#ELRugido (Adelanto)

Clasificado bajo El Rugido | el 29-05-2015 |

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Rugido FB

Un adelanto sólo para ustedes del libro El Rugido, que desde el lunes próximo estará en todas las librerías.

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Aitor Otaño no se podía dormir. Tampoco lo había podido hacer la noche anterior, tras la derrota ante Northern Transvaal Districts.

Tras la cena, Aitor se había encerrado en su habitación del Hotel Queens esa noche del jueves 13. Insomne, daba vueltas y vueltas en la cama, porque en su cabeza daba vueltas y vueltas la pregunta “¿cómo salimos de esto?”. Se levantó y se paró frente al ventanal de su cuarto. Mirando a la nada se le vino una imagen, la de la selección argentina de fútbol entrando caminando al césped del estadio Pacaembú de San Pablo para vencer 3-0 a Brasil, y más tarde coronarse campeón de la Copa de las Naciones que se había jugado el año anterior, un mes antes de que Otaño comandara en esa misma ciudad la conquista del Sudamericano que sirvió de ensayo a esta gira por Sudáfrica. Pensó Aitor: “¿Y por qué no entrar así de ahora en más?”. Le gustó la idea. Lo tranquilizó. Pero no era suficiente. Aitor era inteligente; sabía que con eso no iban a ganar. De pié, mirando a la nada, revisó el partido anterior, se detuvo en esa salida de los sudafricanos que dejó en el suelo a un tendal de compañeros suyos, amigos a esa altura, y se dijo a sí mismo: “Se terminó. Ahora los vamos a cagar a trompadas nosotros. A la primera piña que nos peguen, vamos a pegarle al más chiquito”. Recién allí, Aitor pudo conciliar el sueño. Eran las 3.00 de la mañana.

El viernes, luego de una breve visita a una mina de oro por la mañana, Aitor reunió a los jugadores antes del entrenamiento de la tarde. Allí les dijo lo que había decidido la noche anterior. Iban a entrar caminando hasta casi llegar al centro de la cancha y, especialmente, dio la orden: “No damos más un paso atrás. Al primero de los nuestros que le peguen, vamos a pegar nosotros. Pero no nos vamos a pelear con el más grande, porque nos faja a todos juntos; vamos a elegir a los más chicos. Y cada vez que toquen a alguno de nosotros, le apuntamos a esos”. No volaba ni una mosca mientras hablaba el capitán. Varios querían jugar el partido en ese mismo momento. Especialmente los debutantes. El fierro cortaba el ambiente.

La sangre nueva movilizaba al equipo. Tras la práctica, otro era el ánimo.

Durante el regerso al hotel, ya cerca de las 7.00 de la tarde, anocheciendo en esa parte de Sudáfrica, en el micro alguien empezó a cantar “Sí, sí, señores…”. Un bullicio lo interrumpió. Al unísono, varios gritaron: “basta de cantar lo mismo que nos da mala suerte”. Y de repente, de entre los asientos, empezó el Coco Benzi:
El que rompe los huevos de la paloma es un ser que no tiene corazón.
Es un ser que no tiene corazón el que rompe los huevos de la paloma.
Lo mataron con alambre de púas
con alambre de púas lo mataron
¡Vamos, Argentina!
¡Vamos, Argentina!
¡Vamos, Argentina!
Fue como una revelación. Todos en el micro estallaron de risa y empezaron a cantar lo que de ahí en más se inmortalizó como la canción de la paloma. Y en el medio del jolgorio, otro empezó: “Con los dedos de la mano, con los dedos de los pies, con las dos bolas y con una pija somos 23”, que también se transformó desde un momento en un hit. Y García Yañez gritó: “¡¡¡Cucucuru!!!” y eso empezó a servir de preámbulo a “La paloma”.

“La historia de ‘La Paloma’ nació en Duendes. Era una canción que cantábamos en los sesenta. Alguien la había escuchado en un partido contra nosotros. Y ese día en el micro, medio en joda, y como no querían seguir cantando las otras porque daban mala suerte, se me ocurrió empezar a cantarla. Ganamos y de ahí en más se cantó religiosamente en el micro antes de cada partido”, cuenta Benzi.
El sábado 15 de mayo llegó el momento del tercer partido. Mientras unas 4000 personas esperaban en las tribunas del estadio Oliën Park, en el silencio sepulcral del vestuario, en un instante Arturo Rodríguez Jurado, Pochola Silva y Ronnie Foster se fueron para uno de los baños a hacer un juramento de sangre. Enseguida se unió Lucho Gradín. Atrás fueron el Pato García Yañez y el Gato Handley, que no jugaban. Entre todos se propusieron no salir vivos de la cancha si no ganaban. Que iban a tener que matarlos para ganarles y que había que dejar la vida en cada pelota. Silva y Gradín aún lo recuerdan como si fuese hoy.

Otaño salió caminando, con la pelota en su mano izquierda. Atrás, Loyola. Así hasta casi la mitad de la cancha, cuando el capitán aceleró y pasó la pelota hacia atrás. Estaba inaugurando una ceremonia Puma que se extendería en el tiempo.

A los 5 minutos, Imhoff aprovechó una pelota por el ciego y llegó al try. A la jugada siguiente, a Silveyra lo llevaron varios metros pegándole trompadas y patadas. “Me mataron, pero yo seguí”, recuerda el pilar del CASI, liviano para el puesto pero muy valiente. Mientras atendían a su compañero, Aitor hizo una seña. “Todos entendimos. Se terminó. Ahora nos tocaba a nosotros. No tanto pegar, sino ir bien fuertes a chocarlos y tacklearlos”, cuenta Dartiguelongue.

Lo cierto es que fue Aitor el primero en responder la agresión. Y como había pronosticado, la víctima fue el hooker Martin Van Zyl, quien además era el capitán. “Yo estaba afuera, al borde de la cancha, y veía cómo en cada scrum las cabecitas de ellos iban para arriba, pim, pum. Estaban ligando de lo lindo”, cuenta Neri.

Arturo empezó a romper a tackles a todos, Loyola y Silva topeteaban de la misma forma y llegó un momento, alrededor de los 25 minutos, en que Van Zyl lo llamó a Aitor y le dijo: “No more”. “Y ahí nos largamos a jugar y los pasamos por arriba”, recuerda Darti.

Tras el “No more” sudafricano, llegaron dos tries consecutivos, uno atrás del otro, de Goti y Silva, ambos convertidos por la guadaña del Negro Poggi. De repente, desde una de las tribunas se empezó a escuchar “Aryentin, Aryentin”. Eran los negros que alentaban a los argentinos. Eran los negros que querían que les ganaran a los blancos, como sucedía al mismo tiempo con Nelson Mandela desde la cárcel. Al canto de los negros se unió el de los pocos argentinos, incluidos los que no habían entrado. “Fue un momento especial. Escuchar cantar por tu país a tantos kilómetros de distancia es algo único”, cuenta Dartiguelongue.

En el segundo tiempo, tries de Otaño (el tercero en tres partidos), Goti y Gradín (jugada espectacular, eludiendo rivales por la base del scrum), más dos penales de Poggi. Sobre el final, los locales, descontaron con un try convertido y dos penales que decoraron el 28-11 final. ¡Se había ganado! El sábado 15 de mayo, en el Oliën Park de Potchefstroom, Los Pumas habían conseguido su primer triunfo en Sudáfrica. Su primera victoria en la historia fuera de Sudamérica.

El domingo, el Hotel Queen, el mismo donde Otaño no podía dormir la noche del jueves, era una fiesta. Jutard tocaba en el piano tango y folklore, mientras otros descansaban, paseaban o se recuperaban de las copas del sábado. El equipo se había sacado una mochila de encima. El diario Die Transvaler tituló con el triunfo Puma y destacó como mejor jugador del partido a Imhoff, seguido por Gradín.

Antes de irse a dormir, Otaño volvió a ser corto y conciso: “No perdemos más”.