Un integrante del staff que conoce bien la intimidad de Los Pumas desde el Mundial del 99 decía en confianza el jueves, en el bar del impactante hotel en el cual el plantel se concentró con vistas al partido con los Barbarians Franceses: “¡Hay que hace algo para que el Flaco Rimas siga! ¡Cómo lo vamos a extrañar!”
A veces las apariencias engañan: Rimas Alvarez Kairelis (este último, apellido materno, de origen lituano), el Flaco Rimas para todos, da la sensación, desde afuera, de un tipo de poco díalogo, parco, metido para adentro. No dirán lo mismo sus compañeros que son los que, al fin, lo conocen en serio. Rimas, que ya no vestirá más la celeste y blanca Puma, fue un tipo fundamental en este grupo que se armó en el seleccionado en los últimos años. Sobre todo, por su don de bien.
Donde no engañan las apariencias es en lo que entregó por la camiseta. Como en las habitaciones de los adolescentes con los pósters, en la cara de Rimas no hay más lugar para cicatrices. Cejas, pómulos y uno o los dos ojos en permanente estado de compota. Tanto que uno no sabe si está siempre serio o si eso es producto de una mirada signada por los golpes y los cortes.
No ha sido un producto para el marketing y la prensa el Flaco Rimas. Ajeno a los flashes, es el típico forward en el buen sentido. Un forward con todas las letras. Lo suyo no es el lujo, sino el tirarse de cabeza a cada pelota suelta y a cada contrario que le pasa por al lado.
Nació en Pucará, lugar de Pumas inolvidables: Guillermo Ehrman, Aitor Otaño, Marcelo Pascual, Josi Palma y más acá en el tiempo, Lucas Borges. Marchó hace ocho años a Perpignan por consejo de quien heredó un lugar en la segunda línea Puma, el Turco Alejandro Allub. Y no se movió de ahí. Entrará a jugar su último año en el club catalán con un Top 14 bajo el brazo.
“Los Pumas me dieron todo, hasta mi familia”, resume. En efecto, tras la victoria en Cardiff a fines del 2001 conoció y se enamoró de Lisa, una galesa con la que tiene tres hijas, dos de ellas mellizas.
El sábado, el gladiador al que será difícil reemplazarlo, cumplió su última batalla. Y se retiró como merecía: bajo el respetuoso aplauso de pie de todo el estadio y en andas por su compañero, luciendo una camiseta Puma con el número 44, símbolo de la cantidad de test que jugó desde el Sudamericano de 1998. La estadística dice que apoyó tres tries, pero no indica cuántos tackles metió y cuántos lines ganó. Sería imposible contarlos. Ah, y para los que dudan de su ductilidad, fue partícipe del fantástico try por el tercer puesto. Fue el que recibió el doble salteo de Juani Hernández y el que le dio la última asistencia a Fede Martin Aramburú.
Fue imposible saber qué sintió el sábado. Qué había debajo de ese rostro cortado que no permite adivinar emociones. Las apariencias engañan. Tarde, pero el Flaco Rimas merecía el homenaje en este espacio. Como se apuntaba al comienzo: sí, se lo extrañará.