira. Un inmenso dolor sacude a CUBA y a todo el ambiente del rugby. En el post anterior hay una frase que lo resume a Bernie: “¿Qué mejor programa tenés un sábado por la mañana que no sea llevar a tus hijos a jugar el rugby”.

Fue 15 de los Pumas en los triunfos ante Australia en 1983 y ante Francia en 1985 y en el empate ante los All Blacks ese mismo año. Esta anécdota contada por Daniel Dionisi en su libro Leyendas del Rugby también lo muestra de cuerpo entero.

Diploma de Puma

El último pasaje a Australia fue para él, y cuando le confirmaron la convocatoria su sorpresa fue mayúscula. Sabía que iba de suplente pero viajar con Los Pumas al país de los Wallabies, compartir un mes con los mejores jugadores del país y ser parte de esa gloriosa elite ni siquiera estaba en sus sueños. Por eso la alegría alborotó una vez más la casa de la familia Miguens. Bernardo, el cuarto hijo varón de Hugo y Matilde, estaba educado en la tradición del rugby y dos de sus hermanos ya conocían la intransferible sensación de ponerse la camiseta nacional. Su casa era ovalada pero la mejor lección lo estaba esperando en ese viaje a tierra australiana.

Bernie viajaba como fullback suplente detrás del talentoso Martín Sansot, dueño indiscutido del puesto. Sus aspiraciones para la gira eran modestas. Le bastaba con jugar un par de partidos provinciales y sumar experiencia compartiendo un mes de entrenamientos en el primer nivel internacional.

Cuando la gira empezó a rodar, muchas veces Miguens se sorprendía al girar la cabeza en el comedor del hotel y cruzar su mirada con la del gran Hugo Porta, y se emocionaba viajando en el micro al lado de Pumas de renombre, como el Tano Loffreda o Rafa Madero. Era
suplente pero disfrutaba intensamente esos días del 83. Sin embargo los acontecimientos se iban a suceder de forma sorpresiva para el joven jugador.

A los quince minutos del segundo partido de la gira, contra Queensland, Sansot recibió un terrible golpe en la cabeza y debió abandonar la cancha en estado de inconsciencia. El grito de Michingo O’Reilly no se hizo esperar: ¡¡Bernie!! ¡¡A la cancha!!
El fullback de CUBA calentó unos segundos, hinchó el pecho, saltó al pasto a escribir su historia y, en la primera acción con la camiseta de Los Pumas, destrozó al centro australiano con un tackle poderoso.

El tercer encuentro de la gira, contra los Brumbies, sirvió para que Miguens tomara confianza mientras se acercaban los tests frente al seleccionado australiano. Paralelamente, la esperada recuperación de Martín Sansot no se producía y todo indicaba que Bernie iba a jugar su primer partido grande en Los Pumas. Él vivía intensamente el momento compartiendo las prácticas con el mismo jugador que admiraba desde muchos años atrás, cuando se escapaba a la cancha donde jugara Pueyrredón para disfrutar de las mágicas jugadas del fullback que había maravillado a los franceses en el 75. Claro, Sansot era su ídolo de toda la vida.

Como tantas veces, la mala suerte ajena había allanado el camino para que un tapado se adueñara del puesto en una gira de Los Pumas.
Dos días antes del primer test el entrenador O’Reilly le confirmó que iba a ser el fullback titular. En esas 48 horas Bernardo Miguens recibió el apoyo de Sansot con algunos gestos y unas pocas palabras. Martín nunca se caracterizó por su locuacidad y Bernie tenía demasiado respeto por su figura como para franquear la barrera de la confianza. Pero el alumno sabía que contaba con el apoyo incondicional del maestro.

Por fin llegó el partido y ese 31 de julio de 1983, en el Ballymore de Brisbane, Bernie Miguens vivió el día más glorioso de su campaña rugbística. Debut en Los Pumas, gran actuación y victoria histórica por 18 a 3 frente al poderoso seleccionado australiano. Cuando terminó el partido los argentinos prolongaron los emocionados festejos en la cancha. La euforia era total y Bernie no escapaba al clima victorioso que vivía el equipo. Ya en el vestuario, el Tano Loffreda y su compadre Madero se estrechaban en un interminable abrazo mientras el capitán Hugo Porta ensayaba un discurso acerca de la importancia del triunfo con palabras que pocos alcanzaban a oír.

Entre el vapor que venía de las duchas y el griterío que no cesaba, Bernie Miguens, sentado en un banco y aún vestido con la ropa del partido, encontró un instante para la reflexión. En ese minuto se acordó de su padre, de su hermano Hugo, y trató de tomar conciencia sobre el enorme momento que estaba viviendo, sobre la magnitud de la hazaña que acababa de conseguir junto a sus 14 compañeros… En eso estaba, sumido en sus pensamientos, cuando percibió un movimiento a sus pies. Agachó la cabeza y no pudo creer lo que veía. En silencio Martín Sansot, su referente, el mejor fullback de la historia de Los Pumas, le estaba sacando las medias y aflojándole las vendas para que se sintiera más cómodo. El mismo que había padecido la frustración de no jugar ese partido lo
atendía y lo halagaba desde la actitud humilde que siempre
tienen los grandes de verdad.

Bastó que cruzaran las miradas para que estuviera todo dicho. Humildad y grandeza. Esa fue la gran lección del maestro Sansot. Y en ese día de invierno del 83, Bernardo Miguens se recibió de Puma. El diploma, una enseñanza para toda la vida, se lo entregó su gran ídolo.

Buen viaje, Bernie. Un abrazo a su mujer, sus hijos, sus hermanos y a todo CUBA. Gran dolor.

Bernie

Clasificado bajo Sensaciones | el 29-01-2017 |

3

El ex fullback de CUBA y los Pumas, Bernardo Miguens, ha sufrido un serio accidente mientras barrenaba una ola en Pinamar. Su estado es muy delicado y desde aquí iniciamos una cadena de oración para pedir que se recupere. También le mandamos un abrazo enorme a su familia y a sus afectos. Hagamos fuerza por Bernie.

 

 

Edu

Clasificado bajo Sensaciones | el 10-01-2017 |

23

Edu llegó no sé cómo a mi grupo de amigos. Fuimos al mismo colegio de primer grado a quinto año, pero nunca nos cruzamos; él fue al C en la primaria y al A en la secundaria, y yo siempre estuve en el B. Lo cierto es que tampoco sé en qué momento empezamos a compartir varios instantes de la post adolescencia. Un fuerte punto de encuentro significaron los campeonatos de la Podrida que durante años, años y años jugamos un grupo de 8 amigos (Boqui, Fernandito, Nazo, Flake, Mono, Tomy, Edu y yo) todos los domingos a la noche en el día que tocaba la fecha de la Fórmula 1. Grandulones, hacíamos todo-todo como la F1. Incluso, no éramos nosotros; nos poníamos los nombres de los pilotos de la época. Edu era Alan Jones, por ejemplo. Pero lo que nunca olvidaré de Edu es cómo fue protagonista de un mojón esencial en mi vida, tan esencial que es, en parte, el que me tiene escribiendo estas líneas. Voy a detallarlo.

Una mañana de un viernes de noviembre de 1978, con 20 años recién cumplidos y con apenas un primer año en el Círculo de la Prensa, me presenté a mi primer trabajo en el periodismo. A través de Ezequiel, sí amigo mío de toda la vida, también del colegio, fui con su recomendación a la agencia Noticias Argentinas (NA). No importan mucho los detalles en este texto que estoy escribiendo (fui de traje y me barajaron con un “pibe, ésto no es un banco”), pero lo cierto es que no anduve en la prueba de escribir un texto, aunque el jefe de deportes, el Negro Paillet, me habrá visto alguna cualidad, por lo que al irme, al mediodía, me dijo: “Quizá te llame para que vayas a hacer alguna nota”. Pensé que era un cumplido.

A las 5 de la tarde sonó el teléfono en la casa de mis viejos. Mi madre atendió y me llamó: “Es de una agencia”. Del otro lado del aparato estaba el Negro Paillet. “Hoy llega el Deportivo Cali. ¿Podés ir hasta el hotel Los Dos Chinos y pasarnos por teléfono todo la información? Tratá de hablar con todos”, me dijo el querido Negro. “Claro”, le respondí. No bien corté recordé que esa noche, Edu y su novia de entonces me iban a presentar una chica. No llegaba. El hotel quedaba en Constitución, no tenía auto y en esa época no se salía más tarde que las 9 de la noche. Lo llamé e Edu y le pedí que me hiciera el favor de pasarme a buscar por el hotel. Le expliqué la situación y me respondió: “Quedate tranquilo, vamos a buscarte allí”.

Llegué al hotel a las 7 y el plantel del Deportivo Cali, que jugaba la final de la Libertadores con Boca, estaba desempacando. Recuerdo que la vergüenza me invadía y que no sabía cómo encarar a los jugadores, a los que conocía por fotos y por la tele. Pero me apuraba el encuentro con la chica que me iba a presentar Edu, así que me largué. En algo más de una hora entrevisté a casi todos y lo paré a Carlos Bilardo, que era el DT y se estaba yendo a una nota en Telenoche. “No puedo, pibe. Esperame y hablamos después”, me dijo. “Son dos preguntas, nomás, tengo que mandar todo porque es una agencia de noticias”, le rematé. Mentira; el tema era que Edu llegaba a las 9. Bilardo se quedó hablando conmigo.

A las 8.30 corrí en busca de un teléfono y pasé toda la información a la agencia. Me tomó Mario Strin, quien me dijo: “Muy bien, pibe, te felicito. Hiciste todo muy rápido y bien”. Cuando salí, Edu llegaba con su novia y la chica que me presentaba. Subí al auto feliz y creo que no hice otra cosa que hablar de mi hazaña reciente, que, ahora que lo pienso, a la chica le resbaló por completo. A ella nunca más la volví a ver después de esa noche (aunque debería buscarla para contarle esto), pero al otro día, el sábado, me llamaron de la agencia para que siga por todos lados al Deportivo Cali durante toda su estadía en la Argentina. Al poco tiempo era redactor y así fue cómo comenzó mi carrera en el periodismo, gracias a correr por una mujer (correr por mujeres o por una mujer, acto constante en mi vida) y, fundamentalmente, gracias a que Edu, solidario con la causa, me fue a buscar al hotel en Constitución.

Edu murió esta mañana. Siento una profunda pena y hago lo mejor que sé hacer: escribir. Un cáncer de mierda se lo llevó en un mes. Nos habíamos perdido en estos últimos años, sobre todo porque él, ingeniero brillante, anduvo de un lado para el otro (Colombia, Estados Unidos). Un domingo de diciembre último, después del entierro del Yuso, otro amigo, me fui a verlo al sanatorio. Quise contarle esto que no sé si se lo conté alguna vez, pero entre la charla y la angustia de no haberlo visto bien, se me pasó.

Por las vueltas increíbles que tiene la vida, Mati, el penúltimo de los seis hijos de Edu, está estudiando periodismo deportivo en mi escuela. Ayer, sin saber que todo iba a pasar tan rápido, le escribí a la madre: “Dejámelo a mi”.

Te debo una grande, Edu.

JB

 

Preguntas

Clasificado bajo Sensaciones, UAR | el 03-01-2017 |

22

Ante una nueva temporada, y distintos desafíos, surgen varias preguntas con lo que respecta al futuro del rugby argentino. ¿Cómo va a ser el 2017 en nuestro rugby?¿Qué cosas se corregirán del 2016?¿En que aspectos se mantendrán las convicciones, y se seguirá apostando a lo mismo?.

El año que pasó fue totalmente novedoso, e intenso. El plantel de jugadores contratados resultó muy corto, y se tuvo que improvisar sobre la marcha con hombres que dieron muy rápido el salto del rugby amateur al profesional. Los Pumas culminaron el año fatigados física y mentalmente, con un pobre rendimiento en la Ventana Internacional de Noviembre. La mala planificación de viajes, los minutos de cada jugador, y las pocas variantes en ciertos puestos dio un saldo negativo, aunque cada integrante de estructura de la UAR deja en claro que no se buscan resultados inmediatos, sino llegar de la mejor manera el Mundial de Japón 2019.

Dentro de las incógnitas planteadas anteriormente, surgen preguntas mas puntuales en lo que se refiere al rugby de alto rendimiento. ¿Qué diferencias de nombres se van a ver entre los contratados con respecto al 2016?¿Que criterios  se tendrán en cuenta en la rotación de nombres, sobre todo en Jaguares?¿Qué pasará con los talentosos jugadores sin contrato que vienen surgiendo, y podrían ser tentados por equipos europeos?¿Quién reemplazará al neozelandes Greg Peters en el puesto de General Manager?.

Para ampliar la base, los jugadores tienen que sumar minutos en cancha. La temporada pasada no fue la mejor en ese aspecto, y no se produjo la rotación necesaria en algunos puestos como el de hooker, medio scrum, apertura y fullback. En la situación del cansancio de los viajes, algo muy mencionado por los propios protagonistas, el 2017 será menos agotador que la primera aventura en el Super Rugby: habrá un partido más de local, y en la temporada regular no se viajará ni a Nueva Zelanda ni a Japón. Por su parte, en un principio, los Pumas jugarán sus tres partidos del Rugby Championship como local en Argentina, y se evitaría un viaje extra a Europa, y también al país Nipón, como en el 2016.

El tema de las posibles idas, no escapa a las preocupaciones de la UAR. Los generosos contratos, la calidad de vida, y las cortas distancias de viajes en Europa, son una tentación para cualquiera que busca dedicarse al rugby profesional. El año pasado emigraron tres jugadores del sistema: Joaquín Paz, Axel Müller y Juan Pablo Estelles, quien extendió su vínculo con Northampton Saints. Con la aparición de grandes proyectos (varios Pumitas de Bronce), va a ser complicado concentrar tantos jugadores en un equipo profesional.

En el ámbito internacional, la mayor expectativa pasa por la gira de los British and Irish Lions por Nueva Zelanda. El gran momento de Inglaterra e Irlanda, que seguramente coparán la lista del conjunto que dirige Warren Gatland, chocará no sólo tres veces ante los poderosos All Blacks, sino también ante las competitivas franquicias Kiwis. Además, ¿Logrará Inglaterra superar el récord de Nueva Zelanda de 18 victorias consecutivas? lo conseguirá si se queda con el Grand Slam en el 6 Naciones que arrancará en febrero. Este torneo definirá los puestos del ranking para el sorteo de mayo del Mundial de Japón. ¿En que grupo quedarán los Pumas?.

Más allá del alto rendimiento, también hay algunas incertidumbres de lo que sucederá en el plano amateur. Con el nuevo formato del Top 12 de la URBA, hay clubes que podrían jugar hasta 34 partidos en la temporada, sin contar los encuentros amistosos. Si dudas un número elevado, teniendo en cuenta que son chicos que tienen otras obligaciones como el estudio, el trabajo y la familia, se pagan la cuota, y entrenan juntos tres días a la semana. ¿A qué apunta el rugby argentino con estas medidas?¿A que haya mejor competencia, y por ende más jugadores para el sistema, o simplemente a mejorar las condiciones del rugby amateur, que es a lo que se juega en casi todo el país?¿Cuál será el destino del Campeonato Argentino de Uniones, que estos últimos años cayó en el interés del público? ¿Cuales serán las consecuencias de los drásticos cambios en el scrum?.

Muchas preguntas y cuestiones, que el tiempo se encargará de responder. Se viene un nuevo año cargado de rugby.

NC

¡Salud!

Clasificado bajo Sensaciones | el 31-12-2016 |

18

Les compartimos el texto escrito por Ricardo Sabanes en el blog en 2008. ¡Feliz año para todos!

  • En un final de año en el que todo parece que termina pero todo vuelve a comenzar, te
    proponemos un brindis:
    Por las mujeres del rugby, las que van a ver jugar a sus hijos, sus novios, candidatos o
    maridos y que, como madres permisivas, aprueban que sus eternos niños se porten como
    salvajes durante un rato los fines de semana, sin mostrar su angustia cuando el suyo se
    golpea, ni pretender un lugar en la barra del pub cuando, después del partido, llega el
    momento de hablar de un juego de hombres (aunque ellas saben mucho). ¡Salud!
    Por los maestros de rugby, que nos enseñaron de chicos el espíritu del juego y la
    camaradería más fuerte antes que la técnica y las leyes, y nos soportaron en las giras;
    que nos enseñaron a contener el entusiasmo en la victoria y la desazón en la derrota; que
    con la excusa de enseñar repiten lo que más disfrutaron como jugadores: pisar la
    cancha, correr, pasar la pelota, embarrarse, ver las haches de cerca… ¡Salud!
    Por ese rugbier postergado que apenas entró un par de veces como sustituto en el tercer
    equipo; que sus mejores partidos los jugó soñando despierto y que llega al club todos
    los sábados a las 10:00, bolso en mano, para ver si queda un lugar en la Pre “C” y jugar
    de lo que sea, sentirse Richie McCaw por un rato y comprobar, así, que en el rugby hay
    lugar para todos… ¡Salud!
    Por los forwards, que se hacen llamar pack (jauría) hasta que transpirados, resoplando,
    sin aire ni piernas, van perdiendo la ferocidad del lobo. Con el sindicato de las primeras
  • líneas que dice poseer el secreto del rugby esencial; con las torres de la segunda línea
    que ven pasar la pelota sobre sus cabezas en cada lineout; con los alas, esos psicópatas
    especialistas en tacklear a destiempo al apertura contrario, y el octavo, el único que se
    nombra por su número, especie de nowhere man que siempre quiso jugar de back…
    ¡Salud!
    Por los backs, más criticados por sus propios forwards que por los del equipo contrario;
    con el único que sabe lo que es tener la pelota en las manos: ese medio-scrum que
    habla, habla y habla…; con el apertura que goza de la dispensa especial de patear la
    pelota donde la reciba; con los tres-cuartos, así llamados porque se pasan las tres cuartas
    partes del partido mirando cómo los forwards disfrutan con sus scrums, mauls, rucks y
    lineouts, hasta que la pelota llega al apertura que la vuelve a patear; con los centros que
    se entretienen cambiando de posición entre sí para no enfriarse y si alguna vez reciben
    un pase (nunca del apertura) corren a chocar contra la defensa contraria para que los
    forwards reanuden los rucks, mauls y scrums; con los wings, tan alejados de todo junto
    al touch, confundidos con los espectadores pero sin sus derechos: no pueden insultar al
    árbitro; y el full-back, ese solitario culpable de errar el último tackle frente a cinco
    atacantes cuando toda la defensa erró los anteriores… ¡Salud!
    Por los árbitros, verdaderos jueces de última instancia de un juego en el que las reglas se
    llaman “leyes”; que conocen sus mil y una interpretaciones aunque “no discutirás con el
    réferi” es la principal; que a veces pueden cambiar de parecer, y en medio de una
    explicación paternal lo piensan mejor y te envían al sin-bin; que hablan, hablan, y
    hablan más que los dos medio-scrums juntos pero que, sin ellos, no sería posible
    jugar… ¡Salud!
  • Por los dirigentes, que jugaron sin hombreras ni protectores bucales y que si dejaban la
    cancha era por extremaunción; que organizaron y administraron el club para que
    nosotros pudiéramos aprender a jugar y a criticarlos; que nos pasaron la pelota para que
    algunos organizáramos y administráramos el club para que jugasen nuestros hijos, los
    hijos de los amigos y los nuevos, y para que nos criticaran; que acertaron y se
    equivocaron, que no se llevaron ni un centavo (apenas una corbata regimental) y que
    pusieron mucho, mucho… ¡Salud!
    Y por los que partieron de gira y que ahora, allá, deben estar organizando un tercer
    tiempo de aquéllos, mientras el eterno William, haciendo gala de una gran indiferencia
    por las reglas del foot-ball que se jugaba en aquellos tiempos, les muestra cómo corrió
    con la pelota en las manos y apoyó el primer try de la historia en el Close de Rugby
    School, en Warwickshire… ¡Salud!
    [este saludo se publicó por primera vez en el blog periodismo-rugby en diciembre de
    2008. Lo escribió Ricardo S.

Mudanza

Clasificado bajo Sensaciones, Textos | el 28-12-2016 |

44

Encontré una libretita de cuando tenía 16 o 17 años. ¿O 15? Desde esas edades, más o menos, iba escribiendo en una libreta pequeña, como las que uso ahora, todo lo que me iba ocurriendo en el año, a modo de diario -que se suponía que era algo que sólo hacían las jovencitas- pero con la particularidad que cerca de Navidad, un par de días antes o un par de días después, ensayaba una especie de balance de mi año. Con un estilo muy parecido a los balances que empecé a escribir no mucho después en el periodismo; balances de todo el año deportivo, del tenis o del rugby. Durante varios años edité en Clarín un suplemento de 32 páginas con los hechos deportivos más importantes de la temporada, escrito por los distintos enviados especiales y especialistas de cada deporte. Quizá en unos días haga otro balance, en este caso del rugby 2016, y para La Nación, el diario para el cual escribo desde 2006, cuando me fui de Clarín. Pero volviendo a esa libretita de la adolescencia con la que me volví a topar, me sorprendió mi letra, mucho más clara que la que tengo ahora, y también con la descripción que iba haciendo de mi vida: los deportes, las materias (terminé el secundario invicto: en los 5 años me llevé como mínimo una) y, especialmente, las chicas. Iba poniendo cómo me iba con ellas -generalmente mal- y, lo más gracioso, es que muchas ni se enteraban, ni se enteraron incluso, de mi amor platónico.

El encuentro de la libretita ocurrió en el marco del que fue uno de los mejores momentos de mis últimos años: la mudanza. Es verdad todo lo agotador que escuché sobre las mudanzas –porque además también, y al mismo tiempo, hubo una mudanza de mi hijo, que se fue a vivir solo; otro paso trascendental en la vida de ambos-, pero en mi caso significó una bendición. No sólo porque me fui de un departamento y de una dueña que ya no soportaba, sino porque al irme de un 3 ambientes amplio a uno de 2 minúsculo -pero cómodo y precioso, con un dueño mucho más amigable- tuve que hacer una enorme limpieza, propia de alguien que junta papeles y que tiene el defecto de la postergación (dato: faltaba una semana para mudarme y yo, como si nada). Esa limpieza fue sanadora porque, principalmente, significó terminar también con la mudanza de lo que dejó mi madre.

Beba, mi madre, murió el 20 de enero del 2013, pero yo terminé de abrir las cajas que quedaron de esa mudanza en abril del 2016. No tenía ni idea que había en esas cajas. Incluso, llegué a pensar que varias eran para tirar. Pero ahí adentro no sólo estaba esa libretita, que mi madre habrá guardado cuando se mudó tras la muerte de mi padre (soy hijo único), sino decenas y decenas de fotos, de objetos y de adornos. Tesoros casi todos.

Pasó ya un tiempo, pero todavía me veo sentado en la cama, riendo y llorando, revisando esas fotos en las cuales mis padres, mis abuelos y mis tías están sonriendo en momentos felices de sus vidas. Ahí estoy yo también, chiquito, en la playa, en el club, en el colegio, en la casa de mis abuelos, en el jardín del departamento de Juncal 3156 y con mis amigos, que son los mismos de ahora. Hay vida en todas esas fotos. Hay una infancia que agradezco. Y, ¡oh!, hay varias fotos, todas sacadas por mi padre, que cultivaba su amor por la fotografía, en las que estoy leyendo diarios y revistas. O haciendo que leía, porque no tenía más de 5 o 6 años. Estaba claro que iba a ser periodista. Esas fotos, la libretita, los cuadernos de River y la Fórmula 1 hechos a mano cual si fuesen diarios o revistas… No sé dónde estaría sino hubiese elegido el periodismo tras dos tortuosos años de estudiar Medicina.

La mudanza trajo limpieza y recuerdos, y esa libretita, que creo que me la regaló el padre de mi amigo-hermano Pablo, “La Larva”, me inspiró a escribir estas líneas a modo de mi balance. Como cualquier mortal, mi año tuvo de todo. Hechos gratificantes (viajes, crecimiento personal, sentimental y profesional, algo de paz interior, algo, y procesos de recuperación sanadora), algún que otro disgusto (el círculo rojo del rugby tratando de echarme de La Nación; cosa que no lograron), alguna que otra preocupación económica y, lo más triste, la muerte de seres muy queridos.

El Yuso, Jorge Giussani, nuestro celador del colegio desde segundo o tercer año, y, más tarde, nuestro amigo, se fue de gira hace unos días después de darnos una lección de grandeza sobre cómo afrontar un cáncer asesino. Nunca olvidaré cuando el año pasado se vino hasta San Isidro a decirme que tenía que viajar al Mundial de rugby. Yo venía de dos internaciones por divertículos y un par de médicos me habían aconsejado no ir. El Yuso, con un cáncer que ya lo había debilitado, me dijo: “Andá y divertite”. Y fui y me divertí. Peleó hasta el último momento con dignidad el Yuso. Fue hasta que no dio más a jugar al tenis todos los días a CUBA de Palermo y, casi sin fuerza, fue al casamiento de Flopi, la hija de Boqui, unos días antes de morir.

Gallina y cubanito rabioso, pero también fana del tenis, el Yuso se había transformado en un hincha condicional de Del Potro. Estando en los Juegos Olímpicos de Río con Tairon y nuestros hijos, nos pidió que le consiguiéramos la remera de Argentina que usó Delpo en ese torneo. Imposible encontrarla. A la vuelta, lo llamé al amigo Jorge Viale, jefe de prensa de Del Potro, le conté la situación e hice lo que no hago nunca: la pedí cualquier cosa de Del Potro. “Voy a ver si te consigo una pelotita firmada”, me contestó Georgio.

Un par de días antes de la final de la Davis, Viale me llamó para decirme que tenía la pelotita. La mandé a buscar y se la llevé al Yuso a la casa. El viernes, mientras empezaba la final contra Croacia, me escribió: “estoy viendo el partido con las tres pelotas…” Lloró con la conquista de Delpo y equipo. Se fue con la Davis y con la Copa Argentina ganada por River.

El 2016 se llevó a dos compañeros de secundaria del San Agustín: Pablo Vimo y Marcelo “Chicho” Arias. No eran amigos míos, pero con ellos pasé varios años compartiendo una clase y alguna que otra salida, especialmente con Chicho. La muerte de ambos, una atrás de otra, me golpeó más de la cuenta. Primero, porque tenemos 58 años, una edad en la que se supone que debemos seguir vivos. Pero, sobre todo en el caso de Pablo, porque me trajo escenas de mi infancia y adolescencia que no me gustan. A Pablo lo volvimos loco, como lo hacíamos con todo aquel que no practicara ningún deporte ni fuese hincha de ningún club. Éramos muy crueles, porque veníamos de un sistema en el que ganaba el más fuerte o el que mejor se rodeaba. A mí, siempre chiquito y flaquito, no me quedó otra que meterme en el segundo grupo. Nos burlábamos y hacíamos cosas tremendas de las que todavía hoy nos sorprendemos y, a veces, nos seguimos riendo. No se hablaba en aquellos tiempos del bullying, y lamento que no haya sido así.

Hace unos meses, cuando Pablo, mi amigo-hermano, vino de Misiones, nos juntamos varios en lo de Fernandito y Tito sacó el tema. Uno dijo: “Pero yo no le hacía nada”, y Tito, certero, añadió: “Pero te reías de lo que le hacían, y eso quizá es mucho peor”. Me vi ahí y no me gustó nada. Por eso trato hoy de perdonarme y, especialmente, de reparar.

También se fue el Conejo Gasparini, uno de mis maestros en el periodismo. Compañero de múltiples redacciones –Goles Match, La Voz, La Razón, Somos- y en todo el recorrido de Deportea, el Conejo me contagió el amor por el oficio y la rapidez para resolver una edición. Además, cultivábamos el amor por Lito Nebbia y Genesis. Una enfermedad cruel, la misma que se llevó al Negro Fontanarrosa, lo mató en meses. Aún se lo extraña.

Este año ha sido famoso por la muerte, precisamente, de una larga lista de famosos. Pareciese que nunca hubo tantos muertos en un mismo año. La gente anda escribiendo en las redes sociales “andate 2016”. Mis amigos y yo lo hemos sufrido, pero prefiero anteponer la vida y recordarlos desde ese lugar.

Este texto empezó con la libretita de los balances de adolescente y con la mudanza que permitió abrir esas cajas que contenían la historia de gran parte de mi familia. Y con eso voy a cerrarlo, agregando que desde hace un tiempo, quizá por efecto cascada, vengo sintiendo deseos de otras mudanzas, aunque no sé de dónde ni adónde, pero como que alguna está pronto a concretarse. O no. Lo concreto es que en mi nuevo departamento está repartido todo lo que había en esas cajas que me quedaron cuando murió mi madre y que tanto tiempo permanecieron cerradas. Ahora, las fotos están guardadas prolijamente en otras cajas. Los discos de jazz (la debilidad de mi padre), de Muddy Waters y de los Beatles suenan en el tocadiscos. La caramelera tiene caramelos y chocolates, como la tenía siempre llena mi madre. Los floreros tienen flores. Los cuadros están colgados. Más libros desbordan las bibliotecas. Los adornos están en los muebles y en las esquinas.

Mis padres están ahí, conmigo.

Hay vida.

Vivo.

JB

Cabo

Clasificado bajo Sensaciones | el 25-12-2016 |

19

Lloraba de emoción y alegría, Alberto Camardón. Su club de toda la vida, Belgrano Athletic, acababa de salir campeón en el CASI. Había llegado a verlo. Fue artífice como conductor en el título de 1968 y, ese sábado de sol, estaba en la platea de atrás del arco que da a la pileta junto a otros amigos de años y años, que también lloraban y lo abrazaban. El Cabo Camardón se fue de gira viviendo el rugby hasta el último instante. Fue el rugby mismo. Todo lo que había que ser. Simpático, respetuoso, de gran oído antes que gran boca, divertido y, también, un hombre del juego, conocedor de cada uno de sus detalles. Jugador, entrenador, árbitro, dirigente, misionero del juego. Un prócer del rugby argentino.

Nació el 31 de marzo de 1931 en Santiago de Chile. En Belgrano ya había impuesto la preparación física antes de 1965, cuando junto a Angel Papuchi Guastella tomaron la conducción del seleccionado argentino que en Sudáfrica encontré el bautismo como Pumas. Cuestiones del destino: Camardón y Guastella nacieron el mismo año y se fueron de gira el mismo año. Ahora estarán armando un entrenamiento o un tercer tiempo allá arriba. Seguro.

El Cabo Camardón es el que está corriendo al lado de Marcelo Pascual en esa foto inmortal del rugby argentino, la del try a los Junior Springboks. Alberto fue el juez de touch esa tarde, justo del lado donde Pascual corrió hacia la gloria. “Dale, dale”, le gritaba Alberto. Ahora los dos también estarán juntándose allá arriba.

Como con su hermano, El Abuelo, de Alumni y papá del Puma Gonzalo. Familia de rugby.

Si Papuchi era el ojo clínico y el armador de grupos, el Cabo era el que tomaba las decisiones más importantes y, también, el que aprobaba cada vez que los jugadores salían a divertirse. Uno de los que más entusiasta cantaba la canción La Paloma, el emblema de los Pumas del 65. Fueron, Camardón y Guastella, la dupla de oro del rugby argentino.

Su maravillosa mujer lo acompañó hasta último momento. Lo llevaba a todas partes, porque hacía un tiempo que Alberto no estaba bien de salud. Se ha ido de gira una leyenda. Uno de esos seres indispensables, que tanto le han dado al rugby.

Buen viaje, Maestro.

JB

Norte

Clasificado bajo Internacionales, Sensaciones, Test-matches, Ventana Noviembre | el 30-11-2016 |

28

 

La Ventana Internacional de Noviembre tuvo una clara reivindicación de los equipos del hemisferio norte, luego de un flojo 2015 en el que los máximos referentes del sur coparon las semifinales en la casa de los inventores del rugby. A falta de un apasionante Inglaterra-Australia, que cerrará el próximo sábado el calendario de las potencias, los equipos europeos reivindicaron su estilo, y la mayoría llega en alza para lo que hace prever un gran 6 Naciones a partir de febrero, que además definirá las posiciones finales de cara al sorteo del Mundial de Japón 2019.

Mucho se ha discutido en el ambiente del rugby sobre los estilos que proponen los equipos del sur y los del norte. La audacia y los riesgos que se toman en el Super Rugby traducidos a los test matches, contra el rugby más táctico que técnico de los europeos, que acabaron con los fantasmas del 2015 y tuvieron progresos no sólo en los resultados, sino que también en el juego.

La resurrección del rugby inglés fue la gran novedad que tuvo el 2016, luego del fracaso en su Mundial, donde quedó afuera en primera ronda. Eddie Jones agarró las riendas del equipo, y le imprimió mucha confianza y convicción, que se demuestran partido a partido. A la espera del último duelo del año ante los Wallabies, un encuentro muy caliente en la previa, la Rosa ganó los 12 test matches que disputó, con hechos históricos como volverse de Oceanía por primera vez con los tres partidos ganados, superar a los Springboks luego de 10 años, y lograr un Grand Slam en el 6 Naciones después de 13 temporadas. Jones afianzó un equipo golpeado con muchísimas críticas, y le introdujo un estilo marcado, traducido a la cancha por un grupo de jugadores convencidos.

Irlanda fue otro de los puntos altos en este 2016, pero sobre todo en la Ventana de Noviembre. El equipo que dirige el neozelandés Joe Schmidt dio uno de los golpes del año al superar a los All Blacks por primera vez en su historia, rompiendo además la racha de 18 triunfos de manera consecutiva. El Trébol, que además venció a los Wallabies y Canadá, y cayó en la revancha ante los hombres de negro, vive un proceso de recambio generacional, donde poco a poco va introduciendo al primer equipo jóvenes con gran futuro como Garry Ringrose, Josh Van der Flier, Tiernan O’Halloran, Joey Carbery y Tadhg Furlong, entre otros. Sus equipos atraviesan un gran presente en el Pro 12, y el seleccionado M-20 fue finalista en el Mundial Juvenil. A pesar de tantos cambios, y de la buena cantidad de lesiones que viene sufriendo en los últimos años, Irlanda dio un salto de calidad, y se perfila como uno de los grandes animadores del 2017. Si se habla de salto de calidad, Escocia es un claro ejemplo bajo el ciclo de Vern Cotter. El Cardo, que a partir de junio de 2017 contará con Gregor Townsend como nuevo entrenador, consolidó una base de jugadores que se desempeña en Glasgow Warriors en gran nivel. Con esta base, sumado a hombres que son figuras en la Premiership, Escocia cayó como en el último Mundial sobre el final ante los Wallabies, y superó a los Pumas y a Georgia. Aún le resta madurez y regularidad para pelear con los grandes, pero va por el buen camino.

Los equipos que generan más dudas que certezas son Gales y Francia. El Dragón, conducido por Rob Howley hasta que Warren Gatland finalice la gira de los British Lions por Nueva Zelanda, encontró resultados en noviembre, pero se estancó en el juego. Los números indican que superó a Argentina, Sudáfrica y Japón, y que cayó ante Australia, pero en la cancha sólo mostró algunas individualidades destacadas, como Ross Moriarty, Alun Wyn Jones, Justin Tipuric y Liam Williams. Después de eso, hubo muy pocos argumentos de un equipo que parece haber tocado su techo, y necesita nutrirse de jóvenes que le den un aire nuevo. El otro seleccionado que genera dudas para 2017, es Francia. ¿Cuál es la verdadera Francia?¿ La que terminó anteúltima en el 6 Naciones, y hasta estuvo a punto de perder de local ante Italia, o esta versión mostrada en las últimas semanas, donde en gran parte del encuentro tuvo contra las cuerdas a los All Blacks? El conjunto que dirige Guy Noves dio claros avances durante este mes, con una goleada a Samoa, y dos buenas producciones aunque con derrotas ante Australia y Nueva Zelanda. Con varias caras nuevas de buen rendimiento (Sebastien Vahaamahina, Kevin Gourdon, Brice Dulin, Charles Ollivon y sobre todo Baptiste Serin), y backs muy desequilibrantes (Wesley Fofana, Virimi Vakatawa y Noa Nakaitaci), Francia ilusiona a sus hinchas con volver a ser un equipo más acorde a su rica historia. Aún le resta encontrar un apertura fiable, que sea consistente, algo que sufrió estos últimos años.

A pesar del histórico triunfo ante unos deslucidos Springboks, Italia no logra encontrar su mejor forma. La base de jugadores de primer nivel es muy corta, y noviembre terminó con una derrota ante Tonga. El entrenador Conor O´Shea tendrá mucho trabajo por delante.

Con unos All Blacks mejorados, unos escalones por encima del resto, unos Wallabies irregulares, pero que terminaron encontrando un buen funcionamiento, unos Springboks sin identidad, rebeldía ni carácter, y unos Pumas que retrocedieron varios pasos en un año totalmente nuevo, las potencias del norte cerraron un gran noviembre. Ahora queda ratificarlo durante tres años, para llegar de la mejor manera a Japón 2019. El primer paso será el 6 Naciones que arrancará en poco más de dos meses, que tiene la novedad de que se romperá con la tradición de otorgarle dos 2 puntos al ganador, y se adaptará al sistema de World Rugby de puntos bonus.

NC

Fin

Clasificado bajo Análisis, Inglaterra, Pumas, Sensaciones, Ventana Noviembre | el 26-11-2016 |

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Los Pumas cerraron un año traumático, con una derrota por 27-14 ante Inglaterra. Jugando prácticamente todo el partido con un hombre más, por la temprana expulsión del wing Elliot Daly , el equipo argentino mostró otra floja versión, y se fue con tres derrotas en tierras británicas. En un año totalmente nuevo para nuestro rugby, habrá que corregir muchas cosas para progresar en el juego.

En unos primero diez minutos que pasó de todo, se pudo haber modificado el rumbo del encuentro: A los 4 fue bien expulsado Elliot Daly por una carga imprudente hacia Leonardo Senatore, que se vio obligado a dejar la cancha en su vuelta como titular al equipo. Además, Santiago González Iglesias, otro que volvía al XV salió lesionado a los 7 minutos, mientras que Juan Martín Hernández, con un temprano golpe en la cabeza pudo seguir y jugar en encuentro completo. Inglaterra, único seleccionado de primer nivel invicto en el año, llegaba como claro candidato a llevarse el duelo, pero la temprana expulsión condicionó su favoritismo, y emparejó la cuestión. Aún así, la Rosa se las ingenió para dominar el trámite. Con un gran estratega como Eddie Jones en el banco de suplentes, Inglaterra escondió sus debilidades, y con una defensa brillante jugó al error de los Pumas, que volvieron a mostrar falencias, y un desgaste mental y físico. Además de la defensa, el local ejecutó de manera excelente con el pie, complicó todas las pelotas aéreas, usó bien el maul, y fue claro dominador del breackdown, un arma fundamental en el partido. Con jugadores como Courtney Lawes, Chris Robshaw, Dylan Hartley, y la figura del partido Tom Wood, Inglaterra se hizo fuerte en esa faceta, y dejó en claro la convicción que tiene el equipo, y porque es uno de los mejores del mundo.

Los Pumas no encontraron los caminos para lastimar a su rival, y apenas tuvieron algunos destellos entre el final del primer tiempo, y el inicio del segundo. Varios buenos empujes en el scrum, provocaron la amarilla de Dan Cole (esos 10 minutos también salió Wood), y el try de Facundo Isa, nuevamente una de las figuras de los Pumas. Ante 13 jugadores el equipo argentino fue superior, y en los primeros minutos del complemento Santiago Cordero llegó al try después de una fantástica jugada colectiva. El resto del partido, los Pumas volvieron a cometer los mismos errores que no les permiten progresar: Flojo uso del pie, malas decisiones, y el aspecto que ya es un dolor de cabeza, la indisciplina. En total cometieron 17 penales, una barbaridad teniendo en cuenta que tuvieron más del 65% de la posesión de la pelota. La defensa, un punto en el que se había mejorado ante Gales y Escocia, también volvió a fallar: Los Pumas realizaron 53 tackles, pero erraron 17. Juan Martín Hernández, que después de varios partidos se volvió a poner la 10, tuvo un mal rendimiento y cometió muchos errores y pérdidas. Matías Orlando, de buenas producciones como centro, no se termina de afianzar como wing. La expulsión de Enrique Pieretto, sin duda la peor imagen de la tarde de Twickenham.

Isa

Dentro del flojo encuentro, hubo también aspectos positivos, e individualidades que mantienen un nivel parejo. El line poco a poco se consolidó, y hoy es arma confiable del seleccionado. El scrum en el final del primer tiempo fue excelente, ante un rival con jugadores de categoría. Con los cambios en la segunda parte, Inglaterra fue superior en esa faceta. Agustín Creevy tuvo una muy buena producción liderando desde el juego, al igual que dos jóvenes llamados a hacer historia en los Pumas: Facundo Isa y Pablo Matera, posiblemente los dos mejores jugadores del año entre Jaguares y Pumas. Además, se vieron algunas cosas positivas de Matías Moroni, Javier Ortega Desio, los minutos que estuvo Tomás Lezana, y las buenas intenciones de Juan Pablo Estelles, una gran variante pensando en 2017.

Estelles

Ya habrá tiempo para hacer un análisis más profundo de lo que fue este difícil año para el rugby argentino. Un claro retroceso en el juego, giras y partidos mal planificados, pero también la aparición de buenos jugadores, que se afianzaron en el seleccionado, y le pueden dar mucho al equipo en los próximos años.

Declaraciones

NC

Crédito Fotos: Prensa UAR, England Rugby