La noche del jueves significó una cruda foto de la realidad del rugby argentino. En la tradicional cena de fin de año del programa Leyendas se vivió lo de siempre, la pasión y la emoción que genera este juego, y, también, la tensión que derivó de una semana por demás caliente, con Hugo Porta y Agustín Pichot, los dos máximos referentes de la historia, como ejes de un enfrentamiento que los enojó y xon ambos devorados por una nueva interna de la dirigencia. A la misma hora que transcurría la fiesta en el Sheraton de Retiro, no muy lejos geográficamente pero sí del espíritu, en la flamante sede de la UAR en el microcentro, la asamblea extraordinaria resolvía otra vez no aprobar los estatutos y extender a dos años -aunque con revisión al año- el régimen que permite tener jugadores rentados, lo que significa seguir en un terreno tan gris como hipócrita.
Había que ver anoche la mezcla de bronca y tristeza que lucían Porta y Pichot. Al 10, el Consejo de la UAR acababa de pedirle la renuncia como representante argentino en el IRB a raíz de las declaraciones que fueron publicadas en los medios. Al 9 se le derrumbaron las energías que viene poniendo desde hace un buen tiempo para organizar el aspecto profesional del rugby argentino al enterarse de las resoluciones tomadas por la asamblea de la UAR. No es poco lo que está logrando la interna dirigencial: cargarse a los dos mayores símbolos de Los Pumas. Fue doloroso también observar cómo se cruzaron miradas furibundas y hasta algún dicho que es mejor no reproducirlo.
Porta fue el que decidió hacer más público su disgusto. Cuando subió al escenario junto a los integrantes del seleccionado del 78 que empató 13-13 con Inglaterra en Twickenham -se cumplían 30 años- tomó el micrófono como capitán de aquel equipo y después de contar su orgullo por haberlo integrado, disparó: “Esta es una noche muy difícil para mi. Me voy a permitir una sola reflexión: cuando Sarmiento entró en el exilio, buscó una pared y dijo: “¡Bárbaros! Las ideas no se matan”. Yo estoy buscando una pared…”
Pichot también subió al escenario como reconocimiento a su trayectoria deportiva. La estatuilla se la entregó Marcelo Loffreda, quien manifestó su “placer, afecto y honor”, en tanto que su compinche, el Colo Fuselli, le acercó una camiseta de Los Pumas firmada por todos sus amigos. El 9 se quebró de la emoción y, a su manera, también dejó un mensaje, pues hizo eje en todo lo que había vivivo junto a sus amigos de la camada del 74 del CASI, a quienes juntó en su mesa, al lado de la que Porta ocupaba con Raúl Sanz y Tito Fernández.
Lo de Porta tiene un antes de la fiesta de Leyendas. El miércoles fue citado por el Consejo de la UAR, donde lo esperaba no sólo el enojo de los dirigentes, sino también una carta enviada por el IRB en la cual elegantemente se aconsejaba el despido del mismo hombre al que la misma entidad había incluido en el Hall de la Fama dos semanas atrás. Al IRB no le cayeron bien las críticas que elevó Porta a la entidad. Se sabe qué pasa en los últimos tiempos: el IRB estornuda y la UAR se resfría.
Pero lo del IRB fue un empujón más. Aunque nadie lo diga públicamente, esta dirigencia de la UAR no lo quería a Porta, que había sido designado en la anterior. Desconfiaban de él. Ante los representantes del Consejo, Porta dio su versión: dijo que pensaba eso, que no esperaba que las declaraciones se hicieran públicas y también les espetó lo que dijo un día más tarde en su discurso: que nadie lo podía castigar por lo que pensaba. El primero en decirle que tenía que renunciar fue el secretario, Edgardo García. Profirio Carreras, el presidente, asintió. Porta pidió que lo echen, que él no iba a renunciar.
En medio de la asamblea de ayer, la UAR emitió un escueto comunicado en el que se señala que por unanimidad se decidió pedirle la renuncia a Porta.
Pichot, en tanto, llegó al Sheraton desde la UAR. Tan enojado como Porta. Ambos con un punto en común que no es menor: víctimas de las internas del rugby. Pichot y Sanz están otra vez enfrentados, como un año antes del Mundial. Tienen las virtud de decirselo cara a cara. Y por eso ni bien terminó la cena estuvieron hablando solos durante una hora. La charla -dura, tensa, a juzgar por los gestos- se extendió un largo rato más, aunque ahí se agregaron Tito Fernández y el presidente de la Unión de Mar del Plata, Marcelo Martínez Etayo, quien venía de la asamblea.
Habrá que ver qué pasa en las próximas horas. Es posible que Porta y Pichot hablen públicamente, con todo lo que eso significa. O no. Porta no quiere renunciar, aunque su suerte está echada. Pichot se quiere ir, aunque sabe que esa no es su característica.
La sensación que se vivió anoche, además de la emoción que entrega esta fiesta de Leyendas, era de derrota. Y no sólo de Porta y Pichot. A todos los presentes ahí -glorias todas del rugby argentino- les duele esta situación. Aunque uno, con experiencias ya vividas en estas cuestiones, supone que algunos -poquitos- estarán cantando victoria porque una vez más se salieron con la suya.
La pregunta que se impone es: ¿cómo y con quiénes afrontará el rugby argentino este tiempo que le corresponde? Ojalá que esta nueva derrrota sirva para construir en una dirigencia que históricamente se la ha pasado destruyendo, desconfiando, castigando y olvidando lo que enseña el rugby.