Especial

Clasificado bajo Especial 50 días Puma | el 31-12-2014 |

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El especial completo de Los 50 días de Los Pumas. Para que lo guarden y lo lean y vean cuando quieran. De primera mano. Periodismo fuera de la caja tradicional.

Presentación

Mendoza

Edimburgo

Génova

París

París

Clasificado bajo Especial 50 días Puma | el 30-12-2014 |

18

Los Pumas volvían a la siempre majestuosa y maravillosa París por primera vez después de aquellos dos históricos impactos del 2007, uno en el Stade de France y otro en el Parque de los Príncipes. El triunfo ante Italia había cambiado los ánimos. Había alivio pero mesura ante lo que venía: una Francia dulce después de vencer en fila a Fiji a y los Wallabies. Sin un juego brillante, pero sí de temer. Les bleus querían cerrar noviembre con un 3-0; no pensaban en otra cosa. Los Pumas no podían cometer más errores. Lo bueno era que había autocrítica. Agustín Creevy, el capitán, reconoció que no fue correcta su decisión de jugar ante Escocia: “Me equivoqué. No lo volvería a hacer”. Y Daniel Hourcade, el entrenador, que no había advertido las señales que durante la semana preanunciaban lo ocurrido luego en Murrayfield. Ante Francia, en su casa del Saint Dennis, no había margen para más equivocaciones y todos tenían claro que con lo ejecutado en Génova no iba a alcanzar para dar el nivel que exigía éste test-match.

¿Qué pasó en París el domingo, día del arribo de Los Pumas? Sí, claro: lluvia. No fuerte, pero lluvia al fin, aunque en esta escala, más adelante, no iba a ser protagonista. El plantel arribó desde Génova en dos grupos, ambos en vuelo directo. Ya se había ido Agulla a Estados Unidos y volvía Bosch, aunque con un dolor en el hombro de su paso por Saracens, el día anterior. El doctor Guillermo Botto confiaba en que Creevy iba a llegar y las dudas estaban centradas en Juan Leguizamón. El lugar de concentración también traía recuerdos imborrables: el mismo hotel donde Los Pumas esperaron el test con Escocia en 2007, el que los terminó instalando en las semifinales del Mundial. Otra vez el elegante barrio de Neuilly albergaba los sueños argentinos.

Como en Peffernill, en Edimburgo, y en Carioli, en Génova, el césped sintético esta vez del CSM Gennevilliers fue testigo de un primer entrenamiento Puma bajo la lluvia. Y en ese lunes, con mucho frío. Una hora intensa en la cual además de Creevy y Legui también se entrenó aparte el juvenil Petti, con una molestia en una de sus piernas. Hourcade ahí volvió a su esquema favorito: Sánchez de 10 y Hernández de 12. Con una variante: Cubelli otra vez como titular. Y Tetaz de 3. Se habían ganado el puesto en esta gira.

El martes a la tarde, también con mucho frío, los entrenamientos se intensificaron, haciendo mucho eje en la defensa. Al día siguiente, como es habitual, descanso, con varios que fueron a EuroDisney, y el jueves, a la mañana, bajo el frío, una práctica a fondo que culminó con una fortísima arenga de Hourcade, sumamente molesto porque notó varias distracciones en lo que se pretendía ensayar. “Nos van a cagar a palos”, se escuchó varias veces del tucumano, al igual que “se nos tiene que fruncir el culo cuando entremos a jugar”. Ni se escuchaban los respiros en la ronda, que lo tenía también a Juan Fernández Lobbe y a Legui, que ya estaba descartado porque era demasiado arriesgado para su físico y en su relación con su club, el Lyon.

Los jugadores sintieron el impacto. Después se juntaron entre ellos, a solas. Ahí encontraron el extra que necesitaban para el sábado. Este partido necesitaba el ADN Puma. Arriesgar, sí, pero huevos para dejar la vida en cada pelota. La batalla en el Stade requería locura extrema. Revelarse ante la adversidad. Sabiendo también que Francia es más ganable cuando viene con viento a favor.

Mientras, cruzando el Canal de la Mancha, Agustín Pichot ese mismo jueves terminaba de cerrar la franquicia 100% argentina en el Súper Rugby a partir de 2016. Sin ninguna cláusula exigida desde la Sanzar en cuanto a la conformación del equipo. Fue un día de intensos intercambios de mensajes con el ex capitán, quien sobre la madrugada del viernes europeo, feliz, le anunciaba a éste periodista los detalles del acuerdo. No era ésta una semana cualquiera, sin dudas…
………….

“Si nos tenemos que cagar a trompadas, nos cagamos a trompadas”. La arenga de Creevy retumbó en los pasillos del Stade, mientras la noche en París lucía estrellada y cálida para ésta época del año. Afuera, en las tribunas, unos 50 mil franceses esperaban ansiosos una exhibición de los suyos.

Silencio. Apenas murmullos. Tanto que se escuchaban los gritos de los jugadores. “Vamos”, “No aflojamos, eh”. Afortunadamente, me tocó presenciar en la cancha decenas y decenas de partidos de Los Pumas, tanto como espectador que como periodista. Esos 30 primeros minutos ante Francia son de lo mejor que le he visto al seleccionado argentino. Una clase de rugby, con audacia, huevos, inteligencia y pasión por éste juego. Francia, literalmente, ni la tocó en ese lapso y, desesperada, empezó a pegar. Y se cumplió lo de Creevy, con Lavanini, loco de toda locura, como bandera.

A esa faena descomunal del equipo se le agregaron dos factores de sumo valor: antes de los 20 se tuvieron que hacer dos cambios por las lesiones de Bosch y Senatore y entraron Santiago González Iglesias a jugar en un puesto no habitual (13) y Tomás Lezana, que dos semanas atrás estaba con sus amigos viendo el test con Escocia en el bar de Santiago Lawn Tennis. “Entrás vos, boludo”, le gritaron a Lezana porque no podía creer que le dijeran a él. “Sólo me propuse que nadie me podía pasar”, contó luego el bravo tercera línea.

Pumitas especial París

Abrió la cuenta Nico Sánchez con un penal y después vino la locura de los drops. Uno atrás de otro. Tres en total: 2 del tucumano, quien agregó otro penal, y uno de Hernández, quien en el Stade juega como en el patio de su casa (fue el más ovacionado por los franceses antes del partido). ¿Cómo olvidar aquellos drops de Hernández ante Irlanda, en esta misma ciudad? 15-0 en 33 minutos. La gente silbaba ante cada drop, pero de impotencia. Un dato clave para entender lo que pasaba: el drop estaba en los planes si Francia, como ocurrió, se mostraba impasable en defensa.

En esos 30 minutos, Los Pumas sorprendieron a Francia también atacándolo. De un lado a otro. Atacando los espacios. De una jugada extraordinaria de todo el equipo casi llega un try de Imhoff, quien pisó la línea cuando iba a apoyar.

Sobre el final, Lopez, que había fallado 3 penales, anotó uno y descontó. En el camino al vestuario, Cubelli lo pecheó a Fofana buscando lo que encontró: descontrolar a los franceses. Las piñas siguieron hasta el vestuario. Lavanini lo fue prepeando a Papé (lo había cortado a Ortega Desio) hasta la puerta. Si Francia quería ganar de guapo, no iba a poder. Sonaba aún la arenga de Creevy.

No bien comenzó el segundo tiempo, Sánchez asestó otro drop. Nadie entendía nada. Tres drops del tucumano, vistiéndose de Hugo Porta, quien lo miraba desde uno de los palcos (“Me vinieron todos los franceses a felicitar; fue un partido sensacional de estos chicos”, me dijo después la leyenda del rugby argentino). Herida, Francia se fue con todo. Un try de Fofana convertido por Lopez y un penal de Kockott (otro sudafricano jugando para Francia; le dio otro impulso a su equipo cuando ingresó) dejó la chapa 18-13 faltando 17 minutos.

A Los Pumas no les quedó otra que defender. Ya no tenían la pelota y el físico empezaba a desgastarse. Ahí apareció en plenitud esa mística que viene pegada en la piel de todo aquel que se pone la celeste y blanca. Si los primeros 30 fueron excelentes, los últimos 20 fueron conmovedores. Con imágenes imborrables. La de los pibes santiagueños, con Isa comiéndose la cancha y con Lezana avanzando metros y metros cada vez que tomaba la pelota. Con Rete llevándose puesto a Bastareaud, anulando a la última carta que se jugó Saint-André. Con Creevy pescando cuatro pelotas imposibles, en su partido consagratorio como capitán. Con Ortega Desio, otro que no estaba en los planes, jugando al límite. Con Montero e Imohff tackleando como nunca. Con Hernández dando clase…

El final fue con suspenso. Los franceses gritaron try, pero el irlandés George Clancy ni pidió video-ref. Habían ganado Los Pumas. Otra vez en París. Las lágrimas, los gritos y los abrazos regaban el maltrecho césped del Stade de France. Creevy se besaba el escudo y lo mostraba a las tribunas. El staff enloquecía. Pichot saltaba al campo de juego como un hincha. Los franceses se iban impávidos como diciéndose a sí mismos ¿de nuevo estos tipos?

El domingo empezó la desconcentración. La alegría contenía el cansancio de la misión cumplida. 2-1 en noviembre. Como no pasaba desde 2006. 3-1 en tests, como tampoco ocurría desde 2006. A un año de un Mundial en ambos casos. Fueron 50 días de gloria dentro de la leyenda Puma. Empezaron en Mendoza y terminaron en París. Valía revivirlos.

Festejo París especial

Notas en La Nación, desde París

Una buena oportunidad

La transición

Reportaje a Marcelo Bosch

La confirmación de la franquicia en el SR

Hourcade confirma que deja afuera a Albacete

El desafío

Una clase de rugby

El partido

https://www.youtube.com/watch?v=GAv83Dps7c4

Génova

Clasificado bajo Especial 50 días Puma | el 29-12-2014 |

3

Si la derrota ante Escocia pegó duro en el ánimo del plantel, el largo viaje a Génova hizo más pesado el domingo siguiente al test en Murrayfield. El trayecto fue desgastante: avión a Amsterdam, otro a Milán y desde ahí, micro y combies a la ciudad donde nació Cristóbal Colón. La llegada se produjo cerca de las 22 ¿y a qué no saben bajo qué condiciones? Sí: diluvio infernal. En realidad, todo el Norte de Italia venía sufriendo fuertes lluvias que se anunciaban para toda la semana y, especialmente, para el sábado, día del test con la azurra.

El plantel fue otro al de Edimburgo. En el enroque de backs, entró Lucas González Amorosino, liberado para jugar su club, Cardiff, y salió por una semana Marcelo Bosch, quien partió al Saracens. Para Francia no iba a estar Horacio Agulla, quien debía viajar a los Estados Unidos para asistir al nacimiento de su hijo Horacito. Pero lo más fuerte venía por los lesionados. Out Rodrigo Báez (desgarro) y Matías Alemanno (paperas) y viaje de urgencia de dos Pumitas 2014: Guido Petti y Tomás Lezana. Y Juan Leguizamón se unía a la delegación, aunque aún no del todo respuesto de su lesión en el RCh, pero completando el trío santiagueño con Facundo Isa y Lezana. Claro, también llegó lesionado el capitán, Agustín Creevy.

El lunes por la tarde, luego de una lavada de cabeza general a la hora de los videos, el plantel partió al Estadio Carioli -un ex velódromo con una vista espectacular- para su primer entrenamiento en tierra italiana. Ahí, en esos 60 minutos donde se fajaron de lo lindo, empezó la recuperación. Y Hourcade dio señales: Cubelli de 9, Hernández de 10 (Nico Sánchez enloqueció en el buen sentido cuando lo vio enfrente), Tetaz Chaparro de 3, De la Fuente de 12, Agulla de 13, más Isa y Petti. Mientras Crevvy y Legui se entrenaban aparte con el kinesiólogo Martín Nuñez y el preparador físico Gonzalo Santos, el resto se mató a tackles.

Entrenamiento 1 en Génova

El martes hubo doble turno nuevamente en el Carioli, el miércoles descanso y el jueves un turno a la tarde. Ese mismo día empezó a trascender una noticia que se confirmó por la noche: el test se adelantaba al viernes porque, como decían los genoveses, “se viene el mundo abajo”. Antes, Hourcade había dado el XV con 8 cambios, los que había insinuado el lunes: ingresaban Matías Cortese, Tetaz Chapparo, Petti (debut), Isa (debut como titular), Cubelli (capitán), Jerónimo De la Fuente, Horacio Agulla y Lucas González Amorosino. Y con Juan Hernández por primera vez en el año como apertura, el puesto en el que se siente más a gusto.

Todo cambiaba. El captain’s run fue el viernes a la mañana. Y, gran noticia, el partido no se jugó bajo la lluvia. Histórico porque no hay registro de un test adelantado por condiciones climáticas y raro por ser en un día laborable a la tarde y con muy poco público en el Luigi Ferraris.

Los primeros 30 minutos Pumas fueron flojísimos ante un rival duro, pero sin una idea. El neozelandés Kelly Haimona anotó 4 penales de los muchos cometidos por los argentinos contra uno de Hernández. Era 12-3 hasta que en la última pelota, González Amorosino, el que siempre te salva, apoyó del lado izquierdo una jugada que él mismo inició sobre la derecha y que el equipo le dio una buena continuidad. 12-10 al vestuario. Si Los Pumas no mejoraban, se venía en serio el temporal.

Lucas especial

Al comienzo del segundo tiempo, Haimona anotó otro penal y a los 17, Cubelli jugó un penal rápido y Hernández hizo magia: aguantó y marcó el pase, todo de precisión, para que De la Fuente, que venía como un tren bala, terminara bajo los palos. Conversión del 10 y Los Pumas pasaban por primera vez al frente: 17-15.

A los 30, Sánchez, que había ingresado por Hernández, anotó un penal, pero enseguida, el cordobés Orquera puso nuevamente distancia de 2. Los últimos 5 minutos fueron con Italia atacando sin orden y sin claridad y Los Pumas defendiendo. Orquera tuvo una chance con un drop que le salió defectuoso. La chapa quedó 20-18. Con lo justo. Había que ganar y se ganó, pero quedó en deuda el juego. Pero además del triunfo, el test había dejado otros buenos elementos para el futuro: Cubelli dispuesto a no dejar la 9, Isa con otro buen partido, lo mismo que Tetaz Chaparro, De la Fuente y Matías Moroni en los pocos minutos que estuvo en cancha (no bien entró un tackle alto no sancionado lo mandó al vestuario por un rato con conmoción cerebral). Los de atrás empujaban y nadie parecía tener su puesto asegurado.

Cubelli especial

El pronóstico no falló. Efectivamente, el sábado Génova vivió durante casi todo el día un temporal de agua y viento, lo que obligó a cerrar casi todos los negocios. En el Hotel NH, a las puertas de la ciudad antigua, Los Pumas aprovecharon el día extra de descanso para saborear la victoria y empezar a pensar en lo que se venía. Nada menos que Francia, en el Stade de France, en el cierra de la gira que ahora tenía una chapa de 1-1. Como ante los Wallabies en Mendoza, a la ventana de noviembre le quedaba una sola bala.

Notas en La Nación, desde Génova

La necesidad de rearmarse

Lavado de cabeza

Reportaje a Horacio Agulla

Santiago x 3

Adelante x 2

El análisis de la victoria

Rompecabezas

Reportaje a Jerónimo De la Fuente

El partido

Edimburgo

Clasificado bajo Especial 50 días Puma | el 28-12-2014 |

8

El sábado 1° de noviembre la partida Puma hacia Europa tuvo un par de diferencias notables con otras anteriores: se venía de una victoria y se iba un plantel conformado por más jugadores que estaban en la Argentina que en Europa. Se trataba de la primera gira con el sello del Plar. Más aún: varios jugadores habían sido Pumitas en los últimos 3 años. Pero también el viaje a Edimburgo, vía Amsterdam (vuelo 702 de KLM), iba a arrojar otro dato en este caso preocupante: las lesiones. Juan Fernández Lobbe volvía a faltar, ahora tras desgarrarse en el Toulon, lo que le abrió la puerta nuevamente a Javier Ortega Desio. Y Benjamín Macome quedó afuera otra vez, reemplazado por un debutante, Facundo Isa. Al llegar a Escocia, otra mala noticia: Matías Alemanno tenía paperas. Convocatoria de urgencia para otro sin tests: Lucas Ponce.

¿Cómo recibió la bella Edimburgo al seleccionado argentino? La respuesta es simple: con lluvia. Y mucho frío, característico del otoño británico. Alojados en el Hotel Appex, sobre la avenida West Port, con vista al Castillo, en las puertas de la Ciudad Vieja, Los Pumas llegaron a la Ciudad de la Literatura con el cartel de favoritos. No sólo porque venían de superar a los Wallabies, sino porque se estimaba que estaban un pequeño escalón de una Escocia en desarrollo y porque las últimas cinco visitas a Murrayfield habían concluído en victoria.

Los jugadores sabían y asumían ese mote de candidatos. No lo ocultaban en ninguna de las charlas con los pocos enviados de los medios. “Es hora de ponerse los pantalones largos”, dijo Hourcade para refrendar esa sensación que dominaba el ambiente Puma. Era todo un desafío a una historia en la cual nunca hubo un buen final cuando el equipo llegó en ganador. Se sabe: Los Pumas siempre fueron temibles cuando están heridos. No al revés. Pero bueno, lo cierto es que el test en Murrayfield era una muy buena prueba para torcer esa leyenda y escribir otra.

El miércoles fue, como siempre, día libre, y el único que no llovió. Es más: hubo sol a pleno.

El entrenamiento del jueves, bajo un frío infernal y aguanieve, no fue lo duro que debe ser el último entrenamiento antes de un test. Allí, Hourcade colocó un debutante en la segunda línea: Juan Cruz Guillemaín. Tampoco arrojó buenas sensaciones el captain’s run en Murrayfield, el viernes, ya de noche a las 5 de la tarde. Con otro dato preocupante: Agustín Creevy no estaba bien físicamente. No había entrenado en la semana y él mismo reconoció ante dos periodistas (Iván Pelisch, de Clarín, y quien escribe) que “ya está; si me rompo todo no importa…”

Scot-Pumas

Claro que el sábado fue lluvioso. Torrencial en los momentos previos al test. Los fanáticos escoceses colmaron buena parte de Murrayfield. El Cardo esperaba con hambre a Los Pumas. Lo anunciaron jugadores y el entrenador Vern Cotter, en su presentación en el Templo de Edimburgo. Iban a ir con todo porque una semana después venían los All Blacks. Se palpaba en el ambiente la asniedad escocesa. Querían sangre los que unos días antes estuvieron a un 5.4% de independizarse del Reino Unido.

Bajo la lluvia, al revés que en Mendoza, el partido no pudo empezar mejor para Los Pumas. A los 2 minutos, Manuel Montero metió un muy buen tackle que dejó la pelota suelta. Hernández, quien cumplía su test número 50, encontró a Ortega Desio por la punta y el paranaense corrió desde mitad de cancha escoltado por el 12. ¡Try! Golazo de Sánchez y 7-0.

Ortega Desio Especial

Escocia ni se inmutó por el golpe. Lo dicho: tenía hambre. Y se lo fue a comer a Los Pumas. Enseguida, Richie Gray vulneró el ingoal y la conversión de Laidlaw dejó las cosas 7 iguales. Ni un penal de Sánchez (10-7) frenó la locura local. En 4 minutos llegaron dos tries, tras una amarilla a Juan Imhoff por un topetazo a destiempo: el otro Gray, Jonny, y Maitland. Ambos convertidos por Laidlaw, quien más tarde anotó un penal. Paliza. Y con dos lesionados, encima: Báez y, lo que se prevía: Creevy. Debut para Isa.

La defensa argentina fue un colador, se perdió ostensiblemente en el 1 a 1, no funcionó el line, el scrum 50 y 50 y el capitán Laidlaw encontró huecos por todos lados. Desconcentrados y con la guardia baja, Los Pumas recibieron otro try a los 7 del segundo tiempo por intermedio de Hogg (otro gol de Laidlaw).

Faltando 15, Escocia metió todos los cambios y levantó el pié del acelarador. Era goleada: 34-10. Hubo un descuento con un try penal, pero una intercepción a Hernández estiró con try de Seymour el número a 41-17.

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El final fue todo de Tomás Cubelli, quien había entrado faltando 23 minutos. Dos tries suyos, de puro guapo, sirvieron, junto a las conversiones de Hernández para dejar todo en un 41-31 que no reflejó lo que pasó en la cancha. Escocia estuvo al menos 20 puntos arriba.

Lo mejor había venido del banco y de los más nuevos. Varios titulares indiscutidos habían estado muy por debajo de su nivel. La ya noche de Murrayfield, lluviosa de nuevo, dejaba fuertes autocríticas. Dijo Marcos Ayerza: “Es un duro balde de agua fría para la realidad de este equipo. No tuvimos actitud ni la locura que hay que tener cuando uno se pone esta camiseta. Lo bueno es que el deporte da revancha y la tenemos el sábado que viene, pero siempre y cuando aprendamos esta lección”.Dijo Hourcade: “Hablamos, hablamos y hablamos en la semana de cómo había que jugar este partido, pero no lo sentimos. Para mí se trató de un tema mental. No asumimos nunca el protagonismo y tuvimos un muy mal partido. Regalamos el primer tiempo, no defendimos bien, nos desprendimos rápido de la pelota. Esto no nos puede pasar más”

Los Pumas, que habían ido a Europa a buscar un histórico 3-0, se marchaban de Edimburgo llenos de interrogantes. Había que empezar de nuevo. A dormir y al otro día, bien temprano, emprender el viaje a Génova. Esperaba Italia.

Notas en La Nación, desde Edimburgo

Reportaje a Hernández

Anuncio del test

El comentario del partido

El test de Murrayfield

Mendoza

Clasificado bajo Especial 50 días Puma | el 27-12-2014 |

12

Los muy buenos últimos 20 minutos en La Plata ante los All Blacks dejaron buenas sensaciones, pero el resultado para Los Pumas fue el mismo que en los 8 tests jugados en lo que iba del año: derrota. El darle batalla a las potencias ya no alcanzaba si no llegaba una victoria. Había, de alguna manera, un límite en las cabezas de los jugadores. Las ganas se habían convertido en necesidad. Con ese sentimiento interno se retiró el plantel de la agradable noche platense, en la que los neozelandeses habían capturado el tercer Rugby Championship. Quedaba una bala sola en el cargador: Australia, en Mendoza.

La previa mostraba un par de fronteras a cruzar en la Cordillera, además de la de la victoria. Por un lado, no estaba disponible Juan Fernández Lobbe, en viaje a Francia por el nacimiento de su hijo. Ya sin Juan Leguizamón y Pablo Matera, el equipo iba a tener que jugar con una tercera línea totalmente distinta a la que empezó el RCh. La otra cuestión radicaba en los antecedentes: los Wallabies llegaban golpeados -los Boks los habían pasado por arriba literalmente en los últimos 20 minutos en Cape Town- como en las dos anteriores ediciones y Los Pumas, aquella veces en Rosario, habían sufrido el cartel impuesto desde el afuera de que ese era el partido a ganar. Ocurría lo mismo ahora, en Mendoza.

Daniel Hourcade no esperó hasta el jueves para dar el XV. Lo hizo el martes, en Buenos Aires. Un primer punto que demostraba que necesitaba tener el equipo concentrado en el objetivo lo más rápido posible. Con 4 cambios con respecto al que había ingresado en La Plata. Dos de ellos, inesperados: por primera vez salían de la titularidad Marcelo Bosch (“Viene jugando sin parar desde noviembre; necesita descanso”, dijo el entrenador) y Ramiro Herrera, que venía bajando su nivel. Adentro, un histórico, Horacio Agulla, con su nuevo número (13), y otro que pedía pista, Nahuel Tetaz Chaparro. También Lucas González Amorosino por Manuel Montero y el local Rodrigo Báez por el ausente Fernández Lobbe.

El jueves, Los Pumas pisaron la tierra del vino y los sueños quedaron alojados en el Hotel Intercontinental, en pleno centro de la ciudad. Al día siguiente, en el captain`s run en el Malvinas Argentinas, Agustín Creevy cerró la práctica con una fuerte arenga que minutos más tarde repitió, en otro tono, en la conferencia de prensa. El grito de guerra del capitán fue: “Quiero ganar”.

Mendoza, resaltaba Creevy, le sentaba bien al equipo. Ahí había empatado con los Springboks en el 2012 o se recuperó con el mismo rival, aún cayendo y sin merecerlo, tras la debacle en Soweto en el 2013. Se palpaba un buen ánimo, del positivo. Con la Cordillera y las nubes de fondo, Los Pumas iban a su último día en el RCh. Al primer cierre de una etapa arrancada en Pensacola.

Mendoza especial

El sábado 4 de octubre amaneció con el jugador número 16 de Los Pumas en el 2014: la lluvia. “Vas a ver. Nunca llueve en Mendoza, pero el sábado va a llover. Los Pumas atraen la lluvia”, pronosticaba, entre risas, un miembro del staff. Y sí, en Mendoza llueve poco, pero con Los Pumas, ese sábado, llovió. Con un horario más tardío que los otros encuentros en la Argentina: 19.40. Un horario que suele complicar al jugador, porque el día se hace de goma.

Con un estadio a medio llenar, pero con buen clima, el partido no pudo empezar peor. En pleno ataque, con los argentinos yendo bien arriba, Michael Hooper le interceptó un pase adentro a Juan Hernández y desde su campo, los Wallabies armaron una electrizante jugada que terminó en try de Tevita Kuridrani, convertido por Bernard Foley: 0-7 a los 4 minutos. A los 13, otra vez con Los Pumas en ataque, penal en contra, line y try de Scott Higginbotham, también convertido por Foley. Era 0-14 y, encima, en esa última jugada se lesionó Benjamín Macome. A la cancha Javier Ortega Desio, quien una semana atrás estaba en su casa de Paraná, sin soñar con lo que venía para él.

¿Otra vez? ¿Otra goleada en contra ante los Wallabies de local? El panorama no era el más auspicioso para Los Pumas. El silencio y los murmullos en el estadio acompañaban esas malas sensaciones. Ya no llovía. Pero Los Pumas no se apartaron del libreto. Lejos de quebrarse, fueron para adelante con una gran virtud que era un elemento nuevo en el juego: la paciencia. Era imperiosa encontrarla en esa locura por atacar cualquier pelota. Y construyendo cada fase, pensándola, pero siempre arriesgando y atacando el espacio, llegó el descuento con un gran try de Leonardo Senatore a los 34. Y un penal sobre el cierre de Nicolás Sánchez abría el paraguas de la esperanza. 14-8. Los Pumas estaban en partido.

En el segundo, todo fue de los argentinos. Yendo y yendo. Conmovía ver cómo se construía cada pelota en ataque y en defensa. Sánchez aportó otro penal, pero Foley mantuvo la diferencia de 6. Hasta que a los 12 llegó otra joyita que mezcló el ADN Puma con la nueva sangre. El scrum hizo estragos frente a los palos, se levantó Senatore, Martín Landajo se la sacó de las manos, combinó con Sánchez, salteo a Agulla y éste le da rosca al ataque, encuentra el timming perfecto y try de Juan Imhoff. Golazo de Sánchez y Los Pumas al frente por primera vez: 15-14.

Los Wallabies se fueron al humo, pero los argentinos tacklearon a destajo, con un partidazo de la tercera línea. Sin embargo, Foley tuvo un penal frente a los palos que pudo ser crucial. Molestado por un rato láser que partía de una cabecera (un milagro que aún no se la haya sancionado a la UAR por esa estupidez que se da en casi todos los tests), el apertura falló su envío, que dio en uno de los postes. En el rebote, González Amorosino hizo una de las suyas: sacó agua de las piedras y un tackle alto de Hooper salvó la situación.

A falta de 8, Sánchez aportó otro penal y a partir de ahí, ya también sin Mariano Galarza, lesionado en un hombro, todo fue locura. En defensa adentro de la cancha y en la gente y en los suplentes afuera. Los Pumas defendieron lo que era suyo. Australia estaba desbordada. La amarilla a Hooper por cargar alevosamente a Joaquín Tuculet fue otra foto de la noche. Y otro penal en un scrum sancionado por el galés Nigel Owens tuvo la última imagen de Hernández pinchándola bien lejos.

Se festejó como un campeonato. Lo valía. Los Pumas habían logrado dos cosas: ganar y del modo que lo hicieron. Siempre importa el cómo. Los abrazos se multiplicaron y las caras de felicidad de los jugadores y del staff en el camino del vestuario al Hospitality fueron una postal de la alegría. También la de los dirigentes en el avión que los trasladó a Buenos Aires el domingo bien temprano. Esa mochila de la derrota había desparecido por mérito propio de Los Pumas. Primer triunfo en el Rugby Championship, siendo el equipo más disciplinado y con Sánchez como goleador del torneo. Una victoria que llegó antes de lo que se pensaba en 2012 y antes de lo que se presagiaba después del traumático y caótico 2013. Se terminaba una etapa. Cada uno se iba a descansar a sus casas o a jugar en sus clubes europeos.

Felicidad, felicidad. Postal de Mendoza. Día 1 de los 50 que venían.

Festejo Mendoza especial

Columna en La Nación

Primer tiempo

Segundo tiempo

3-1

Clasificado bajo Especial 50 días Puma | el 26-12-2014 |

16

Cincuenta es un número redondo, especial para que los periodistas juguemos alrededor de él contando distintos hechos históricos. Pero acá vamos a jugarlo de otra manera. Acá, 50 es un número ovalado. Por lo que viene, ya que en unos días nomás estaremos en el 2015, el año del 50 aniversario del comienzo de la leyenda Puma. Serán, como corresponde, meses de homenajes a aquellos jugadores que en Sudáfrica marcaron un antes y un después, como aquellos que en 1910 representaron por primera vez al seleccionado argentino de rugby. Pero lo que quiero presentar en este post son otros 50: los 50 días de la resurrección Puma. Del sábado 4 de octubre en Mendoza al sábado 22 de noviembre en París. De un recorrido que dejó varias marcas: romper con una larga racha de derrotas, ganar la primera seria en Europa desde 2006 y meter un 3-1 en test-matches, algo que no sucedía (sin contar Mundiales) tampoco desde 2006/2007.

A partir de mañana y hasta el 30 inclusive, periodismo-rugby publicará cuatro posts de propia mano en los que, a manera de crónica periodística, buscaré darle una mirada a ese recorrido que, por fortuna y gracias a que el diario La Nación me envió a Mendoza y a Europa, me tuvo como el único periodista que cubrió los partidos en Mendoza, Edimburgo, Génova y París.

Serán decenas las imágenes (en palabras, fotos y videos) que irán desfilando por esos 50 días en los que Los Pumas resurgieron tras un 2013 plagado de derrotas, goleadas y conflictos internos y externos. Que tuvo un 0-3 en junio, nuevo capitán, nueva idea de juego, exclusiones y polémicas, hasta que el Rugby Championship empezó a mostrar otra cara, pese a que al minuto del debut 2014 los Springboks clavaron un try en Pretoria que parecía anunciar otro Soweto y el más allá.

El equipo fue dando síntomas en el RCh de lo que se había propuesto en una Pensacola con más palabras y pelota que físico. Estuvo a punto de dar el golpe contra los Boks en Salta, en un partido que debió ganar; tuvo un muy buen paso por Oceanía, un gran final ante los invencibles All Blacks en La Plata y, cuando las cabezas más lo pedían, llegó el golpe frente a los Wallabies. Chau racha negativa.

Se trató de un equipo que se fue sobreponiendo a las múltiples lesiones, que se recuperó de un porrazo muy fuerte ante Escocia, que capeó el temporal en Génova y que en la fría y despejada noche de París consiguió uno de los triunfos más relevantes de la historia. 3-1 en 50 días. ¿Qué pudo ser 4-0? Es posible, pero lo que pasó en Edimburgo, sin dudas, potenció el batacazo contra los franceses en el Stade de France, el escenario del partido que el 7 de septiembre del 2007 abrió el escenario que hoy tiene el rugby argentino. Otro antes y después aquel del Bronce. Tan potente como el de 1965.

Los grandes y los chicos. Los chicos y los grandes. Los que estaban en sus casas y terminaron siendo figuras (Ortega Desio, Isa, Lezana). De banca a punto y viceversa. Las distracciones. Las arengas. Los contratiempos. Las palabras. Los gestos. Los tries. El scrum. La sangre. El atrevimiento. Los huevos. Los Pumas. Una película de 4 capítulos y 50 días dentro de la leyenda.

Iremos reviviendo en el fin del 2014 aquellos pasos por Mendoza, Edimburgo, Génova y París. Los 50 días de Los Pumas. Periodismo de primera mano o periodismo a sangre para contar el rugby. Los invito a pasar a partir de mañana.