
En todo proceso de transición de un equipo, como es el que están viviendo Los Pumas post Bronce 07, los resultados son importantes, pero mucho más las actuaciones. Hoy, el seleccionado argentino cumplió con los dos axiomas en la destemplada tarde en el Fortín de Vélez: goleó y jugó un rugby de primerísimo nivel. El 41-13 a Francia, la mayor diferencia ante una potencia del tenor del campeón invicto del 6 Naciones, significó un claro paso hacia adelante y hundió, al menos por ahora, el mar de dudas que surgieron una semana atrás en la derrota contra Escocia.
Los Pumas jugaron un rugby completo, de equipo. En ese escenario brilló Felipe Contepomi. El capitán las hizo todas: puso siempre el equipo adelante, tackleó, apoyó dos tries para la galería (el primero, una joyita para verlo por tele una y mil veces), pateó a los palos de maravillas (5 penales y 3 conversiones) y, por si fuese poco, alcanzó el récord argentino de más puntos en un test (31) que tenía el cordobés José María Luna en la Copa Latina de 1995, en el 51-16 ante Rumania. Díficil encontrar en la leyenda del seleccionado una actuación individual de esta envergadura.
Atrás del mellizo se encolumnaron los otros, con también picos altísimo de Juan Fernández Lobbe, autor de otro try, el primero, sensacional. En sus 20 metros, Corcho embolsó la pelota (dicen que la última que se le cayó fue en un entrenamiento en Inglaterra hace tres años…) y emprendió una carrrera plena de potencia y velocidad. Con el timming justo se la dio hacia adentro a Martín Rodríguez, quien entró como un rayo desde el fondo. Y el rosarino le devolvió la pared para apoyar al lado de la bandera.
La eterna primera línea, con Martín Scelzo cumpliendo su test número 50, también fue decisiva en un pack arrollador, que llevó la bandera del test para que, desde ahí, los backs -picantes y veloces como no se los había visto hasta aquí- establecieran diferencias. Además de los dos tries de Felipe, hubo otro, el tercero, que recordó -como también esta actuación y resultado- al de Federico Martin Aramburu en el partido del tercer puesto del último Mundial en el Parque de los Príncipes: casi llega primero al try Lucas González Amorosino sobre la izquierda,y apoyó Rafael Carballo, el otro wing, sobre la derecha, tras un salteo.
Los Pumas evitaron el juego con el pie, que podría haber sido suicida ante un equipo como el francés que es experto cuando la pelota está viva en sus manos. Tuvieron amplio dominio de posesión y control, y establecieron una batalla que comenzaba con los forwards atacando por el centro de la cancha para después, sí, largar a los backs.
Fue, en ese sentido, clave el control. Esta vez a Los Pumas no se les cayó la pelota. Y jugaron con la locura que indica la historia, pero llevando adelante un plan de rugby de varias fases, yendo siempre para adelante.
Desde aquí siempre se planteó la paciencia y la fe para este proceso. En innumerables ocasiones. También hay que reconocer que esa opinión tuvo un vuelco fundamentalmente el sábado pasado, cuando, a nuestro juicio, Los Pumas estuvieron cerca de tocar fondo. Pero hoy, el ánimo es otro. Es verdad: la realidad del seleccionado no es ni aquella de la derrota con Escocia ni ésta del triunfo con Francia, pero está muchísimo más cerca de éste sábado en Vélez que de aquel en Mar del Plata.
Está claro también que el rendimiento es otro cuando se juntan semanas de entrenamiento. Por eso, si el equipo puede encerrarse el tiempo suficiente antes del Mundial de Nueva Zelanda del año próximo, hay motivos para soñar. ¿Cuántos rugbiers hay en el mundo como Felipe y Corcho? ¿Cuántas primeras líneas? ¿Cuántos Albacetes? Y ni hablar de cuando esté para regresar Juan Martín Hernández.
Habrá que seguir trabajando para enmendar errores que en este partido quizá pasaron desapercibidos por el resultado final. Pero Los Pumas volvieron a cometer muchos penales (15; 6 en el primer tiempo y 9 en el segundo) y hubo algunas deficiencias en el tackle, como en el único try francés, cuando el poste no tomó al apertura Francois Trinh-Duc.
Terminó siendo una fiesta este regreso a un escenario que suele regalarle satisfacciones al seleccionado. Con la gente aplaudiendo de pie a los jugadores en la vuelta olímpica final y coreando el nombre del capitán luego de cada uno de sus dos tries (celebrados frente a la tribuna a lo Riquelme, imitando al Topo Gigio). Una lástima que el estadio haya presentado tantos claros, más teniendo en cuenta que habrá que ver cuándo Los Pumas volverán a presentarse en Buenos Aires. Un tema de atención para la UAR, aunque será cuestión de otro post.
Actitud, juego, concentración, orden, equipo, individualidades. A Los Pumas les volvió el alma al cuerpo. Es una gran noticia.