“¿Qué te pasó?” Esa pregunta la escuché y la leí decenas y decenas de veces desde que el lunes a la noche tuve ganas de cerrar éste blog. Todas formuladas desde el corazón, con un aprecio que no olvidaré nunca, pues la mayoría vino de personas a las cuales ni les conozco la cara. La verdad es que cuando anoche llegué a mi casa, prendí la computadora y vi todos esos mensajes de aliento sentí algo que es difícil de explicar en palabras. Fue un envión, y vaya que envión, para seguir.
Ahora bien, ¿qué me pasó? Muchas cosas. Ya saben que vengo de una situación larga y complicada con mi madre, que recién está más aliviado desde la semana pasada. Mucha presión, más todo lo que tiene la vida de uno, pero fundamentalmente, también, mi trabajo, que es lo que me da de comer, como co-director de TEA y Deportea, un proyecto propio que, como el blog, me llena de satisfacción. Pero lo cierto es que no puedo con todo y en lo que opté por restarle minutos fue al blog. Está bien claro: mi producción aquí decreció notablemente en lo que lleva el 2012.
Pero no fue sólo eso. Lamentablemente, este espacio fue perdiendo la esencia por el que fue creado, allá por septiembre del 2006. En ese entonces, me propuse, más para mí, es cierto, un lugar donde escribir de rugby y que se transformara, a partir de ahí, en un lugar donde entren todos. El blog y las herramientas digitales permitían un contacto mucho más genuino que el que había transitado durante 30 años en los medios llamados tradicionales. Puse pautas, que se mantienen inalterables, pero lo importante es que aquí no iba a haber censura ni compromisos con nadie. El blog era -lo es- un terreno de libertad. De la verdadera libertad de expresión, tal bastardeada en este país por los intereses que se cruzan a cada instante y a cada acto.
Lo fuimos llevando entre todos y creo que bastante bien. Nunca apoyé el anonimato. Tampoco está escrito en ningún lado que para opinar en un blog haya que inventar un nick. Pero bueno, así se dio, pese a mis reiterados intentos de que todos escribiéramos con nuestro nombre y apellido. Saben que periodismo-rugby atravesó por momento de mucha convulsión, de mucho fuego cruzado, pero, en la enorme mayoría, con respeto.
Pero últimamente, y porque yo no tengo tiempo de mirar todo, han arreciado las acusaciones sin datos, las agresiones, los insultos. Y no me refiero a los documentos que aquí se volcaron, como el contrato de Graham Henry o el acuerdo con Play Patagonia. Agradezco que hayan utilizado este medio. Es una nueva forma. Antes, llegaban a las redacciones y los periodistas las trabajaban. Aquí, por lo que conté antes, yo no pude avanzar en ninguna de ellas. Reconozco, además, que muchas veces estas situaciones me superan.
El tema es cuando pasa lo de estos últimos días. Cuando alguien entra y le dice “viejo puto” a Lagos, que siempre escribió con nombre y apellido, dio hasta su mail y todos pueden verlo en cada partido que juega el CASI. O como para defender a un jugador al que se lo criticó por una situación no grave, se empieza una caza que va hasta lo más bajo. A Vuvuzelas lo había bloqueado, pero se nota que pudo entrar de nuevo… O el que insiste en cada post con Caprarulo, en vez de ir a plantearlo a la URBA. O El Cartero o Il Postino, que insisten e insisten con un tema y, de paso, ensucian a todos los que pueden.
En ese vendaval de acusaciones también entro yo. Y esta sí es una parte que me cansó mucho. Hay quienes andan diciendo que a mí me compraron Pichot y Roncero (Play Patagonia). O la UAR. O ESPN. Es el peor insulto que me pueden dar. Pero también en otra época me compraban los de la mesa de Angies. O Michingo O’Reilly. O el Ruso Sanz. O así como en un momento “jugué” para los del Interior, en otro para la URBA (“porteño”). O cuando doy algún servicio, el que me compra es el anunciante. Esto se da en cada artículo que escribo en el blog o en La Nación. Siempre se piensa que hay una doble intención. Si no sale nada del Argentino es porque Buenos Aires quedó eliminado. Si sale algo elogiando a otra Unión es para quebrar a la URBA. A nadie se le ocurre que uno puede escuchar a otro y cambiar de posición en algún tema o darse cuenta que estaba equivocado en otro.
Eso de andar palpando de ideas a todos tiene que ver con lo que pasa en el país. Todos estamos bajo sospecha y comprados. Si en TW escribo algo contra Clarín soy un resentido porque trabajé ahí. Si critico a Macri, soy K. Si pido justicia por lo de Once, le hago el juego a la derecha. Y el rugby no es una isla, aunque se crea eso. Ya no. Lo es en los fines de semana en los clubes, pero afuera vamos todos a la jungla.
A mi nadie me paga, nadie me aprieta, nadie me censura. El que no lo entienda así, no tiene sentido que esté en este blog, al menos. Y esa es la primera toma de posición de esta especie de editorial. Ya no tengo ganas de andar rindiendo examen de ética todos los días. Claro que me equivoco, y bastante, pero cuando ocurre lo reconozco.
Vayamos a la publicidad. En la toma de posición escrita el 7 de septiembre del 2006, o sea el primer día de periodismo-rugby, escribí que iba a aceptar publicidad, salvo de bebibas alcohólicas, pese a que son la que más promocionan en el rugby. No ha sido este blog un elegido de las empresas, salvo a algunas que sí confiaron y a las que les estoy muy agradecido, porque nunca me pidieron nada a cambio salvo el banner. Es un mercado que desconozco y en el que tampoco quiero entrar porque todavía me asalta un prejuicio que arrastro desde lo que me inculcaron mis maestros en el oficio. Para eso está Javier, que va de empresa en empresa y al que siempre le dicen “nos interesa, lo vamos a estudiar” y después cortan el díalogo.
Me han ocurrido situaciones insólitas, pero que también forman parte de un circuito vicioso y perverso que funciona entre algunos periodistas y los responsables de marketing de las empresas. Por ejemplo, una vez llamé yo en persona a una para que me pasaron el spot de un aviso televisivo que protagonizaban Pumas para subirlo al blog. La respuesta fue: “Pero mirá que nosotros no te vamos a poner publicidad”. Lo mandé al carajo, pero la publicidad la subí igual, porque era un hecho noticioso. U otra: mandás una propuesta y ves cómo luego sale en otro lado. En fin.
Lo cierto es que buena parte de las empresas no apoyan aún a los proyectos independientes. Te dicen “¡Qué bueno el blog. Lo lee todo el mundo”, pero después destinan el 90 por ciento de su presupuesto a ESPN y sus demás productos, el 9 a La Nación y Clarín y el 1 restante ven dónde lo colocan según la afinidad.
Pero bueno, hay situaciones con las que tengo que vivir y las acepto. Forman parte del trabajo del periodista.
Yo he sido muy abierto. Acá han opinado todos. Siempre cito las fuentes de todos los medios. Difundo todos los proyectos que andan dando vueltas. No es un mérito. Creo que así debe ser. Pero en medio de la jungla quiero aclararlo.
Ahora bien, ¿cómo seguimos? Voy a pedir ayuda. En primer lugar, con la moderación de los comentarios. No quería llegar a esto, pero es necesario. Hay buena gente y de confianza a la que solicitaré -clave mediante para entrar al blog, aunque ya me lo han hackeado- que eliminen y bloqueén a todo aquel que entre a insultar, difamar o acusar sin pruebas. Trataremos de que sea un lugar de discusión, de difusión, de intercambio de ideas, de buen humor y todo lo que, vale decirlo, fue en el blog en todo este tiempo.
En unos días habrá un mini-ejército de moderadores y yo, por mi parte, veré si me puedo ordenar para reformular el blog y llevarlo a lo que intentó ser el comienzo: un espacio de temas y no de noticias. No puedo andar corriendo atrás de todos los resultados y todos los protagonistas. Para eso están los sitios. Que los hay y muy buenos.
Por último, de nuevo gracias enormes por todo lo que bancan. Siempre lo digo y no es una falsa postura: el blog es de todos ustedes. Ese es el fin. Así que vamos para adelante.
Abrazo fraternal
JB