Profundo

Clasificado bajo Libros | el 06-09-2016 |

12

Tapa libro Michingo

Ya está a la venta el libro Michingo. Por el eje profundo, de Rodolfo O’Reilly. A través de sus páginas, el ex entrenador de los Pumas hace un viaje, por el eje profundo, de sus vivencias en su club, el CASI; de su paso como jugador y entrenador, campeón en ambos; del seleccionado; de la política (ocupó varios cargos durante el gobierno de Raúl Alfonsín); de San Isidro; del rugby y de su último placer, Virreyes Rugby Club.

Leer el libro de O’Reilly, que fue presentado el jueves en el CASI ante alrededor de 200 personas, es un lindo ejercicio para ver desde adentro cuestiones tan viscerales como el rugby y la política, y la vida misma.

Por el eje profundo lo pueden comprar aquí.

Michingo libro

Pumas50

Clasificado bajo Historia, Libros, Pumas | el 18-06-2015 |

16

Mañana se cumplen 50 años del partido que cambió la historia del seleccionado argentino. El del 11-6 ante los Junior Springboks, en el Ellis Park de Johannesburgo. El comienzo de la leyenda de Los Pumas. Aquí, un extracto del libro El Rugido, que escribí y que está en las librerías.

…………………

BAUTISMO

A las 3.25 de la tarde del sábado 19 de junio de 1965, Otaño, con su vista al frente, salió caminando al césped del Ellis Park. Detrás de él, Loyola. Tercero en la fila, Silva; cuarto, García Yañez. Y así hasta el último, Cazenave. Inmediatamente, los Junior Springboks, vestidos con camiseta azul y cuello blanco liderados por su capitán Brian Irvine, ingresaron corriendo, con la frente en alto y el pecho inflado, como era característico en los equipos sudafricanos, orgullosos de su vitalidad física.

Piet Robbertse pitó el kick-off y la patada de Poggi fue recibida por el octavo Slabber, quien la devolvió con otro kick al campo argentino. Esos primeros 10 minutos fueron de tanteo, con los Junior Springboks jugando más en ataque.

A los 12, de un penal en un scrum, el fullback Dries Pretorius tuvo la primera gran oportunidad para abrir el marcador. Se trataba de un envío muy factible para sus antecedentes de muy buen pateador, sobre las 22 yardas argentinas, levemente esquinado a la derecha. Pero la patada de Pretorius fue calamitosa; extremadamente desviada sobre la derecha y sin altura siquiera. Los Pumas se salvaban. En uno de los tantos viajes en micro a un entrenamiento, los argentinos lo habían visto a Pretorius practicando solo envíos a los palos. Lo vieron a la ida y a la vuelta. Van Heerden les contó que Pretorius cobraba por ello.

Cuatro minutos después del penal errado, luego de un scrum robado por González del Solar, Etchegaray puso el juego en campo sudafricano con un kick. De un line ganado por los Junior Springboks, Pretorius cometió un knock-on. Scrum y taconeo rápido de González del Solar, palomita de Etchegaray para Poggi, quien corrió sesgado. El apertura se la dio a Rodríguez Jurado, quien entraba derecho y como una tromba. El centro del SIC limpió de un hand-off a van der Schuyff, quebró la línea de ventaja y le colocó un soberbio pase entre tres rivales a Pascual, quien venía lanzado en diagonal. Pascual puso quinta sobre el cierre del 11, Ackerman, y levantó vuelo. Voló con la pelota entre sus dos manos. Voló hacia la eternidad, para apoyar dentro del ingoal muy cerca del banderín izquierdo. El estadio enmudeció y los treinta argentinos que estaban en la platea, justo de ese lado y en ese ángulo, explotaron de felicidad.

“Yo venía atrás, sobrando. Me la podía dar a mí, pero le grité: ‘Dale, dale’. Sabía que él llegaba”, recuerda Neri. “Cuando Arturo rompió la marca me di cuenta de que terminaba en try. Yo venía corriendo por ese lado y no podía creerlo. Después, cuando me vi en la foto, se notaba mi sonrisa”, cuenta Camardón, quien efectivamente aparece, de saco y corbata como juez de touch de ese lado, en la foto más inmortal del rugby argentino.

“Era la primera pelota que tocaba. Hasta ahí, todo había sido tackle y tackle”, rememora el Trompa Rodríguez Jurado, considerado por sus compañeros como el gran crack de ese plantel junto a Silva. “Arturo era un monstruo, de otra categoría. Yo venía viéndolo desde el fondo cómo de entrada lo había ablandado a su marcador”, agrega Cazenave.

El try, que no pudo ser convertido por Poggi, tranquilizó a Los Pumas y, por el contrario, incomodó a los locales. Sin embargo, los argentinos jugaban sobre el filo de la navaja con el reglamento, ya que el árbitro los sancionaba con asiduidad, especialmente en los scrums. Eso le dio a Pretorius tres oportunidades más para anotar. Dos desde la izquierda (la primera y la tercera) y una desde el mismo sector del primer penal. Las tres muy factibles. Las tres malogradas. Dos de ellas de una manera poco creíble para un jugador que se entrenaba especialmente para ello..

Los fallos a los palos de Pretorius, el dominio estéril y la solidez defensiva argentina empezaron a impacientar aun más a los locales, que, además, ya mostraban errores en el manejo. De aquella presión de la tercera línea que tanto había pedido y enseñado Van Heerden, llegó el segundo mazazo.

A los 27, Scharenberg y Silva fueron sobre el apertura Bladen a la salida de un scrum perdido por los argentinos. Ambos le hicieron volar la pelota, y el Mono fue pateándola hacia adelante, en lo que en esa época se conocía como dribbling. Cuando ya en las 15 yardas propias la tomó Ackerman, Loyola lo arrasó con un tackle feroz que le hizo perder la pelota. Scharenberg, que llegaba en apoyo, la levantó y se la dio a España, que venía corriendo sobre la derecha del ataque. El rosarino aceleró sobre el cierre de dos rivales y apoyó cerca de la otra bandera donde lo había hecho Pascual. “Fue la pelota soñada. Pegado a la raya corrí y esquivé al wing Serfontein y, cuando me cerraba el fullback, pisé para adentro”, relata España, para quien ese try “fue producto de todo lo que trabajó Van Heerden en las técnicas de las terceras líneas”.

El resultado quedó 6-0 para los argentinos y así cerró el primer tiempo. Faltaban 40 minutos para hacer historia.

En el descanso, se planteó continuar con la presión, especialmente sobre la pareja de medios, y jugar todo lo posible con el pie, para que los kicks largos de Poggi y Cazenave pusieran el juego en campo contrario. Para los argentinos era un Test, y había que jugarlo como se juega un Test.

Como era de prever, los Junior Springboks salieron desesperadamente a atacar en el segundo tiempo, pero la primera vez que Los Pumas pasaron la mitad de cancha, forzaron un scrum en las 5 yardas sudafricanas, casi debajo de los palos, con el fondo de los carteles publicitarios de Quinn’s Bread, 3 Kings, y Biscuits en el cielo del Ellis Park. La pelota salió sucia y Etchegaray la pateó como pudo. Desde donde nadie lo esperaba, apareció Loyola. El bravo cordobés lo pasó por arriba al apertura Bladen que cayó aparatosamente, y en el primer pique levantó la pelota y la apoyó bajo la hache.

“Hice varios tries así en la gira. Tuve la suerte de ser muy rápido de piernas, así que les estaba todo el tiempo encima a los medios contrarios. Pero no tuvo nada de espectacular ese try. Me encontré con la pelota, la levanté y ya estaba casi adentro del ingoal”, recuerda Loyola, quien esa tarde fue una pesadilla para Bladen.

La conversión de Poggi dejó el resultado 11-0. Nadie podía creerlo. Los sudafricanos estaban desconcertados, eran silbados por su público y no tenían ideas. Tenían la pelota, pero el control del juego era de Los Pumas. Pero eran sudafricanos y tenían orgullo, así que buscaron furiosamente descontar.

Primero, Pretorius falló otro penal, esquinado y desde lejos. Luego, a los 18, después de un line, la formación en la que más dominaron los locales, la pelota llegó a Ackerman, quien desbordó a Neri y combinó hacia adentro con el medio scrum Du Preez, quien apoyó cerca de la bandera. Pretorius no convirtió. 11-3.

Los últimos 20 minutos, con sombra del lado de la defensa argentina, fueron con los Junior Springboks intentando y Los Pumas tackleando. Conmovedoramente tackleando. El partido se calentó. Guastella y Van Heerden ya estaban adentro de la cancha, gritando y dando indicaciones. “En un momento no quisieron dejarnos pasar, pero Izak no sé qué les dijo y seguimos de largo. No aguantábamos un minuto más allá arriba”, describe Guastella.

Con los Junior Springboks atacando como podían, sin luces, Scharenberg, la gran figura, se desdoblaba en la marca. En realidad, el covering argentino fue sensacional esa tarde. Cada vez que un sudafricano sorteaba un tackle, aparecían dos argentinos para frenarlo. Faltando 5 minutos, Bladen se le escapó por primera vez a Loyola. El apertura corrió pegado al touch y le cedió la pelota a Du Preez, que venía apoyando por adentro. El medio scrum anotó su segundo try, pero tampoco convirtió Pretorius. 11-6.

Yendo desde el in goal hacia la mitad de la cancha, Otaño fue hablando uno por uno a cada uno de sus catorce compañeros. Con la firme calma que caracterizaba al capitán: “No lo perdemos. Vamos que no lo perdemos”. Más adelante, Aitor contó: “Tenían que hacernos un try convertido y como mucho nos empataban”.

Con el corazón, Los Pumas fueron llevando metro a metro a los Junior Springboks hacia su campo en los últimos minutos. Hasta que Poggi, tomó la pelota y colocó un derechazo largo y afuera. El árbitro Piet Robbertze pitó el final, y la gloria envolvió a esos quince hombres y a todo el rugby argentino. Se había ganado en el Ellis Park. Histórico para el rugby y para el deporte argentino.

“Me abracé con el primero que encontré, pero estaba muy agotado, porque el partido había sido muy duro”, cuenta Silva.

“No sabía qué hacer. Era tan grande lo que pasaba que no me daba ni el físico ni la cabeza para responder”, agrega Neri.

“Solo recuerdo que tenía una alegría y un agotamiento como nunca hasta ahí había tenido en mi vida”, rememora Cazenave.

“No podía creerlo. No podía creerlo”, resume González del Solar.

“Estábamos agotados. Corrimos mucho y esos últimos minutos fueron de mucha presión, porque ellos se nos venían encima, pero no iban a ganarnos”, cuenta Loyola.

“No pensé en el resultado hasta casi el final. Cuando se formó el primer scrum nos llevaron a empujones fácil unos seis, ocho metros. Nos arrollaron. El referí volvió a la marca e hizo repetir el scrum. Los ocho forwards nos miramos a la cara y sin decir una palabra volvimos a formar sabiendo que si nos concentrábamos, no nos podían llevar por delante. En ese scrum los que los llevamos puestos fuimos nosotros. Ese fue ‘el’ momento determinante, ahí empezó el verdadero partido. Y ahí apareció por primera vez la gran mística Puma”, aporta Ronnie Foster, el pilar que había viajado como octavo, el más joven del equipo con diecinueve años cumplidos en enero.

Los quince jugaron un enorme partido, en un Test en el que el rival, sorprendido por los argentinos, no rindió a la medida de lo que se esperaba y en el que la fortuna se vistió de celeste y blanco a raíz de la pésima puntería de Pretorius. Los forwards tuvieron una enorme solidez y pelearon y aguantaron los 80 minutos sin claudicar, con puntos altísimos en Scharenberg, García Yañez, Otaño y Loyola. Etchegaray, pese a su lesión, manejó el abecé de un medio scrum y Poggi, en su primer partido como apertura, hizo lo que le pedía el trámite del encuentro: abrir la pelota cuando había espacios o usar su kick, que desorientó a los locales. “Pasámela bien, Palomo”, le decía el Negro.

Fue ese 19 de junio de 1965, en el Ellis Park de Johannesburgo, uno de los vestuarios más felices e históricos del seleccionado argentino de rugby. Fue el bautismo de Los Pumas. Nada más sería igual a partir de ese día…

Nacimiento

Clasificado bajo Libros | el 11-05-2015 |

33

En junio, en todas las librerías.

Libro Pumas tapa ok

 

Contar

Clasificado bajo Invitados, Libros, Textos | el 08-10-2014 |

5

Tapa libro Ariel

Este post abarca a dos grandes amigos y brillantes periodistas. Ariel Scher es un tipo esencial. A mi juicio, el mejor periodista que escribe de deportes en la Argentina porque, entre tantas otras cosas, no escribe sólo de deportes. Acaba de editar un nuevo libro: Contar el Juego (Capital Intelectual), en el cual establece las relaciones de 9 escritores con el deporte. Por sus páginas desfilan Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, Eduardo Sacheri, Haroldo Conti, Juan Sasturain, Roberto Fontanarrosa, Rodolfo Braceli, Osvaldo Soriano y Martín Caparrós.

Y otro gran amigo y periodista, Julio Marini, también como Ariel compañero en mis tiempos en Clarín, escribió esta crítica.

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Por Julio Marini

Hay periodistas. Hay escritores. Hay periodistas que hacen de la literatura su segundo hogar y hay escritores que desde el periodismo cuentan historias que colman tanto como sus libros. Ariel Scher es todos y cada uno de esos periodistas y de esos escritores. Y en su último trabajo, un regalo para todos nosotros, cuenta el juego como pocos y hace que nuevamente la literatura y el deporte se fusionen desde su propio talento y desde el espacio en el que muchos hemos alimentado nuestros sueños en textos y en obras de nueve especiales escritores.

Contar el Juego, para Ariel es haber vivido el juego, o todos los juegos del juego. Escondido en cada deporte y comenzando y volviendo invariablemente al fútbol: el padre, la madre o el hermano mayor de todos los deportes para los argentinos. Y, de alguna manera, para esos nueve escritores que desde distintos lugares de este país fundieron sus ilusiones de levantar los brazos triunfantes tanto como las de expresarse desde la correcta y hermosa sensación de acomodar las palabras para darle forma a un poema, un cuento o una novela.

Eduardo Sacheri y la ficción jugueteando con la realidad en ese gol convertido y evitado. O el fenomenal Bochini, como cuenta Ariel, “que impregnó paginas de Sacheri por muchos motivos, entre ellos porque sus jugadas rompían las fronteras de la realidad, algo que la literatura todo el tiempo propone como pacto”.

Julio Cortázar y ese nocáut fulminante en el tablero de ajedrez. Y como dice Scher: “Sólo se es si se juega, parece avisarle, generoso, a todas las personas de su tiempo y a todas las que vendrán (…) Cortázar es un juego que todo el tiempo vuelve a empezar”.

Osvaldo Soriano, ese con vocación de crack de la pelota que la realidad de la ficción convirtió en escritor y en periodista. Tal vez sólo para demostrar que el “fútbol es una patria dentro de la patria”, como bien recuerda Ariel. Y ahí va Roberto Fontanarrosa, cuya literatura “es un sinfín de sonrisas y muchas de esas sonrisas se afincan en las pulsaciones futboleras de las edades primeras”, dice el autor.

Y también va Juan Sasturain, “un experto en reunir mundos (…) Si algunas visiones tradicionales divorciaban el fútbol de la literatura, el ofició el matrimonio; si la historieta –otra de sus pasiones y uno de sus saberes- permanecía escindida del campo académico, el edificó un puente”, concluye generosamente Ariel.

Por supuesto Adolfo Bioy Casares, propietario de todas las palabras y de todos los talentos, quien simplemente en muchísimos de sus días, a la hora de los premios o de la charla coloquial, reconoció que su pasión deportiva, en particular su intensísimo vínculo con el tenis. Y va por supuesto Rodolfo Braceli, “cronista de mil acontecimientos”, eterno admirador de Nicolino Locche, confrontador y amigo de Antonio Di Benedetto, escritor esencial. Y finalmente Martín Caparrós, que como sintetiza Ariel, de Boca es y de fútbol vive. Desde sus sueños de jugador, su pasión azul y amarilla, sus días en la lejanía del país doloroso y el Mundial 78. El nexo, al cabo, entre su padre que lo llevaba a ver a River y su hijo bostero, como él.

Todo eso hizo Ariel Scher en este libro. Juntó a nueve. Casi armó un equipo. ¿Qué faltan dos? No. De 10 juega Scher y al arco… Al arco va cualquiera. Si el tema es mirar cómo juegan el juego los que cuentan el juego.

100

Clasificado bajo Libros | el 19-09-2014 |

5

Tapa DF

Deportiva Francesa llegó a su siglo de vida y tiene su libro, escrito por los periodistas/historiadores Oscar Barnade y Víctor Raffo y editado por Club House, de la factoría de Zona de Tackle. Fecunda historia la de la Depor, donde se criaron Pumas como Juan Hernández, José Javier Tito Fernández, Rodrigo Roncero y Mario Carluccio, entre tantos otros, además de un coach emblema como Cacho Martínez Basante.

Se trata de un club que nació en el barrio porteño de Montserrat bajo el nombre de Sportive Française y que agrupó a la colonia francesa, belga y suiza de Buenos Aires. Entre tantos hitos, practicó básquetbol (fue fundador de la Federación Argentina), fútbol (jugó 4 años en el ascenso), boxeo y atletismo.

El rugby creció sustancialmente cuando en 1947 arribó un numeroso grupo de jugadores provenientes de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires y al año siguiente ascendió a Primera y ahí se mantuvo durante 16 temporadas. En 1954 se convirtió en el primer club argentino en realizar una gira por Europa.

El libro se presentó el miércoles en la sede que tiene Deportiva Francesa en Del Viso, donde reside desde comienzos de la década del 60.

 

Legado

Clasificado bajo Libros | el 11-08-2014 |

8

TapaLegadoDifusion

Meterse en las entrañas de los All Blacks y descifrar porqué son lo que son. De eso y mucho más trata Legado, el librazo de James Kerr lanzado en noviembre del año pasado en Inglaterra y ahora, casi en simultáneo, está a la venta en la Argentina a través de la editorial Club House, de la factoría de Zona de Tackle.

Kerr aborda en 208 páginas una visión de los campeones del mundo de rugby desde el liderazgo, con perfecta adaptación a la vida cotidiana. El estilo, directo y ameno, es atrapante y, en mi caso, ya me leí más de la mitad en un par de días. Es un libro que debería leer todo el rugby vinculado con el alto nivel de competencia. Imprescindible para jugadores, entrenadores, dirigentes y todo aquel que trabaje en el rugby.

Un adelanto para todos los lectores de periodismo-rugby:

……….

En algún lugar sobre el océano Índico, en un largo y desconsolado viaje entre Sudáfrica y Nueva Zelanda, el nuevo coach asistente de los All Blacks, Wayne Smith, se volvió hacia Darren Shand, el manager, y le dijo: “Tenemos un equipo disfuncional. Si no se arregla, no regresaré”.

Los All Blacks acababan de perder 40-26 contra Sudáfrica y terminaron últimos en el torneo Tri Nations de ese año. Para un equipo sintonizado con el triunfo y con el mayor índice de victorias del deporte mundial, fue un desastre. Pero, como relata Graham Henry en Final Word, peor fue la noche que siguió en el hotel del equipo.

Una “sesión de corte”, una parodia de juicio alimentada por el consumo forzoso de alcohol, había dejado varios rostros muy famosos borrachos como cubas. Tanto que algunos temían por su vida. Más tarde se supo que algunos jugadores de los Springboks que se alojaban en el mismo hotel y regresaban de una cena para celebrar la obtención del campeonato, debieron retirar a varios All Blacks de los pasillos, arbustos y canaletas para ponerlos en postura lateral de seguridad.

Algo tenía que cambiar.

Hacía muy poco que se le había confiado a Graham Henry el puesto de trabajo más importante del deporte de Nueva Zelanda: head coach de los All Blacks. Luego de la debacle, Smith le deslizó una nota donde insistía en que “debemos arreglar esto”.

Fue el comienzo de un proceso largo, minucioso y a menudo doloroso que con el tiempo condujo a la gloria de la Copa del Mundo de rugby. Lo que estos hombres lograron (Henry, Smith, Hansen, Enoka, Shand y los jugadores) constituye un caso digno de estudio sobre cambio transformacional de una cultura, cuyas lecciones son aplicables mucho más allá de un campo de rugby.

Will Hogg sostiene que un cambio organizacional efectivo requiere cuatro etapas clave. La ausencia de cualquiera de estos factores, dice el consultor de management, inhibirá el cambio cultural y a menudo lo volverá imposible:

Cuatro etapas para el cambio organizacional:

˚ Un caso que cambiar

˚ Una imagen persuasiva del futuro

˚ Una capacidad de cambio sostenida

˚ Un plan de ejecución creíble

El caso que cambiar para los All Blacks estaba claro. El rendimiento estaba por debajo del nivel deseado, tanto dentro como fuera del campo de juego. “Yo no estaba en la habitación”, cuenta el ex capitán Anton Oliver, “‘pero empezó con Tana [Umaga, capitán en ese momento] diciendo, ‘De verdad no quiero jugar, tengo miedo de jugar, no lo disfruto’. Cada uno había estado encerrado en su propia isla sintiendo lo mismo”. En términos de Enoka, habían perdido, “el ser de equipo”. Había un fuerte caso para cambiar.

Luego, el equipo necesitaba una imagen persuasiva del futuro. Pero primero se necesitaba una estrategia clara para el cambio. Graham Henry se encargó de articularla como la creación de “un entorno… que estimule a los jugadores y los motive a participar en él”. Henry percibió que el mundo estaba cambiando y que los All Blacks, como cualquier otra empresa —“y es una empresa”— competían en el mercado por los mejores recursos humanos. Razonó que una concentración activa en el desarrollo personal y en el liderazgo crearía capacidad, aptitud y lealtad.

El equipo también necesitaba la correcta capacidad de cambio sostenida. Esto significaba eliminar a los jugadores que dificultaban la posibilidad de cambio y, más importante aún, desarrollar la aptitud de los que quedaran y los que se unieran. Esto se centraba en un modelo de management dual en el que se delegaba responsabilidad en los jugadores para que, en palabras de Henry, “arriesguen más su pellejo en el partido”.

También involucraba la creación de un entorno de aprendizaje que funcionara como una escala de desarrollo personal y profesional, y aquí es donde se destacó Henry el educador. La creación de un grupo de liderazgo y de unidades operativas individuales donde los jugadores asumieran cada vez mayor responsabilidad por los protocolos, principios y cultura del equipo, le dio estructura a esta estrategia. El capitán Richie McCaw cree que fue la innovación más importante de la gestión de Henry.

Los líderes crean líderes.

Finalmente, el equipo necesitaba un plan de ejecución creíble. En esto el liderazgo, con su singular estructura compartida, rozó la excelencia. Orientados por Henry, los hombres fueron capaces de elaborar e implementar un plan autorreflexivo y autoajustable que desarrolló las capacidades técnicas, tácticas, físicas, logísticas y psicológicas del colectivo.

El plan atravesó años, temporadas, series, semanas, días y hasta los segundos que marcaba el cronómetro del partido hasta el silbato final. Fue un plan ejecutado en público en el campo de juego, pero calibrado tras las bambalinas, y que condujo al período más exitoso del rugby de los All Blacks en la historia.

Y a una copa de oro.

Inicios

Clasificado bajo Historias, Libros | el 08-07-2014 |

17

El fútbol nos tiene a todos (o al menos eso se presiente; no sé si a todos los que visitan éste blog) expectantes de la selección y del partido de mañana, ante Holanda, por las semifinales del Mundial de Brasil. Y ni hablar si se da otro triunfo y el domingo tiene al equipo del genio de Messi y del de las agallas de Mascherano en la final. Nunca viene mal recordar que el fútbol argentino tiene sus raíces en clubes emblemáticos de rugby. De hecho, el primer campeón del fútbol nacional fue Lomas y el primer gol en la historia de la selección lo marcó un jugador de Belgrano Athletic, Carlos Edgar Dickinson. Después, cuando el fútbol se hizo profesional en 1930, la mayoría de esos clubes (Lomas, BAC, Biei, CASI, GEBA, entre otros), dejaron la ovalada y siguieron su curso con la ovalada. Siempre es útil mirar lo que pasó para saber de dónde venimos.

La historia de vínculos entre el fútbol y el rugby es fascinante y tiene miles de episodios. Como este que cuentan los periodistas Oscar Barnade y Waldemar Iglesias en su fabuloso libro Todo Sobre la Selección (editó Club House), que retrata con textos y estadísticas la historia del seleccionado de fútbol. Un  librazo que acabo de terminar y que se los recomiendo. De él extracté esta linda miniatura que transcribo textual.

…………………..

Arnaldo Watson Hutton era el hijo de Alexander, el padre del fútbol argentino. Pero no sólo se destacaba por posesión de apellido sino también porque era un notable atleta. Jugaba al fútbol mejor que casi todos y además era un valioso rugbier. Llegó un día en el que practicar ambos deportes le resultó un inconveniente. Se había comprometido con sus amigos del rugby a jugar la final para Belgrano contra GEBA. Con anticipación, había avisado a las autoridades de la Asociación que si el partido de la Selección se jugaba el mismo día que la final de rugby iba a tener que renunciar al equipo albiceleste. “Ya empeñé mi palabra”, fue su breve explicación. Arnaldo era considerado un futbolista clave del equipo nacional. Por eso, las autoridades del fútbol intentaron posponer la final de rugby. No hubo caso.

La ausencia en el partido ante Uruguay le costó una suspensión. Entonces, los diarios insistieron en que la medida contra Arnaldo era desmedida. “No es un profesional para sancionarlo de esa manera”. Junto con la sanción contra el jugador, comenzaba a discutirse también la cuestión amateur. Dos meses después de aquel agosto, se levantó la sanción, y Arnaldo siguió jugando a sus dos deportes favoritos. Y también al cricket.

 

Torcuato

Clasificado bajo Libros | el 20-05-2014 |

14

Tapa Hindú

Bienvenido otro libro sobre rugby. En este caso, de un club: Hindú. Una obra de Enrique Solá que abarca, con estadísticas y fotos, medio siglo del club más campeón de la URBA en los últimos años. Para los de Torcuato y para todos aquellos que quieran conocer más de historia de este deporte.

 

Naranjas

Clasificado bajo Libros | el 20-05-2014 |

2

Tapa Gray

Tomás Gray, maestro del periodismo en Tucumán, hombre de rugby y, además, amigo, se ha lanzado a una obra maravillosa: la de escribir y editar libros de rugby. Ahora llegó Históricos Naranjas, que refleja, a lo largo de 200 páginas, un homenaje a a todos los jugadores que vistieron la marrón/naranja en la historia del rugby tucumano.

El trabajo incluye una semblanza de los 43 protagonistas más destacados (33 jugadores, 4 entrenadores, 3 dirigentes y 3 árbitros), como así también los perfiles de más de 200 jugadores que vistieron la “naranja”; todos los campeones del Argentino, desde 1985 hasta 2013, los “embajadores naranjas” en los seleccionados nacionales, en Los Pumas, entre otros. Los protagonistas principales de este libro fueron elegidos a través de un Jurado de Notables de todos los clubes y de diferentes épocas, quienes votaron, a su criterio, los mejores jugadores en cada puesto.

El libro de Tomás Gray cuenta con ilustraciones del destacado dibujante Ricardo Heredia. Hoy será presentado por una gloria del rugby argentino, que lleva varios años en Tucumán: Angel Papuchi Guastella.

Correspondencia

Clasificado bajo Libros | el 14-05-2014 |

2

¿Cuántas horas de nuestras vidas nos hemos pasado mirando deportes por televisión? Me hice esa pregunta después de que se la hiciera el escritor estadounidense Paul Auster en el muy lindo libro Aquí y Ahora, que retrata los intercambios de cartas que realizó a lo largo de 3 años con el Premio Nobel de Literatura 2003, el sudafricano John Coetzee.

Auster y J.M. Coetzee, que estuvieron en la Feria del Libro que concluyó el lunes, amenizan sobre distintos temas de la vida (la amistad, la economía, los avances tecnológicos a los que Auster se resiste al punto que sigue escribiendo en una máquina de escribir), pero se detienen en varias de las cartas en la competición, los ídolos y la ecuación entre el tiempo que uno práctica deportes y lo mira por TV. Incluso, Auster le cuenta en una de ellas que leyó los cuatro artículos que Coetzee escribió sobre rugby. Los busqué por todos lados y no los encontré. Quizá el amigo Ricardo S. dé con ellos.

Pensaba, mientras voy leyendo el libro (ya pasé la mitad y si les gusta el género y los autores, se lo recomiendo), que en el rugby esa proporción es muy probable que se vuelque más al campo (jugando, entrenando, observando, dirigiendo) que a la TV. ¿Ustedes ven más rugby en la cancha o en la TV? ¿Calcularon cuántas horas han visto deportes frente a la TV? Bué, una distracción pequeña para mitad de semana.

Les dejo un adelanto del libro que publicó el suplemento ADN de La Nación. Auster y J.M.Coetzee escriben sobre…Federer.

 

Aprendizaje

Clasificado bajo Libros | el 08-05-2014 |

4

Tapa Libro Infantil Sabanes

El Rugby Infantil es el tópico de la serie Rugby Didáctico que viene aportando Sebastián Perasso y que en esta ocasión lo edita el sello de libros más involucrado en el rugby doméstico. Un libro para que lo leamos todos, pero especialmente los entrenadores de los niños.

Tiene un valor de 129 pesos y se puede encontrar en las librerías Yenny/El Ateneo, Cúspide, Boutique del Libro y Galerna.

El nuevo libro de Cheba Perasso lleva este prólogo nada menos que del Tano Marcelo Loffreda.

Una de las cosas que agradezco a mis padres es que me hayan acercado a un club de rugby cuando tenía nueve años. No fue precisamente a aquel en el que jugué toda mi vida, sino, paradójicamente, a su principal rival. Pero esa es otra historia.

Tuve una infancia normal y agradable, con muchos amigos. Y gracias al rugby fue todavía mejor. Llegué a mi primer entrenamiento de la mano de mi padre, sin saber de qué se trataba. Yo calzaba los famosos (¡por lo menos para los de mi generación!) y queridos botines Sacachispas. Iba muy pulcro y prolijo como mi madre pretendía que estuviera. Vestía un pantalón corto azul y una remera blanca que usaba para gimnasia en el colegio, y por dentro sentía una mezcla de incertidumbre y expectativa, nervios, temor y vergüenza. Podría decir que en esa oportunidad comencé a experimentar una sensación desconocida hasta entonces, algo que más adelante se denominaría estrés.

Lo más interesante fue cuando comenzó el entrenamiento. Surgió dentro de mí, todavía un ser incipiente en cuerpo y mente, algo que hasta el día de hoy sigo sintiendo cuando me involucro en el juego. Era una combinación de pasión, desafío, disfrute, intensa vivencia del aquí y ahora, no sé…, algo muy fuerte y profundo que sigue ocurriendo. Una especie de fórmula mágica que me hace estar bien vivo, bien atento, bien alerta.

Este libro es para los que ya interactúan, o tienen la intención de hacerlo, con los miles de chicos que los sábados por la mañana cubren las canchas de los clubes de rugby. Esos niños también, en alguna medida, son ‘jugadores’, pero antes que eso son niños con todo lo que ello implica: son abiertos, puros, sin prejuicios, espontáneos, preguntones, auténticos, sinceros e inocentes. Por eso, en realidad no solo necesitan coaches o instructores, sino que además necesitan al educador, al formador, al confidente y de vez en cuando, también, al maestro. Dichos roles deben convivir en una misma persona: el entrenador.

Así como se les pide y se entrena a los jugadores para que en el juego moderno sean polivalentes, a los entrenadores de edades infantiles también se les debe pedir lo mismo, la polivalencia, pero obviamente acompañada de cualidades específicas y de una mayor responsabilidad.

Monumental tarea por delante, ¿no? Sin embargo, para empezar solo se necesita audacia y voluntad. A partir de allí serán bienvenidos en cualquier club de rugby. Solo deben recordar que uno de los principales objetivos en esas tempranas edades es despertar el interés y el entusiasmo por el juego.

No es mi intención en estas líneas hablar sobre las bondades del rugby. Para eso está este excelente libro, que no solo trata temas referentes a las primeras etapas del niño-jugador, sino que además nos enseña, nutre y transmite conceptos que sirven para cualquier edad. Para siempre, de hecho. Los invito entonces a introducirse en esta apasionante aventura que narra ‘Cheba’ y que nos envuelve plena, completa y responsablemente en una forma distinta de vivir y transmitir valores y principios.

Lo que Cheba nos pide, sin más, es que nos involucremos, que nos comprometamos con este juego maravilloso que desde bien temprano forma, educa y permite convivir generosa y solidariamente, que influencia de forma respetuosa y positiva la vida de muchos chicos en un período en el cual las cosas que se aprenden quedan grabadas para siempre.

Lo más asombroso es que no solo podremos ayudar a los chicos a ser mejores personas a través del juego, sino que lo mismo ocurrirá con nosotros

Lectura

Clasificado bajo Libros | el 18-11-2013 |

4

Libro Rica

Guillermo Ricaldoni -amigo- es uno de los hombres que más piensa el markenting deportivo en la Argentina. Y el que más lo trabaja y lo difunde, también. Toda esa pasión la llevó a un libro, que se llama, precisamente, La Pasión Deportiva del Marketing. En su obra se pueden encontrar datos asombrosos de todo lo que se mueve alrededor de un partido o una competencia. Ideal, además, para estos tiempos del rugby. Rica, como todos le dicen, tiene un agregado: es un fanático de Liceo Naval. Y hay material en su libro de un hombre que admira: Juan Fernández Lobbe.

Se puede conseguir en las prinicipales librerías del país y también a través de www.LIBROFUTBOL.com y www.MARKETINGDELOSDEPORTES.com

 

 

Recomendados

Clasificado bajo Blogs, Breves, Imágenes, Libros | el 30-10-2013 |

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Para mirar, escuchar y leer.

* El excelente video institucional del libro Veco Villegas. Pasión por el Rugby. A uno lo lleva a ir corriendo a buscar el libro.

 

* Una buena noticia: vuelve el programa Leyendas. Desde el miércoles y todos los miércoles, desde las 22.30, ahora por la señal Deportv (2401 de TDA) o a través de Internet por este link. Aquí, un adelanto para todos ustedes de los dos primeros capítulos: Pumas del 65 y Beromama.

http://www.youtube.com/watch?v=DtttohP_zCU http://www.youtube.com/watch?v=6XZhxDadZ8U

 

* Rugby Actual, un muy buen blog de rugby, realizado por Sergio Espector. Análisis del juego y demás.

 

* Muy buen y emotivo post de Javier Giaccio sobre CUBA campeón su su blog Pistacho Total.

 

Veco

Clasificado bajo Libros | el 28-10-2013 |

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Tapa Libro Veco

La vida y la obra del maestro del rugby Carlos Veco Villegas finalmente se hizo libro. Escrito por Sebastián Perasso y editado por Zona de Tackle, Veco Villegas. Pasión por el Rugby estará desde mañana en todas las librerías de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano y desde el viernes en el resto del país.

El libro consta de 216 páginas y tendrá un precio de 149 pesos.

En forma de adelanto para los lectores de este blog, una síntesis de algunos de los párrafos del libro.

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Pilar

Movido por el deseo de tener un hijo rugbier, Veco esperaba que su primogénito fuese un varón. Sin embargo, el mismo día que cumplía treinta y un años nacía su primera hija, Mercedes. Una niña fuerte y saludable que pesaba cuatro kilos y medio. Se recuerdan acaloradas discusiones en el seno familiar respecto del nombre de la recién nacida. Haciendo alarde de su fanatismo por el rugby y como un homenaje al puesto que había desempeñado en su etapa como jugador, deseaba bautizarla Pilar. Veco lo entendía como un acto de estricta justicia, como un merecido reconocimiento a una posición que le había dado muchas satisfacciones en el campo de juego. Pero más allá de sus buenas intenciones, su propuesta no encontraba respaldo en la opinión de su esposa. Otras personas allegadas al círculo familiar apoyaron desde un comienzo la moción de la madre, y la iniciativa de Veco nunca pudo imponerse.

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Ingeniería del scrum

Catamarca Ocampo decía que el scrum era un sistema de fuerzas que terminaba siendo una “cupla” que provocaba el giro naturalmente hacia la derecha. Ello era así porque en el ingreso de los dos packs al scrum, los hookers no chocaban sus cabezas, sino que cada uno acomodaba la suya hacia la izquierda del oponente a fin de permitir el ingreso. Con dos fuerzas en distinta posición el cuerpo gira. En función de ello, Veco debía idear un mecanismo para robustecer el lado derecho. De esa manera podría conseguir que el sistema de fuerzas se desplazara para el otro lado y evitara el giro. Veco estudiaba los pesos que debían tener los forwards y el hecho de que el pilar, el segunda línea y el ala derechos, debían necesariamente tener un peso más elevado que el resto. Se interesaba en estudiar los porcentajes de peso corporal que debían tener los jugadores que integraban el lado derecho del scrum a fin de equilibrar las fuerzas. Establecía fórmulas y echaba a volar su imaginación con el objeto de diagramar el sistema de empuje coordinado, basado en formulas matemáticamente comprobadas.

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Los éxitos deportivos

Dirigió al quince del SIC en 423 partidos, de los cuales ganó 345, empató 16 y perdió 62. Una eficacia asombrosa del 81,56 % de los partidos disputados. Sus equipos marcaron 10.736 tantos
y recibieron 5.206, lo que representa un promedio de 23,38 puntos a favor por encuentro. Un dato auspicioso, si se considera el rugby estático de aquel entonces y la distinta valoración del try, que hasta 1992 valía cuatro puntos. En las diecinueve temporadas consecutivas como entrenador de la primera división, obtuvo trece campeonatos, cinco subcampeonatos y un tercer puesto. Nunca, en casi dos décadas, se bajó del podio del entonces torneo de la Unión Argentina de Rugby (ahora URBA).

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El coach

1987 le depararía a Veco una hazaña sin precedentes. El 10 de octubre el SIC se enfrentó por segunda vez al seleccionado australiano y consiguió el resultado más relevante y significativo de su historia deportiva. Aquel sábado en el estadio de Vélez Sarsfield el equipo logró un empate en veintidós tantos frente a los Wallabies, que contaban con jugadores de la categoría de Michael Lynagh, Mathew Burke, Nick Farr-Jones y Simon Poidevin, entre otros

El SIC estuvo muy cerca de alcanzar la victoria: un intento de conversión de Marcelo Loffreda que salió desviado a tres minutos del final, producto de un try de scrum, se la hubiera otorgado. Rafael Madero recuerda la estrategia diseñada por Veco: “Nuestra falta de altura en el line out ante semejantes torres era notoria. Durante gran parte del encuentro me insultaron de afuera porque no sacaba la pelota y la dejaba adentro, pero así fue planeado el partido. Y salió casi perfecto”. Juanjo Barceló, quien integró la dupla técnica con Veco, relata la antesala de esa gran cita deportiva: “Unos días antes del partido nos reunimos Veco, Bambi Soares Gache y yo para planificar el partido. Veco le tenía miedo a la velocidad de los backs australianos y Bambi, a quien él escuchaba mucho, propuso una forma de defender para tratar de contrarrestarla”. “Hicieron un trabajo consciente, detallado, consiguieron videos de Australia, analizaron cómo atacaban y esquematizaron un sistema que después se terminó utilizando muchos años” dice Marcelo Loffreda, capitán del equipo en ese encuentro. “Veco nos decía que los australianos eran tipos más veloces y por ello teníamos que tener más gente afuera, porque si éramos más, íbamos a poder complementarnos aunque nos pasasen en velocidad. Bambi Soares Gache estaba como segundo fullback, y defendíamos de afuera hacia adentro, como la rush defense que se usa hoy. Actualmente se dice que ese sistema de defensa lo empezó a usar Sudáfrica, pero en realidad, gracias a la capacidad de innovación que tenían los entrenadores, entre ellos Veco, se logró neutralizar a un equipo muy veloz, muy pulido técnicamente”.

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De puño y letra

“Ver un pack de forwards desplegar un ataque profundo es unas de las acciones más bellas del rugby, que requiere una gran capacidad técnica individual, un grado muy alto de apoyo y una confianza enorme de que los forwards, moviendo la pelota, pueden llegar al try. Entonces, si el juego suelto de forwards es la característica actual de los grandes packs, solo cabe recordar que todo está relacionado y que no habrá pack capaz de desarrollar un excelente juego suelto si este no se basa en dos formaciones fijas sólidas y en formaciones espontáneas lo más eficientes posibles. A partir de allí, estaremos en condiciones de tener un pack completo capaz de sumar tries para su equipo. Con respecto al juego suelto, los forwards no deben olvidar el otro aspecto distintivo del rugby: el tackle. Un pack de forwards capaz de tacklear toda vez que pierde la pelota es un pack preparado para la victoria. Recordemos el principio neozelandés que dice: “Un gran ruck se inicia en un gran tackle”. Desarrollemos en nuestros forwards la confianza para tacklear, que es una de las maneras de convertirse en un Gran Forward”.