Junto a la primavera, fría en este domingo de Buenos Aires, ha llegado al deporte argentino un nuevo ídolo: Juan Martín Del Potro. Tiene hinchada de rugby el chico que el martes recién cumplirá 20 años y que hoy, con absoluta categoría y personalidad, le dio al equipo nacional el angustioso quinto punto que lo depositó en la final de la Copa Davis. Nicolás Pandelo, el centro del CASI, es uno de sus grandes amigos de la infancia, y formó parte del grupo de Tandil que estuvo haciendo el aguante este fin de semana en el Parque Roca. El viernes, en el programa Rugby 2008, por ESPN +, ambos se juntaron para una muy buena nota, informal, en la cual contaron cómo se apoyan cada vez que coinciden en el país.
Del Potro va a ver al CASI, y los de San Isidro ganan cada vez que está él. Es más: con La Plata llegó en un momento complicado para el Atlético. La gente lo aplaudió de pie y el equipo, curiosamente, empezó a dar vuelta la historia a su favor. La Torre de Tandil ya tiene una camiseta negra y blanca y los de la Academia lo han adoptado. Por su parte, Pandelo lo fue a ver a su amigo al último entrenamiento antes del viaje a Europa y los Estados Unidos en el que Delpo enhebró cuatro títulos al hilo, el acceso a los cuartos de final de Flushing y el ascenso al puesto 13 del ranking mundial. “Me dio suerte antes de viajar; después yo le di suerte al CASI, así que ahora le toca de nuevo a él estar en la Davis”, disparó el tenista de 2 metros en medio de risas.
Quizá en este post me estén asaltando mis largos tiempos como cronista de tenis. Debo confesar que después de cubrir decenas de series en Buenos Aires y hasta haber estado como enviado especial en la semifinal de Moscú del 2002, en la cual debutó David Nalbandian y demostró su espíritu copero que recién quebró su invicto de local en este match, me hubiese gustado estar escribiendo en este momento de tenis, de esta chance cierta de ganar la Davis y de poder seguir a un jugador distinto como Del Potro.
Este chico juega fenómeno, rompe con la escuela de los argentinos y, además, tiene carisma, personalidad y desenfado. Así como fue al CASI, al otro día se calzó la camiseta de Boca de su ídolo, Martín Palermo, y se llevó una ovación de la Bombonera. Sueño del pibe. Hoy, tuvo la grandeza de señalar a Nalbandian en el medio de un festejo que era practicamente exclusivo para él y también para saludar al de Unquillo con una emoción que parecía devolverle el agradecimiento que recibía del líder del equipo.
Del Potro, al menos por ahora, no tiene el casete a la hora de declarar. Amigo de Rafael Nadal, al que suele ganarle a la PlayStation, tiró en medio del festejo con un micrófono que alcanzaba a todo el país: “Vamos a sacarle los calzones del orto”, en referencia al tic del español cada vez que va a servir.
Lo mejor estuvo en la visita que le hizo a Susana Giménez, en la televisión. La diva le preguntó por el dinero que ganaba. Recibió un passing de novela: “Bastante menos que vos”.
Ojalá que como pasó con Los Pumas en el Mundial del año pasado, los dirigentes escuchen los reclamos de los jugadores, que quieren jugar la final en una superficie sintética (en polvo, Nadal es imposible), bajo estadio cerrado. Será el gran acontecimiento del año, ya que la Davis es una de las asignaturas pendientes del deporte argentino.
En esta primavera del 2008, bienvenido Del Potro. Se lo espera en el rugby cuando regrese a la Argentina.
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