Lejos estoy de pretender ser un crítico cinematográfico ni literario. Sólo puedo decir que nunca una película me gustó más que el libro en la que está basada. Aquí ocurre lo mismo: El factor humano, de John Carlin, me parece superior a Invictus, el filme dirigido por Clint Eastwood. Sin embargo, la recomiendo al igual que lo hice con la brillante crónica periodística de Carlin.
Se estrena en la Argentina el 28 de enero, y vale la pena verla por dos cuestiones esenciales: entender aún más, con la fuerza de la pantalla, a un personaje sensacional como Nelson Mandela, y comprender porqué el Mundial de rugby de 1995 en Sudáfrica quedará por siempre como uno de los hechos deportivos más extraordinarios de la historia.
Hay una actuación soberbia de Morgan Freeman (todo un símbolo su apellido con la interpretación del personaje), quien en todo momento lo hace sentir a uno que está viendo al mismísimo Mandela, y no sólo por su parecido físico. En cambio, Matt Damon ni siquiera se asemeja a Francois Pienaar, el mítico capitán que comandó a los Springboks en la conquista del Mundial 95 en aquella infartante final ganado a los favoritos All Blacks con un drop agónico del apertura Joel Stransky.
Si bien al revés del libro la película se basa en lo sucedido en aquel junio de 1995 (el texto de Carlin se ocupa más que nada en relatar cómo Mandela construyó una nueva Sudáfrica desde la prisión), el mensaje está logrado. Pone en escena la voluntad inquebrantable de Mandela por conseguir la unidad de negros y blancos en una tierra que estuvo salvajemente gobernada por el apartheid durante décadas.
Aquellos que quieran ver escenas reales de rugby, no las encontrarán. Entender que se trata de una producción de Hollywood. Por momentos, los jugadores se parecen a los de la Play-Station, aunque hay tomas muy logradas, como la de los estadios repletos, los entrenamientos de los Boks corrieron por las calles y la cámara que capta desde el piso a las primeras líneas en el scrum. Sin embargo, sí se respira un clima de rugby durante varios pasajes de la película.
Quizá en el filme hay un olvido de un personaje clave en el libro de Carlin: Morné du Plessis, una gloria Springbok que fue el manager del plantel del 95. El, gracias a su admiración por Mandela, resultó fundamental para que los jugadores blancos comprendieran aquel lema de “Un equipo, un país”.
Otras escenas logradas: la obsesión para detener a Jonah Lomu en la final (Mandela, al saludar a los All Blacks antes del partido, es al único jugador que le habla), el avión que vuela rasante el Ellis Park antes del test y, sobre todo, el discurso de Mandela ante los representantes del deporte sudafricano, que habían decidido abolir el nombre de los Springboks y los colores verde y oro, símbolos para los negros de lo más preciado del apartheid.
La avant premiere de anoche en un cine de Palermo -organizada por la embajada de Sudáfrica y el Standard Bank- tuvo sello rugbier. El personaje central fue Hugo Porta, uno de los mejores rugbiers de todos los tiempos e integrante del selecto Hall de la Fama del IRB, a quien Joost van der Westhuizen -9 de los Boks en el 95 y también miembro de ese Hall- le dedicó unas palabras. Pero también estuvieron el entrañable Eliseo Chapa Branca, Manuel Contepomi, Diego Albanese, Gonzalo Longo, Gabriel Travaglini y Pumas actuales como Santiago Fernández y Agustín Creevy.
A 20 años de la liberación de Nelson Mandela tras 27 años de prisión, vale la pena darse una vuelta por el cine -siempre recomendable- y ver Invictus. Por el personaje y por el rugby.
Link
Invictus