F1

Clasificado bajo Análisis, Rugby Championship | el 22-11-2011 |

68

El 22 de noviembre del 2011 quedará, sin dudas, marcado a fuego en la memoria grande del rugby argentino. Un día como hoy, a las 12 en punto, en un salón del Alvear Palace Hotel, la plana mayor de la Sanzar aterrizó en estas tierras para hacer concreto, en vivo y en directo, el ingreso de Los Pumas a la Fórmula 1 del rugby. O sea, al nuevo Rugby Championship, ese torneo anual que al menos hasta el 2015 se jugará, de ida y de vuelta, con los All Blacks, los Wallabies y los Springboks, los tres mejores seleccionados del planeta y ganadores de seis de las siete Copas del Mundo. Otra era. Otra dimensión. Desconocida, es cierto, pero apasionante y que puede dar grandes frutos si se las cosas se llevan adelante como se hicieron en estos últimos cuatro años para llegar a esta instancia histórica.

Puntos que dejó la conferencia de prensa que llevaron adelante las máximas autoridades de la UAR y de la Sanzar.

1) La Sanzar recomendó -según palabras de su CEO, Greg Peters- que los partidos en la Argentina se jueguen dos en Buenos Aires y uno en otra ciudad. “Por cuestiones lógicas es lo más aconsejable”, agregó Peters. Unos segundos antes, Luis Castillo, presidente de la UAR, había deslizado trasladar las sedes a tres provincias distintas. Se resolverá en las próximas horas, según las ofertas que se decidan, pero el que picó en punta es el Estadio Unico de La Plata. Para el otro partido, se verá cuál, puede ser Córdoba, Rosario, Mendoza o Santa Fe.

2) ¿Cuál es el negocio para la UAR? Lo explicó detalladamente Agustín Pichot. La Argentina entra como invitada a la Sanzar, que no sólo tiene el Rugby Championship, sino el Súper Rugby, del cual la Argentina no forma parte. Y los contratos, como el de la televisión (el más poderoso), fueron firmados antes. Lo que concedió la Sanzar es que “todo lo nuevo” se dividirá en cuatro. Lo que ya estaba, será entre tres. A la UAR le queda el ticketing, sus propios sponsors (a renovarse ahora y bajo condiciones más ventajosas) y la comercialización en la región de la TV. Otro punto a favor para la Argentina es que tendrá cero costo en la logística del seleccionado cuando viaje y cuando reciba a los otros tres. Eso corre por cuenta de la Sanzar.

3) “Así como para la Sanzar las joyas son el Súper Rugby y el Rugby Championship, para nosotros la joya es nuestro rugby de base. Para eso está pensado este proyecto. Para fortalecer nuestro rugby de base”. Palabras de Manuel Galindo, responsable del área de Alto Rendimiento de la UAR.

4) Continuidad de Santiago Phelan. Hay voluntad de las dos partes de seguir con el vínculo. Se resolverá también en las próximas horas. Tati solicitará, entre otras cosas, ampliar su staff y mejorar las condiciones de éstos. El tema económico será la medida.

5) ¿Qué pasará con los clubes europeos, algunos como el Racing de París, que anunciaron que pondrán trabas en la cesión de los jugadores? La UAR, en un gran triunfo, logró ampliar la Regla 9. “Esperábamos que esto ocurriera”, dijo Pichot. En diciembre, una delegación de la UAR viajará a Europa en busca de una negociación. Los que están más descubiertos son los que aún no firmaron sus contratos futuros.

6) “También estamos ansiosos porque la Argentina tenga un árbitro en el primer nivel internacional”. Palabras de Mike Eagle, presidente de la Sanzar.

7) ¿Jugadores argentinos en el Súper Rugby? No por ahora. Pero Nueva Zelandia anunció su intención de incorporar jugadores argentinos a sus franquicias.

8) Habrá cambios en las estructuras de la UAR. Se sumarán nuevos gerentes rentados.

9) Los popes de la Sanzar dijeron que la Argentina se mecería esta oportunidad y que están muy felices de contar con Los Pumas en este nuevo torneo. Lo afirmaron de manera enfática.

10) Se necesitará paciencia con todo. En principio, con los resultados. Es un hecho que Los Pumas afrontarán las ventanas de junio y noviembre sin sus titulares, a riesgo de muchos partidos al menos en los dos primeros años. Es algo a largo plazo, donde los verdaderos resultados seguramente se verán en el próximo Mundial, en 2015, en Inglaterra.

 

Zanja

Clasificado bajo Análisis, Copa Volkswagen | el 05-11-2011 |

35

Así es el deporte y así son las finales. No siempre gana el mejor. Dirán los pragmáticos que lo único que importa es el resultado y que las finales están para ganarlas, no para merecerlas. Pero si fuese así, esta crónica concluiría aquí. No habría nada para desmenuzar. Bastaría con decir que el SIC le ganó a Alumni por 14-11 en la última pelota y que, de ese modo, se consagró por segundo año consecutivo como el campeón del URBA Top 14.

Pero nos resistimos a las simplezas. Esta final, jugada quizá no a gran nivel pero sí a gran intensidad y emoción, y ante unas 7 mil personas que no colmaron las tribunas de La Plata RC, debió haber sido de Alumni, porque fue más, porque intentó más y porque, aunquno suene bien, no ligó una de todas las que sí ligó el SIC.

Salvo un pasaje del segundo tiempo de los primeros 80 minutos, el partido se jugó casi todo el tiempo en campo del SIC. Con viento a favor o en contra, Alumni impuso dominio a través de una mejor obtención, con un pack de forwards que disputó un enorme test. Pero a los de Tortuguitas les faltó punch y, sobre todo, no estuvo lúcido en la toma de decisiones.

Ante ese domino del control rival, el SIC se hizo fuerte en su defensa. Tackleó y tackleó y, gran mérito, lo hizo sin cometer penales. Por eso, sólo se fue abajo 3-0 en el primer tiempo, en el que prácticamente no pisó las 22 yardas de Alumni.

Con el viento a favor, se supuso que iba a ser el SIC el que iba a dar vuelta el trámite. Y así se evidenció en los primeros 15 minutos, en los que Benjamín Madero empató con un penal. Pero, tras una pelota recuperada en un ruck, Tobías Moyano -la figura de la final- apoyó un try que Santiago González Iglesias no pudo convertir.

En una ráfaga, el SIC pasó al frente. Primero con un try fantástico de Federico Serra -otro que jugó en gran nivel- y luego con otro penal de Madero. Pero ahí, Alumni retomó el dominio y empató en 11 con un penal de González Iglesias.

Los de Tortuguitas fueron por el título y el SIC se defendió. El partido tomó un ritmo dramático. Alumni tuvo una dos chances. Primero, Federico Pastrana (muy buen arbitraje), no pudo ver, por estar tapado, un clarísimo penal de Piccinini, que cometió un knock-on intencional que no sólo cortó una chance de try, sino de un penal factible para convertir. Y, en la última bola, González Iglesias no pudo acertar un drop.

Así, una final de la URBA iba por primera vez a tiempo extra. Dos tiempos de 10 minutos, a muerte súbita. Casi lo gana Alumni con un drop de Rete González Iglesias que pegó en el palo. Y, ya en el segundo, otro penal y otro drop del apertura (ambos muy complicados), mantuvieron el empate.

Iban a los penales, pero una pelota al fondo complicó a Franco Sábato, que se demoró más de la cuenta. Allí, Alumni quedó acorralado en sus 5 yardas hasta el final. Un drop de Madero que se iba afuera derivó de un scrum 5 porque la pelota había rozado en uno de Tortuguitas. Y de ahí, y tras una serie de agrupamientos, y con el reloj marcando los 100 minutos, Madero buscó otro drop. La pelota fue zigzaguendo en el aire, casi sin fuerza, pero entró con lo justo.

Lo hizo Madero, el capitán, el hijo del gran Rafa. Lo hizo igual que en aquella final de la Copa Citi que el SIC le había ganado al CASI, el año pasado. Lo hizo convirtiendo su primer drop del año.

El deporte es así y las finales son así. Honor a Alumni, que fue el que lo mereció. Gloria al SIC, que fue el que se lo llevó.

SIC-Alumni

Clasificado bajo Análisis, Copa Volkswagen | el 29-10-2011 |

61

El San Isidro Club, actual campeón, y Alumni jugarán el sábado la final del URBA Top 14, tras vencer hoy a San Luis (20-18) y Pucará (16-9), respectivamente. La definición será en el mismo escenario: La Plata Rugby Club. Ambos fueron justos ganadores, aunque los maristas estuvieron a punto de forzar el tiempo extra, pero Juan Campodónico falló la conversión del try de Agustín Notti en la última acción.

Lo mejor de las semifinales estuvo en el turno noche. SIC, que mostró todo su poderío, sobre todo en el contacto uno contra uno, parecía que tenía todo controlado hasta faltando 10 minutos. Ahí, ganaba 20-8, diferencia a la que llegó tras un fantástico try colectivo apoyado por su capitán, Benjamín Madero.

Pero San Luis, con mucho coraje, lo arrinconó y con un try de Sebastián Galli y otro de Notti, ambos sobre la bandera, se puso a tiro de alargar la definición.

El equipo platense arrancó golpeando con un try del Negro Sebastián Crispo, sobreviviente del título del Nacional de Clubes de 1998 y de la semifinal del 2000 y que esta noche jugó su último partido. Pero de ahí en más, el SIC fue más, sobre todo con el empuje de Tomás Leonardi, autor de la conquista que puso a su equipo al frente.

El gran problema de San Luis estuvo en su arma clave: el line. Perdió seis envíos en ataque tras elegir esa opción en penales. De hecho, los maristas nunca pidieron palos en todo el partido.

En la primera semifinal, Alumni fue superior en un partido muy flojo, con demasiados errores de ambos lados y quizá perjudicados por el viento. El único try lo anotó Tomás Passerotti, tras una buena cortada de Santiago González Iglesias, el goleador con 11 tantos.

Alumni vuelve a la final después del 2007, cuando perdió con Hindú en la cancha de Ferro. Cabe recordar que nunca pudo ganar el torneo de la URBA con este sistema de finales.

 

All Champions

Clasificado bajo Análisis, Mundial 2011, Nueva Zelanda 2011 | el 23-10-2011 |

63

La pesadilla de los neozelandeses tuvo un epílogo en la noche del 23 de octubre en Auckland. En el mismo escenario y ante el mismo rival del último festejo, allá por 1987, cuando el Mundial de rugby tuvo su primera versión, la que abrió otra era en este deporte. En el Eden Park y contra Francia, los All Blacks quebraron el maleficio. Sufriendo, aguantando más que jugando, superados por la presión de todo un país y una prensa local que los daba favoritos cómodos antes de salir a la cancha. Pero merecidos campeones, al fin. Ganaron todos sus partidos, y dentro de un torneo de regular nivel, fueron los mejores, sin dudas. Alegría también por ese pueblo cordial y fanático del rugby.

Francia vendió bien cara su derrota. Es magnífico ver cómo se agranda en estas paradas. Lo tuvo a su rival contra las cuerdas, pidiendo la hora, liderado por un sensacional Thierry Dusautoir, el mejor jugador de la Copa del Mundo 2011. Y peleando contra todo: All Blacks, gente, la pronta salida de su apertura Morgan Parra, golpeado por Richie McCaw y hasta por algunos fallos. Les Bleus estuvieron a nada de provocar uno de los golpes más fuertes en la historia del deporte. El 8-7 del resultado lo dice todo.

Fue un partido cerrado, deslucido, pero con todo lo lindo que encierra una final. Muy friccionado, muy golpeado. Un correlato de lo que fue la Copa del Mundo, signada por las lesiones, por el juego físico y que será recordada sólo porque los All Blacks salieron campeones en Nueva Zelandia, donde el rugby es una religión.

Como Quade Cooper en el partido por el tercer puesto, los dos equipos se quedaron sin sus aperturas en el primer tiempo. Primero se marchó Parra; después, Aaron Cruden, con la misma lesión del 10 de los Wallabies, ligamentos de la rodilla, solo. Increíble lo de los ABs. Terminó jugando su cuarto apertura, Stephen Donald, que como Cruden, no estaba entre los 30. Más aún: había viajado a Inglaterra para ingresar en el Bath. Y metió el único penal de la final, ese que sirvió para sacar el punto de diferencia.

Antes que Cruden, se marcharon Dan Carter y Colin Slade. Ayer, los dos recibieron sus medallas de campeones.

El primer tiempo fue todo de los All Blacks, que no pudieron establecer esa supremacía en el score. Un exiguo 5-0 producto de un try de line del pilar Tony Woodcock pero también de una muy mala noche con el pié (en todo, en realidad) de Piri Weepu, otro al que pareció que se le cayó encima toda la presión de ser considerado héroe nacional en los últimos días.

Precisamente un error de Weepu le abrió la puerta a Francia, tras una combinación entre sus dos mejores jugadores. Aurelien Rougerie (otro que disputó un Mundial sensacional) habilitó a Dusautoir y el capitán se zambulló casi abajo de los palos: 8-7. De ahí en más, cambió todo. Francia sintió que lo podía ganar y los ABs sintieron que lo podían perder.

El Eden Park y todo el país estuvo al borde del infarto cuando un penal de Francois Trinh-Duc se fue ancho. Lo que restó de la final fue con Francia atacando y los All Blacks defendiendo (muy bien, sin penales). Un trámite que le arrojó emoción e incertidumbre a la noche de Auckland.

Hasta que los franceses, en defensa, cometieron penal cuando los All Blacks durmieron la pelota en un maul. McCaw le dijo a Andy Ellis que la pateara afuera y ahí sí, el título volvió a las manos del dueño de casa.

El maestro Grahan Henry y varios de los que hoy estuvieron en el césped consiguieron enterrar la frustración de haber perdido, también ante Francia, en los cuartos de final del 2007. Y este plantel, entero, quedará en la leyenda, como aquel de 1987. El sueño se concretó: en la noche del 23 de octubre del 2011, en el templo del Eden Park, el centenario Richie McCaw levantó la William Webb Ellis. Quedará para más adelante ver si lo pueden repetir fuera de su casa. Pero lo más importante es que se terminó la pesadilla para Nueva Zelandia. Sus All Blacks son los All Champions. Indiscutidos. Merecidos.

Foto: anypavan@hotmail.com 

 

All Blacks-Francia

Clasificado bajo Análisis, Mundial 2011, Nueva Zelanda 2011 | el 17-10-2011 |

31

La historia ha querido una segunda vuelta. Casi caprichosa. Como en 1987, también en el Eden Park de Auckland, aunque ahora remodelado y con tribunas que aumentaron la capacidad a 60.000 personas, los All Blacks y Francia jugarán la final de la Copa del Mundo. No un sábado a la tarde, como aquella primera vez, sino un domingo -el próximo- por la noche (a las 21, las 5 de la Argentina).

También habrá segunda vuelta para el tercer puesto. Otra vez chocarán ahí los Wallabies y Gales, también en el Eden Park, 48 horas antes de la final.

A esa ecuación se arribó luego de dos semifinales que ofrecieron menos de lo esperado. Al punto que hubo sólo un try por partido. Y en uno, el de Francia-Gales, lo anotó el perdedor. Con una explusión (la del capitán galés, Sam Warburton, a los 20 minutos) decisiva en el trámite posterior). Con determinante importancia en los pateadores.

Los All Blacks ganaron el duelo que se presentaba como el más crucial. Ante su viejo rival, aquel que venía de frustrarlo en la final del Tres Naciones. El que se ofrecía como el enemigo máximo a quitarle el sueño de recuperar la William Webb Ellis en su propia tierra. Lo hicieron de comienzo a fin, jugando con una fiereza extrema, asfixiante, y sacando ventaja pronto a través del try de Ma’a Nonu, tras un rush de Israel Dugg.

Nunca los Wallabies pudieron recuperarse de ese golpe de arranque. Con Quad Cooper presionado en cada pelota que tocó. Ese era el desafío de la estrella australiana en este Mundial. Cómo iba a responder sin espacios. Y no cumplió las expectativas. Con ese circuito de juego cerrado, los aussies nunca encontraron la fórmula para quebrar la defensa de los noezelandeses, que suelen marcar siempre en penal, sobre todo del lado de su capitán Richie McCaw. El problema no es solo por dónde entra en los rucks, sino por dónde sale, siempre encima del medio scrum rival, lo que genera que la jugada se detenga uno o dos preciosos segundos.

Francia, el otro finalista, hizo poco, muy poco. Gales se fue con la frente alta, y si sus pateadores (Hook y Jones) hubiesen estado en una noche más feliz, otro hubiese sido el resultado. El partido tuvo un antes y un después de la expulsión de Warburton, a través de un tackle peligroso a Vincent Clerc, que el árbitro Alain Rolland consideró que merecía tarjeta roja. El IRB luego lo suspendió por cuatro semanas.

No siempre cobran lo mismo los árbitros en estas situaciones del juego. Para algunos, merece una amarilla. Para otros nada. Para Rolland, quizá el mejor de todos, fue expulsión. Si uno se atiene a lo que dice el reglamento, la roja fue justa: puso en riesgo la salud del rival.

Francia aguantó el resultado, a través de la puntería de sus pateadores. Ha sido el más eficiente en ese rubro, mérito de Gonzalo Quesada -clave también en la unión del plantel luego de la catastrófica derrota ante Tonga-, el único argentino que estará en la final. Pero el domingo necesitará algo más, eso que mostró con Inglaterra en los cuartos y lo que históricamente ofrece contra los All Blacks. Si no lo hace, la corona quedará en Nueva Zelandia.

 

Columna

Clasificado bajo Análisis, Mundial 2011, Nueva Zelanda 2011 | el 14-10-2011 |

7

Las semifinales que se vienen en la Copa del Mundo. De eso escribí para el Facebook de Adidas.

 

Dignidad

Clasificado bajo Análisis, Mundial 2011, Nueva Zelanda 2011, Pumas | el 09-10-2011 |

131

Visa Hay distintas maneras de irse de un Mundial. Los Pumas lo hicieron por la puerta de la dignidad. Como corresponde a su historia y, fundamentalmente, a ese resabio del Bronce del 2007 sintetizado en este abrazo de la foto de tres de los líderes que comandaron el difícil y traumático proceso que vivió el seleccionado, y porqué no el rugby argentino, en los últimos cuatro años. Felipe Contepomi, el capitán, que arriesgó su físico maltrecho desde el primer partido contra Inglaterra. Mario Ledesma, que a los 38 años batió varios récords y ratificó que acá vino por más gloria. Rodrigo Roncero, que jugó 40 minutos sensacionales pese a que hasta hace unos días le costaba caminar. Todo el plantel, al fin. Veteranos, intermedios, jóvenes y staff. Juan Fernández Lobbe, quien se quedó con sus compañeros despertándolos cada mañana, armando estrategias, participando de los entrenamientos como si fuese a jugar, llevando el agua, poniendo música. No se fueron así nomás Los Pumas de este torneo. Antes, tuvieron en jaque durante 60 minutos a los All Blacks en su propia casa. No cualquiera lo consigue.

El 33-10 final es mentiroso. No existió una diferencia de 23 puntos en el desarrollo del partido. Atrincherados en una defensa heroica, que computó 135 tackles, Los Pumas lograron lo que ninguno en esta Copa del Mundo, ni siquiera Francia, que está en las semifinales. Los All Blacks tardaron 67 minutos en anotar un try. Ellos, que en los 101 test de la era Graham Henry marcaron en 100. Ellos, que venían de ganar todos los partidos con bonus. Y no fue por errores propios, sino por gran mérito de los argentinos.

Hubo momentos de esta batalla en el Eden Park que se guardarán en la memoria del rugby argentino. Como ese largo instante en el segundo tiempo en que los All Blacks hacían una seguidilla de pases (10, 20, 30) y no podían quebrar a un equipo que se tiraba de cabeza a tacklear, que se multiplicaba a lo ancho de la cancha, que siempre le llegaba con dos y tres a los de negro. No había manera de quebrar a esos 15 Leones que le hacían frente al seleccionado más poderoso del mundo, ese que no tiene otra cosa en la cabeza que ganar la Copa del Mundo en su tierra.

Y hubo otro momento. El que enmudeció a la enorme mayoría de las 57.912 personas que prácticamente colmaron el Eden Park. El que los dejó a los neozelandeses mirándose unos a otros sin entender lo que estaba pasando.

Fue en el minuto 31 del primer tiempo, cuando los All Blacks ganaban 6-0 con dos penales de Piri Weepu. Leonardo Senatore salió disparado y esquivando tackles. Con una mano lo habilitó a Contepomi y éste tomó una pelota imposible para seguir dándole rosca por la punta. Casi llega Gonzalo Camacho, y del ruck, salió como una tromba el tucumano Julio Farías Cabello, quien sólo en el primer tiempo clavó 14 tackles. Try, conversión enorme del capitán y Los Pumas pasaban a ganar.

Pero se sabía que con los All Blacks no se podían cometer errores. Y que el árbitro galés Nigel Owens podía castigarlos más de la cuenta, cosa que hizo, dejando a los neozelandeses, y especialmente a Richie McCaw, entrar todo el partido por cualquier lado a los rucks. Entonces, enseguida, Weepu acertó otros dos penales y los locales se fueron al descanso 12-7.

“Salimos a ganarlo en el segundo tiempo, porque sabíamos que podíamos”, dijo luego Juan Leguizamón, otro que jugó un gran Mundial. Y si el estadio había enmudecido a los 31 del primer tiempo, mucho más a los 6 del segundo, cuando Marcelo Bosch metió un golazo desde casi la mitad de cancha y bien esquinado. Los Pumas se ponían a sólo 2 puntos y la hazaña parecía posible.

Fue allí que se produjo ese lapso del partido descripto antes. Con los All Blacks yendo y yendo, con múltiples fases, y con Los Pumas tackleando y tackleando. Weepu, que se disfrazó de Dan Carter, estiró con otro penal, hasta que a los 18, Owens le mostró amarilla a Nicolás Vergallo y sancionó otro penal, casi abajo de los palos, que, infalible, acertó el 9 de los ABs.

Los Pumas mantuvieron la enjundia, pero todo se derrumbó cuando sobró gente por el costado derecho y Martín Rodríguez se jugó la intercepción al quedar 2-1. El try de Kieran Read selló la historia. Y, a 3 del final, vino otro del segunda línea Brad Thorn tras una jugada que incluyó un pase hacia adelante.

El partido le regaló otras fotos a la leyenda Puma. La salida de Ledesma, ovacionado por el grupo de argentinos que, al revés que en las otras cuatro ciudades, fueron absolutamente minoría. El hooker completó cuatro Mundiales, de los cuales en 3 llegó a los cuartos de final. Con una foja de 83 tests con la celeste y blanca, 18 de ellos en Mundiales, convirtiéndose en el argentino que más lo hizo y en uno de los cinco primeros de la historia del torneo.

“No es un lugar común lo que significa esta camiseta. Acá jugás por el honor, por todo el país, por tu familia, por tus amigos. Es difícil lo que siento ahora”, dijo Mario, con los ojos llorosos. El y Felipe fueron los que hablaron en la larga rueda que armó todo el plantel mientras a Mils Muliaina lo premiaban con el cap de los 100 tests.

También la foto de Roncero saliendo, emocionado. O la de la vuelta olímpica final, aplaudidos por los neozelandeses. O el reconocimiento posterior de Grahan Henry, expresando que Los Pumas ayudarán a los All Blacks a crecer cuando se enfrenten cada año, ida y vuelta, por la Rugby Championship.

Los All Blacks, por su parte, son los únicos invictos en llegar a las semifinales. Los otros tres habían concluido segundos en sus grupo. Por esas cuestiones del destino, arriban los mismos cuatro que en 1987, cuando el Mundial también se jugó en Nueva Zelandia. Ya estaban Francia y Gales. Y antes del test en el Eden Park, los Wallabies, en un partido tremendo y también con algo de ayuda del árbitro (neozelandeses y australianos se la pasaron todo la semana quejándose de los árbitros y del IRB), sacaron a los Springboks, los defensores del título, por un 11-9, con un penal de James O’Connor a 10 minutos del final. El fin de semana que viene, entonces, chocarán los del Norte por un lado, y los del Sur por el otro.

Se terminó el sueño. Con dignidad. Esta noche en el Eden Park, por los cuartos de final de una Copa del Mundo jugada en Nueva Zelandia, quedará en el recuerdo por cómo Los Pumas se le pararon frente a frente a los All Blacks. Mano a mano. Mirándolos a los ojos. Y tackleándolos hasta la última gota.

Crédito Fotos: Rodrigo Vergara-UAR

All Pumas

Clasificado bajo Análisis, Mundial 2011, Nueva Zelanda 2011, Pumas | el 02-10-2011 |

32

Visa Alegría por la clasificación a los cuartos de final, con todo el gran mérito que ello acarrea. Mesura y hasta cierto aire de disconformidad por cómo se jugó. Dos sensaciones, en ambos extremos, que Los Pumas mostraron una vez concretado el 25-7 contra Georgia, en el Arena Manawatu de Palmerston North, que les sirvió para seguir con vida en esta Copa del Mundo, ahora rumbo a Auckland, donde el domingo a las 20.30 de aquí, 4.30 de la Argentina, chocarán nada menos que ante los dueños de casa, los All Blacks, en el templo del Eden Park de Auckland.

Raras las sensaciones porque fue raro el entorno con el que Los Pumas llegaron a este partido. Sabiendo de antemano que con un punto se clasificaban, jugando en un horario nada habitual (la 1 de la tarde), con un clima cambiante (lluvia a la mañana, sol al mediodía) pero, por sobre todas las cosas, porque, históricamente, al seleccionado argentino le cuesta más de la cuenta ponerse el traje de favorito o de candidato. Como había dicho Pato Albacete antes de Rumania: “Lo mejor para nosotros es entrar hasta cagados”.

El test en Palmy volvió a dejar esa certeza. Fueron 80 minutos All Pumas. Todo pasó por ellos. Lo malo del primer tiempo, jugando a mil por hora, con múltiples errores en el manejo, perdiendo en el contacto, equivocando las decisiones y fallando a los palos. Y lo bueno del segundo, bajando varios cambios, percutiendo con la buena labor del pack, ordenando el juego para desordenar a Georgia y golpeando en los momentos exactos.

Fue un All Pumas este transcurrir por la primera rueda. Jugándole de igual a igual y mereciéndole ganar a la poderosa Inglaterra. Liquidando con autoridad el duelo con Rumania. Zafando a la heroica el test con Escocia que significaba seguir o marcharse a casa. Y superando con zozobras al que llegaban como grandes favoritos con la zanahoria de pasar por segunda vez consecutiva a los cuartos de final de una Copa del Mundo.

Y también es un All Pumas ésta clasificación, histórica y merecida. Sin jugar bien, es cierto, sobre todo los dos últimos partidos. Pero dejando todo en la cancha y poniéndole el pecho a todas las adversidades que se plantearon desde el 2007, otro sello All Pumas. Además, armando un grupo que consiguió unificar los códigos y que se hizo macizo y con escencia All Pumas. Ese abrazo de Felipe Contepomi a otro Newman, Agustín Gosio, cuando lo reemplazó (con sólo 8 minutos en cancha, el Canario clavó un try) y éste de Juan Leguizamón y Juan Imhoff, tras el primer try del rosarino, son apenas una síntesis de ello. Algo más: el wing festejó tocándose la rodilla izquierda, como dedicatoria a Corcho Fernández Lobbe, el líder que empuja desde afuera.

“No jugamos bien, pero se ganó, aunque para mi cuando se juega bien es más fácil ganar. Equivocamos todo el primer tiempo. Puede haber sido mental, pero creo que pasó más por el juego”, dijo Contepomi, el capitán que ni bien comenzó el partido recibió un tremendo tackle a destiempo que lo dejó herido durante un largo rato. También se fue al hotel con una larga cicatriz debajo de su ojo izquierdo. En la misma línea opinó Santiago Phelan. Y el resto, sobre todos los más veteranos, síntesis de aquella rara imagen descripta al comienzo: alegría por la clasificación y disconformismo por el rendimiento.

¿Y ahora? Emprender el viaje hacia Auckland, la capital comercial de Nueva Zelandia, la de más ruido, la que cobijará gran parte de lo que resta de la Copa del Mundo. Será el lunes al mediodía, en avión, para después de instalarse en el hotel, descansar primero de los golpes que dejó Georgia y, sin perder tiempo, estudiar y planear el test contra el equipo al que toda una nación sueña con verlo campeón. Sí, a la leyenda All Pumas le toca enfrentar por primera vez en el Eden Park a los All Blacks, el gran favorito de todos.

“Tendremos que estudiarles hasta el número de botines que calza cada uno. Ni un detalle podemos dejar pasar. Y jugar al 110 por ciento. No hay otra acá”, sentenció Mario Ledesma, el hombre que vino aquí a hacer más historia. “Es el partido soñado, aunque hubiese preferido jugar en cuartos con Rumania”, agregó el 2, que llegó a sus 16 tests en Mundiales, récord para un argentino. Con un agregado: es el único de los que disputó cuatro Mundiales (los otros son Agustín Pichot, Pedro Spordeler, Felipe Contepomi y Martín Scelzo) que siempre empezó como titular.

Será un partido ese que sí le sentará a la historia All Pumas. Con la certeza de que tendrán todo en contra. Y, denlo por seguro, si es derrota, la venderán muy cara.

El primer objetivo se ha logrado: avanzar a los cuartos de final. No es poco cosa para un seleccionado que lo consiguió sólo tres veces en siete ediciones. En este plantel hay tres soldados que tienen el privilegio de haber estado en todas: Ledesma, Contepomi y Scelzo. Por eso, más allá que el juego no alcanzó a ser el deseado ni el planificado, deben dársele méritos a éstos Pumas 2011. Han emocionado, han luchado, han puesto todo, han jugado por la camiseta, por la gloria y por la historia. Son All Pumas.

Crédito Fotos: Rodrigo Vergara-UAR

Huevos

Clasificado bajo Análisis, Mundial 2011, Nueva Zelanda 2011, Pumas | el 25-09-2011 |

88

Visa “Este equipo emociona”. Había que verlo a Corcho Fernández Lobbe, con sus ojos inyectados en lágrimas y sangre, con la alegría del triunfo y el dolor ante la presunción de que su lesión en los ligamentos lo deje afuera de la Copa del Mundo, justo a él, que fue un estandarte de todo este difícil proceso post Bronce 2007.

Había que verlo a Rodrigo Roncero caminando en una pierna, celebrando junto al resto, sin quererse ir del césped del Wellington Regional Stadium, con la alegría y el dolor en el rostro, también con la presunción que un desgarro puede marginarlo de éste Mundial, justo a él, que fue de los veteranos que soportaron la transición.

Había que verlo a Felipe Contepomi, el capitán, feliz y con el dolor de la costilla que arriesgó, diciendo que “En la vida hay que arriesgar y aquí valió la pena”.

Había que verlo a Lucas González Amorosino, frente a una multitud de periodistas, como si nada, como si esa corrida fantástica, a lo Loco Houseman, quebrando la cintura, fuese cosa de todos los días. “Estos partidos son así, hasta que te aparece un loco como estos, que también es nuestro”, graficó otro que no podía más del esfuerzo, en el otro extremo de las carreras de ambos, como Mario Ledesma.

Había que ver a esas miles de personas enfundadas en el celeste y blanco que esperaron la salida del micro del hotel hacia el estadio, que acompañaron su recorrido, que no pararon de cantar bajo la lluvia y que después armaron un carnaval que los neocelandeses miraban sorprendidos.

Son algunas de las tantas postales de otra jornada épica e inolvidable de Los Pumas. Porque así hay que calificar la victoria de 13-12 ante Escocia, que no resiste análisis técnicos, por cómo se dio el partido. Fueron algo más de 80 minutos dramáticos desde todo punto de vista, con un seleccionado argentino que no jugó bien, que sufrió todo tipo de contratiempos y que estuvo al borde de la eliminación. Pero hubo huevos de sobra. Esos que son vienen de fábrica de Los Pumas. Y una genialidad propia para darlo vuelta.

Un equipo debe tener mucha personalidad y coraje para soportar todo lo que sufrieron Los Pumas en este duelo crucial en Wellington. Hay que quedarse antes de que termine el primer tiempo sin dos generales como Fernández Lobbe y Roncero. O con otro como Juan Leguizamón en una pierna (esguince) y un ojo cerrado. O con otro como Mario Ledesma, exhausto, aguantando porque las posibilidades de cambios entre los forwards se agotaban. O remontando, a sólo 6 minutos del final, una diferencia de 6 puntos ante un equipo que venía de clavar dos drops que parecían decisivos y letales.

Los Pumas tuvieron la grandeza de no darse por vencidos nunca y de no desesperarse. Sostenidos en el enorme Pato Albacete, un jugador al que se le agotan los elogios; en Contepomi, que mostró el camino arriesgando su físico más allá de todos los límites y poniendo siempre al equipo adelante; en Leguizamón, un animal capaz de voltear paredes; en Scelzo, que entró en el peor momento e hizo pesar su experiencia y en los más jóvenes, que pese a jugaban el partido más importante de sus vidas y bajo condiciones climáticas pésimas (diluvio y viento permanentes), nunca se apartaron del libreto de dar lo máximo que tenían.

Pero el partido no se iba a ganar con eso. Escocia parecía tenerlo controlado, sobre todo desde que salieron Corcho y Roncero. Pero le estaba dando una vida a Los Pumas, y eso es suicida con un equipo con tanta hambre de gloria y que juega los Mundiales como si fuese lo último de la existencia.

Después del primer tiempo 6-3 abajo (se falló mucho a los palos, sobre todo del lado de Martín Rodríguez), Felipe estampó el empate con un penal a los 23 minutos del segundo tiempo. Ahí, Santiago Phelan hizo un cambio impecable. Sacó al fullback, quien no había rendido, y mandó a la cancha al carasucia de Lucas González Amorosino. Enseguida, Jackson embocó un drop desde lejísimos. Y, 7 minutos más tarde, Parks acertó otro.

Quedaban 6 minutos y Los Pumas se iban de la Copa del Mundo. Hasta que Albacete, enorme, recuperó una pelota. Felipe le dio vida, Marcelo Bosch la siguió y Lucas, pegado a la raya, lo hizo pasar de largo a Paterson. Después pisó para adentro, esquivó a dos, pisó para afuera y de nuevo para adentro hasta zambullirse en el ingoal. “Le dije que había hecho un try fantástico, pero que ahora me tocaba meterla a mi. Y entró”, completó el capitán.

De ahí en más, todo fue más dramático. La lluvia, el viento, la gente saltando en las tribunas, todos de pie y, adentro, Los Pumas defendiendo con orden y con el corazón. Excelente el plan defensivo, que Escocia nunca pudo vulnerar. De hecho, en 3 partidos Los Pumas recibieron sólo dos tries en contra. Los del Cardo tenían la pelota, pero retrocedían ante la asfixia argentina. Fueron 2 minutos que parecieron 20. Hasta que la pelota se les cayó y Bosch la pinchó a la platea.

Jamás se olvidará esta noche en Wellington. Por todo. Hasta por el dolor de Corcho y Roncero. Ahora, Los Pumas viajarán a Palmerston North, donde el domingo a las 13 (sábado a las 21 de la Argentina) enfrentarán a Georgia, en el último partido del Grupo B. Ya no dependen de nadie, lo que es un enorme mérito. Un día antes chocarán Inglaterra y Escocia en el Eden Park de Auckland y, entonces, los argentinos saldrán a la cancha sabiendo lo que tienen que hacer. Incluso, hasta pueden quedar primeros y evitar a los All Blacks en los cuartos.

Será una semana para recuperar a la tropa. Habrá que ver cuál es el diagnóstico definitivo de los lesionados y si otra vez no hay que llamar a reemplazos desde la Argentina. Y ordenar de nuevo las ideas, porque con Georgia también será una final. Pero parafraseando a Agustín Pichot después de la victoria en el partido inaugural de Francia 2007, Los Pumas son capaces de estas cosas. De superar todas las adversidades posibles. Y, como dijo Corcho, de emocionar. Siempre.

Crédito Fotos: Rodrigo Vergara-UAR

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Clasificado bajo Análisis, Mundial 2011, Nueva Zelanda 2011, Pumas | el 17-09-2011 |

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Visa Había que ganar, y se ganó. Si era posible, con puntos bonus, y también se logró. Pero lo más importante es que Los Pumas volvieron a dar un paso hacia adelante. En todo. En el juego y en la confianza, fundamentalmente. Entonces, el sueño de atravesar la primera rueda sigue intacto. Hay con qué afrontar lo que viene, que es Escocia como primer escalón. “El partido más importante de éste grupo de los últimos cuatro años”, según Mario Ledesma.

El 43-8 sobre Rumania fue de tal diferencia como lo indica el resultado. Los Pumas fueron más de principio a fin, con un gran primer tiempo, sobre todo en los 20 minutos iniciales, donde prácticamente resolvieron la contienda con tries de Santiago Fernández y Juan Leguizamón, dos de las tantas figuras que tuvo el equipo.

El equipo dio un salto de calidad al que buen nivel que ya había mostrado en la derrota ante Inglaterra. Fue sólido, desgastó a los rumanos con una gran actuación del pack y por afuera logró el desequilibrio que faltó en los últimos años. Ese es un detalle a resaltar: Los Pumas apoyaron seis tries, cinco de los debutantes en una Copa del Mundo: además de Fernández, marcaron Juan Figallo, Lucas González Amorosino (elegido por la IRB The Man of the Match), Juan Imohff y Genaro Fessia.

Hubo actitud, salvo un pozo en parte del segundo tiempo. Conscientes de lo que viene, los más grandes hicieron hincapié de eso en el vestuario después del partido. No de las virtudes, sino de los errores. “No hay que dormirse un segundo”, repiten Corcho Fernández Lobbe, Ledesma y Pato Albacete, quien todavía es más gráfico: “Si entramos contra Escocia cagados, con miedo, es mejor aún”.

La arenga en el vestuario servirá para seguir teniendo al plantel en caja. Esta Copa del Mundo es paso a paso, minuto a minuto para Los Pumas. “Una derrota y te volvés a casa. Esto no es una gira, y eso es lo que tienen que sentir los que nunca jugaron un Mundial”, remarca Ledesma, quien ayer se convirtió en el Puma con más partidos en un Mundial: 15.

Volviendo al duelo con Rumania, Los Pumas transformaron simplificaron lo que se preveía un trámite complicado. Gran virtud. Rumania nunca pudo sobreponerse al plan de juego que le imprimieron los argentinos. Quedaron desgastados pronto los europeos. Apenas dieron guerra en el scrum, pero la primera línea rindió otra vez.

Los Pumas ganaron todos sus lines y scrums, fallaron apenas 5 de 56 tackles (Rumania metió 127 y yerró 23), pero el desconcierto en el segundo tiempo trajo buena parte de los 9 penales y de las 7 pelotas perdidas en el manejo.

Fue un buen complemento de los más experimentados con los más nuevos. Y, otro detalle importantísimo, los que entran no desentonan. De hecho, dos de ellos marcaron tries: Imhoff y Fessia. El de éste último nació de una enorme corrida y tackle de Alfredo Lalanne para evitar lo que era un try rumano.

Viene Escocia, el domingo que viene. Los Pumas viajan éste domingo a las 11 rumbo a Wellington, en vuelo privado. En la Isla Norte, seguirá la concentración al máximo y el diagrama de un nuevo esquema para enfrentar a Escocia, que no será igual al de Inglaterra ni al de Rumania. Es partido a partido también en eso.

Las ilusiones están intactas. Se vivió un sábado espectacular en Invercargill. Hasta el clima jugó a favor. No aparecieron el viento ni la lluvia de la que tanto escribimos desde aquí. Privó el sol de punta a punta. Y Los Pumas fueron locales, con unos 5 mil hinchas que le dieron un color especial al Rugby Park Stadium. Una fiesta, con familiares de varios de los jugadores en las tribunas.

“Es un sentimiento, no puedo parar…”, se fueron gritando los que vinieron desde todos lados. Rafaela, Gálvez (la buena gente del Jorge Newbery), Córdoba, Salta, Tucumán, Rosario y de varios clubes de Buenos Aires. Con ex Pumas como Marcelo Loffreda y Jorge Allen también participando de la fiesta. Involidable.

A no dormirse. Esto recién empieza. Es el mensaje de estos Pumas 2011.

Crédito Fotos: Vergara-UAR