JW

Clasificado bajo Perfil | el 30-05-2014 |

34

Mañana será el último partido del apertura que marcó una nueva era en el rugby. Jonny Wilkinson dejará de jugar pero antes buscará un nuevo título en su maravillosa carrera, cuando con el Toulon intente capturar el Top 14 francés en la final ante el Castres, en el Stade de France de París. Viene de coronarse por segunda vez en la Heineken Cup…

Leyenda, goleador serial con sus dos piernas, tackleador implacable, caballero del perfil bajo, estratego. Campeón del mundo en el 2003, finalista en el 2007, 4 Copas del Mundo, campeón invicto del 6 Naciones, máximo goleador de los Lions, 97 tests, 1.246 tantos. El domingo cumplió 35 años. Y se va en plenitud, como debe ser para una gloria del rugby mundial.

El periodista y maestro Fermín de la Calle escribió este extraordinario texto sobre su momento cumbre: el drop del título mundial, aquella noche de 2003 en Sydney.

Se lo extrañará al gran Wilko.

¿Cuál es el mejor 10 que hayan visto en su vida? Para mí el más completo ha sido JW. A nada, el gran Hugo Porta.

 

Bye

Clasificado bajo Crónica, Perfil | el 26-06-2009 |

17

Agustín Pichot se dará mañana un gustazo: jugará su último partido al lado de su familia, sus amigos de la vida y los que les dio el rugby. La cita es a las 16 en el club que lo vio nacer, el CASI. Con entrada libre y gratuita. Estarán en cancha sus hermanos Enrique y Joaquín, la banda del 74, ex compañeros del Atlético, Pumas de todas las épocas en las que Ficha vistió la celeste y blanca, y demás.

Para referirme a lo que significó AP9 en el rugby argentino me remito a este post que escribió cuando anunció el adiós a Los Pumas.

 

Rimas

Clasificado bajo Perfil | el 22-06-2009 |

15

Un integrante del staff que conoce bien la intimidad de Los Pumas desde el Mundial del 99 decía en confianza el jueves, en el bar del impactante hotel en el cual el plantel se concentró con vistas al partido con los Barbarians Franceses: “¡Hay que hace algo para que el Flaco Rimas siga! ¡Cómo lo vamos a extrañar!”

A veces las apariencias engañan: Rimas Alvarez Kairelis (este último, apellido materno, de origen lituano), el Flaco Rimas para todos, da la sensación, desde afuera, de un tipo de poco díalogo, parco, metido para adentro. No dirán lo mismo sus compañeros que son los que, al fin, lo conocen en serio. Rimas, que ya no vestirá más la celeste y blanca Puma, fue un tipo fundamental en este grupo que se armó en el seleccionado en los últimos años. Sobre todo, por su don de bien.

Donde no engañan las apariencias es en lo que entregó por la camiseta. Como en las habitaciones de los adolescentes con los pósters, en la cara de Rimas no hay más lugar para cicatrices. Cejas, pómulos y uno o los dos ojos en permanente estado de compota. Tanto que uno no sabe si está siempre serio o si eso es producto de una mirada signada por los golpes y los cortes.

No ha sido un producto para el marketing y la prensa el Flaco Rimas. Ajeno a los flashes, es el típico forward en el buen sentido. Un forward con todas las letras. Lo suyo no es el lujo, sino el tirarse de cabeza a cada pelota suelta y a cada contrario que le pasa por al lado.

Nació en Pucará, lugar de Pumas inolvidables: Guillermo Ehrman, Aitor Otaño, Marcelo Pascual, Josi Palma y más acá en el tiempo, Lucas Borges. Marchó hace ocho años a Perpignan por consejo de quien heredó un lugar en la segunda línea Puma, el Turco Alejandro Allub. Y no se movió de ahí. Entrará a jugar su último año en el club catalán con un Top 14 bajo el brazo.

“Los Pumas me dieron todo, hasta mi familia”, resume. En efecto, tras la victoria en Cardiff a fines del 2001 conoció y se enamoró de Lisa, una galesa con la que tiene tres hijas, dos de ellas mellizas.

El sábado, el gladiador al que será difícil reemplazarlo, cumplió su última batalla. Y se retiró como merecía: bajo el respetuoso aplauso de pie de todo el estadio y en andas por su compañero, luciendo una camiseta Puma con el número 44, símbolo de la cantidad de test que jugó desde el Sudamericano de 1998. La estadística dice que apoyó tres tries, pero no indica cuántos tackles metió y cuántos lines ganó. Sería imposible contarlos. Ah, y para los que dudan de su ductilidad, fue partícipe del fantástico try por el tercer puesto. Fue el que recibió el doble salteo de Juani Hernández y el que le dio la última asistencia a Fede Martin Aramburú.

Fue imposible saber qué sintió el sábado. Qué había debajo de ese rostro cortado que no permite adivinar emociones. Las apariencias engañan. Tarde, pero el Flaco Rimas merecía el homenaje en este espacio. Como se apuntaba al comienzo: sí, se lo extrañará.

 

Presentación

Clasificado bajo Entrevista, Perfil | el 01-09-2008 |

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Guillermo Accame tenía un buen puesto en la empresa Indura y un sueldo que le permitía vivir sin mayores sobresaltos cuando un domingo se topó con un aviso en el diario La Nación que lo motivó a intentar nuevos horizontes. La Unión Argentina de Rugby (UAR) buscaba un CEO a través de una prestigiosa consultora (la de Gloria Cassano) y, entonces, este rosarino creyó que era la gran oportunidad para congeniar su profesión de ingeniero industrial con su pasión por el deporte que escogió desde chiquito. Imaginó, tal vez, que podía llegar a cruzarse con aquellos jugadores que miraba con devoción a través del alambrado de la cancha de Ferro y que ahora son dirigentes, como Hugo Porta y Alejandro Cubelli, o que quizá tenía la chance de charlar e intercambiar ideas con un referente en su puesto de ala, como Santiago Phelan, o hasta estar más cerca de sus dos grandes ídolos, Tomás Petersen y Jorge Allen.

Supuso, tal la característica argentina, que la chance de ganarse el puesto era una misión más que complicada, porque estimó que la elección iba a recaer en algún amigo o recomendado de la UAR. Cuando fue pasando etapas de la selección y vio que el asunto era en serio, lo encaró al gerente general de Indura, un fana del tenis, para decirle que era muy posible que se fuera. “Pensalo bien”, le dijo el hombre, al cual Accame convenció con un argumento simple: “¿Qué harías vos si te convocan para la Asociación Argentina de Tenis?”.

Accame pasó todos los procesos de selección y hoy, cerca de los 39 años (los cumple el 12 de diciembre), ya está ocupando el puesto de gerente general de la UAR (no es un CEO, porque no lo permiten los estatutos de la entidad), aunque en su tarjeta figura “General manager”. Asumió el 11 de agosto, dos días después del duro golpe que sufrieron Los Pumas en Johannesburgo, y debutó sin red: a la semana estaba recibiendo a Mark Egan y Morgan Buckley, los enviados del International Rugby Board (IRB) que este jueves pasarán un informe en Dublin acerca de cómo la Argentina está haciendo los deberes convenidos para que sigan llegando los fondos que al rugby de este país le corresponden por ser miembro del Tier1.

“No me dieron tiempo ni de acomodarme”, afirma Accame en el comienzo de la entrevista que le concedió a este blog y de la cual también participó el presidente de la UAR, Porfirio Carreras, cuyas importantes definiciones serán difundidas mañana por periodismo-rugby.

Carreras lo conoció la cara a Accame una vez que ya había sido elegido por el Consejo de la UAR y el nuevo gerente ya cumplió con aquel sueño de estar con Cubelli, Porta y Phelan. Con Agustín Pichot, el tema fue distinto: cuando Accame vivía en París, un amigo lo invitó a cenar con el medio scrum, al que conocía de sus tiempos del Richmond.

– ¿Cómo van estos primeros días?

– Me siento cómodo, aunque todavía no me pude sentar un rato con Porfirio para analizar cómo veo las cosas yo y cómo las ven los dirigentes. Ese intercambio considero que es clave para cualquier gestión, pero lo cierto es que estamos a full, corriendo de un lado para otro con las reuniones con la gente del IRB, el plan estratégico, los contratos, las cuestiones internas y, también, con la mudanza.

Ocurre que Accame no ocupará por mucho tiempo el despacho del entrepiso del viejo edificio de la calle Rivadavia 1227. El 1 de octubre la UAR pasará a instalarse en el tercer piso de Reconquista 150, en pleno microcentro porteño, en unas oficinas más amplias y luminosas que serán cedidas por cuatro años a través del contrato publicitario firmado con el Standard Bank sudafricano. “Nos dan todo listo, con muebles y todo. Sólo tenemos que llevar los papeles”, acota el flamante gerente.

– ¿Cuál será tu tarea fundamental?

– En principio, administrar con claridad y transparencia los fondos que enviará el IRB, sobre todo en lo que hace a la construcción de los 5 centros de Alto Rendimiento. También trabajaré en conjunto con la subcomisión de rugby profesional que se acaba de crear y será el representante de la UAR en las asambleas del IRB.

– ¿El debut será en noviembre?

– Sí (y Carreras asiente). Creo que es en medio de la gira de Los Pumas.

– ¿Cómo analizás la situación del rugby argentino?

– Creo que este es el típico desafío de una empresa start-up. Por momentos veo todo muy claro, con muchísimas posibilidades, y por momentos también lo veo muy complicado. Pero el rugby argentino tiene una enorme chance de dar un salto. Dependerá de nosotros.

– ¿Y qué sensación te dejaron los enviados del IRB?

– Ellos pretenden que vayamos más rápido, pero también entienden nuestra situación. En cuanto a nosotros, no sólo sacan una foto del rugby, sino de todo el país. Analizan desde la capacidad hotelera hasta el ticketing que se recauda en los partidos. Y no pierden de vista la situación del país en general.

Recién acomodado a su nuevo trabajo, no es conveniente por ahora seguir preguntándole sobre cuestiones en las que se está empezando a empapar y la idea de este post es, más que nada, presentarlo en sociedad.

Accame, camada 69, nació en Rosario y empezó a jugar al rugby a los 8 años en Gimnasia y Esgrima de esa ciudad. A los 19 se vino a estudiar a Buenos Aires y, entonces, tuvo que dejar. Antes, integró el seleccionado juvenil de Rosario que perdió la final del Argentino ante las Aguilas, en Comodoro Rivadavia.

Ya en Buenos Aires, decidió que debía seguir con el rugby. Estuvo en algunos entrenamientos en Banco Nación y en CUBA hasta que a través de unos amigos con los que compartía una pensión, recaló en el SIC, en el que jugó hasta la M23.

En el 2001 se marchó a vivir a Francia, enviado por la empresa Air Liquide. Una de sus primeras actividades afuera del trabajo fue ir a un partido de rugby. “Fui a ver al Stade Francais en su estadio y, de repente, vi que la gente se empezaba a ir. No entendía nada, porque además en ese momento no hablaba una palabra en francés (hoy domina ese idioma además del inglés). Hasta que alguien me explicó que el partido se había suspendido porque el pasto estaba congelado”.

En Francia siguió con su carrera de rugbier en una Liga que agrupa a ciudadanos de otros países.

Accame está casado y tiene dos hijos: Facundo, de 16 años, y Bautista, de 10: “El más grande no tiene cabeza de rugbier y por eso dejó. En cambio, el más chico sí”. Bautista juega en San Patricio.

Al momento de la foto que ilustra este post, se nota que no está para nada acostumbrado a las cámaras. Se para al lado de la barra que está a la entrada de presidencia como pidiendo permiso. Porfirio le muestra su celular multiuso y le avisa que los popes del IRB lo quieren conocer antes del cónclave de noviembre.

La gente que estuvo involucrada en su elección cuenta que no sólo es un hombre muy capaz, sino buena persona. Al rugby ha llegado alguien joven, que no está mezclado en las históricas internas de este deporte, pero que conoce el juego y su esencia. Es de esperar que lo dejen trabajar y que para analizar su tarea se le de tiempo.

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Clasificado bajo Especial, Perfil, Pumas-Boks | el 08-08-2008 |

17

El número que figura en este título identificó a Nelson Rolihlahla Mandela durante los 27 años que estuvo en prisión. Es un número que también revela algunos de los aspectos brutales y esclavizantes con los que se manejó el régimen de apartheid sudafricano durante más de cuatro décadas del siglo XX. Pero además es un número que Mandela, como todo lo que hizo en su vida, lo transformó en un símbolo de paz y esperanza. Es el número que lleva su Fundación que, entre otros objetivos, lucha contra el sida. De esa enfermedad murió a los 54 años, en Johannesburgo, su segundo hijo, Makgatho, algo que el mundo se enteró por boca del mismo hombre que hoy está celebrando sus 90 años.

No es casual que dentro de los festejos se haya incluido casi como plato principal un partido de rugby. Tampoco que el escenario sea el Ellis Park de Johannesburgo. Ni siquiera porque los Springboks son el emblema del deporte sudafricano. Ocurre que la relación de Mandela con el rugby es casi un símbolo de lo que él buscó para su país. Desde su celda en la prisión de Robben Island (hoy convertida en un lugar turístico), Madiba, como lo llaman sus compatriotas a raiz de un titulo honorario adoptado por los ancianos de su tribu, siempre deseó la derrota de los Boks porque consideraba, con razón, que eso significaba un golpe al apartheid. El obispo negro Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz en 1984, alguna vez sentenció: “No saben el beneficio que le hacen al régimen de segregación racial todos aquellos deportistas que compiten con Sudáfrica”.

En aquellos tiempos, Mandela aprendió a admirar, sin conocerlo personalmente, a Hugo Porta, mucho más cuando el apertura marcó los 21 puntos del triunfo de Sudamérica XV contra los Springboks, en 1982. Cuenta la leyenda que cuando Carlos Menem se reunió por primera vez con Mandela, éste lo recibió preguntándole por Porta y que esa fue la razón para que el ex presidente de la Argentina decidiera nombrarlo embajador en Sudáfrica.

Pero cuando el 11 de febrero de 1990 fue liberado luego de una larga lucha por los derechos de los negros, Mandela se propuso encarar la integración de Sudáfrica a través del rugby y, claro, a través de los Springboks, que históricamente habían sido los representantes directos de la raza blanca. Al asumir la presidencia el 18 de julio de 1991 de manos de Fréderick de Klerk -ambos Premio Nobel de la Paz en el 93-, el líder del Congreso Nacional Africano tomó la realización del Mundial como el eje a seguir. Y su lema de unión y paz evitó un río de sangre en Sudáfrica.

La leyenda también cuenta que para ello citó al capitán de los Boks, Francois Pienaar, y que le propuso trabajar en conjunto, algo que el fornido y rubio tercera línea, admirado por la humildad del líder, aceptó. Había dicho Mandela al ser enjuiciado a cadena perpetua en 1964: “Durante toda mi vida me he dedicado a esta lucha del pueblo africano. He peleado contra la dominación blanca, y he peleado contra la dominación negra. He buscado el ideal de una sociedad libre y democrática, en la que todas las personas vivan juntas en armonía e igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero poder vivir para ver realizado. Pero si es necesario, un ideal por el cual estoy preparado para morir”.

Afortunadamente, Mandela sobrevivió a un encierro en las más miseras condiciones humanas. Y parte de su sueño se cumplió el 24 de junio de 1995 en el Ellis Park de Johannesburgo. Ese día se dio el milagro: Mandela, negro, con la camiseta verde que había sido un símbolo de los blancos, le entregó la Copa del Mundo a Pienaar, blanco, capitán de los Springboks. Ambos con el número 6. Alrededor, 72 mil personas agitaban la nueva bandera de Sudáfrica y, blancos y negros, aclamaban a Mandela y a los Boks. Es, sin dudas, la foto más histórica de la historia del rugby.
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Es verdad: los All Blacks merecían ganar ese Mundial, pero el mundo necesitaba el triunfo de Mandela y los Springboks.

Este historia será llevada prontamente al cine. Clint Eastwood, quien ya ha incursionado como director con temas relacionados al deporte y a la cuestión racial con esa joya titulada Million Dollar Baby, está preparando El factor humano, un film que contará cómo Mandela aprovechó al rugby para integrar a Sudáfrica. Y retratará aquellos encuentros con Pieenar.

Mandela, llamado también cariñosamente mkhulu (abuelo) por su pueblo, cumplió 90 años el 18 de julio. Sudáfrica todavía necesitará años y años para ver si se termina de recuperar, pero todavía tiene a uno de los dos o tres héroes vivos que quedan en esta tierra. Hoy, hasta los Springboks tienen un entrenador negro y una estrella negra. Ahí está Bryan Habana estrechándole la mano mientras Madiba sostiene la torta de los 90 años. El rugby argentino, que durante mucho tiempo no logró comprender lo que pasaba en Sudáfrica, debe estar agradecido de haber sido invitado a este homenaje y a formar parte de la historia de un hombre sencillamente increíble.
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Ficha

Clasificado bajo Perfil | el 14-07-2008 |

80

Un viernes de noviembre del 2000, este cronista se encontraba en un elegante hotel de la elegante Richmond aguardando el test que al día siguiente iban a disputar los Pumas ante Inglaterra, en Twickenham. En el bar se topó con Derek Bevan, el galés que se había retirado como árbitro un año antes, en el encuentro entre argentinos y franceses por los cuartos de final del Mundial 1999. Tras un par de comentarios de rigor, Bevan recordó: “Para mi despedida me tocó un partido sensacional, pero mucho más porque ese día estuvo en la cancha un jugador extraordinario como Agustín Pichot”.

En ese mismo 2000, Pichot era capaz de jugadas como estas, vistiendo la camiseta de los Barbarians y ante los Springboks.

http://www.youtube.com/watch?v=9xqzHDIy-PQ

Aunque parezca mentira, poco antes de todo esto a Agustín Pichot se lo discutía en la Argentina. Que jugaba a otra velocidad, que no le convenía al juego de Los Pumas, que jugaba sólo para él y un montón de pavadas más que, por ejemplo, lo dejaron sin actuar ni un segundo en el Mundial de 1995, pese a que en su debut con la celeste y blanca, en ese mismo año, había apoyado un try ante los Wallabies, en Brisbane. Más aún: no eran pocos los que sostenían que al 99 tenía que ir como suplente. En realidad, no le perdonaban que en el 96, siendo todavía un pibe, haya decidido emigrar hacia el rugby profesional, precisamente al Richmond, club de la ciudad donde este cronista se topó con aquel comentario de Bevan.

Entre tantos dones, Pichot posee uno especial: nunca pasa desapercibido. Adonde vaya provoca ruido, seguramente porque tiene una mentalidad que lo lleva a conquistar cada uno de los objetivos que se propone. En la cancha y afuera. Es líder por naturaleza. Capitán por excelencia. En sus clubes (CASI, Bristol, Stade Francais) y en Los Pumas. Y en sus emprendimientos. Firmó con Nike y su línea de ropa es un éxito de ventas; lo llamaron para un cargo honórifico en Chubut y ya lo quieren como político y también le queda tiempo para dedicarse a una de las cosas que más le llenan su trajinada vida y de la que prefiere no hablar públicamente: la Fundación que ayuda a los niños de las comunidades indígenas de este país.

Como medio scrum es de esos que rompen el molde y por eso es inútil entrar en comparaciones. Tan inútil como discutirlo. Siempre está 10 segundos adelantado a la jugada. Veloz de manos y de cabeza, con un pique corto letal, guapo a la hora de tacklear (flashback: recordar cómo tumbó en la última pelota al octavo escocés cuando las papas quemaban en los cuartos de final del último Mundial), con un manejo de la base increíble y con una enorme inteligencia para dominar todos los aspectos del juego y del reglamento. Impone respeto a todos: compañeros, rivales, árbitros y público.

¿Y afuera de la cancha? Ante todo, incondicional con sus amigos, allí donde es más Ficha que en cualquier otro lado. Con los de la camada 74 del CASI y con los que se agregaron después. Familiero, capaz de derrumbar el personaje cuando habla de sus hijas. Inquieto, híperactivo, hasta chiquilín si se quiere. Simpático, entrador, piola, pero también firme y duro cuando hay que ir al choque por lo que él cree. Y frontal. Quien esto escribe lo puede afirmar. Cada vez que hubo un punto de vista distinto, que no fueron pocos, Agustín optó por no esconderse y tirar bosta por detrás, como hacen muchos.

¿Más de afuera? Líder para juntar a los referentes de Los Pumas en el 2006 y convencerlos de que no se perdía más. Y no se perdió más. Líder para encabezar los reclamos a los dirigentes. Y se logró lo que pedían los jugadores. Líder para no esconder su defensa del profesionalismo. Y se entendió que había que estar preparado profesionalmente para enfrentar a los mejores. Líder para preservar los valores del amateurismo dentro del profesionalismo. Y allí está el ejemplo de Los Pumas en el Mundial.

Lloró cuando el equipo quedó eliminado en el 99, pese a que segundos antes se había llevado una ovación inolvidable del Landoswne Road de Dublin, uno de los escenarios más míticos del rugby. Lloró cuando se perdió en las semifinales del 2007 con los Springboks. En ambos casos, él, sólo él, creía que se podía ser campeón. En el medio, se juró a si mismo que había que dar vuelta la historia del 2003, donde fue capitán y no rindió todo lo que esperaba.

Por todo esto, Los Pumas extrañarán más de la cuenta a ese 9 movedizo y que nunca pasó desapercibido. Al capitán por excelencia. A este que antes del test por el tercer puesto daba su última arenga.

Chino

Clasificado bajo Perfil | el 14-03-2008 |

18

Sábado 22 de junio de 1985.

El estadio de Ferro hervía. Los Pumas dominaban y le ganaban a la Francia de Serge Blanco. Sobre el cierre del primer tiempo, Hugo Porta se escapa por el ciego y coloca una bomba tremenda, envenenada. El mellizo Juan Lanza lo descoloca al frágil Eric Bonneval y la pelota queda picando adentro del ingoal. Como una ráfaga, Fabián Turnes, en su debut con la celeste y blanca, se arroja y apoya el try. Poco después, Los Pumas concretaban la primera victoria de su historia sobre los franceses.

Sábado 18 de junio de 1988.

El teléfono estremece la concentración de Los Pumas en la madrugada. Del otro lado de la línea comunican que la mujer de Rafael Madero está a punto de dar a luz. Faltaban horas para el primer test con Francia y el jugador del San Isidro Club (SIC) había sido designado por Rodolfo O’Reilly para ser el apertura. Unos días antes, Hugo Porta había dado un paso al costado. El seleccionado se quedaba sin 10, así que Michingo, en una de sus clásicas piruetas con los puestos, le dio esa camiseta a Turnes, que iba a estar como centro, pero que sabía del tema de sus épocas de juveniles. Ese día, en la cancha de Vélez, formó la pareja de medios con Daniel Baetti. Sí, el rugby tiene estas vueltas de la vida. Turnes tomó el puesto de su ídolo y compañero en Banco Nación y jugó al lado de quien ahora reemplaza como mano derecha en la conducción de Los Pumas. Otro dato: acertó un drop, aunque el equipo perdió.

Un sábado de primavera de 1986.

El viento soplaba enfurecido hacia el ingoal que defendía el Club Universitario de Buenos Aires (CUBA), que se había ido ganando 20-0 el primer tiempo y que ahora, ya en tiempo de descuento, tenía una ventaja de apenas dos puntos. En la salida de 22, la pelota le cayó a Porta. Todos fueron hacia él para taparle la patada, pero el apertura buscó rápidamente a Turnes, quien se la pidió metros antes de la mitad de cancha. Desde allí salió un tremendo drop. Banco Nación se quedó con el partido, lo desplazó de la punta a su rival y de allí en más no perdió más hasta alcanzar el primer título de su historia.

Son apenas tres postales de la brillante campaña de Turnes como jugador de rugby.

Turnes, el Chino para todos, nació el 12 de enero de 1965 en Olivos. Conoce qué significa reemplazar a Marcelo Loffreda. Le tocó ocupar su lugar en el centro de la cancha cuando Héctor Silva lo convocó para integrar el combinado de Hispanoamérica XV que en 1984 realizó una gira por Sudáfrica, en tiempos en los que ese país estaba boicoteado por su sangriente régimen de apartheid. Desde ese momento protagonizó una de las mejores parejas de centros de la historia junto a Diego Cuesta Silva.

Disputó 29 test y jugó el Mundial de 1987, siendo titular en los partidos con Fiji y los All Blacks. En este último se retiró lesionado. Después de cumplir con el año impuesto en aquellos tiempos para los que venían del rugby profesional, regresó al seleccionado en 1997, para la Copa Latina, donde integró el plantel con Santiago Phelan.

Su útlimo test, en noviembre de 1997, fue en el mismo escenario donde debutó: el estadio de Ferro. Y también con una victoria ante un grande, en este caso los Wallabies australianos. Era el más experimentado de un equipo en el cual Agustín Pichot empezaba a mostrar sus dotes de líder carismático.

Jugó en Banco en los períodos 83-88 y 96-98. En el medio estuvo en Italia. Fue de los primeros Pumas que se fueron al rugby profesional.

Cuando regresó, empezó su camino como entrenador. En Banco, en el Sub 21 y desde el 2006 en Buenos Aires.

Conocedor del juego, respetado en el ambiente, buen tipo, el Chino Turnes inicia ahora una nueva etapa en algo que le pertenece: la leyenda Puma.

Tati

Clasificado bajo Perfil | el 14-03-2008 |

21

-¿Dónde?

-Ahí. Derecho.

El díalogo se produjo en la helada noche del 20 de octubre de 1999 en el estadio Felix Bollaert de la ciudad francesa de Lens, mientras quince leones, que parecían treinta, protagonizaban una de las defensas del ingoal más memorables en la historia del rugby. El que preguntaba dónde estaban los de verde para ir a hacharlos a tackles era Santiago Phelan. El que le mostraba el camino mientras se multiplicaba junto a sus compañeros era Agustín Pichot. ¿El partido? Claro, ese con Irlanda, por el Mundial. Ambos con el carnet del Club Atlético San Isidro (CASI) y con el ADN Puma. En distintos puestos, con distintas características de juego y con distintas rutas en el el deporte de la ovalada, pero con el mismo espíritu y con idéntico cartel de líderes. Los dos, ahora de nuevo, protagonistas de un nuevo capítulo de la leyenda del seleccionado argentino. Porque el 9, el capitán, fue participe de la decisión de designar como entrenador a aquel ala desvastador.

Phelan, Tati para todos, nació el 31 de marzo de 1974 en San Isidro. Casi al mismo tiempo que empezaba el colegio abrazó su pasión por el rugby y por el CASI. Allí se formó como jugador y persona. Y fue forjando su condición de líder. Todas las divisiones lo tuvieron como capitán. Y fue campeón en todas. En Menores de 15, 17 (invicta), 19, Intermedia y del Nacional de Clubes de 1995. En este último, junto a Pichot, antes de que el medio scrum emigrara hacia el rugby profesional europeo. También fue capitán de Los Pumitas (92-93), del Sub 21 (95) y de Los Pumas, precisamente en su último partido con el seleccionado, ante Rumania, en el Mundial del 2003.

En Los Pumas debutó el 27 de septiembre de 1997, en el triunfo por 56-17 ante Uruguay, en el Sudamericano jugado en Chile. En ese año, durante la Copa Latina, compartió el plantel con Fabián Turnes, hoy su mano derecha en la conducción del seleccionado. A partir de allí forjó una formidable campaña con la celeste y blanca signada por una herramienta histórica en el rugby argentino: el tackle. Jugó 46 test y dos Mundiales: 1999 y 2003. También fue parte del equipo de Seven que alcanzó el tercer puesto en el Mundial de Mar del Plata del 2001.

Una postal de su época de jugador. De aquel famoso test con Irlanda quedaron la resistencia en los 9 minutos finales, el try de Diego Albanese y la puntería de Gonzalo Quesada. Pero a quienes tuvimos la dicha de estar ahí nos impactó en la memoria los hombros morados de Tati de tanto tacklear.

Ya casado, con hijos -hoy tiene cuatro- y con múltiples ocupaciones laborales, dejó el seleccionado tras el Mundial del 2003. En el CASI jugó un año más. Siempre prefirió quedarse en la Argentina.

Después de entrenar a múltiples divisiones infantiles y juveniles de su club, llegó a la Primera en el 2006, tras el campeonato y la renuncia de Eliseo Chapa Branca, otro símbolo Puma. También entrenó a Argentina A junto a José Orengo.

Su apellido sonaba desde que se supo que Marcelo Loffreda -otro estandarte Puma, pero del lado de enfrente de San Isidro- se marchaba a Londres. La numerosa familia y sus ocupaciones aparecían como principales obstáculos. Pero su mujer bancó y también apoyó su socio Marcelo Pájaro López Imizcoz (ayer presente en la conferencia de prensa), aquel fullback de precisa patada del CASI invencible del Luis Caña Varela y con quien comparte dos fábricas de medias, calzoncillos y gorritas.

Tipo franco, de palabras justas y de trato amable, Phelan es un símbolo del rugby argentino, y su llegada como entrenador puede aportarle mucho a la historia ya rica de Los Pumas.

En el trayecto -seguramente muy pronto- que tendrá su punto máximo en el Mundial del 2011 de Nueva Zelanda, la historia Puma le tendrá reservado un nuevo capítulo a Phelan y a Pichot. En otra escena. Quizá con el capitán, en su último acto, preguntándole “dónde”, y con el ahora head coach indicándole el camino.

Les

Clasificado bajo Perfil | el 06-12-2007 |

9

Ama a la Argentina, aunque le es una tarea muy complicada pronunciar dos palabras seguidas en castellano. “Amigouuuu”, exclama cada vez que tiende la mano, siempre con una sonrisa y empieza una charla que, invariablemente, tiene al rugby como eje central. Sabe como pocos de este juego porque lo lleva en la sangre. Fue un talentoso apertura del Leicester de Londres, donde fue capitán y es ídolo, y de la selección de su país, a la cual también condujo técnicamente entre 1994 y 1997 en uno de los períodos más brillantes en la historia de la Rosa. Está con Los Pumas desde mediados del 2001, fue uno de los personajes clave en el último Mundial y el 15 estará al frente del equipo cuando enfrente en San Juan a Chile. “Nosotros”, dice cuando se refiere a la Argentina.

Les Cusworth, de él se trata, es un personaje querible por donde se lo mire. Didáctico, fanático del análisis y una enciclopedia si alguien quiere saber algún hecho histórico de la ovalada. Conoce bien el paño.

Durante el Mundial, se ocupó de hablar con cada uno de los periodistas argentinos para tratar de llevarles sus conocimientos y, también, y a pesar del hermetismo de su gran amigo Marcelo Loffreda, de divulgar las tácticas que utilizaron Los Pumas en cada partido. Quien esto escribe puede decir que dos horas mirando videos con él y con Nicolás Basdedios Molina -el hombre que carga todo en un programa fantástico de computación- sirvieron más que cien entrenamientos.

Les se ocupó de marcar cada acción, de detener la imagen -con la paciencia de Nico– para explicar bien por dónde venía la jugada y de graficar cómo un jugador mal parado por apenas un metro significa puntos en contra en el rugby de hoy. Fue una clase magistral de un maestro.

Los jugadores lo quieren porque el inglés de 52 años no invade espacios. Se mantiene al margen y sólo habla cuando llega la hora de análisis por video. Ahí es él quien lleva la voz cantante.

Se casó con una argentina, Elizabeth Matzger -hermana de Agustín, ex presidente de San Martín- y tiene una hija nacida aquí: Helena Louise, de 3 años. Se construyó una casona en Hulingham, a la que define como “Little England”. Cuenta que sus amigos lo cargan porque hace el asado con gas…

Les pasa sus días viajando a Londres para ocuparse de sus negocios allá, jugando al golf (“Es casi como el rugby”, define) y estudiando al deporte que ama. Por eso, es bienvenida su nueva función en Los Pumas. No hay que desaprovecharlo.