
Hay distintas maneras de irse de un Mundial. Los Pumas lo hicieron por la puerta de la dignidad. Como corresponde a su historia y, fundamentalmente, a ese resabio del Bronce del 2007 sintetizado en este abrazo de la foto de tres de los líderes que comandaron el difícil y traumático proceso que vivió el seleccionado, y porqué no el rugby argentino, en los últimos cuatro años. Felipe Contepomi, el capitán, que arriesgó su físico maltrecho desde el primer partido contra Inglaterra. Mario Ledesma, que a los 38 años batió varios récords y ratificó que acá vino por más gloria. Rodrigo Roncero, que jugó 40 minutos sensacionales pese a que hasta hace unos días le costaba caminar. Todo el plantel, al fin. Veteranos, intermedios, jóvenes y staff. Juan Fernández Lobbe, quien se quedó con sus compañeros despertándolos cada mañana, armando estrategias, participando de los entrenamientos como si fuese a jugar, llevando el agua, poniendo música. No se fueron así nomás Los Pumas de este torneo. Antes, tuvieron en jaque durante 60 minutos a los All Blacks en su propia casa. No cualquiera lo consigue.
El 33-10 final es mentiroso. No existió una diferencia de 23 puntos en el desarrollo del partido. Atrincherados en una defensa heroica, que computó 135 tackles, Los Pumas lograron lo que ninguno en esta Copa del Mundo, ni siquiera Francia, que está en las semifinales. Los All Blacks tardaron 67 minutos en anotar un try. Ellos, que en los 101 test de la era Graham Henry marcaron en 100. Ellos, que venían de ganar todos los partidos con bonus. Y no fue por errores propios, sino por gran mérito de los argentinos.
Hubo momentos de esta batalla en el Eden Park que se guardarán en la memoria del rugby argentino. Como ese largo instante en el segundo tiempo en que los All Blacks hacían una seguidilla de pases (10, 20, 30) y no podían quebrar a un equipo que se tiraba de cabeza a tacklear, que se multiplicaba a lo ancho de la cancha, que siempre le llegaba con dos y tres a los de negro. No había manera de quebrar a esos 15 Leones que le hacían frente al seleccionado más poderoso del mundo, ese que no tiene otra cosa en la cabeza que ganar la Copa del Mundo en su tierra.
Y hubo otro momento. El que enmudeció a la enorme mayoría de las 57.912 personas que prácticamente colmaron el Eden Park. El que los dejó a los neozelandeses mirándose unos a otros sin entender lo que estaba pasando.

Fue en el minuto 31 del primer tiempo, cuando los All Blacks ganaban 6-0 con dos penales de Piri Weepu. Leonardo Senatore salió disparado y esquivando tackles. Con una mano lo habilitó a Contepomi y éste tomó una pelota imposible para seguir dándole rosca por la punta. Casi llega Gonzalo Camacho, y del ruck, salió como una tromba el tucumano Julio Farías Cabello, quien sólo en el primer tiempo clavó 14 tackles. Try, conversión enorme del capitán y Los Pumas pasaban a ganar.
Pero se sabía que con los All Blacks no se podían cometer errores. Y que el árbitro galés Nigel Owens podía castigarlos más de la cuenta, cosa que hizo, dejando a los neozelandeses, y especialmente a Richie McCaw, entrar todo el partido por cualquier lado a los rucks. Entonces, enseguida, Weepu acertó otros dos penales y los locales se fueron al descanso 12-7.
“Salimos a ganarlo en el segundo tiempo, porque sabíamos que podíamos”, dijo luego Juan Leguizamón, otro que jugó un gran Mundial. Y si el estadio había enmudecido a los 31 del primer tiempo, mucho más a los 6 del segundo, cuando Marcelo Bosch metió un golazo desde casi la mitad de cancha y bien esquinado. Los Pumas se ponían a sólo 2 puntos y la hazaña parecía posible.
Fue allí que se produjo ese lapso del partido descripto antes. Con los All Blacks yendo y yendo, con múltiples fases, y con Los Pumas tackleando y tackleando. Weepu, que se disfrazó de Dan Carter, estiró con otro penal, hasta que a los 18, Owens le mostró amarilla a Nicolás Vergallo y sancionó otro penal, casi abajo de los palos, que, infalible, acertó el 9 de los ABs.
Los Pumas mantuvieron la enjundia, pero todo se derrumbó cuando sobró gente por el costado derecho y Martín Rodríguez se jugó la intercepción al quedar 2-1. El try de Kieran Read selló la historia. Y, a 3 del final, vino otro del segunda línea Brad Thorn tras una jugada que incluyó un pase hacia adelante.
El partido le regaló otras fotos a la leyenda Puma. La salida de Ledesma, ovacionado por el grupo de argentinos que, al revés que en las otras cuatro ciudades, fueron absolutamente minoría. El hooker completó cuatro Mundiales, de los cuales en 3 llegó a los cuartos de final. Con una foja de 83 tests con la celeste y blanca, 18 de ellos en Mundiales, convirtiéndose en el argentino que más lo hizo y en uno de los cinco primeros de la historia del torneo.
“No es un lugar común lo que significa esta camiseta. Acá jugás por el honor, por todo el país, por tu familia, por tus amigos. Es difícil lo que siento ahora”, dijo Mario, con los ojos llorosos. El y Felipe fueron los que hablaron en la larga rueda que armó todo el plantel mientras a Mils Muliaina lo premiaban con el cap de los 100 tests.
También la foto de Roncero saliendo, emocionado. O la de la vuelta olímpica final, aplaudidos por los neozelandeses. O el reconocimiento posterior de Grahan Henry, expresando que Los Pumas ayudarán a los All Blacks a crecer cuando se enfrenten cada año, ida y vuelta, por la Rugby Championship.
Los All Blacks, por su parte, son los únicos invictos en llegar a las semifinales. Los otros tres habían concluido segundos en sus grupo. Por esas cuestiones del destino, arriban los mismos cuatro que en 1987, cuando el Mundial también se jugó en Nueva Zelandia. Ya estaban Francia y Gales. Y antes del test en el Eden Park, los Wallabies, en un partido tremendo y también con algo de ayuda del árbitro (neozelandeses y australianos se la pasaron todo la semana quejándose de los árbitros y del IRB), sacaron a los Springboks, los defensores del título, por un 11-9, con un penal de James O’Connor a 10 minutos del final. El fin de semana que viene, entonces, chocarán los del Norte por un lado, y los del Sur por el otro.
Se terminó el sueño. Con dignidad. Esta noche en el Eden Park, por los cuartos de final de una Copa del Mundo jugada en Nueva Zelandia, quedará en el recuerdo por cómo Los Pumas se le pararon frente a frente a los All Blacks. Mano a mano. Mirándolos a los ojos. Y tackleándolos hasta la última gota.

Crédito Fotos: Rodrigo Vergara-UAR