Cuatro presidentes de clubes de la Zona Norte del Gran Buenos Aires (Newman, Virreyes, Champagnat y San Patricio) fueron entrevistados la semana pasada por uno de los Zonales de Clarín. Como ese suplemento llega sólo a un districto y tampoco está en Internet, me pareció interesante compartir esa nota acá. De paso, le agradezco al editor del Deportivo de los Zonales, Rodrigo Calegari, quien me envió el texto.
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Héctor Piccaluga es el presidente de Newman; Carlos Ramallo, de Virreyes; Mario Espinal, de San Patricio, e Ignacio Silveyra, de Champagnat. Son cuatro dirigentes de clubes de la URBA y, para dejar en claro su posición sobre el conflicto por el que atraviesa el rugby se juntaron a charlar con el Deportivo Norte. Pero no sólo hicieron foco en la dificultad surgida con las becas, sino que prefirieron explicar también cuestiones que hacen a lo formativo del deporte y a lo que éste significa para muchísimos chicos que lo quieren practicar. Esa, aseguraron, es la mejor forma de entender el problema y, así, comenzar a solucionarlo.
“Es importante, primero que todo, entender el rol del rugby como deporte formativo”, arrancó Piccaluga. Todos asintieron. Y a continuación Ramallo ejemplificó: “¿Cuántos chicos tiene Boca en inferiores? ¿300? Hoy, un club como el CASI tiene 2.000. El fútbol selecciona, el rugby no. Todos pueden jugar al rugby, no hay ‘pruebas’. En San Andrés juega un chico sin una pierna. El problema del rugby, entonces, no es cómo salir campeones sino cómo dar servicio, contención y educación a toda esa gente. Si un chico carece de talento, juega igual. Más que ganar, lo que importa es ganar haciendo las cosas bien. Una vez, en la categoría Menores de 15, jugaban Virreyes-Los Matreros. A Virreyes se le lesionó un chico y no tenía suplentes. ¿Qué hizo el técnico de su rival? Sacó a un jugador de su equipo. Ese es el espíritu que no queremos que se pierda”.
“Entendiendo eso, puede quedar más clara nuestra posición”, destacó, cortado en mano, Espinal. Y luego, ante la atenta mirada de sus pares, siguió: “Queremos que haya rugby profesional. No estamos en contra de nadie, sólo queremos encontrar la solución al conflicto. Nos dicen: ‘¿no querés que crezca el rugby argentino?’ Claro que quiero, pero el rugby no va a crecer porque los jugadores cobren. El rugby no son Los Pumas, no es el PlAR: son miles de chicos. Ser profesional no es malo, todos los que estamos acá somos profesionales. Pero es otro camino, se trata de marcar límites”.
Sobre esa idea, Ramallo reforzó: “El problema no pasa por las becas. Este es un tema que no se puede simplificar. Meter dinero, a largo o mediano plazo, va a transformar el objetivo de todo. Ya no vamos a tener la historia de Virreyes-Los Matreros. Cuando hay plata, el objetivo es ganar; no es ni la inclusión ni la diversión. Un padre le va a decir a su hijo: ‘Nene, ponete los botines que tenés que ir a jugar al exterior’. En el fútbol, de 1.000 chicos, llegan 10. Y todos se preocupan sólo por esos 10”.
“Es un problema de objetivos del juego –afirmó Silveyra–. Formar personas es una cosa; formar atletas, otra. El PlAR está perfecto, ¿cómo no nos vamos a alegrar de los resultados de Los Pumas? Todos los Plares salen de nuestros clubes, ¿cómo no nos va a gustar verlos ahí? Pero el rugby es mucho más que eso.”
Si pudieran y no existieran otras obligaciones, estos cuatro apasionados del rugby se pasarían el día charlando sobre el deporte que los hermana. Pero el tiempo corre, y hay que pronunciarse sobre el conflicto. “Nadie quiere la fractura de nada”, aseguró Silveyra. “Todos los clubes acuerdan sobre lo formativo del rugby. Nadie está en contra de nadie. Sólo tenemos que tratar de entender cuál es el marco de lo que acordemos. Hay jugadores que reciben dinero, bien, entonces vamos a buscar la forma de que eso suceda, a encontrarle un marco”. En la misma línea, el ejemplo de Piccaluga fue muy gráfico: “Dicen que esta es la pelea dirigentes-jugadores. Pero todos los que estamos acá tenemos hijos que juegan: ¿Es padres contra hijos, entonces? Sólo pensamos en que esto se resuelva, y así va a suceder. Es imposible que no exista la solución. La vamos a encontrar”, apunta. Un afirmación en la que todos están de acuerdo.